jueves, 30 de julio de 2009

Hipersensible

Desde que nació Manuel me he vuelto hipersensible ante el sufrimiento de los niños. No es porque antes me diera igual, pero ahora, en mi posición de mamá, todos los niños son de algún modo el mío, y esta identificación me hace pasarlo fatal con determinadas informaciones que afectan a bebés (malos tratos, enfermedades, desnutrición...). Las noticias sobre niños que mueren de un golpe de calor, porque habían sido olvidados por sus padres en el coche, me hacen llorar y me asustan una barbaridad. Con la vida que llevamos en las grandes ciudades no me parece tan descabellado que a unos padres estresados y con falta de sueño, igual que yo, les pueda ocurrir algo así.
Y aunque sé que no son cosas comparables, también me hace sufrir el egoísmo de algunos padres que con eso de que son vacaciones, se empeñan en salir a cenar con su niño de dos o tres añitos, pretendiendo además que el pequeñajo no diga ni pío y se duerma en el carro sin rechistar... Anoche me dieron la cena. Nosotros tuvimos la suerte de poder "colocar" a Manuel, pero supongo que los de la mesa de al lado no tenían esa posibilidad, así que llegaron al restaurante con su bebé de unos dos añitos en el cochecito "MacLaren" (el mismo que yo tengo, que me consta que no es nada cómodo ni para dormir la siesta). Como es natural, el niño no se quería quedar en el carro, y protestó hasta que le sacaron, para después dar toda la guerra del mundo porque lo que quería a toda costa era corretear por el restaurante. Y su madre diciéndole que se callara, que se estaba portando fatal, y que como siguiera así se iba de nuevo al carro... ¡muy educativo! O sea, que como nosotros queremos ir a cenar fuera tú, bebé, renuncias a la comodidad de tu cuna y de tu habitación de siempre y tienes que dormir en una silla incómoda que nisiquiera se tumba del todo, a plena luz, rodeado de ruidos y humo de tabaco, y encima no vayas a quejarte porque te castigo... ¿No os parece terriblemente egoísta? Yo estaba horrorizada, y para aumentar aún más mi indignación, al ir al baño me encuentro con otra mamá y su niña de unos tres años que casi se quedaba dormida de pié... Era ya medianoche. Os parecerá que exagero, pero con padres así de irresponsables, creo que debería estar tipificado en alguna ley que los niños entre seis meses y seis años no puedan entrar en restaurantes después de las diez de la noche. He dicho.

sábado, 25 de julio de 2009

Me enfado y no respiro: Espasmo de sollozo

Tenía solo seis días de vida cuando lo hizo por primera vez, y a mí se me paró el corazón del susto. Le estaban haciendo la prueba del talón (crueldad ya de por sí intolerable para un bebé tan indefenso y su madre primeriza) y fue entonces cuando, en medio de su ataque de llanto porque aquella enfermera sin piedad le estaba exprimiendo el pié como si fuera una naranja, dejó de respirar durante unos segundos. A mí me pareció media hora, pero supongo que serían unos 10 o 15 segunditos "de nada".

Pues bién, ha llovido bastante desde entonces y ya no sufro tanto, pero Manuel sigue quedándose privado de vez en cuando. Lo hace cuando se dá un golpe fuerte, cuando se asusta mucho, y cuando se enfada porque le acostamos y en ese momento no le dá la gana de dormir, por mucho sueño que tenga. Dice mi libro de cabecera (Dr. Juan Casado: Qué me pasa mama?) sobre el tema que a ésto se le llama "Espasmo de sollozo", y que "a pesar de la aparente gravedad, los niños que se privan están sanos, no teniendo realmente estos episodios ni gravedad ni trascendencia. Los espasmos de sollozo son episodios dramáticos y voluntarios en que el niño deja de respirar, un niño por lo demás sano. Aparecen rápida e inmediatamente después de una rabieta, después o antes del inicio del llanto. La ausencia de respiración es de corta duración, alrededor de un minuto, aunque este tiempo parece mucho mayor para los adultos o padres que lo observan." Me parto, así que un minuto es "corta duración"... venga ya! y sigue, "los niños pueden ponerse azules, morados o pálidos. En ocasiones aparece pérdida del tono muscular, con la caída o desplome de la cabeza, tronco y extremidades. Si el niño está sentado o de pie puede simular convulsiones o pérdida transitoria de la conciencia. No es un trastorno epiléptico." Flipo con lo de "simular convulsiones", eso Manuel no lo ha hecho nunca, pero qué se supone que tengo que hacer si le pasa, decirle "venga lechón, no tengas cuento..."

También dice que es más frecuente en niños que en niñas y que afecta al 5-6 por ciento de los peques entre 6 y 24 meses, que se desconoce la causa, que no es una enfermedad: "Aunque los padres tienen sensación de urgencia o incluso temen por la vida del niño, estos episodios no tienen ningún riesgo, nunca producen la muerte, nunca conducen a enfermedades, ni lesiones ni secuelas"

Lo que hay que hacer, según este doctor, es "no intentar detener el espasmo ni soplarle, ni hacerle el boca a boca, ni zarandearle. Aléjate del niño prudentemente obsérvale desde lejos, intentando no mostrar tu inquietud. No le hables, no le reprendas, no chilles y no pidas ayuda. Si el niño tiene objetos en la boca o comida, retíraselo. Cuando el espasmo finalice, enfádate si el desencadenante fue un capricho o una rabieta. Si el desencadenante fue dolor o miedo, protégele, acurrúcale y acariciale. Después déjale dormir."

Yo la verdad que ni le soplo ni le zarandeo e intento mantener la calma. Ahora, lo de observarle mientras se priva a una prudente distancia... Ja! eso cuéntaselo a otra.
P.D: Ya estamos de vacaciones y mañana nos vamos a la playa, Yuppppiiiiiiii!!!!!!!!!

domingo, 19 de julio de 2009

Madrugones en Llavaneras

Es domingo, son las nueve menos cuarto y llevo casi dos horas despierta. Hoy Manuel ha amanecido a las 7:10 AM. Para pegarse un tiro. Sí, lo sé, soy muy exagerada. Pero es porque tengo mucho sueño. Lleva así desde el viernes, que es cuando llegamos a "Falcon Crest", la casa de mi prima en Llavaneras, cerca de Barcelona. El nombre es una licencia mía, creo que en realidad la casa se llama "Los Magnolios" o algo así, pero es que me recuerda mucho a esas mansiones gigantescas de las series americanas.


Manuel se lo está pasando pipa con sus primos Lucía y Mateo, que tienen casi cinco años. Son guapísimos y muy buenos, y los pobres estos días también madrugan por culpa del lechón. Pero su mayor descubrimientos estos días ha sido Luca, el labrador de la familia. Supongo que tendrá algo que ver lo mucho que a mí me gustan los perros, y que desde que tenía unos meses, cada vez que pasamos cerca de uno le digo entusiasmada, "mira qué guapo el perrito". Es increíble cómo les hacemos a nuestra imagen y semejanza, como dice Serrat en una canción que me encanta, "amenudo los hijos se nos parecen (...) cargan con nuestros dioses y nuestro idioma". Pues Manuel parece que carga con mi pasión por los perros, pero no ha heredado lo mucho que me gusta dormiiiiiiirrrrrrrr.

domingo, 5 de julio de 2009

Primeros Pasos

Hoy Manuel ha dado sus primeros pasos sin ayuda. Ha sido muy emocionante para los tres, y estamos muy contentos de que haya ocurrido estando tanto su papá como yo para verlo. He tenido la suerte de poder captar un vídeo del momento. Sé que es difícil de creer, pero yo SABÍA que iba a ocurrir, ¡y estaba preparada con la cámara!

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Después ha estado un rato practicando, no quería hacer otra cosa, y se reía como loco a cada paso.

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Agotado por tantas emociones, se ha quedado frito en el coche... el merecido reposo del guerrero.


Ahora comienza una nueva étapa, ¡Manuel bípedo! Qué rápido crece. Cada vez es más niño y menos bebé y eso me dá un poco de pena. Pero solo un poco, porque en realidad me encanta ver como se va haciendo mayor, verle contento, confiado y deseoso de avanzar y de aprender, y celebrar con él cada uno de sus logros.

sábado, 4 de julio de 2009

Vacaciones abueriles

Seguramente ya he comentado aquí lo importantes que son las abuelas de Manuel. Más que importantes: FUN-DA-MEN-TA-LES. Ambas derrochan cariño y ternura hacia el lechón, le llevan al parque, le sacan de paseo, le compran ropita y juguetes, le dan la merienda... Y se quedan con él cuando papá y mamá necesitan un "kit-kat" de la difícil tarea de la paternidad. Así, nosotros podemos hacer esas cosas que antes no valorábamos nada y ahora nos hacen suspirar: salir a cenar, al cine, o incluso de fin de semana...

Pero, llega el mes de julio y las abuelas, cual si fueran golondrinas, emigran a la playa. Así, sin contemplaciones, sin rellenar un cuadrante vacacional para evitar coincidencias... ¡Les parecerá bonito! Y nos dejan abandonados a nuestra suerte, sin recursos, ni descanso.

La vida sin abuelas es mil veces peor. Ayer nos invitaron a una cena libanesa en el Hotel Intercontinental. El plan no podía ser más apetecible, habían traído un chef de esos con "nosecuantasestrellas" y la degustación prometía ser histórica... Pero sin abuelas, nada que hacer. Intentamos que se quedara Lara, la sobrina de David, que está estudiando para ser profe de infantil y así hace prácticas... pero no coló. Tiene 20 años, era viernes noche y tenía planes, lógico! Así que anoche "disfrutamos" como nunca de la paternidad. Y no parece que esta noche vaya a mejorar la cosa.
En fin, menos mal que está para comérselo. ¿o no?

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