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lunes, 6 de diciembre de 2010

Madrugones a raya

Ahora que parece que hemos solucionado lo de los madrugones de Manuel se nos presenta un nuevo reto como padres: ahora al lechón le ha dado por pegar a todo lo que se mueve. Pero antes de empezar a lamentarme por este nuevo escollo os voy a contar lo que hemos hecho para que el peque duerma hasta una hora decente por las mañanas.

Ni que decir tiene que nada de lo que aquí leáis es invención mía, sino que es un popurri hecho a mi medida a partir de la inmensa cantidad de información que encontré sobre el tema navegando en "San Google" (qué haría yo sin ti!) Pues bien, resulta que en este mercado a prueba de crisis que es el de los artículos para bebé, existen una especie de despertadores muy atractivos para decirle al niño cuándo es la hora de levantarse. Yo los he encontrado esta web británica que los vende, pero supongo que en España se encontrarán fácilmente.

Me pareció una buena idea este sistema, porque para un niño de dos años es más fácil entender el concepto de "el conejito no se ha despertado aún" que el de "es demasiado temprano y mami se muere de sueño". Pero como aquí en Bali lo de encontrar el conejito despertador no era tan fácil inventamos uno con una lámpara con forma de roedor y un temporizador. Para el caso es lo mismo, y lo importante no es tanto el aparato en sí como la comedura de coco en torno al mismo.

Soy consciente de que tanto la lámpara como el dibujo son muy mejorables.
 Tenéis que entender que tenía mucho sueño

Lo que yo hice fue decirle a Manuel que mami quería que durmiera hasta más tarde para que no se pusiera malito (coincidió con unos días que estaba algo resfriado), así que ibamos a comprar una luz mágica que nos diría a qué hora podíamos levantarnos. Fuimos juntos a comprar la lámpara, le dejé elegir el color y le hice partícipe de todo el proceso. Cuando instalamos la lámpara en su habitación hice un dibujo que representaba, en un lado del papel, a Manuel durmiendo en su cama con la luz apagada y la luna y las estrellas simbolizando la noche. En el otro lado del papel Manuel estaba despierto y de pié al lado de la cama con la lámpara del conejito encendida y un radiante sol en el techo de su cuarto. Esa noche, dibujo en mano, le conté un cuento sobre un niño que se despertaba taaan temprano que consiguió enfurecer al sol, que tenía que ser el primero en levantarse por las mañanas. Y la mami de ese niño, que es muy lista (esta coletilla la uso mucho, a ver si le cala bien hondo...), encontró la solución para que el sol no estuviera enfadado y compró una lámpara mágica que hablaba con el sol y sabía cuando era la hora de levantarse... etc. etc. 
Como supondréis, a la mañana siguiente Manuel se despertó a las cinco y media de la mañana exactamente igual que los días anteriores. Entonces fuimos a su cuarto y volvimos a explicarle que no podía levantarse hasta que la luz estuviera encendida, pero claro, no se quedó conforme y lloró un ratito, unos cinco minutos y después volvió a dormirse hasta las seis y media, cuando la lámpara se encendía. Bién!! de cinco y media a seis y media ya hay una GRAN diferencia.

Desde entonces han pasado unas tres semanas y hemos ido cambiando la hora de encendido progresivamente hasta las siete. Manuel se sigue despertando muchas veces a las seis o a las cinco y media, pero ahora ya sabe que a esa hora no puede levantarse, así que pide pipí y vuelve a dormirse, casi siempre por las buenas. Cuando se despierta a eso de las siete menos cuarto no se vuelve a dormir, pero no le dejamos salir de la cama hasta que la luz se enciende. Es muy gracioso porque espera con ansiedad mirando la lámpara y cuando por fín se enciende grita entusiasmado, como si hubieran venido los reyes magos: "mamiiiii, papiiiiii, se ha encendido la luz del conejitoooooo", y entonces acudimos contentísimos, y casi celebramos una fiesta porque "por fín" es la hora de levantarse.

domingo, 19 de julio de 2009

Madrugones en Llavaneras

Es domingo, son las nueve menos cuarto y llevo casi dos horas despierta. Hoy Manuel ha amanecido a las 7:10 AM. Para pegarse un tiro. Sí, lo sé, soy muy exagerada. Pero es porque tengo mucho sueño. Lleva así desde el viernes, que es cuando llegamos a "Falcon Crest", la casa de mi prima en Llavaneras, cerca de Barcelona. El nombre es una licencia mía, creo que en realidad la casa se llama "Los Magnolios" o algo así, pero es que me recuerda mucho a esas mansiones gigantescas de las series americanas.


Manuel se lo está pasando pipa con sus primos Lucía y Mateo, que tienen casi cinco años. Son guapísimos y muy buenos, y los pobres estos días también madrugan por culpa del lechón. Pero su mayor descubrimientos estos días ha sido Luca, el labrador de la familia. Supongo que tendrá algo que ver lo mucho que a mí me gustan los perros, y que desde que tenía unos meses, cada vez que pasamos cerca de uno le digo entusiasmada, "mira qué guapo el perrito". Es increíble cómo les hacemos a nuestra imagen y semejanza, como dice Serrat en una canción que me encanta, "amenudo los hijos se nos parecen (...) cargan con nuestros dioses y nuestro idioma". Pues Manuel parece que carga con mi pasión por los perros, pero no ha heredado lo mucho que me gusta dormiiiiiiirrrrrrrr.

lunes, 16 de marzo de 2009

Gateando

Manuel gatea desde hace una semana, y está mejorando su técnica cada día. Al principio no pasaba de dar dos o tres pasitos, para después sentarse como diciendo, "yo ya he cumplido". No salía de la habitación porque parecía que para él la puerta, o el final de la alfombra, era un punto sin retorno, y prefería mantenerse en el "lado seguro". Ahora, no es que coja velocidad, que tampoco es eso, pero ya recorre el pasillo con rapidez si hay un aliciente importante para hacerlo... Como por ejemplo... ¡mami llega del trabajo! Hoy por poco me lo como a besos cuando ha gateado a mi encuentro al verme aparecer por la puerta.

Aún así, le sigue gustando más estar de pie, así que yo creo que no tardará demasiado en andar. Le gusta agarrarse a los muebles, especialmente al mueble de la tele, que le queda a la altura perfecta. Hemos tenido que colgar la tele de la pared porque temíamos encontrarle un día aplastado bajo 32 pulgadas de plasma (que pesan lo suyo, por muy pulgadas que sean). Ahora se entretiene abriendo y cerrando una puertecita que hay en el DVD, ¡qué fijación tiene! Él abre y cierra, abre y cierra, y nosotros, "NO, Manuel, eso no se toca, con eso no se juega...", ¿os recuerda a algo? El caso es que parece que el "no" lo va entendiendo y por ahora cuando se lo decimos obedece (más a su padre que a mí, todo sea dicho).
Desde que sabe gatear y ponerse de pie solito, cada vez es más difícil que duerma durante el día. El mundo es demasiado emocionante como para perderse algo, supongo. Ahora acabo de dormirle a base de quedarme un ratito cantándole. Es gracioso porque, no es que se duerma mientras le canto, él me mira fijamente, y a veces veo que me sonríe por debajo del chupete. Cuando me marcho de su habitación aún está despierto, pero se debe de relajar mucho escuchándome, porque se queda muy tranquilo haciendo ruiditos y al ratito se queda roque.

Este fin de semana hemos sustituido su hamaquita de baño, que se le había quedado pequeña, por una alfombra antideslizante, y ya simplemente le sentamos en nuestra bañera. Está encantado de la vida. Ahora tiene muchísima movilidad, y hace buen uso de ella, ya lo creo! Va de un lado a otro de la bañera gateando, y aunque a mí al principio me daba miedo, él no se asusta de nada. Tanto le gusta el agua que vamos a apuntarnos a natación para bebés. Hoy mismo tenemos una primera sesión de prueba y estoy muy ilusionada. Le he comprado un mini bañador de natación que es como de juguete, y yo también me he equipado al completo para la ocasión (no era cuestión de ir en bikini playero y me he comprado un bañador deportivo). Vamos a un sitio en Pozuelo que se llama "Baby Gim" en el que por lo visto son especialistas en el tema y admiten bebés desde los cuatro meses. Ya os contaré qué tal.

Me encanta cuando noto que mi niño me prefiere a los demás. Sí, ya sé que soy su madre y que es lo natural, pero como todavía no habla, muchas veces tengo dudas, y me atormenta la idea de que quiera más a Inés que a mí , porque al fin y al cabo, ella le cuida todo el día. Vale, sé que suena a celos. Y es posible que los tenga, no lo voy a negar. Pero es que, ¡damos tanto y recibimos tan poco!! Bueno, pues a lo que iba, que hoy ha hecho una cosa que me ha encantado. Le tenía yo en brazos y estaba protestón, medio lloroso porque tenía sueño. Ha venido Inés con intención de consolarle y le ha dicho, ¿vienes conmigo? ofreciéndole los brazos. A mí no me ha gustado ese detalle y he pensado, ¿y ésta a qué viene ahora? Pero he disimulado como si no me importara, dejando que fuera el niño quien decidiera qué hacer. Entonces Manuel, mi bebé adorado, mi gordo, mi tesoro, mi sol... ha rechazado su oferta y se ha vuelto hacia mí como diciendo, "estoy con mi mami, donde voy a estar mejor?"

Y yo, secretamente, la mamá más feliz del mundo.

martes, 3 de marzo de 2009

Crecer jugando

Últimamente no tengo tiempo para nada. Entre el trabajo, intentar organizar la casa (con la inestimable ayuda de Inés, que ya es insustituible), y pasar la tarde con Manuel, llegan las once de la noche y estoy rendida, tanto que últimamente parece que mi insomnio se ha esfumado y me quedo frita en tres minutos. La otra noche hasta me costó mantenerme despierta para ver terminar el capítulo de mi serie favorita, Mujeres Desesperadas. Y eso ya es preocupante...
Manuel me quita cada día más energía. No para un momento, y eso que aún no sabe gatear, menos mal! no sé qué va a ser de nosotros cuando se decida a hacerlo. Tal vez directamente empiece a andar. Tiene bastante claro que él es un individuo evolucionado... y bípedo, y no parece que lo de moverse a cuatro patas le acabe de entusiasmar. Aunque ha hecho sus progresos. Ya se mantiene cómodamente en posición de gateo...lo de avanzar ya es otro cantar. También pasa de tumbado a sentado con mucha facilidad, y se desplaza cada día mejor a golpe de culo. Ah! y ha aprendido a ponerse de pié solito con la ayuda de una mesa de actividades muy chula que nos ha prestado Rut.
Ya tiene nueve meses y está cada día más gracioso. Le ha salido el otro paleto, ya son cuatro dientes, y sigue metiéndose en la boca todo lo que pilla. Aunque tiene sus preferencias: el móvil y el mando a distancia son sus más preciados tesoros y, cuando consigue alcanzar uno de ellos lo mira con alborozo, como diciendo, "mira lo que he encontrado", me recuerda a Frodo en El señor de los anillos con aquello de "mi tesssooooro". Mi madre le trajo ayer un teléfono de juguete y desde entonces no se despega de él. También le gusta mucho una bola que canta (en la foto de abajo) que le regaló mi amiga Sonia cuando nació, y que por lo visto era también el juguete favorito de su hijo de dos años. Pasa largos ratos sacando sus juguetes de una cesta en la que los tengo metidos, supongo que se siente como un explorador. En realidad, para entretenerle vale casi cualquier cosa ¡La imaginación al poder! Cuando estoy haciendo la cena, le siento en la trona, y le doy dos cucharas. Le enseño cómo hacer ruido con ellas, la una contra la otra o golpeando la bandeja de la trona, y es el niño más feliz del mundo. Claro, que cada dos minutos se le caen y me tengo que agachar para recogerlas... lo cual por supuesto le resulta divertidíiiisimo. En estos últimos días habla muchísimo (a un volumen un pelín alto para mi gusto) en su idioma incomprensible. Me encanta ver lo alegre que es, y sobre todo lo contento que se pone cuando me ve llegar del trabajo, con grititos de júbilo y todo. Su rato favorito, y el mío, sigue siendo el baño, y el masaje de después. Aún le canto boleros mientras le doy crema, y yo creo que a él le encanta escucharme, será que todavía no sabe que desafino un poco...

domingo, 8 de febrero de 2009

Ocho meses y una duda razonable

Manuel ya tiene ocho meses, y parece que fue ayer… Está enorme y muy fuerte, pero creo que no tiene ninguna intención de empezar a gatear. Prefiere estar de pie, y "caminar" por toda la casa "colgado" de nuestros brazos le parece el colmo de la diversión. Esta semana le ha empezado a salir su tercer diente, uno de los paletos. Parece que por el momento la “crisis” de sueño ya ha pasado y vuelve a dormirse solito sin llorar casi todas las noches. Ya sea gracias al método Estevil o por mis desafinadas nanas, el caso es que es una gozada dejarle en la cuna a las nueve y que caiga redondo sin decir ni pío. Ayer, cuando estaba terminando de ponerle el pijama después del baño, escuchó el sonido de las llaves en la puerta e inmediatamente se puso a reír y a mover los bracitos entusiasmado: sabía que era su padre el que llegaba ¿No es increíble?

El miércoles nació Alba, la hija de Rut y Sergio, nuestros vecinos y amigos, y la hermana de Carolina. Es tan chiquitina y tan frágil que me parece mentira que Manuel fuera, hace no tanto tiempo, poco más grande que ella.
El jueves fuí a verles a la clínica, y me trajo muchos recuerdos, algunos buenos y otros no tanto, de cuando nació Manuel. La verdad es que nuestros primeros días no fueron nada fáciles, el pequeñajo se ganó a pulso el apodo de lechón, porque lloraba constantemente salvo que estuviera en el pecho. Lo mejor de empezar tan mal es que ya solo se puede ir a mejor…y lo cierto es que la cosa ha mejorado muchísimo. Ahora Manuel nos contagia su alegría. Es un niño feliz, tranquilo, simpatiquísimo y muy bueno. Cada día me recuerdo a mí misma lo afortunada que soy de tenerle, no sea que se me olvide.

Ver a Rut tan feliz con su segundo bebé me ha hecho pensar en cómo sería si me animara a tener otro hijo -esto le va a provocar al papá del lechón una urticaria por lo menos. Tranquilo, no es que me lo esté planteando ¡que no es así!!, pero me pregunto si al segundo hijo se le quiere igual que al primero. Francamente, yo no estoy segura de que sea posible querer a otro bebé tanto como a Manuel. Y no digo que al segundo no se le quiera, no es eso… pero no creo que sea lo mismo. Por algo desde la antigüedad el primogénito es el legítimo heredero de bienes y títulos nobiliarios. Creo que el primer hijo es especial, porque con él se descubre un sentimiento, el amor de madre -sí, "amordemadre", como en los tatoos de los moteros-, que nunca se había vivido. Yo creo que con los demás hijos se aplica ese sentimiento ya conocido, y por supuesto que se les quiere, pero que ya no se siente el flechazo de la primera vez. Y que conste que lo dice una que tiene un hermano mayor y, pese a todo, se siente inmensamente querida. En fin, tal vez si me animo a darle a Manuel un hermanito cambie totalmente de opinión. Sinceramente, ahora que no nos oyen…las que tenéis más de uno, ¿creéis que me he vuelto loca? ¿de verdad se les quiere igual?

miércoles, 28 de enero de 2009

Duermete niño


Estos últimos días, Manuel tarda mucho en dormirse y casi siempre lo hace después de llorar un buen rato. Hasta ahora dormía de maravilla, y tenía una rutina muy buena de sueño. Cada día seguíamos el mismo ritual de baño, masaje, bibe y cuento, y cuando sobre las nueve de la noche, le dejaba en la cuna, se quedaba tan tranquilo mirando su muñeco (un elefante muy blandito que le regaló mi amiga Mery y que le encanta) y con la música del gusiluz se dormía él solito.

Pero ya lleva unas dos semanas que ha decidido que no le gusta nada lo de quedarse solo en la cuna y en cuanto le dejo allí, empieza primero a prostestar bajito, después con un poco más de brío y al final agarra un berrinche de no te menees. Aprieta sus puñitos, se pone colorado como un tomate, y grita como si le estuvieran matando. Cuando vamos a tranquilizarle no sabemos muy bién qué hacer. Antes le poníamos el chupete, pero ahora ya sabe hacerlo él, así que corres en su auxilio y le encuentras berreando con su chupete puesto y claro, lo único que te queda es cogerle en brazos, justamente lo que él está buscando... pero es que si caes en ese juego ya no hay quien le vuelva a meter en la cuna... Lo sé porque no soy de piedra y los primeros días le cogía, le mecía, le cantaba canciones en bracitos, y él tan feliz... pero el momento de volver a ponerle en la cuna es atroz, entonces sí que los vecinos deben acordarse de toda nuestra familia... ¡No sabéis como se pone! y al final hasta las doce de la noche, que si ahora te cojo, ahora te canto, ahora te saco los mocos a ver si es que no respiras bien, ahora te doy agua... En fin, llamadme tirana, pero me niego a dormirle en brazos y todas sus variantes. Creo que tiene que dormirse él solito con su chupete y sus muñecos. Y aquí es donde entra el famoso libro que todo el mundo conoce del Dr. Estevil, que recomienda dejarles llorar en intervalos de dos minutos, cinco, siete, diez... etc. para que vean que no les hemos abandondado pero que tampoco vamos a ceder ante sus caprichos. Estoy segura de que, a largo plazo, es un método infalible para que duerman, pero una se siente un poco Cruela de Vil practicándolo. Tampoco lo llevo a rajatabla porque me resulta imposible. Me obligo a no cogerle en brazos por mucho que me apetezca, pero no hago exactamente lo que dice el libro. Algunos días me ha funcionado muy bién cantarle una canción mientras le doy caricias en la carita, pero sin sacarle de la cuna. Le canto "Hijo de la luna", de Mecano, que tiene una melodía como de nana y le tranquiliza mucho, pero tengo que pensar en inventarme una nueva letra para cuando tenga uso de razón, porque la real es algo macabra...

Lo bueno es que ahora, una vez que se ha dormido, no se despierta hasta la mañana siguiente a eso de las ocho y media o nueve. O tal vez sí lo haga, pero no nos enteramos, posiblemente porque ya sabe ponerse el chupete él solito.

Ha aprendido muchas cosas estas últimas semanas. Aún no se anima a gatear, pero le encanta estar de pie y está fortaleciendo mucho las piernas. Agarra muy bien las cosas con las dos manitas y se las pasa de una mano a otra, y ha empezado a desarrollar bastante la puntería, gracias a un juguete que le regalaron los tíos Carlos y Ángela que consiste en meter una bolita por una agujero y que baje por un tobogán. Ya lo hace él solito y le encanta.

Hablando de juguetes... ¡Nunca había comprado tantas pilas!! Y lo peor no es comprarlas, sino cambiarlas... Porque claro, los juguetes están hechos a prueba de niños, y a prueba de manazas... como una servidora, y para cambiar las pilas hay que tener maña, y mucha paciencia. Por lo general los juguetes para bebés vienen con unos tres o cuatro tornillos minúsculos que hay que quitar para lograr acceder al compartimento de las pilas. Así que no solo hay que tener las pilas de repuesto, sino también un destornillador de estrella pequeñito, algo de habilidad manual y muchas ganas... En resumen, que de los juguetes que tenían música esta Navidad, la mayoría se han quedado mudos...

miércoles, 22 de octubre de 2008

Mamá trabajadora

El lunes volví al trabajo. Se acabó la baja y con ella una etapa de mi vida. Y ahora empieza otra, que espero que sea mucho mejor que la anterior. Mejor porque, como alguien me decía en un comentario, trabajar me va a permitir ampliar un poco mi mundo, que durante estos meses ha sido muy muy pequeñito. Y porque, aún así, tendré las tardes para estar con Manuel, jugar con él, sacarle a pasear... Aunque esto último hoy es imposible porque lleva todo el día lloviendo en Madrid y no tiene pinta de que vaya a mejorar.




En el trabajo todo el mundo me pregunta por Manuel. Y yo, qué voy a decir, pues que es precioso, que se porta muy bién, que está muy grande... Pero es que es la verdad! Cuando llego del trabajo no me hace tanta fiesta como a mí me gustaría. Será que aún es muy pequeño, y yo creo que casi no se dá ni cuenta de que no estoy en toda la mañana. Lo cierto es que está muy bien atendido. Se queda con una chica que hemos contratado que se llama Inés y parece que está a gusto con ella porque le ríe un montón. Además, la abuela Mari vino el lunes y ha venido hoy, así que no le faltan atenciones y cuando yo llego no parece que me haya echado de menos. Yo sí le extraño, aunque no tengo demasiado tiempo de pensar en él porque para conseguir cumplir mi nueva jornada intensiva me paso el día sin levantar la cabeza, y por ir deprisa casi no voy ni al servicio.





La semana pasada durmió varias noches de un tirón, y yo tan contenta creyendo que ya habíamos abolido el bibe de la madrugada. Sin embargo, parece que sabe que vuelvo a madrugar... y esta semana el muy tragón ha decidido volver a pedirlo. Es aún más duro levantarse a darle el bibe cuando el despertador no perdona. Al menos tengo la suerte de que David se levanta algunas noches y así yo puedo dormir, si el insomnio me deja, claro... A ver si hay suerte y cuando empiece a darle cereales duerme más seguido. ¿Es verdad que aguantan más con los cereales o es sólo un mito?

domingo, 21 de septiembre de 2008

El primer regalo de papá

Hace un par de días David apareció con un regalo sorpresa para Manuel, y parece que al peque le encantó, a juzgar por la cara que puso...

Esta ha sido la primera noche que Manuel ha pasado en casa de su abuela Mari, y David ha ido a recogerle mientras yo me quedaba en casa disfrutando de una tranquila mañana de domingo, ¡SOLA! La maternidad es una experiencia preciosa, y todo eso que se dice… Pero hay que ver qué bién sienta una noche de libertad de vez en cuando, para recordar que además de madre, una puede ser mujer, joven, sexy, divertida… en fin, muchas más cosas. Gracias suegra por permitirlo. Eso sí, ahora estoy deseando que lleguen para darle un achuchón a mi niño.


Cada día está más grande y más simpático. Ahora está pasando por una fase un poco molesta porque le ha dado por gritar a todas horas. Se lo pasa bomba escuchando su propia voz y los diferentes sonidos que puede hacer, y la verdad es que nos vuelve un poco locos, especialmente a la hora de la cena, cuando yo ya estoy algo saturada y deseando que se duerma. Por lo demás, duerme ya muchas horas seguidas, su record está en 9 horas y media, aunque por lo general aguanta desde las once de la noche hasta las seis de la mañana. Lo bueno es que después de darle el bibe se vuelve a dormir hasta las nueve o nueve y media. Después, a eso de las once de la mañana duerme casi una hora y por la tarde suele echarse un par de siestas. Sobre las nueve de la noche siempre se pone algo nervioso y es más difícil conseguir que se duerma, así que la mayor parte de los días está dando guerra hasta las once, que es cuando le damos la última toma y cae rendido. Parece que ha salido un poco noctámbulo, como sus padres. Mi objetivo ahora es conseguir que se duerma sobre las nueve y media y adquiera una rutina de sueño. A ver si lo logro antes de volver a trabajar, ¡sólo me queda un mes!!

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