domingo, 11 de enero de 2009

Nieve y crisis

Temporal financiero y temporal de nieve. En el primer invierno de Manuel no se habla de otra cosa. No me puedo resistir a decir eso de "año de nieves, año de bienes", aunque sea un tópico como la copa de un pino... Ojalá fuera cierto, porque desde luego el 2009 ha llegado cargadito, hasta en Madrid, donde tan poco acostumbrados estamos a ver el manto blanco cubriendo nuestras calles. Pese al caos circulatorio, todos nos emocionamos un poquito cuando, por la ventana, vemos que el gris se trasforma en inmaculada nieve, que hace que todo parezca más bonito y reluciente, es como si Madrid se quitara su habitual traje de faena para vestir una lujosa capa de suave armiño.
A nosotros el temporal nos pilló en Sierra Nevada, y qué mejor que ver nevar cuando al día siguiente vas a calzarte los esquís y surcar las pistas. Lo hemos pasado de miedo y sí, echamos mucho de menos a Manuel, pero nos ha venido bién desconectar un poco y ser otra vez "solteros" por unos días.

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El lechón se quedó con su abuela Mari, que se maneja con él de maravilla y han estado los dos más que encantados en nuestra ausencia. Mari tuvo que batallar un poco con el resfriado que no se le termina de curar (y que además ya comparten nieto y abuela), la fruta que sigue sin gustarle nada, y esos dientes que no terminan de salir pero que dan bastante la lata. Pequeñeces que no aflojan el ánimo de esta estupenda suegra que me ha tocado en suerte. Un millón de gracias.
Antes de irnos a esquiar, concretamente el día dos de enero, Manuel montó por primera vez en los columpios del parque que hay al lado de casa. Están muy bién porque tienen una especie de cestita en la que está bastante seguro. Como se puede ver, le encantó, aunque no estuvo mucho rato porque hacía un frío de mil demonios... Eso sí, creo que esta primavera estaremos horas en el parque.

Volvimos de Granada el viernes, que fué el día de la gran nevada, pero contra todo pronóstico no tuvimos problemas en la carretera. Dedicamos ayer y hoy por entero a Manuel por aquello de recuperar el tiempo perdido. Cada día está más grande y más bruto, ¡tiene una fuerza tremenda! y se nota que empieza a descubrir el poder de su llanto, porque en cuanto nos alejamos más de tres metros se pone a lloriquear. Si no le hacemos caso, al segundo se le olvida y se pone a jugar con cualquier cosa, pero en cuanto nos ve vuelve a llorar para que le cojamos en brazos.




Ahora le ha dado la manía de hinflar los mofletes y me parto de risa, aunque se pone feíiisimo... A las pruebas me remito.

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Mañana de vuelta al trabajo y a la rutina. Estas vacaciones han sido inmejorables, y ahora se agradece un poco de vida ordenada para variar.

3 comentarios:

Laia dijo...

Que bien unas vacaciones los dos solos, quien las pillara. La verdad es que aunque chemos de menos a los enanos son muy necesarias.

El columpio es un invento genial, a Aitana le compramos uno para casa y estaba encantada en su columpio todo el día, es un de los juguetes que mas ha usado.

Lo del llanto es normal, en breve pasara una crisis de no querer separarse de ti pero pasa pronto.

Muchos besos

ana dijo...

Dirás lo que quieras, pero está precioso.
De hecho, la nieve os sienta fenomenal a los tres.

ana dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
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