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sábado, 25 de julio de 2009

Me enfado y no respiro: Espasmo de sollozo

Tenía solo seis días de vida cuando lo hizo por primera vez, y a mí se me paró el corazón del susto. Le estaban haciendo la prueba del talón (crueldad ya de por sí intolerable para un bebé tan indefenso y su madre primeriza) y fue entonces cuando, en medio de su ataque de llanto porque aquella enfermera sin piedad le estaba exprimiendo el pié como si fuera una naranja, dejó de respirar durante unos segundos. A mí me pareció media hora, pero supongo que serían unos 10 o 15 segunditos "de nada".

Pues bién, ha llovido bastante desde entonces y ya no sufro tanto, pero Manuel sigue quedándose privado de vez en cuando. Lo hace cuando se dá un golpe fuerte, cuando se asusta mucho, y cuando se enfada porque le acostamos y en ese momento no le dá la gana de dormir, por mucho sueño que tenga. Dice mi libro de cabecera (Dr. Juan Casado: Qué me pasa mama?) sobre el tema que a ésto se le llama "Espasmo de sollozo", y que "a pesar de la aparente gravedad, los niños que se privan están sanos, no teniendo realmente estos episodios ni gravedad ni trascendencia. Los espasmos de sollozo son episodios dramáticos y voluntarios en que el niño deja de respirar, un niño por lo demás sano. Aparecen rápida e inmediatamente después de una rabieta, después o antes del inicio del llanto. La ausencia de respiración es de corta duración, alrededor de un minuto, aunque este tiempo parece mucho mayor para los adultos o padres que lo observan." Me parto, así que un minuto es "corta duración"... venga ya! y sigue, "los niños pueden ponerse azules, morados o pálidos. En ocasiones aparece pérdida del tono muscular, con la caída o desplome de la cabeza, tronco y extremidades. Si el niño está sentado o de pie puede simular convulsiones o pérdida transitoria de la conciencia. No es un trastorno epiléptico." Flipo con lo de "simular convulsiones", eso Manuel no lo ha hecho nunca, pero qué se supone que tengo que hacer si le pasa, decirle "venga lechón, no tengas cuento..."

También dice que es más frecuente en niños que en niñas y que afecta al 5-6 por ciento de los peques entre 6 y 24 meses, que se desconoce la causa, que no es una enfermedad: "Aunque los padres tienen sensación de urgencia o incluso temen por la vida del niño, estos episodios no tienen ningún riesgo, nunca producen la muerte, nunca conducen a enfermedades, ni lesiones ni secuelas"

Lo que hay que hacer, según este doctor, es "no intentar detener el espasmo ni soplarle, ni hacerle el boca a boca, ni zarandearle. Aléjate del niño prudentemente obsérvale desde lejos, intentando no mostrar tu inquietud. No le hables, no le reprendas, no chilles y no pidas ayuda. Si el niño tiene objetos en la boca o comida, retíraselo. Cuando el espasmo finalice, enfádate si el desencadenante fue un capricho o una rabieta. Si el desencadenante fue dolor o miedo, protégele, acurrúcale y acariciale. Después déjale dormir."

Yo la verdad que ni le soplo ni le zarandeo e intento mantener la calma. Ahora, lo de observarle mientras se priva a una prudente distancia... Ja! eso cuéntaselo a otra.
P.D: Ya estamos de vacaciones y mañana nos vamos a la playa, Yuppppiiiiiiii!!!!!!!!!

miércoles, 8 de abril de 2009

Días de risas y cariños

Estamos en Denia desde el sábado, en casa de los abuelos. Lo estamos pasando de maravilla, aunque el tiempo no acompañe mucho. Esta noche viene David porque él tenía que trabajar estos días, y está en la carretera mientras escribo. Manuel se está portando muy bién y no ha extrañado nada, ni la cuna, ni el sitio, ni nada. Es un sol. Yo diría que hasta se duerme mejor que en Madrid. Como estuvimos aquí cuando tenía solo un mes, quién sabe, puede que esta casa le traiga buenos recuerdos. Pero la verdad es que en nuestra última visita a Denia el pasado verano, Manuel no era ni parecido a cómo es ahora. Lloraba a menudo, se despertaba montones de veces por la noche, y me tenía medio esclavizada con la lactancia, porque solo quería mamar y mamar a todas horas.
Ahora es otra cosa. Gatea sin parar y ya dá palmitas y hace los cinco lobitos, aunque a veces cuando le pides los lobitos hace palmitas y viceversa, el pobre se hace un lío. Estoy intentando enseñarle a decir adiós con la manita, pero no se anima todavía.
Es curioso cómo nos gusta convertir a los niños en monitos de repetición: "haz ésto, haz lo otro..." y siempre las mismas cosas, desde que el mundo es mundo, ¿de quién sería la idea? Por que si el inventor de las palmitas y los cinco lobitos cobrase derechos de autor ganaría millones.
Aunque haga un día horroroso, Manuel nos alegra los días con su sonrisa constante. Se ríe mucho cuando le hacemos cucú tras, o simplemente mirando la piscina, a la que se tiraría de cabeza sin problemas si le dejáramos. o jugando con unos cubiletes que le regaló Rut y con los que se vuelve loco.
Lo que más feliz me hace estos días son los cariños. Manuel se deja achuchar y besuquear a todas horas, pero además, ahora corresponde apretando su carita contra la mía para hacerme un cariñito que mmmmmmmm, me sabe a gloria!

domingo, 11 de enero de 2009

Nieve y crisis

Temporal financiero y temporal de nieve. En el primer invierno de Manuel no se habla de otra cosa. No me puedo resistir a decir eso de "año de nieves, año de bienes", aunque sea un tópico como la copa de un pino... Ojalá fuera cierto, porque desde luego el 2009 ha llegado cargadito, hasta en Madrid, donde tan poco acostumbrados estamos a ver el manto blanco cubriendo nuestras calles. Pese al caos circulatorio, todos nos emocionamos un poquito cuando, por la ventana, vemos que el gris se trasforma en inmaculada nieve, que hace que todo parezca más bonito y reluciente, es como si Madrid se quitara su habitual traje de faena para vestir una lujosa capa de suave armiño.
A nosotros el temporal nos pilló en Sierra Nevada, y qué mejor que ver nevar cuando al día siguiente vas a calzarte los esquís y surcar las pistas. Lo hemos pasado de miedo y sí, echamos mucho de menos a Manuel, pero nos ha venido bién desconectar un poco y ser otra vez "solteros" por unos días.


El lechón se quedó con su abuela Mari, que se maneja con él de maravilla y han estado los dos más que encantados en nuestra ausencia. Mari tuvo que batallar un poco con el resfriado que no se le termina de curar (y que además ya comparten nieto y abuela), la fruta que sigue sin gustarle nada, y esos dientes que no terminan de salir pero que dan bastante la lata. Pequeñeces que no aflojan el ánimo de esta estupenda suegra que me ha tocado en suerte. Un millón de gracias.
Antes de irnos a esquiar, concretamente el día dos de enero, Manuel montó por primera vez en los columpios del parque que hay al lado de casa. Están muy bién porque tienen una especie de cestita en la que está bastante seguro. Como se puede ver, le encantó, aunque no estuvo mucho rato porque hacía un frío de mil demonios... Eso sí, creo que esta primavera estaremos horas en el parque.

Volvimos de Granada el viernes, que fué el día de la gran nevada, pero contra todo pronóstico no tuvimos problemas en la carretera. Dedicamos ayer y hoy por entero a Manuel por aquello de recuperar el tiempo perdido. Cada día está más grande y más bruto, ¡tiene una fuerza tremenda! y se nota que empieza a descubrir el poder de su llanto, porque en cuanto nos alejamos más de tres metros se pone a lloriquear. Si no le hacemos caso, al segundo se le olvida y se pone a jugar con cualquier cosa, pero en cuanto nos ve vuelve a llorar para que le cojamos en brazos.




Ahora le ha dado la manía de hinflar los mofletes y me parto de risa, aunque se pone feíiisimo... A las pruebas me remito.


Mañana de vuelta al trabajo y a la rutina. Estas vacaciones han sido inmejorables, y ahora se agradece un poco de vida ordenada para variar.
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