lunes, 6 de diciembre de 2010
Madrugones a raya
Ni que decir tiene que nada de lo que aquí leáis es invención mía, sino que es un popurri hecho a mi medida a partir de la inmensa cantidad de información que encontré sobre el tema navegando en "San Google" (qué haría yo sin ti!) Pues bien, resulta que en este mercado a prueba de crisis que es el de los artículos para bebé, existen una especie de despertadores muy atractivos para decirle al niño cuándo es la hora de levantarse. Yo los he encontrado esta web británica que los vende, pero supongo que en España se encontrarán fácilmente.
Me pareció una buena idea este sistema, porque para un niño de dos años es más fácil entender el concepto de "el conejito no se ha despertado aún" que el de "es demasiado temprano y mami se muere de sueño". Pero como aquí en Bali lo de encontrar el conejito despertador no era tan fácil inventamos uno con una lámpara con forma de roedor y un temporizador. Para el caso es lo mismo, y lo importante no es tanto el aparato en sí como la comedura de coco en torno al mismo.
Desde entonces han pasado unas tres semanas y hemos ido cambiando la hora de encendido progresivamente hasta las siete. Manuel se sigue despertando muchas veces a las seis o a las cinco y media, pero ahora ya sabe que a esa hora no puede levantarse, así que pide pipí y vuelve a dormirse, casi siempre por las buenas. Cuando se despierta a eso de las siete menos cuarto no se vuelve a dormir, pero no le dejamos salir de la cama hasta que la luz se enciende. Es muy gracioso porque espera con ansiedad mirando la lámpara y cuando por fín se enciende grita entusiasmado, como si hubieran venido los reyes magos: "mamiiiii, papiiiiii, se ha encendido la luz del conejitoooooo", y entonces acudimos contentísimos, y casi celebramos una fiesta porque "por fín" es la hora de levantarse.
domingo, 19 de julio de 2009
Madrugones en Llavaneras
lunes, 16 de marzo de 2009
Gateando
martes, 3 de marzo de 2009
Crecer jugando
domingo, 8 de febrero de 2009
Ocho meses y una duda razonable
El jueves fuí a verles a la clínica, y me trajo muchos recuerdos, algunos buenos y otros no tanto, de cuando nació Manuel. La verdad es que nuestros primeros días no fueron nada fáciles, el pequeñajo se ganó a pulso el apodo de lechón, porque lloraba constantemente salvo que estuviera en el pecho. Lo mejor de empezar tan mal es que ya solo se puede ir a mejor…y lo cierto es que la cosa ha mejorado muchísimo. Ahora Manuel nos contagia su alegría. Es un niño feliz, tranquilo, simpatiquísimo y muy bueno. Cada día me recuerdo a mí misma lo afortunada que soy de tenerle, no sea que se me olvide.
Ver a Rut tan feliz con su segundo bebé me ha hecho pensar en cómo sería si me animara a tener otro hijo -esto le va a provocar al papá del lechón una urticaria por lo menos. Tranquilo, no es que me lo esté planteando ¡que no es así!!, pero me pregunto si al segundo hijo se le quiere igual que al primero. Francamente, yo no estoy segura de que sea posible querer a otro bebé tanto como a Manuel. Y no digo que al segundo no se le quiera, no es eso… pero no creo que sea lo mismo. Por algo desde la antigüedad el primogénito es el legítimo heredero de bienes y títulos nobiliarios. Creo que el primer hijo es especial, porque con él se descubre un sentimiento, el amor de madre -sí, "amordemadre", como en los tatoos de los moteros-, que nunca se había vivido. Yo creo que con los demás hijos se aplica ese sentimiento ya conocido, y por supuesto que se les quiere, pero que ya no se siente el flechazo de la primera vez. Y que conste que lo dice una que tiene un hermano mayor y, pese a todo, se siente inmensamente querida. En fin, tal vez si me animo a darle a Manuel un hermanito cambie totalmente de opinión. Sinceramente, ahora que no nos oyen…las que tenéis más de uno, ¿creéis que me he vuelto loca? ¿de verdad se les quiere igual?
miércoles, 28 de enero de 2009
Duermete niño
miércoles, 22 de octubre de 2008
Mamá trabajadora
En el trabajo todo el mundo me pregunta por Manuel. Y yo, qué voy a decir, pues que es precioso, que se porta muy bién, que está muy grande... Pero es que es la verdad! Cuando llego del trabajo no me hace tanta fiesta como a mí me gustaría. Será que aún es muy pequeño, y yo creo que casi no se dá ni cuenta de que no estoy en toda la mañana. Lo cierto es que está muy bien atendido. Se queda con una chica que hemos contratado que se llama Inés y parece que está a gusto con ella porque le ríe un montón. Además, la abuela Mari vino el lunes y ha venido hoy, así que no le faltan atenciones y cuando yo llego no parece que me haya echado de menos. Yo sí le extraño, aunque no tengo demasiado tiempo de pensar en él porque para conseguir cumplir mi nueva jornada intensiva me paso el día sin levantar la cabeza, y por ir deprisa casi no voy ni al servicio.
La semana pasada durmió varias noches de un tirón, y yo tan contenta creyendo que ya habíamos abolido el bibe de la madrugada. Sin embargo, parece que sabe que vuelvo a madrugar... y esta semana el muy tragón ha decidido volver a pedirlo. Es aún más duro levantarse a darle el bibe cuando el despertador no perdona. Al menos tengo la suerte de que David se levanta algunas noches y así yo puedo dormir, si el insomnio me deja, claro... A ver si hay suerte y cuando empiece a darle cereales duerme más seguido. ¿Es verdad que aguantan más con los cereales o es sólo un mito?
domingo, 21 de septiembre de 2008
El primer regalo de papá
Esta ha sido la primera noche que Manuel ha pasado en casa de su abuela Mari, y David ha ido a recogerle mientras yo me quedaba en casa disfrutando de una tranquila mañana de domingo, ¡SOLA! La maternidad es una experiencia preciosa, y todo eso que se dice… Pero hay que ver qué bién sienta una noche de libertad de vez en cuando, para recordar que además de madre, una puede ser mujer, joven, sexy, divertida… en fin, muchas más cosas. Gracias suegra por permitirlo. Eso sí, ahora estoy deseando que lleguen para darle un achuchón a mi niño.
Cada día está más grande y más simpático. Ahora está pasando por una fase un poco molesta porque le ha dado por gritar a todas horas. Se lo pasa bomba escuchando su propia voz y los diferentes sonidos que puede hacer, y la verdad es que nos vuelve un poco locos, especialmente a la hora de la cena, cuando yo ya estoy algo saturada y deseando que se duerma. Por lo demás, duerme ya muchas horas seguidas, su record está en 9 horas y media, aunque por lo general aguanta desde las once de la noche hasta las seis de la mañana. Lo bueno es que después de darle el bibe se vuelve a dormir hasta las nueve o nueve y media. Después, a eso de las once de la mañana duerme casi una hora y por la tarde suele echarse un par de siestas. Sobre las nueve de la noche siempre se pone algo nervioso y es más difícil conseguir que se duerma, así que la mayor parte de los días está dando guerra hasta las once, que es cuando le damos la última toma y cae rendido. Parece que ha salido un poco noctámbulo, como sus padres. Mi objetivo ahora es conseguir que se duerma sobre las nueve y media y adquiera una rutina de sueño. A ver si lo logro antes de volver a trabajar, ¡sólo me queda un mes!!