martes, 3 de marzo de 2009

Crecer jugando

Últimamente no tengo tiempo para nada. Entre el trabajo, intentar organizar la casa (con la inestimable ayuda de Inés, que ya es insustituible), y pasar la tarde con Manuel, llegan las once de la noche y estoy rendida, tanto que últimamente parece que mi insomnio se ha esfumado y me quedo frita en tres minutos. La otra noche hasta me costó mantenerme despierta para ver terminar el capítulo de mi serie favorita, Mujeres Desesperadas. Y eso ya es preocupante...
Manuel me quita cada día más energía. No para un momento, y eso que aún no sabe gatear, menos mal! no sé qué va a ser de nosotros cuando se decida a hacerlo. Tal vez directamente empiece a andar. Tiene bastante claro que él es un individuo evolucionado... y bípedo, y no parece que lo de moverse a cuatro patas le acabe de entusiasmar. Aunque ha hecho sus progresos. Ya se mantiene cómodamente en posición de gateo...lo de avanzar ya es otro cantar. También pasa de tumbado a sentado con mucha facilidad, y se desplaza cada día mejor a golpe de culo. Ah! y ha aprendido a ponerse de pié solito con la ayuda de una mesa de actividades muy chula que nos ha prestado Rut.
Ya tiene nueve meses y está cada día más gracioso. Le ha salido el otro paleto, ya son cuatro dientes, y sigue metiéndose en la boca todo lo que pilla. Aunque tiene sus preferencias: el móvil y el mando a distancia son sus más preciados tesoros y, cuando consigue alcanzar uno de ellos lo mira con alborozo, como diciendo, "mira lo que he encontrado", me recuerda a Frodo en El señor de los anillos con aquello de "mi tesssooooro". Mi madre le trajo ayer un teléfono de juguete y desde entonces no se despega de él. También le gusta mucho una bola que canta (en la foto de abajo) que le regaló mi amiga Sonia cuando nació, y que por lo visto era también el juguete favorito de su hijo de dos años. Pasa largos ratos sacando sus juguetes de una cesta en la que los tengo metidos, supongo que se siente como un explorador. En realidad, para entretenerle vale casi cualquier cosa ¡La imaginación al poder! Cuando estoy haciendo la cena, le siento en la trona, y le doy dos cucharas. Le enseño cómo hacer ruido con ellas, la una contra la otra o golpeando la bandeja de la trona, y es el niño más feliz del mundo. Claro, que cada dos minutos se le caen y me tengo que agachar para recogerlas... lo cual por supuesto le resulta divertidíiiisimo. En estos últimos días habla muchísimo (a un volumen un pelín alto para mi gusto) en su idioma incomprensible. Me encanta ver lo alegre que es, y sobre todo lo contento que se pone cuando me ve llegar del trabajo, con grititos de júbilo y todo. Su rato favorito, y el mío, sigue siendo el baño, y el masaje de después. Aún le canto boleros mientras le doy crema, y yo creo que a él le encanta escucharme, será que todavía no sabe que desafino un poco...

2 comentarios:

Laia dijo...

Si yo te dijera las noches que caido rendida en la cama de Aitana sobre las 9 de la noche intentando que se duerma te sorprenderías. Si me duermo antes que ella!! No se de donde sacan tanta vitalidad, sobretodo la mía que casi ni come ni duerme.

Que alegría cuando llegas del trabajo y te reciben así, verdad? para mi es uno de los mejores momentos del día.

Muchos besos

Laura dijo...

Hola!

No sabes cuanto te entiendo, me falta tiempo para todo y miedo me da cuando empiece a trabaja!!!

Manuel esta precioso, parece un pequeño terremoto ; )
Madre mia lo que me espera (ji,ji,ji).

Besos

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