martes, 27 de diciembre de 2011

Navidad

Sin duda la Navidad se vive de otra manera con un lechón de tres años en casa. Pero no tanto por la historia de Papá Noel, los Reyes Magos y los regalos, a los que presta más bién poca atención, sino más bién por lo mucho que él disfruta con tanto acontecimiento familiar, tanto tiempo pasado con mami (y un poquito con papi, aunque yo me estoy llevando la mayor parte...), y tanto ambiente festivo a su alrededor. El año pasado, aunque Manuel ya se enteraba de todo lo que ocurría, el nulo ambiente navideño en Bali no nos ayudaba a hacerle entender de qué va esto de la Navidad.

Este año no es que le estemos empapando del Nuevo Testamento, porque nosotros somos bastante poco creyentes aquí y en Sebastopol, pero sí que ha vivido de cerca ciertas tradiciones por primera vez. Le enloquecen los belenes, con sus  pastorcitos, sus puentes, sus molinos y cómo no, el nacimiento con el "niño José", según dijo a voz en grito el otro día que estábamos viendo uno precioso en la Casa de Cultura. Ni que decir tiene que la espontánea exclamación de mi pobre pequeño de tres años (que aparenta mucha más edad por su estatura) me dejó en evidencia delante de una multitud de padres sin duda mucho más creyentes que una. También ha abierto una por una todas las ventanitas del calendario de Adviento, ¡con chocolatinas sorpresa!, ha ido al circo con sus abuelos, ha recibido un regalo del mismísimo Santa, y puso su granito de arena para ayudarnos con el árbol de Navidad.


Hoy ha sido el novamás de los  momentos navideños porque hemos pasado la mañana en una pista de patinaje sobre hielo que  ha instalado el Ayuntamiento. Lo cierto es que patinar no ha patinado mucho, porque tras un par de caídas se ha dado cuenta de que aquello resbalaba un montón y ha decidido quedarse clavado cual abeto navideño en medio de la pista sin andar ni para delante ni para atrás. El pobre daba penita, con una cara de concentración tremenda, pero cada vez que me acercaba a intentar ayudarle me gruñía enfurecido con un "YO SOLO" que no admitía discusión. Tras alrededor de 20 minutos ha logrado avanzar más o menos tres metros sin caerse. Entonces por fín ha sonreido y ha dicho: "mami, ya sé patinar". Perseverante y tozudo como su madre.

Aún así el pobre lechón anda algo decepcionado preguntando "¿y porqué todavía no ha venido la Navidad?". Y yo, "que sí que la Navidad fué el día que vino Papá Noel y comimos todos juntos..." Y él todo enfurruñado, "pero que noooo, que no ha venido la Navidad todavíaaaaa" Me costó lo mío pero ya he descubierto que la razón de la absurda pregunta es que él está preguntando "porqué no ha llegado la nieve", y que Navidad y Nieve son en su cabecita sinónimos por algún cortocircuito suyo. Tanta peli de Navidades blancas y tanto cuento navideño con muñecos de nieve le han llevado a pensar que sin nieve no hay Navidad y viceversa. Pues nada, como la canción: "dreaming of a white Christmas..." 

domingo, 11 de diciembre de 2011

Doce semanas

Mañana cumpliré las 12 semanas de embarazo pero aún no acabo de creerme que lo que hace crecer mi tripa tan (sorprendentemente) rápido sea otro bebé. Cuando lo supe la alegría se mezcló con una nueva sensación de vértigo que no recuerdo haber sentido en el primer embarazo. Supongo que ahora sé de verdad lo que es ser madre, para bién y para mal... Estas semanas han pasado muy deprisa, y me he movido en una especie de burbuja de agotamiento y somnolencia que me ha llevado a poner el piloto automático para poder seguir con el ritmo habitual a duras penas: jornada intensiva-extensiva en el trabajo + la casa + el lechón + lo que surja... Ahora parece que empiezo a recobrar algo de energía, aunque tal vez sea sólo que estos días de macro puente me han venido muy bién para descansar y tomar fuerzas.


El lechón, haciendo de gala de su intuición, lo sabe sin que nadie se lo haya dicho oficialmente, y pregunta de cuando en cuando sobre el tema. Ayer me dejó muerta cuando, apoyando su cabecita sobre mi tripa preguntó "mami, ¿vas a tener ya al hermanito?". El papá ejemplar anda haciéndose a la idea como puede, aunque no se molesta en disimular que ganas de otro bebé no tiene ni pizca. A este paso voy a tener que quitarle el título, aunque le estaré eternamente agradecida por haber cedido a mi insistencia-coacción en un acto de Amor del que espero que no se arrepienta nunca.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Parar el tiempo

Quiero parar el tiempo... y dejarle así, justo como ahora.
Con sus 16 kilitos tan manejables, y poco más de un metro de estatura.
Ahora que me pregunta a cada rato, "¿ya tengo cuatro años?"
Ahora que corre a recibirme cuando le recojo en el cole, y me dá un enorme abrazo que casi me tira al suelo.
Ahora que me pregunta "mami, tú sabes saltar así de alto?", y que se empeña en hacerme el zumo de naranja porque "Manuel es muy fuerte y mami no".
Así, igualito que ahora y poniendo esa carita de ilusión al preguntarme si cuando tenga 2131 años será más grande que papi.
Que siga preguntándome a voz en grito en el supermercado, "qué te parece si compramos fresas?", aunque tenga que explicarle que no las compramos porque en noviembre están carísimas.
Que no cambie, ni crezca, no corre prisa que aprenda que en lugar de "yo sabo" se dice "yo sé".
Que siga señalando la letra A, la D, la M, con el mismo entusiasmo cuando las vé en cualquier cartel por la calle, y grite "mira mami tu letra! o algo tan inconexo como, "mira hay una D de Papi!"
Como ahora, que hacemos carreras para llegar a la cama "a toda velocidad" y se acurruca a mi lado para que le cuente "un cuento muuuuuy laaaargo"
Y sí, supongo que cada edad tiene su encanto, y que con cuatro o cinco años habrá también momentos fantásticos... pero por mí pueden esperar. Ojalá pudiera parar un poquito el tiempo, tres o cuatro meses nada más, para disfrutar un poco más de este momento en que mi niño es lo más divertido y lo más tierno sobre la faz de la tierra.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Camisetas y complementos con arte

Hay gente con mucho arte, con estilo y buen gusto, que sabe hacer cosas con las manos que una servidora no igualaría ni en un millón de años. Beatriz es una de esas personas y por suerte, después de la insistencia de su familia y amigos, por fín se ha lanzado a ir un poco más allá de la mera afición y ha montado una tienda online con sus preciosas camisetas y complementos para niños. Aquí algunos de sus diseños.


Kika Viajera

Kika Granjera
También hace diademas tan monas como ésta
Os invito a que le echéis un vistazo a su página porque lo que hace es realmente especial. Se llama las Aventuras de Kika y en ella podéis encontrar prendas infantiles hechas a mano con mucho cariño y diseños muy divertidos. Por ahora el catálogo es pequeño, pero Beatriz lo irá ampliando (¡y me ha soplado que está creando una colección para niños!) porque lo que le sobra son ideas y creatividad.
También la puedes encontrar en facebook, y en su blog http://lasaventurasdekika.blogspot.com/

Esta mantita de patchwork es para un bebé que aún no ha nacido y no está en la tienda online, pero no he podido resistirme a ponerla aquí. Las Aventuras de Kika también admite encargos especiales como éste, 
¿no es una preciosidad?

martes, 22 de noviembre de 2011

Elegir colegio

Y no me refiero a colegio electoral... que ese no se elige, sino del otro.
Qué difícil esto de elegir un colegio donde mi hijo pasará tantas horas, aprenderá a leer, a sumar, a estudiar, a relacionarse... formará su carácter, qué difícil. El cole al que vá Manuel este año es fantástico, pero es una escuela infantil en la que, aunque quisiéramos, solo podríamos tenerle hasta los seis años. Tienen un sistema educativo en el que juntan a los niños de 3 a 6 años en una misma aula y con la misma profesora pero trabajando en distintas mesas y a diferentes niveles. Me encantó esta idea desde el principio porque es un programa muy flexible en el que, por ejemplo, si un niño de los más pequeños se interesa por aprender lo que están trabajando los niños de cuatro años, puede hacerlo. Y por qué no, si un niño de cinco añitos vá algo más despacio y se siente más cómodo con lo que hacen los de cuatro, también se permite que se cambie de mesa. Además, toda la enseñanza es biligüe en inglés y eso, al volver de Bali y escuchando al lechón mezclar constantemente inglés y español, me motivaba mucho.
 Me gusta que el cole sea muy familiar, que haya poquitos niños y su sistema de "asamblea". No sé si será esa la causa o es que mi niño es listo así, de nacimiento, pero aprende rapidísimo los fonemas, sabe casi todas las letras, cuenta ya hasta treinta y está empezando a sumar. Es un niño con una curiosidad natural inmensa, y eso es buenísimo. Si lo combinara con un pelín más de capacidad de concentración sería la bomba... pero en fin, ¡nadie es perfecto!

Pero lo cierto es que el curso que viene Manuel no seguirá en este pequeño cole-burbuja y le vamos a cambiar a un cole "de verdad". En parte porque tengo muy claras las ventajas educativas del sistema de asamblea para los niños de tres años, pero no estoy tan segura de que los niños de cuatro y cinco se vean tan beneficiados.... especialmente el mío, con su escasa capacidad de concentración. También por otros motivos, económicos sobre todo, y porque este cole es tan familiar que le faltan servicios, actividades extraescolares, posibilidades de extensión de horario, etc... tan necesarios para padres y madres trabajadoras.

Así que me enfrento a la ardua tarea de elegir el cole en el que, presumiblemente, mi hijo estudiará los próximos 8 años. Y como mis cuñados son ambos profesores con montones de años de experiencia, el otro día les pregunté cuáles qué cosas debía tener en cuenta a la hora de elegir el colegio. Y me pareció curiosa la respuesta. Sobre todo porque, siendo ellos profesores (y de lo más eruditos, por cierto) me sorprendió la poca atención que le prestaron a la parte académica. Aquí sus recomendaciones por si a alguien más le resultan útiles:

- Olvídate de los rankings que se publican sobre los "mejores colegios". Son de lo más aleatorio, y evalúan solo a un grupo, que puede resultar que ese año era un grupo de niños buenísimo y sube mucho la nota del cole, y al año siguiente no tiene nada que ver.
- Elige un cole cerca de casa: es lo mejor para conocer a los amigos de tu hijo y que te resulte fácil y cómodo llevarle a las fiestas de cumpleaños que le inviten.
- Fíjate en las instalaciones, pero, especialmente, en los servicios que el centro ofrece: ¿tienen programa de desayunos? ¿actividades extraescolares? ¿aula de música?
- El inglés es importante, pero que no sea una excusa para dejar de aprender lengua, matemáticas, ciencias naturales...

domingo, 30 de octubre de 2011

Cosas que pasan

Este viernes en el cole han celebrado Halloween. Yo he estado en Valencia por trabajo de lunes a jueves, así que poco o nada de tiempo de preparar el disfraz para mi lechón. En un alarde de originalidad le he vestido de Spyderman, y yo que creía que habría al menos cinco niños con el mismo disfraz (17,90€ en H&M), pero ni uno oye... Resulta que en Halloween hay que disfrazarse de muertos vivientes, vampiros y demás... ¡y yo sin enterarme! Hay que ver lo obedientes que somos a veces los españoles. Y los americanos, culpables de la creación de la fiesta temática en torno a lo malvado, se disfrazan de lo que les dá la gana y se quedan tan anchos.


La semana pasada, Eta anunció el final del terrorismo con la misma patética y aterradora escenografía que viene utilizando en sus comunicados desde que tengo memoria. Un gigantesco suspiro de alivio se escuchó en nuestro país. Me alegra saber que en el futuro el terrorismo será solo un mal recuerdo para España.

Manuel está aprendiendo las letras a toda velocidad. Cada letra se asocia al nombre de una persona, y así la M es "su letra", la A es "mi letra", la P es la de papi, la E la de Elena, la N la de la Nana y así sucesivamente... Tiene un bonito cacao mental porque en el cole aprenden las letras en inglés, de manera que la W se llama "vaveyiu", y la "C" es, alternativamente "ce" y "si"... Cosas del bilingüiismo.

Empieza la campaña electoral para las elecciones del 20 de Noviembre en las que con casi toda seguridad, arrasará el PP. Hoy cuando iba a comprar el periódico me han parado para presentarme el programa de UPyD. Me gusta esa forma tan cercana de comunicar, y el programa me convence. A ver si no lo estropean en la campaña. Por cierto, que el papá ejemplar está convocado a cumplir su deber ciudadano como miembro de una mesa electoral... a las ocho de la mañana... con lo que le gusta madrugar al pobre.

Por fín llegó el Otoño que tanto se ha hecho esperar este año. Con el cambio de estación pienso en otros que se avecinan. Y también miro al pasado con cierta nostalgia, acordándome de nuestro último Halloween en Bali. Octubre y Noviembre siempre han sido para mí meses un poco tristes, apagados. Días cortos y lluviosos en los que apetece recogerse bajo una manta y decir aquello de "no estoy para nadie"... ¡Quien pudiera!

lunes, 17 de octubre de 2011

Escena en el AVE

Mamá en viaje de trabajo al teléfono: no sé si el iphone o la blackberry porque en un alarde de poderío tecnológico ella tiene los dos. Sujeta el teléfono con una mano mientras se muerde con ansiedad las uñas de la otra.

Al otro lado, su madre le dice, enfurruñada, "yo no digo nada" pero "yo ya estaría en urgencias". Pues eso, que "mejor no dices nada, y para tranquilizar no tienes precio".
De fondo los llantos de su hijo de tres años con 39 de fiebre, y ella casi alcanza a oler el humo que sale por las orejas del papá ejemplar que trata de lidiar con un pqueño malito y quejoso y, al tiempo, no se qué es peor, con una suegra a la que le cuesta horrores permanecer en segundo plano.

Entre la conversación con padre ejemplar agobiado perdido y otras entrecortadas con abuela protagonista al borde del ataque de nervios, mamá en viaje de trabajo contesta mails q le ayudan a evadirse, pero no puede evitar mirar con demasiada frecuencia la pantalla en el vagón del Ave q le recuerda q se esta alejando de su lechón a 274 km\h. Habla incluso con el niño, pero sólo unos segundos, y no puede evitar avergonzarse por su repentino tono ñoño ante el resto de viajeros, que dejan por un momento sus iphones y blackberrys para mirar asombrados a la mamá viajera.

El sentimiento de culpa le taladra y se fustiga recordando las palabras de su pequeño aquella misma mañana: mami no te vayaaaasss!
Qué más quisiera ella q quedarse: viajar llevando solo el cuerpo y dejando el corazon en casa es la mar de desagradable.

jueves, 13 de octubre de 2011

El karma y los ronquidos


A veces pienso que el karma me persigue. Toda la vida quise tener una niña, o unas cuantas, y a cambio tengo el niño más intrépido del parque, y por consiguiente el más sucio y desaliñado. Odio el fútbol y tengo un pequeño que chuta el balón de maravilla casi desde que empezó a andar. Se vuelve loco por los coches o cualquier vehículo a motor y ya empieza a distinguir sin problemas algunas marcas. Vamos, que es un chico con gustos bastante masculinos, excepto una pequeña desviación hacia los cosméticos que quedó bién explicada en este post. ¡Y ahora resulta que también ronca! Sí, mi lechón de tres añitos, tan suave y delicado, que aún se acurruca en mi pecho cuando se hace daño, que me pregunta por las noches si nos casamos y me dice que soy una princesa... Ese pequeñajo que me ha robado el corazón... resulta que RONCA COMO UN CAMIONERO!

Ironías de la vida. Una que se ha llenado la boca diciendo "yo nunca me casaría con un hombre que ronque", o "desde luego lo que hay que oir, pues que se opere, yo desde luego me divorcio", y también "si ronca tanto seguro que lo hace a posta"... Lindezas como ésta han salido de mi boquita... Y parece que alguna deidad traviesa, y seguramente roncadora también, se ha ofendido y se está divirtiendo a mi costa. Se debe reír de lo lindo esas noches en las que mi lechón se despierta asustado y dice aquello de "quiero ir a la cama de papi y mami" y yo me echo a temblar. Mientras él tarda cinco minutos en volver a dormirse a pierna suelta, y a pleno pulmón....  yo he de conformarme con abrazarle con ternura, olerle y sentir su pequeño cuerpecito a mi lado. Porque dormir, lo que es dormir, ya no hay quien duerma con semejante concierto.

domingo, 25 de septiembre de 2011

La oca

Me encantan los juegos de mesa, desde que tengo memoria. Algunos de mis mejores recuerdos de la infancia están ligados a partidas de Trivial o Parchís. Las cartas también me enloquecen, y no me incomoda en absoluto apostar dinero, pues en mi familia se ha hecho desde siempre con total naturalidad. Me sorprenden los que se niegan a apostar como si hubiera en ello algo dañino o sucio, porque yo apostaba ya mis 25 pesetas por partida cuando contaba apenas nueve añitos. Y si perdía, no había clemencia, había que pagar porque en mi familia se decía aquello de "las deudas de juego se pagan". No por ello me he convertido en jugadora empedernida en la edad adulta, pero uno de mis planes favoritos es quedar con amigos para jugar hasta la madrugada.

Y ayer me dio una alegría el lechón cuando quiso que le enseñara a jugar a la oca. Andaba curioseando y encontró un tablero que le llamó la atención:
"Mami, vamos a jugar", 
"no, cariño, eres aún muy pequeño para jugar a ésto", 
"pero mami yo quiero jugar, tú me enseñas vale?, 
"bueeeeno, vamos a intentarlo"


Se lo expliqué con una paciencia que os aseguro que yo antes no tenía.... y como ya sabe contar muy bién hasta diez y la mecánica de la Oca es más simple que la de un chupete, ¡lo entendió a la primera! y ahora quiere jugar a todas horas... Y así estamos: de oca a oca y tiro porque me toca.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Nuevas propuestas Chicco para madres (y niños) fashionistas...


Me hizo mucha ilusión que los de Chicco se pusieran en contacto conmigo para presentaros su nuevo catálogo de moda otoño-invierno para niños de 0 a 8 años. Siempre me ha gustado la ropa de esta marca porque es de buena calidad, con diseños muy originales y a buenos precios.

Pero es que la colección de este año es realmente preciosa y superfashion y quería compartir con vosotras algunas de las propuestas. 

Las niñas vestidas con tonos como el violeta o el rosa están guapísimas. Y qué bonita foto, verdad?

El más puro estilo british para llevar al niño a ver a los abuelos



De este look me gusta todo: el anorak, las botas... ¡dan ganas de invierno!

El anorak negro de la izquierda me encanta

Para los más pequeñitos, de 0 a 6 meses Chicco ofrece la Colección Love Message, que combina el estampado de camuflaje con complementos en tonos suaves para vestir a los bebés como pequeños reclutas: para comérselos.

Después de los 6 meses y hasta los 4 años tienes la línea Infant.Y desde los 2 a los 8 años la colección Kids. Así que si tu hijo, como el mío, tiene 3 añitos, tienes mucho donde elegir.

La línea
Infant me encanta por los colores crema y beige, que siempre han sido mis favoritos para vestir al enano. Los combinan con azules para los niños y con rosa, rojo y lila para las niñas. Me gustan las camisas de leñador, tan versátiles, y los pantalones desmontables. Hay también una amplia gama de zapatos, que en Chicco son de una calidad excelente: deportivas, semibotas, merceditas, botas de caña alta y media... Todo para que el frío no impida que vistamos a los niños de lo más fashion este invierno.




Para niños de 2 a 8 años Chicco propone la línea Kids, algo menos clásica que la anterior, con colores
más energéticos y líneas más desenfadadas, pero manteniendo el estilo elegante de la marca. Dentro de esta línea, me ha encantado la colección Rock Evolution, que incluye vaqueros y camisetas muy modernos y, concretamente, esta cazadora de cremalleras estilo "perfecto"(creo que este invierno no voy a poder resistirme a hacerme con una para el lechón).

estilo James Dean para peques...
 Y para aquellos que busquen algo más clásico, la colección Royal College refleja el más puro estilo british universitario, con camisas, polos y americanas para vestir a nuestros enanos como auténticos dandys.

Para las niñas me ha encantado la Colección Fleur d'Hiver y Neo Folk, taaan románticas: abalorios, aplicaciones de lentejuelas, volantes y botas con suave pelo para no pasar ni pizca de frío y que vuestras niñas vayan a la última sin renunciar a la comodidad. Ahora más que nunca... Chicco es moda! ¡Cuando veo esta ropa me muero de ganas de tener una niña!

Y para terminar, invitaros a visitar la web de Chicco para que veáis qué propuestas se adaptan mejor a vuestro estilo, porque, como dice el slogan de la marca: "la felicidad es un viaje que se inicia desde niños

Y a tí, ¿cómo te gusta vestir a los niños? ¿clásicos o siguiendo las tendencias?
Este post está redactado según el código de confianza C6C

sábado, 17 de septiembre de 2011

Al cole

El curso empezó en Madrid el pasado lunes 12 de septiembre, pero en el cole de mi niño, que van por libre, hubo que esperar hasta el jueves, contando los días que faltaban para comenzar el "cole de mayores". Y yo creí que tanta ilusión no era más que un juego, y que a la hora de la verdad mi lechón lloraría amargamente abrazado a mi pierna para que no le dejara. Pero una vez más estaba equivocada, y mi valiente pequeño de tres años se despidió de mí con su ritual habitual, que consiste en varios pasos efectuados siempre de la misma manera y en el mismo orden, a saber: 1º un besito, 2º un abrazo (la parte que a mami más le gusta) y 3º un besito volador (de esos que se soplan). A continuación me pregunta: ¿te ha llegado? Y yo le digo, al corazón, y le tiro a su vez un besito volador preguntándole lo mismo, y él me contesta: al corazón. Después me dice: "Goodbye, Goodbye and See you soon". Si, lo sé, el final es un pelín surrealista, pero el ritual comenzó en Bali y en esa época de nuestra vida mezclábamos mucho el inglés y el español en casa. El ritual es imprescindible para despedirnos TODAS las mañanas y TODAS las noches (por la noche se cambia el "Goodbye" por "Goodnight") y antes de cualquier separación.

Así de contento llegaba su primer día de cole

Esta despedida tuvo lugar el jueves en la puerta de su clase, y a continuación añadió: "Mami, pásalo bien en el trabajo. Papi, pásalo bien en el trabajo". Se dió la vuelta y se quedó tan contento. Y exactamente igual el viernes. Me dicen en el cole que se lo pasa muy bién, que se lo come todo, que participa muchísimo en clase, hasta el punto de agotar a la profesora con su curiosidad incesante. Es un cole bilingüe y la profesora inglesa está sorprendida de que hable se dirija a ella en inglés desde el primer día. Más adelante os contaré el sistema de enseñanza de esta escuela infantil que reúne en una misma clase a niños de 3, 4 y 5 años. Me hace gracia que me digan lo divertido que es mi hijo, frases como que es "un personaje" y que se lo pasan de maravilla con los razonamientos que tiene. Siempre había pensado que era un niño especial y muy carismático, pero si me lo confirman en el cole ya puedo decirlo oficialmente y con total objetividad: tengo un hijo maravilloso.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Tener una Aupair

Hoy se ha marchado Anna, nuestra Aupair islandesa, que ha pasado con nosotros todo el verano. Lo de tener una "aupair" ya es de por sí bastante exótico, pero que viniera de Islandia es el novamás del cosmopolitismo. Es la primera vez que tenemos en casa una "aupair" y la experiencia ha sido bastante buena, así que es probable que lo repitamos. Trajimos la idea de Bali porque allí conocimos a una chica gallega que estaba cuidando a los niños de unos franceses con este sistema. Ella nos habló de la página web Au Pair World en la que las chicas y las familias entran en contacto. Si estáis interesados solo tenéis que dar una vuelta por las fichas de las aspirantes a "aupair", y si ya queréis ir más allá hay que pagar una cuota de inscripción que creo que son 39€ para poder entrar en contacto con ellas. A partir de ahí, y una vez que eliges a una "aupair", el acuerdo al que llegues con ella es privado y la página no actúa como agencia ni nada por el estilo. 


Una "aupair" suele ser una chica jóven (entre 18 y 25 años), aunque vi fichas de algunas más mayorcitas, estudiante, e interesada en aprender el idioma de su país de destino. Una "aupair" no es sólo una "cuidadora" de niños  -¡odio el término "cuidadora"!- sino que debería tratársela como a un miembro de la familia, una hermana mayor o una sobrina.  Su horario de trabajo debería ser de un máximo de 30 horas semanales, siempre dándole libertad para asistir a sus clases. La "aupair" puede ayudar en las tareas del hogar, aunque sin pasarse y siempre teniendo en cuenta que no es una criada. Por lo demás, lo normal es que comparta tiempo con la familia, salidas, viajes... y que se le pague una cantidad a la semana en concepto de "dinero de bolsillo". Esta cantidad es muy variable, y como os decía depende del acuerdo al que se llegue, pero está entre 50€ y 150€ a la semana según la cualificación de la chica. Para que os hagáis un idea, cuando yo estaba haciendo el "casting" una chica australiana me dijo que no trabajaba por menos de 200€ a la semana... Así que de todo hay. 


Nuestra experiencia ha sido buena, aunque mejorable. Anna ha sido muy dulce con Manuel y se ha llevado bien con él, aunque no ha llegado a ganarse de verdad su cariño. No sé si será por su naturaleza nórdica, pero el carácter frío e inexpresivo, un poco a lo mosquita muerta, no va mucho con mi lechón, que necesita que le den un poquito de vidilla. Nuestro objetivo era que el lechón mantuviera el inglés aprendido en Bali gracias a ella, y no estoy segura de que lo hayamos conseguido porque ella hablaba poco y muy bajito y él no la entendía mucho. Pero lo cierto es que ella se ha esforzado por mantenerle activo durante los largos días de agosto en los que no pudo bajar a la piscina, pintando y haciendo manualidades, y ha sido una gran compañera de juegos. Después de tenerla en casa todo el verano la echaremos de menos y seguro que Manuel preguntará por ella a menudo, y eso que hoy no ha querido ni despedirse. Por Dios, que alguien me diga cuando se acaba definitivamente esta fase de negación!!!

viernes, 19 de agosto de 2011

Con un coche en cada mano

En estas larguísimas vacaciones el lechón sufre verdadera hambruna de contacto con otros niños. Madrid está medio desierto, y las altas temperaturas no permiten muchas horas en la calle, así que pasa más tiempo en casa y entre adultos del que seguramente le gustaría. Procuro que tenga todos los días un ratito de contacto con niños, así que cuando el sol afloja bajamos al parque a la caza de amiguitos con quienes jugar. Y cuando digo a la caza, me refiero de verdad “a la caza”.

Desde que volvimos a España, el lechón ha adquirido una depurada técnica para hacer amigos. Consciente del poder de los juguetes, nunca olvida llevar dos coches (ni uno ni tres ni cinco, tienen que ser dos) porque a él lo que le gusta es el juego en pareja. Baja al parque con un coche en cada mano y allí espera a su presa con ilusión. Si ese día tenemos la mala suerte de que solo haya un bebé, se sienta y espera pacientemente porque él es “muy mayor” para jugar con bebés. A veces, cansado de esperar, intenta que el bebé le haga caso, pero pronto se dá cuenta de que no hay manera y la emprende con el padre o madre de la criatura e inicia una conversación surrealista a cerca de los coches (“mira, este me lo compró mi nana y éste es mi favorito, éste es black…”) Le encanta abordar a los progenitores y puede contarles la vida y milagros de sus coches o cualquier otra cosa, que es él la mar de comunicativo… “Esta es mi mamá, mi papá está trabajando y tengo una moto en casa, me porto muy bien y me van a llevar al cine…. Bla bla bla” El padre o madre, entre divertido e incómodo, trata de centrarse en su periódico o en su propio enano, pero Manuel no se rinde fácilmente e insiste hasta que consigue tener una pequeña conversación. Cuando por fin aparece una buena presa: niño (la mejor opción) o niña (si le hace caso también le sirve) de entre 3 y 6 años, Manuel deja al papá tranquilo y “ataca” a la criatura con un coche en cada mano. Le hace entrega del vehículo que habrá de usar, haciendo gala de las buenas maneras que le hemos enseñado: “quieres jugar conmigo? Me llamo Manuel, tú té te llamas? ¿Tú té tienes de los años?” (ésta es su enrevesada manera de preguntar cuántos años tienes, y me parece tan adorable que me resisto a corregirle). El que la sigue la consigue, así que éste es el preludio de una gran amistad que durará no más de una hora, con suerte, pero que el lechón exprime al máximo porque, como os decía, está muy necesitado. 

miércoles, 17 de agosto de 2011

Agosto acatarrado


No sé si será el cambio de clima. Pasar del ochenta por ciento de humedad que “disfrutábamos” en Bali a la sequedad ambiental madrileña es una experiencia durilla en muchos aspectos.  Mi piel, descamada y perdiendo bronce a pasos agigantados, pide a gritos hidratación… Pero eso es lo de menos. Lo peor es el aparato respiratorio, que  lleva dando lata desde aquellos fríos días de fines de julio, ¡quién lo diría! Estoy al borde de comprar un humidificador de ambiente, de esos que siempre he despreciado por considerarlos trastos inútiles y engorrosos… Los 40 grados a la sombra de aquí, con humedad cero, tampoco parecen haberle sentado nada bién al lechón, que lleva resfriado ya ni sé el tiempo, alternando mocos a tutiplén, tos, dolor de garganta, fiebre, otra vez tos y vuelta a empezar. Por suerte en Madrid, a falta de humedad, tenemos una Sanidad pública que ya quisieran en Bali y no nos han faltado medios para atajar el eterno catarro veraniego. Por primera vez un médico español nos recetó antibiótico, y creía yo que no lo verían mis ojos… Pero ni por esas, el niño sigue tosiendo y ya van diez días sin pisar la piscina, que ya es. Un mes de agosto en Madrid, con hijo único y sin posibilidad de piscina, es un reto para la imaginación de cualquier padre. No ayuda que los familiares y amigos con quienes compartir ratos tengan la fea costumbre de irse de vacaciones, los muy egoístas. Así que este puente de agosto hemos exprimido lo que hemos podido las opciones de ocio de secano en Madrid, y hasta se nos han ocurrido planes alternativos, y baratos, para pasar el rato. 


-          Remar en el lago de la Casa de Campo, un clásico. Al papá ejemplar le horroriza lo de montar en barca y montó con cara de cordero degollado y profiriendo amenazas al lechón, que prometió portarse bién. Estoy segura, y mi madre lo ha confirmado, que de niña  no me llevaron nunca en barca, y mi trauma infantil me lleva a querer dar una vuelta en cualquier medio de transporte fluvial a mi alcance: y claro, el lechón encantado de la vida.

Ir en tren (ligero) y en metro, sin ninguna necesidad, ni rumbo, ni prisa. Y diréis, qué tontería, pero es que este niño mío va para ingeniero. Le maravilla todo lo que se refiere al mundo de los transportes: coches, motos, bicis, y, sobre todo, los trenes. Así que en aras de hacerle feliz, el lunes pasamos la tarde, en familia, tren arriba y tren abajo. Al menos es agradecido, y cuando veníamos de regreso me dice: ¡qué bién lo hemos pasado mami!




-  Conocer, y admirar, las mejoras urbanísticas de nuestra ciudad, que parece que por fin -o por la crisis, según se mire- ¡se han acabado las obras! Merece una visita el nuevo espacio en torno al Río construido sobre la soterrada M-30, con diecisiete zonas de juegos infantiles diferentes. El lechón disfrutó de lo lindo en la colina de los toboganes, tanto que hubo que sacarle de allí casi a rastras.

viernes, 5 de agosto de 2011

Reflexiones agostiles

-Hartita estoy de oir hablar de conceptos que no acierto a entender como "precio de la deuda", "primas de riesgo". Acabo de leer la siguiente frase en un diario y me he quedado ojoplática: "El riesgo país de la otra economía periférica atacada por los inversores camina en paralelo a la española: 417 puntos y un interés del 6,42%." ¿De verdad alguien entiende todo ésto? Yo no, y además, me deja fría y el único mensaje que me llega es "las cosas están fatal" y "de esta crisis no salimos en la vida ni con elecciones ni sin ellas". 




- Mientras tanto, la emergencia alimentaria en el cuerno de África empieza a olvidarse porque parece que las grandes cifras de la economía mundial, los inversores y las fluctuaciones bursátiles son infinitamente más urgentes que algo tan sobrecogedor como que miles de niños pasen hambre y sufran enfermedades hacinados en campos de refugiados. Tengo que retirar la vista de la pantalla cuando aparecen las imágenes de estos pequeños desnutridos. Y he empezado a utilizar con el lechón aquellas sentencias de "cómetelo todo que hay niños en África que pasan mucha hambre..." Como si el hecho de que él se coma el brócoli fuera a aliviar en algo a los pobres somalíes. Me parece estar oyendo a mi madre hace 25 años... qué pena que las cosas hayan cambiado tan poco desde entonces. Me dan ganas de salir a la calle y sentarme en la Puerta del Sol: estas son las cosas que a mí me hacen estar INDIGNADA. 


-Es agosto y por mucha crisis que haya, o tal vez por eso, media España está en la playa y la otra media durmiendo la siesta. La biblioteca municipal, oasis con montones de cuentos y aire acondicionado para tardes aburridas, está cerrada por inventario: YA! Y yo voy y me lo creo. 


- La semana pasada llevamos al lechón al cine por primera vez y le encantó. Se tragó CARS 2 enterita y parecía estar pegado al asiento con "superglue". Nunca había estado quieto y despierto durante tanto tiempo. Me pregunto si la de los Pitufos será ya demasiado para él, pero me apetece verla y lo mismo este fin de semana lo intentamos. 


- Estoy pensando en cambiarme a Wordpress porque con blogger no consigo comentar la mitad de las veces. Empezar de cero con un programa nuevo se me hace cuesta arriba, así que no acabo de animarme.


- El lechón empieza a preguntar qué es eso que tienen todos los niños en el parque menos él: "hermanos". Yo intento convencer a la papá ejemplar para ir  a por otro, pero me dice que mejor me compre un perro... A mí me encantan los cachorros, casi más que los bebés, pero no consigo hacerme a la idea de renunciar a ser madre otra vez. Estoy por sentarme en la puerta del Sol también por ésto, a ver si así me hace caso. 

lunes, 25 de julio de 2011

Cosmética para principiantes

Confieso que soy un pelín adicta  a la cosmética. En parte porque crecí rodeada de perfumes, cremas y demás potingues que abarrotaban el cuarto de baño de mi madre, donde tanto me gustaba curiosear. Y sobretodo porque mi trabajo tiene mucho que ver con los potingues que tanto me gustan. Barras de labios, cremas antiarrugas, iluminadoras y antimanchas, perfumes, brumas, coloretes, aceites corporales... todo lo tengo tan cerca y tan a mano que es difícil resistirse y al final mi cuarto de baño parece un pequeño Bodybell. Y oye, es gloria bendita. Y si no, que se lo digan a Manuel, que disfruta trasteando entre mis cajones. Le encanta abrir botes, ponerse cremas y luego mirarse en el espejo diciendo "mira, Manuel está muy guapa". Últimamente lo más de lo más es pintarse los labios. Es verme frente al espejo con el "rouge" en la mano y ya no para hasta que consigue que se lo preste "solo un poquito vale mami?".
El otro día me partí de risa porque, en un vano intento de disuadirle de su idea de maquilllarse como mami, le dije, "Manuel, si te pintas los labios van a pensar que eres una nena". A lo que él contesta, muy resuelto: "No, mami, soy un nene que se pinta los labios".
Pues claro, y yo que no me había dado cuenta.

jueves, 14 de julio de 2011

Momento superhéroe

No sé qué tendrá Spiderman y sus secuaces, pero Manuel muere por cualquier artículo, ya sea ropa, juguete, cojín o accesorio, en el que haya dibujado un superhéroe. De hecho, así mientras escribo estoy pensando, que voy a comprar unas pegatinas de Spiderman y las voy a pegar en las manzanas para a ver si consigo que meriende fruta con superpoderes, aunque me dá que no va a colar. Pero en fín, a lo que iba, que ahora le ha dado por jugar a ser un "superjirou" y su máxima ambición es volar como los susodichos.

Me dice el otro día:
- Mami, yo quiero volar.
- Claro mi vida, pero es que los niños no vuelan. Vuelan los pajaritos y los aviones, pero los niños no - Mira mami, yo creo que tú me enseñas, ¿vale mami? Me enseñas a volar mami y así Manel vola.

Y me supo fatal, pero tuve que sacarle de su error y decirle que mami no sabe volar... Me hubiera encantado acompañarle en su fantasía, pero oye, vivimos en un tercer piso, y con tanto afán miedo me dá que un día salte por la ventana para probar...

jueves, 7 de julio de 2011

Summer Camp

Desde que volvimos de Bali vamos un poco a contracorriente. Bueno, en realidad vamos a contracorriente casi desde siempre, pero eso es otra historia. Ahora, mientras otros niños celebran sus fiestas de fin de curso y dedican sus horas a bañarse en la piscina, amodorrarse frente a la tele, o jugar con sus primitos, Manuel ha empezado en lo que hemos dado en llamar “cole de mayores”.  En realidad es un campamento de verano en inglés, por aquello de que no pierda su “spikinglis”, pero tiene lugar en el mismo cole al que va a acudir en septiembre. A él le hemos dicho que esto ya es el cole de mayores para que vaya acostumbrándose, y parece que le gusta bastante. Es una escuela infantil que funciona como guardería y hasta los seis años. Toda la enseñanza es en inglés y tienen un sistema británico con un montón de ventajas pedagógicas la mar de convincentes. Podría contároslas, si las recordara, pero lo cierto es que lo único que se me quedó grabado es que me gustó el entorno, un chalet con jardín pero sin lujos en la zona norte de Madrid, y que me gustó ver que tienen dos profesoras para grupos de cinco o seis niños, y que en general a los niños pequeños se les trata como tales, y no como si de repente llegados los tres años, ¡que es edad escolar ya!, se hubieran convertido en preadolescentes repentinamente.
Por ahora la adaptación ha ido muy bién. El primer día, como era de esperar, lloró desesperadamente, pero ya desde el tercero se acabaron los llantos, y ahora, que ya está terminando su segunda semana, entra todos los días la mar de contento. Me cuenta cosas inconexas, como “mami, hoy había una pieza muuuuuuy difícil”, o, "sabes que hay un niño que se llama Luis?”, y le digo yo "cómo es, ¿más grande o más pequeño?”, “mmmmm, yo creo que más pequeño y más grande” . Según su profesora, le cuesta mucho obedecer y seguir las rutinas del grupo. Eso de, “ahora toca estar atento”, “ahora no se juega” no es para él… Le gusta mucho ir por libre y poco que le impongan las cosas. Aunque sea difícil de llevar, a mí me gusta que tenga esa personalidad, porque al fin y al cabo es igualito que yo. Por lo visto lo va haciendo cada día mejor, y también en casa notamos los buenos hábitos aprendidos en el cole. Obedece más, está de muy buen humor, y empieza a entender que hay momentos para todo, y que hay algunas obligaciones que tiene que asumir para que todo vaya mejor en casa. Los primeros días preguntaba mucho por sus amiguitos de Bali, y se notaba que les encontraba a faltar en el cole. Ahora ya casi no pregunta, y me dice su profesora que tiene un amigo con el que ha congeniado muy bien. Me apena un poquito que se olvide de Bali tan pronto, pero supongo que es lo que toca.

martes, 5 de julio de 2011

Frases históricas III

A veces me gustaría tener a mano una grabadora para registrar algunas frases irrepetibles. 
Hace unos minutos me llama desde su cama:
-Mamiiiii, tengo cacaaaa!!!
Antes de ir, dejo pasar unos minutos no sea que se le olvide, pero no cuela, y grita de nuevo, así que voy. 
-Qué pasa Manuel?
-Que tengo un montón de caca mami. En el culo. Un montón de caca en el culo. 
- Bueno, pues vamos al baño
Intento ayudarle a subir al váter, pero me rechaza diciendo.
-Nooo, mami, yo quiero subir Manuel solo, es que soy muy mayor. 
-Vale, tu solo
-Ahora vayas mami, que te voy a manchar

Si alguien tiene demasiada imaginación para encontrar este post agradable de leer, mis disculpas. Tener hijos es "asín".

martes, 28 de junio de 2011

Vamos a casarnos

Hay días que me muero de amor. Como hoy, que me dice:
-Mami, eres muy guapa, muy guapa, muy guapa... eres una princesa
Yo, mientras le abrazo efusivamente sintiéndome, efectivamente, una belleza de concurso, le digo alguna cursilada estilo "tusiqueeresguapovidamialoquetequieremami....". Y él va y me contesta.
-Vamos a casarnos, mami. Vamos a casarnos porque eres muy guapa y una princesa.


Divino, aunque leyendo entre líneas me queda claro no se le puede pedir que valore mis horas de juego ni que celebre que por él haya aprendido a chutar un balón... pero la guapura ya es otra cosa. Así son. Todo porque una servidora se había mirado hoy algo más al espejo de lo habitual, y se había arreglado el pelo. Lo del pelo tiene sobre el lechón un efecto demoledor. Lo tiene claro, si llevo el pelo "largo", o sea, suelto, mami es guapa y una princesa. De lo contrario, no. Tan simple que dá hasta miedo.

Y hoy, mientras cenaba, me suelta que además, mami no está guapa ni es una princesa tampoco cuando está en la ducha. Ese es otro momento en el que mi pequeño Casanova tiene claro que no se casaría conmigo. Así de claro, ahora resulta que me tengo que peinar y maquillar también para mi hombrecito de 3 años. Bueno, pues es un buen motivo, y si me lo premia con besos... firmo!

lunes, 13 de junio de 2011

Tres años

Con sus amiguitos Eden y Lockie, el día de su fiesta de cumpleaños en Bali
 Con mucho retraso, y aún así no puedo dejar de escribir este post porque, entre aviones, mudanzas, casa nueva y cambio de vida, mi niño cumplió el 30 de mayo tres añitos. Un número que le encanta, por aquello de que todo se hace, "a la de tres", o que por el contrario no quiere ni escuchar cuando se trata de una cuenta atrás para el castigo... léase, "voy a contar hasta tres y si no me obedeces ya sabes las consecuencias".
Por suerte en estos días hemos tenido más de lo primero y muy poco de lo segundo. Mi lechón está madurando y se porta cada día mejor. Le ha sentado bien volver a Madrid, le ha sentado bien la normalidad y la rutina de aquí, los mimos de sus abuelas, los montones de juguetes que recibió por su cumple, y seguramente también perdernos un poco de vista a su padre y a mí, que tal vez estaba ya hasta el gorro de tanto vernos. Mis miedos han resultado infundados y se ha adaptado tan bien que nos tiene a todos alucinados.

De vez en cuando pregunta, ¿Cuándo vamos a Bali? o habla de sus amigos de allí, de Eden o de Owen. Me conmueve ver cómo extraña especialmente al primero, y finge hablar por teléfono agarrando el mando a distancia: "Hello Eden, how are you, are you ok? do you want to play? see you soon!!! Me lo comería a besos. Y últimamente casi hasta me deja achucharle y está mucho más cariñoso. 
Será la edad o será que mi vuelta al trabajo le ha hecho ver que mami no está ahí siempre, fija como los cuadros que aún no tenemos en las paredes. Es curioso que en Madrid le está costando un poquito más hacer amigos, y aún hablando el mismo idioma parece que no conecta con los niños españoles. No le gusta jugar solo, y persigue a los niños para prestarles sus juguetes con tal de que compartan sus juegos. Pero ellos salen corriendo con el coche o el dinosaurio de turno y le dejan con carita triste y las manos vacías. Aún así su genio, que parecía incontrolable, está mucho más moderado y apenas hemos sufrido rabietas desde que llegamos. Pide las cosas por favor, casi siempre please, dice gracias y thankyou, cuando se tropieza te sorprende con un "soooorrry" muy cantarín. Me hace reir con sus preguntas incesantes y me agota porque quiere ser el centro de atención constantemente, pero ahora lo pide casi siempre con una sonrisa y no a gritos como antes. Decía mi madre el otro día que "hace mucha compañía" y es verdad. Espero que la "Nana" piense lo mismo y siga tan loca de amor por su nieto al final de la semana, porque ayer le dejamos en la playa con ella y con el "abu" y le recogeremos el sábado. Así que esta semana aprovecharé para poner mi vida en orden, actualizar el blog que ya tocaba, hacer un montón de recados, y disfrutar del papá ejemplar y de Madrid en primavera.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Tiempo de cambios


En menos de dos semanas estaremos de vuelta en Madrid y me invaden sensaciones ambivalentes. El miedo a los cambios me ha acompañado desde niña, tal vez porque mis padres no fueron de los que amaban la estabilidad ni la rutina, e hicimos y deshicimos cajas y maletas más veces de las que me hubiera gustado. Recuerdo cada mudanza, cada cambio de colegio y cada nuevo escenario como un precipicio ante mis ojos. Recuerdo la sensación del suelo moviéndose bajo mis pies, la melancolía por lo que dejaba atrás, el rechazo a lo nuevo, el miedo y la angustia de decir adiós a un hogar para intentar crear algo parecido entre cuatro paredes que sentía ajenas. No estoy segura de cuánto duraba aquella inseguridad, si eran días o semanas, no sé si la melancolía era real o sobre actuada, que yo de niña fui muy dramática, pero sí tengo la certeza de que aquello no me gustaba ni pizca y de que más de una noche me dormí llorando y angustiada.

Y ahora la historia se repite y yo también pongo a mi niño en ese brete. No puedo evitar sentirme algo culpable. Primero tuvo que despedirse de su familia y de su pequeño mundo y ahora, que por fín se siente cómodo en Bali, que adora su "Playground", que chapurrea inglés, que está rodeado de amigos... toca hacer las maletas de nuevo. Ha cambiado mucho en los últimos dos meses, y se está haciendo mayor a cada rato. Se nota porque es consciente del tiempo y el espacio. Sabe dónde vivimos, conoce cada calle y cada esquina. Entiende cada vez más el transcurrir de los días, el paso de las horas, los cambios en la luz. Me aterra que al llegar a Madrid me diga, igual que el último fin de semana que salimos de viaje, "mami, yo quiero ir a casa". Por suerte o no, Bali es la única casa que conoce y recuerda. Ayer, mientras veíamos a través de Skype el que será nuestro nuevo piso de Madrid, Manuel exclamó con decisión y un gesto hosco: "me gusta más esta casa". Se me partió un poquito el corazón.  Yo también extrañaré las flores de loto en el estanque, la vegetación frondosa, el vivir permanentemente al aire libre... Sé que perdemos cosas pero ganamos otras más importantes. Abuelas, primos, tíos... amiguitos con los que hablar en español. Echaremos de menos ir a la playa a menudo, pero tendremos días de invierno soleados y paseos por el Madrid de los Austrias. Soñaremos con batidos de frutas naturales al borde del mar, pero se nos alegrará el corazón viendo los tulipanes florecer en la Castellana en primavera. Extrañaremos la belleza de los arrozales pero disfrutaremos de aperitivos gloriosos en las tascas de La Latina. Recordaremos a los amigos que dejamos aquí, pero tenemos a todo un ejército esperándonos en España con toneladas de ilusión. Hemos tenido la inmensa suerte de vivir esta experiencia y es hora de volver, y lo hacemos con muchas ganas porque, en la distancia, se aprecian mejor los detalles de lo que has dejado atrás.

Ha llegado el  momento de preparar a Manuel para el cambio, y espero hacerlo mejor esta vez, porque creo que cuando vinimos, hace nueve meses, estuvimos demasiado centrados en nosotros mismos y no calibramos bien las necesidades de un niño de poco más de dos añitos que se enfrentaba a todo un terremoto vital para el que no estaba entrenado. Hoy, con casi tres años, el lechón está madurando, física y emocionalmente, y tiene un carácter cada vez más parecido al de su madre: genio endiablado, impaciente, gruñón, sensible, dramático... ¡Ha heredado todos mis defectos! Sólo espero que no le aterren los cambios tanto como a mí, y que éstos le hagan más fuerte, más flexible y sociable, más abierto, mejor persona.

domingo, 1 de mayo de 2011

Ser Madre



“Por culpa del azar o de un desliz, cualquier mujer puede convertirse en madre. Dios la ha dotado a mansalva del “instinto maternal” con la finalidad de preservar la especie.
Si no fuera por eso, lo que ella haría al ver a esa criatura minúscula, arrugada y chillona, sería arrojarla a la basura.Pero gracias al “instinto maternal” la mira embobada, la encuentra preciosa y se dispone a cuidarla gratis hasta que cumpla por lo menos 21 años.
Ser madre es considerar que es mucho más noble sonar narices y lavar pañales,que terminar los estudios, triunfar en una carrera o mantenerse delgada.Es ejercer la vocación sin descanso, siempre con la cantaleta de que se laven los dientes, se acuesten temprano, saquen buenas notas, no fumen, tomen leche…
Es preocuparse de las vacunas, la limpieza de las orejas, los estudios, las palabrotas, los novios y las novias; sin ofenderse cuando la mandan a callar o le tiran la puerta en las narices, porque no están en nada... Es quedarse desvelada esperando que vuelva la hija de la fiesta y, cuando llega hacerse la dormida para no fastidiar. Es temblar cuando el hijo aprende a manejar, anda en moto, se afeita, se enamora, presenta exámenes o le sacan las amígdalas. Es llorar cuando ve a los niños contentos y apretar los dientes y sonreír cuando los ve sufriendo. Es servir de niñera, maestra, chofer, cocinera, lavandera, médico, policía, confesor y mecánico, sin cobrar sueldo alguno.
Es entregar su amor y su tiempo sin esperar que se lo agradezcan. Es decir que “son cosas de la edad” cuando la mandan al carrizo.
Madre es alguien que nos quiere y nos cuida todos los días de su vida y que llora de emoción porque uno se acuerda de ella una vez al año: el Día de la Madre. 
El peor defecto que tienen las madres es que se mueren antes de que uno alcance a retribuirles parte de lo que han hecho.
Lo dejan a uno desvalido, culpable e irremisiblemente huérfano.
Por suerte hay una sola. Porque nadie aguantaría el dolor de perderla dos veces.”

Me he emocionado leyendo este maravilloso texto de Isabel Allende. No tanto por verme reflejada yo en mi papel de madre, como por ver un retrato fiel de la mía. Qué suerte tener una de éstas madres que tan bien describe mi escritora favorita. Sólo espero saber serlo yo también, y que algún día mi niño lea ésto y se emocione también pensando en los desvelos de su madre. Felicidades mamá. Y feliz día a todas las madres.

martes, 26 de abril de 2011

La almohada


Manuel la llama "muada", y no es más que una pequeña almohada, suave y blandita, que le acompaña casi desde que nació. En Madrid la teníamos en su cuna, y pronto el lechón acabó con mis vanos intentos de ponerle una funda de algodón blanco con bordados. A él le gustaba desnuda, sin ninguna tela que le impidiera sentir la ligereza eterea de la pluma, y se abrazaba a ella para dormir. Si no hubiera sido por Inés nos la hubiéramos dejado en Madrid, pero ella se acordó casi en el último momento. Lo cierto es que la relación entre Manuel y su almohada evolucionó mucho desde que estamos en Bali, y especialmente desde que no lleva chupete. Desbancó a su peluche de Ely sin remedio, y desde entonces es sin duda su "talismán", "fetiche", "objeto de transición", o como quiera que llamen los psicólogos a aquel muñeco, trozo de tela, calcetín o lo que se tercie al que los niños se aferran con devoción a la hora de dormir, cuando están malitos, o cuando necesitan consuelo. Ayer, cuando volvíamos en un vuelo nocturno de una pequeña escapada a la vecina Australia, Manuel paseaba por el aeropuerto en pijama con su almohada bién agarradita. Ni que decir tiene que la almohada se tiene de pié de lo sucia que está, pero a ver quién es el guapo que se atreve a quitársela para lavarla y esperar después a que se seque. Cuando llega a casa después de unas horas fuera busca su almohada con ansiedad y se pone contentísimo al encontrarla, se abraza a ella con pasión, diciéndole cosas como "muada, te quiero!" y dándole besos y caricias. El otro día me preguntó si yo también quería a mi "muada" y no supe muy bién qué contetarle.

martes, 19 de abril de 2011

A solas

Cuando Manuel tiene el día bueno, me gusta pasar con él un rato a solas, sin nadie que nos importune. No es que me moleste la gente, pero mi lechón se porta mejor cuando tiene poco público. Las caras nuevas le ponen nervioso y aún las conocidas muchas veces le hacen perder los papeles en un afán de protagonismo que no sabe muy bién cómo manejar. Lo cierto es que a Manuel lo que le gusta es tenerme en exclusiva, toda todita para él, y así poder mangonearme lo que le da la gana. Se pone como una moto si consigue que, por una vez, haga yo lo que él me pide y no al revés. 

Ayer pasamos la tarde solos en la playa. Hacía un sol espléndido y fuimos a un chiringuito que me encanta a merendar. Como si fuéramos novios compartimos un batido de sandía, un pancake y unos cacahuetes recién tostados. Después deambulamos por la orilla buscando piedras y conchas. Caminamos sobre los pequeños montículos que había dejado la marea al retirarse y comparamos sus pequeñas huellas en la arena con las mías. Encontramos un tronco de una palmera y le reté a pasear por él de lado a lado sin caerse. Descubrimos que saltar del tronco a la arena para después observar quién llegaba más lejos era aún más divertido. Me pidió que saltáramos juntos "de la manita" con esa voz tan zalamera y a mí por poco se me saltan las lágrimas de emoción, así que saltamos unas treinta veces hasta el agotamiento. Luego encontró unos niños holandeses que recogían cangrejos en un cubo. Le dije que fuera a jugar con ellos y me contestó que "ton mami", así que le acompañé hasta donde estaban sólo para darle confianza. Enseguida se olvidó de mí, y a los pocos minutos estaba hablando con ellos en un inglés ininteligible, ofreciéndoles cacahuetes y ayudándoles en la gesta de cazar cangrejos. Yo me senté sobre el pareo, disfruté de la brisa, y traté de hacer mentalmente una foto de aquel momento mágico. 

martes, 12 de abril de 2011

Cadena de recomendación Actimel

Hace unos días se pusieron en contacto conmigo desde Danone para participar en un proyecto muy interesante: es la "Cadena de Recomendación Actimel". Me contaron que quieren recaudar nada menos que 100.000 euros para apoyar la investigación sobre la Inmunología en España. Participar es tan fácil como entrar en www.actimel.es y con unos pocos clicks sumarse a esta cadena.



Además de la buena causa me gustó el slogan de la campaña, "Cuando algo funciona hay que compartirlo", porque me recordó a la filosofía de éste y otros blogs de mamás, que, sin ánimo de dar consejos que a nadie le gustan, nos afanamos en compartir nuestras experiencias, a ver si a alguien le sirven de ayuda. Yo hace tiempo que no tomo Actimel, ¡aquí en Bali no lo venden! pero en cuanto volvamos a España quiero probar el de coco, que he leído en otros blogs que está buenísimo. Mi suegra no puede vivir sin uno de naranja todas las mañanas, y dice que desde que lo toma no se resfría tanto como antes.

Por cada persona que se una a la cadena, Actimel donará 1€ para diferentes proyectos de investigación sobre la inmunología. Ya hay cerca de 10.000 eslabones, ¡incluido el mío! ¿Te animas tú también?

Este post está redactado según el código de confianza C6C

viernes, 1 de abril de 2011

Quiero amor


Mi hijo, al que parí con dolor, se limpia las mejillas con cara de asco cuando le doy un beso inesperado.
Mi hijo, al que parí con dolor, contesta con un rotundo NO cuando le pregunto si me quiere. Y digo yo que, quién me mandará  hacer la dichosa preguntita sólo comparable en su idiotez con la de ¿en qué estás pensando?
Mi hijo, al que parí con dolor, me ha despertado esta noche no menos de cinco veces y esta mañana lleva levantado y dando guerra desde las 6:49.
Mi hijo, al que parí con dolor, cuando se cae y se hace daño grita desesperadamente "Paaaaapi, dónde estás?" mientras yo trato sin éxito de consolarle.
Mi hijo, al que parí con dolor, me dice lindezas del estilo de "vayas mami" después de llamarme a gritos en mitad de la noche sin ningún motivo.
Digamos que a estas alturas de la película he asumido ya que mi hijo, al que parí con dolor, no es precisamente un niño dócil y cariñoso. Pero anoche, en uno de sus despertares, me dejó de piedra.
- Dime, cariño, qué quieres? -le pregunté con voz somnolienta.
Silencio
- Manuel, ¿quieres agua?
Silencio
- ¿Pipi?
Silencio
- ¿Qué quieres? - algo impaciente ya.
- Quiero amor
- ¿Amor? - Repito convencida de que le he entendido mal
- Quiero amor -repite
Y yo me abalanzo sobre él a darle besos encadenados no sin un poco de miedo a que me suelte una patada en uno de sus repentinos cambios de opinión. Hay que aprovechar estos momentos, aunque sean a las cinco de la madrugada, porque mi pequeño puerco espín suele tener las púas muy afiladas el resto del día.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Caty


Os hablé de ella hace algún tiempo, pero entonces no era todavía parte de la familia. Apareció por la puerta pidiendo comida y nos robó a todos el corazón. Y yo que llevo toda la vida diciendo que no me gustan los gatos... pues va a ser como con el bacalao, que he acabo sucumbiendo. Y a este paso en unos meses estaré comiendo también anchoas, porque hay que ver lo que estoy cambiando mis preferencias. Es una gatita muy cariñosa, y Manuel está loco con ella. En cuanto vuelve del "playground" se abalanza sobre el pobre animal sin ninguna delicadeza para darle besos. Le hace toda clase de perrerías: le tira del rabo, la aplasta, le mete la mano en la comida... pero ella nunca se enfada y hasta le busca para jugar. Yo creo que se considera un cachorro más en la familia, porque en cuanto metemos a Manuel en la cama ella va detrás y, si nos descuidamos está durmiendo con él.  Los primeros días estaba algo celoso, y tardamos en darnos cuenta de que cuantos más mimos le hacíamos a Caty más tonto y huraño se ponía él. Así que ahora solo le hacemos arrumacos cuando Manuel no está delante, y debemos asegurarnos de reprenderla tan a menudo como al lechón para evitar conflictos. Si por ejemplo le decimos a Manuel que salga de la cocina porque el fuego está encendido, él exige que Caty salga también... y a ver quién le explica lo contrario. Lo más gracioso es escuchar a Manuel ejercer con Caty de "hermano" mayor y decirle con tono autoritario:
"No, Caty, no puedes salir, está lloviendo y te vas a mojar... tienes que quedar aquí,
o  "Caty, te has portado muy mal, estás castigada!"

jueves, 10 de marzo de 2011

Rabietas

Estoy cabreadísima. He dejado al lechón en la guardería después de una rabieta de padre y muy señor mío que me ha dejado exhausta física y emocionalmente. Creía que la fase de las rabietas había terminado, pero ya es la segunda esta semana y de verdad que me tiene muy enfadada. El detonante, tanto en ésta como en la que tuvo el sábado, es que tiene ganas de hacer pis pero cuando le digo que vayamos al baño dice que no quiere. Se enfada, llora, patalea y dice que no quiere levantarse de donde quiera que esté sentado, mientras grita que tiene pipi... un sinsentido absoluto. Suele aprovechar las prisas matutinas para llegar al "playground" para hacer este jueguecito que me saca de mis casillas. Por lo general después de un rato de batalla absurda acaba haciéndose pis en los pantalones, y entonces se enfada aún más porque no le gusta estar mojado. Encantador, ¿verdad? Esta mañana, cuando ya eran las nueve y cuarto de la mañana y teníamos que salir pitando hacia el playground, la escena ha sido la siguiente:
Niño tirado en el suelo rebozado en su propio pis, y madre muy enfadada decide que le dejará el calzoncillo mojado para que aprenda. Madre carga al niño como un fardo (un fardo que pataleaba como un condenado) y lleva sus 14 kilos (mojados de pis) en volandas hasta el coche. Madre que se vé obligada a utilizar mucha más fuerza de la que tiene para montarle en el coche y ponerle el cinturón. Viajecito absolutamente infernal durante el cual niño dá gritos como si le estuvieran matando, y se revuelve tanto que consigue zafarse del cinturón, para acabar sentado en el suelo del coche en un ejemplo claro de inseguridad vial.  Madre tratado de mantener la calma, sin ningún éxito, que tiene que parar en una cuneta para volver a atar al niño no sin antes darle un par de azotes en el culo. Niño se resiste como una lagartija y madre se plantea pegarle más fuerte pero cuenta hasta diez y se contiene, no por falta de ganas, sino porque sabe por experiencia que hacerlo no servirá para nada. Madre respira hondo y conduce despacio porque un minuto más tarde el niño se ha vuelto a quitar el cinturón y está de pie llorando. Niño que grita "mamiiii, mamiiiii" sin saber muy bién por qué, lo que consigue desestabilizar aún más a madre. Madre que llega por fín a la puerta de la guardería y aparca el coche pensando, por fín le voy a perder de vista. Niño que comienza a tranquilizarse y baja del coche muy formal con la respiración entrecortada. Madre y niño van de la mano hasta la puerta de la guardería y el niño camina mirando hacia el suelo, sabiendo lo mal que se ha portado. Niño pregunta a madre, "mami está enfadada?". Y madre le contesta que sí, que se ha portado muy mal y que está castigado. Madre deja a niño en la puerta de la guardería con su mochila a la espalda. Niño se queda allí sin rechistar, pero cuando madre se aleja escucha cómo niño comienza a llorar. Madre apresura el paso para alejarse de allí lo antes posible.
Y aquí os dejo un enlace a un fantástico artículo sobre lo que hay que hacer en caso de que vuestros hijos sufran rabietas. Lo que no hay que hacer ya lo habéis leído en el párrafo anterior.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Preguntando

Cuando yo tenía unos ocho años mi padre me regaló un libro que se llamaba "Una pregunta para cada día". Me encantaba, porque respondía a cosas tan peregrinas como "¿por qué hay nubes en el cielo?" o "¿por qué se dice que los elefantes tienen mucha memoria?". Como supondréis, el regalo venía con segundas, y está claro que era un intento de  mis padres por responder de una sola vez a mi interminable retahíla de preguntas. No sé si lo consiguieron, porque yo he sido de mucho preguntar. Ahora parece que la historia se repite y soy yo quien tiene que responder a la incesante curiosidad del lechón, que ha descubierto que cuando pregunta "¿porqué?" se abre un gigantesco mundo de posibilidades y mami le cuenta "historias" asombrosas a las que él puede seguir contestando "¿porqué?" hasta el infinito.


Otra pregunta que le entusiasma es "¿para qué sirve?", y en general ésta suele ser más facilita de contestar. No hay problema cuando pregunta para qué sirven cosas con una clara función, como una maleta o un destornillador. Lo complicado viene cuando quiere saber para qué sirve la pegatina con la marca de la nevera, las flores del estanque, las mariposas y cosas así. A menudo encadena unas preguntas con otras, de manera que empieza con el porqué, y sigue con para qué sirve, para volver después al porqué inicial.... agotador!

Y olvídate de contestarse en plan autómata y sin prestarle atención. Se da perfecta cuenta y se enfada muchísimo, obligándome a mirarle y a poner todos mis sentidos en nuestra interesantísima charla. Vamos, que lo que a él le gusta es hablar y que le hagan caso, ¿y a quién no?

jueves, 24 de febrero de 2011

Mi amigo Eden


Al principio me parecía que hablaba muy raro, pero cada día le voy entendiendo mejor. Vamos a la misma clase en el playground y casi siempre estamos juntos jugando. Pocas veces nos peleamos, solo cuando uno de los dos está algo cansado y gruñón. Él me ha enseñado que cuando me hago pupa tengo que decir Autchi! y que las motorcycles son mucho más chulas que las motos de toda la vida. A Eden le gustan un montón los candies, así que cada vez que encuentro uno por el suelo lo guardo para él. Yo la verdad es que no entiendo muy bién esa pasión por las chucherías, y prefiero mil veces unas buenas aceitunas sin hueso o unas patatas fritas. Será porque Eden es de origen británico... y claro, estos ingleses no entienden de buena mesa. Casi todas las mañanas, al entrar en el playground le busco, y cuando le veo le doy un gran abrazo. Cuando llega la hora de salir, a veces le pido a mami que pasemos un rato por su casa porque aún no me he cansado de estar con él, pese a llevar cinco horas juntos. Mami dice que se pronuncia Idan, pero yo le llamo Eiden, y creo que a a él no le importa que diga mal su nombre de tanto que se divierte conmigo. Estoy muy contento porque he encontrado por primera vez un amigo. Y quien tiene un amigo tiene un tesoro.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Frases históricas II

El otro día Manuel me contó un cuento. Caminábamos hacia casa y ya era de noche. La iluminación en el jardín es bastante escasa:

- Mami, cuidado, hay monnnstruosss!
- No, cariño, los monstruos no existen, están solo en los cuentos y en los dibujos.
- Mami, Manel va dice un cuento, vale?
- Dime
- Un día estaba oscuro y había un monstruo
- Y entonces?
- Colorín Colorado
Pues está claro no? que se ha acabado

Últimamente parece que el lechón ha tomado consciencia de que el inglés y el español son idiomas diferentes y que hay gente que habla en uno o en otro. Hace unos días apareció por casa un gatito y, aunque yo soy poco amante de los felinos, decidimos darle de comer para ver si así se quedaba con nosotros y nos defendía de los roedores que me llevan por la calle de la amargura (para más detalles sobre tan sórdido asunto véase mi otro blog). El caso es que le dimos de comer y cuando ya parecía que iba a quedarse con nosotros, va Manuel y me pregunta:

- Mami, ¿y los gatitos en qué saben hablar?

Pues tendrá que saber el niño en qué idioma dirigirse también al gatito. Don't you think?

miércoles, 9 de febrero de 2011

¿Adios a la siesta?

Llevo meses resistiéndome, y aún no lo tengo del todo claro. Ayer decidimos decirle adiós a la siesta del lechón. Es una pena porque no solía dar problemas para dormirse... pero me estaba volviendo algo paranoica con los horarios y he decidido cortar por lo sano. Os explico mi psico-horario a ver si me entendéis:

14h. Salida del "playground". Manuel sale contento, cansado pero aún con ganas de jugar.
14.30h. Llegamos a casa, hay que acostarle a dormir la siesta lo antes posible que si no se hace tarde.
15.15h. Dos cuentos y un par de masajes más tarde. Ufff, por fín parece que se ha dormido.
17.15h. Toca despertarle, que si no duerme más de la cuenta y no habrá manera de acostarle por la noche.
El caso es que despertarle cuesta un mundo porque él dormiría hasta las siete si le dejara, y eso supone todas las tardes una pelea. Muchos mimos, mucha "normiguita", mucho remoloneo...
18h. Por fín despierto pero aún muy somnoliento. No quiere jugar ni ir a la piscina. Aquí anochece a las seis y media, así que para cuando se activa ya no se puede hacer nada y es casi la hora de cenar. Sólo queda la tele.
20.30h. Hora de ir a dormir y Manuel con ganas de jugar.
21.30-22.00h. Por fin parece que se ha dormido.
06.30-07.00h. Mamiiiiiiiii

Algo estamos haciendo mal. Seguro. Tengo la sensación de estar constantemente forzándole para que haga lo contrario de lo que le apetece: ahora hay que acostarse (y él quiere ver la tele), ahora toca levantarse (y él quiere seguir durmiendo), ahora toca jugar (y él está zombie porque aún no se ha despertado del todo), ahora toca acostarse otra vez (y él ha dormido dos horas de siesta y no tiene sueño).

Creo que si suprimimos la siesta disfrutará más del día y al recogerle en el playground podré llevármelo a dar un paseo, a tomar un helado o a la playa, sin las prisas de hay que irse a casa a dormir la siesta. Y claro, también aspiro ilusionada a que duerma doce horas del tirón, a acostarle más temprano y que nos deje dormir hasta las ocho.

Esas son mis aspiraciones y mi nuevo horario "soñado". Pero la última palabra la tiene Manuel y esto es lo que hizo ayer a eso de las cinco de la tarde.

lunes, 31 de enero de 2011

Cosas que me gustan de ser madre


Será porque en Bali la lluvia nos está dando un respiro hemos tenido un fin de semana de playa, será porque tengo la endorfina disparada de tanto sol, será porque mi niño está cada día más guapo... pero hay muchos momentos, muchas pequeñas cosas que cada día me hacen pararme y decirme a mí misma: disfrútalo, esto es lo bueno de ser madre. Ahí van algunas:
- Me gusta llevar a Manuel al "playground", aunque el día que me toca estoy muerta de sueño, y escuchar en el coche su parloteo incansable: ahora me pregunta si vamos a ir por el "atajo", que es una palabra recién aprendida, ahora pasamos por la excavadora "blue" y se pone muy contento, ahora me pregunta "¿y hay muchos baches?". Le encanta hacerme las mismas preguntas al pasar por los mismos sitios, y su memoria es de una precisión sorprendente. Si hoy le señalo a un niño que pasa con su bici delante de una tienda, mañana me preguntará por el niño exactamente en el mismo lugar. Alucino.
- Me gusta que me pida que le lleve de la manita y que se agarre a mi dedo índice como cuando era un bebé.
- Me gusta ver en él rasgos de mi carácter, aunque a veces veo reflejadas cosas que me aterran. Se me cae la baba cuando veo que es perfeccionista, rápido y concentrado, aunque no me gusta ver en él mi mal genio y mi impaciencia.
- Me gusta que se ponga mimoso y me pida que le haga la "normiguita" (o sea, que le dé caricias por la espalda mientras él remolonea). A veces se pasa de perezoso y le tengo que dar un toque, que se nos está haciendo un vago de mucho cuidado... Al menos esto sí sé que no lo ha heredado de mí... el gen del papá ejemplar tiene, seguro, mucho que ver en ello.
- Me gusta que en la playa me grite, "cuidado mami viene una ola"
- Me gusta que me "explique" los juegos que él inventa, y me diga "mira mami, te voy a explicar... ves?" 
- Me gusta que corra a darme un abrazo muy fuerte cuando le recojo del "playground", aunque esto últimamente está dejando de hacerlo.
- Me gusta que cuando encuentra un palito, una piedra, o cualquier tesoro por el estilo, siempre busque otro igual "para mami".
- Me gusta que cuando me suelto el pelo me mire sonriente y me diga: "mami es una princesa?"

No sé si me ha quedado muy empalagoso este post. Por si acaso, otro día escribo la lista de las cosas que no me gustan (que hay unas cuantas) para compensar tanta ñoñería.

martes, 25 de enero de 2011

Faster Faster: pedaleando

Os parecerá una tontería, pero creo que una de las razones por las que Manuel se porta muchísimo mejor últimamente es la llegada a nuestras vidas de "LA MOTO". No sé si será casualidad, pero desde que "Papá Noel" le trajo tan preciado vehículo el lechón está mucho más contento. No en vano es hombre, y hay que decir que a ellos les pones ruedas y motor y son mucho más felices, no es cierto? En alguna parte leí una frase fantástica que decía algo así como "No importa lo acabado, hundido o deprimido que un hombre se encuentre. Siempre será capaz de conducir su coche". Y yo añado, y además conducirlo le hará feliz. La velocidad les entusiasma, qué le vamos a hacer. Supongo que es el equivalente masculino a nuestro salir de compras, aunque personalmente, mi panacea sería darme un masaje o tumbarme al sol a leer un buen libro.


La verdad es que hacía mucho tiempo que el lechón no prestaba atención a los juguetes y que no jugaba solo casi nunca. Pero ahora que la moto ha entrado en nuestras vidas, Manuel da vueltas incansable alrededor de la mesa del salón, aparca bajo la escalera, nos pide que le pongamos gasolina, se baja de la moto y llega a "su casa", que es el hueco que queda debajo de la trona... Y en fin, que de repente juega mucho más él solo y es una gozada.  Ha aprendido a pedalear, aunque aún se da impulso con los pies casi siempre. A veces salimos a dar una vuelta por el paseo marítimo, y Manuel conduce a toda velocidad al grito de "faster faster" mientras el papá ejemplar y yo podemos tener una conversación algo menos entrecortada de lo habitual.
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