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viernes, 15 de octubre de 2010
Lagartijas
Como ya comenté en un post en mi otro blog, nuestra nueva casa balinesa está construida en medio de un jardín tropical y sobre un lago, lo que la convierte en un lugar de lo más acogedor para toda clase de bichos. Convivimos sin inmutarnos con varias especies de insectos, y, para deshacernos de ellos, tenemos unos cuantos aliados. Por un lado insecticidas a "tutiplén", en todos los tipos y formatos, y por otro lado, el remedio más natural: las lagartijas. Están por todas partes y claro, Manuel encantado. Cada vez que ve una de ellas, da un grito de alegría diciendo, "Mira, mami, gartija!!" Y tengo que acudir de inmediato como si fuera un gran acontecimiento. No importa que esté hablando por "Skype" o que tenga la cena al fuego. Lo importante es lo importante. Hay que ver a la lagartija, aunque sea la decimoctava que pasa por detrás de la tele en una hora. Lo más gracioso es que, en su vasto conocimiento de la especie en cuestión (también llamados gekos sin no me equivoco), mi lechón las categoriza en distintos tipos: están las "lagartijas papá", que son las más grandes, las "lagartijas bebé", que son las chiquititas, y por último una subespecie algo indefinida que es la "lagartija mamá". Realmente ésta no muestra a simple vista una diferencia apreciable con la lagartija papá, pero Manuel tiene clarísimo quién es quién en los roles familiares. Algunas veces intenta sin ningún éxito cazarlas, y otras veces su papá ejemplar consigue coger alguna para que pueda verla de cerca. Entonces se pone contentísimo, le da alguna caricia-manotazo, y con ese don de gentes tan suyo, y sacando va relucir su incipiente inglés la saluda diciendo "Hello Gartija, what's your name?"
lunes, 16 de febrero de 2009
Baby Einstein
Una no puede ser siempre la mamá perfecta. Hay tardes en las que Manuel se pone insoportable. Como la de hoy. Se aburre de los juguetes a los dos minutos y solo quiere ir en brazos de un lado para otro de la casa o bien estar de pié y "caminar", con sus diez hermosos kilos atacando mis lumbares, que ya son una pura contractura. Pues bien, para esos ratos, en los que una ya no sabe ni qué hacer, unos señores muy listos y muy piadosos con las madres inventaron Baby Einstein. En estos momentos, mientras yo posteo felizmente, mi pequeño lechón está diciéndole cosas que sólo él entiende a unos muñequitos muy simpáticos que salen en la tele... No es maravilloso? Como madre responsable que soy, sé que no está bién tener a los niños enchufados a la caja tonta todo el día. Pero para un rato... ¡es una gozada! Aunque pase por delante de la tele, Manuel ni me mira, no pestañea, le encanta. Hasta ahora le ponía uno que se llama "Baby Mozart", que es para bebés de 0 a 3 años, y es una bendición, me asegura 40 minutos de absoluta tranquilidad en los que me da tiempo de ducharme, maquillarme si tengo que salir, hacer la cena o, como hoy, escribir un post. Hoy está viendo por primera vez "Baby Galileo", que va sobre el universo y las estrellas y se recomienda a partir de los nueve meses. Parece que por ahora no tiene ninguna queja.
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