jueves, 7 de octubre de 2010
Papi mejor
Si vuelvo a escuchar a alguien decir eso de "los niños son de las madres", prometo que le morderé. Es una mentira tan gorda como aquella de "los niños y los borrachos dicen siempre la verdad", o la de "el dinero no da la felicidad"... anda ya! Hace ya mucho tiempo que asumí que no soy para mi hijo el "number one", y desde que tenía meses ha sido un niño "de papi". Hasta ahí bién. No seré yo quien le culpe, al fin y al cabo el papá ejemplar es también mi persona favorita, y entiendo que papi es grande, fuerte, y su modelo a seguir. Sin embargo, lleva unos días que ya pasa de castaño oscuro.
Cuando estábamos en Madrid se ponía contento cuando papi llegaba de trabajar, prefería ir de su mano por la calle que de la mía, o quería que papi le leyera siempre el cuento de antes de dormirse. Todo normal, porque conmigo pasaba muchas más horas que con él y él era la novedad. Desde que estamos en Bali pasa las mismas horas con los dos. O sea... un montón casi vergonzoso de horas, demasiadas sin duda... y ahora no es que prefiera a su padre. ¡Es que a mí no me quiere ni ver! La frase que repite a todas horas es: "no, tú no, papi mejor" Quiere que papi sea quien le dá el bibe, quiere ir a hacer pipí con él y no conmigo, quiere que él le de el agua cuando se despierta de madrugada, ir en sus brazos siempre... He tenido que decirle que papi no está en casa para poder acostarle yo por la noche. Si estamos los dos solos, todo va más o menos bién, dentro de sus "terrible two" generalizados. Pero si su padre está cerca, me suelta frases del tipo: "mami, tú a la cocina" (chúpate esa) o "mami, fuera de aquí" (le cruzaría la cara con mucho gusto en una de estas) Todo esto me tiene hundida en la miseria. Casi siempre soy una persona bastante racional y busco explicaciones sensatas y lógicas a su comportamiento: "no, es que se está reafirmando", "está claro que esta es su manera de hacerme ver que ya no es el bebé de mamá sino el chico grande de su papá". Pero de vez en cuando no puedo evitar que me asalten las dudas, y me atormento buscando en mis archivos qué es lo que he hecho mal. ¿Le reñí más de la cuenta en alguna pataleta? ¿el tirón de orejas fué demasiado fuerte aquel día? ¿no he jugado con él tanto como antes? No dudo que soy una madre imperfecta, histérica de vez en cuando, impaciente a más no poder, controladora, rígida con los horarios... Pero también soy cariñosa, divertida y detallista. No puedo evitar que me asalten los celos y me veo presa de pensamientos trasnochados, YO te llevé en mi barriga durante nueve meses, YO te parí con dolor... y ahora resulta que le quieres más a ÉL ¿qué he hecho yo para merecer ésto?
miércoles, 7 de abril de 2010
Papitis
Me recuerda a cuando, hace un millón de años, en un tiempo en el que no había móviles, una esperaba ESA llamada, y el corazón te daba un vuelco al escuchar el teléfono y pensar que sí, que era ÉL. Las palpitaciones no te dejaban casi ni respirar pero aún así esperabas otros dos toques para contestar, porque no hay duda que no se puede descolgar un teléfono antes del tercer toque, y entonces, al otro lado de la línea, sonaba la voz de una amiga que te decía aquello de ¿qué haces? Y tú, con un tremendo chasco y cara de pocos amigos decías, ah! eres tú…
Pues más o menos ese es el tono de voz de recibimiento de mi hijo adorado cuando llego a casa por la tarde. Luego intento que me dé un beso o un abrazo, pero no hay manera. No niego que me duele un poquito, pero también he de reconocer que ya pasó una fase de mamitis hace poco y a mí lo de tenerle colgado de la pierna todo el día me enternece, no digo que no, pero me agobia también una barbaridad.
Ahora cuando papi está en casa yo paso a un segundo plano. Supongo que, como todas vosotras, soy multitarea, multifunción, hago dos millones de cosas a la vez, y ando por la casa a toda leche, siempre con algo en la mano, recogiendo aquí, poniendo esto al fuego allá, a veces hasta derrapo por el pasillo, y eso viviendo en un piso de 80 metros cuadrados…. Sin embargo, el papá ejemplar, va a su ritmo, él vive tranquilo, qué suerte, y claro, no se puede decir que no ayude, pero al final lo que yo hago en 15 minutos a él le lleva todo el día. Así que, en aras de tener una convivencia en paz, hemos llegado a un acuerdo tácito, y cuando papá está en casa, él se ocupa de casi todo lo del lechón (bañarle, darle el bibe, jugar, leerle el cuento) y yo de casi todo LO DEMÁS. Y lo demás no es poco, os lo aseguro.
Aquí os dejo una conversación que retrata muy bién el momento papitis que vive Manuel:
YO (al papá ejemplar): oye, ¿tú te acuerdas de cómo se llaman los padres de Nico? (Nico es un amiguito de Manuel del parque)
PAPÁ EJEMPLAR (mirándome como si le hablase de los números primos) bbbbbrrrrrrrrr, pues no, casi no sé ni como me llamo yo…
MANUEL: (mirando a su padre con arrobo) PAPIIIIIIIIII
sábado, 17 de octubre de 2009
Algunas pequeñas cosas que estamos descubriendo
-El chocolate: Manuel lo ha probado y le encanta! Igual que a su madre, aunque aún no le he dado del que a mí me gusta, que es el más puro, amargo y delicioso, con el 70% de cacao, como mucho, y con poco, muy poco azúcar. Ese es el chocolate que realmente vale la pena. Si tengo que ponerme un michelín de más, que sea con un buen trozo de chocolate amargo, y no con un bombón de chocolate con leche relleno de pralíné o cualquier porquería por el estilo. No, si tengo que pecar lo hago bién. Con chocolate del de verdad. Y por eso hasta hace poquito Manuel no había probado el chocolate. Porque el chocolate que tenía en casa tiene dos rombos, no es apto para bebés. Por fín hace un par de semanas le compré chocolate con leche en una tienda de productos ecológicos. Supongo que le recordó un poco a cuando estaba en el útero o algo así, porque durante el embarazo me puse ciega a chocolate... pero el caso es que desde el primer momento se volvió loquito. Se metió la onza entera en la boca, como hacemos los verdaderos amantes del chocolate, y dejó que se deshiciera poco a poco, para disfrutar plenamente de su sabor. Ahora le doy una onza pequeñita casi todos los días, o por la mañana o después de la merienda, si se lo ha comido todo. Me parece que le veo más feliz.
-Los padres y el parque: lo suponía pero aún así me ha sorprendido ver que el parque, en estos tiempos, es aún cosa de las mamás. Se pueden contar con los dedos de una mano los padres que veo llevar a sus hijos a los columpios. Y cuando lo hacen es porque están acompañando a la madre. Pero padres solos con sus hijos en el parque... creo que de vez en cuando veo uno. Está claro que por mucha igualdad de derechos, incorporación de la mujer al mercado laboral, medidas de conciliación, paternidad responsable... la cruda realidad es que las madres seguimos llevando el peso principal del cuidado y la educación de los hijos. Yo no me quejo porque David es un padre ejemplar, y no solo me acompaña al parque cuando puede, sino que muchas veces, cuando su horario de trabajo se lo permite, baja él solo con Manuel y así yo puedo aprovechar para hacer otras cosas... Lo que me sorprende, y me indigna bastante, es que hay niños a los que veo a diario en el parque con sus madres, y a los padres ni los conozco. Entiendo que pueden tener horarios de trabajo más largos que las madres pero, ¿también trabajan sábados y domingos? El domingo pasado hacía un día precioso y el parque estaba a tope. Habría aproximadamente 15 niños, 10 madres, y...¡sólo 2 padres!, uno de ellos era el de Manuel. Qué suerte tiene mi niño!
Se me quedan cosas por contar en el tintero, pero Manuel se está despertando...
domingo, 8 de febrero de 2009
Ocho meses y una duda razonable
El jueves fuí a verles a la clínica, y me trajo muchos recuerdos, algunos buenos y otros no tanto, de cuando nació Manuel. La verdad es que nuestros primeros días no fueron nada fáciles, el pequeñajo se ganó a pulso el apodo de lechón, porque lloraba constantemente salvo que estuviera en el pecho. Lo mejor de empezar tan mal es que ya solo se puede ir a mejor…y lo cierto es que la cosa ha mejorado muchísimo. Ahora Manuel nos contagia su alegría. Es un niño feliz, tranquilo, simpatiquísimo y muy bueno. Cada día me recuerdo a mí misma lo afortunada que soy de tenerle, no sea que se me olvide.
Ver a Rut tan feliz con su segundo bebé me ha hecho pensar en cómo sería si me animara a tener otro hijo -esto le va a provocar al papá del lechón una urticaria por lo menos. Tranquilo, no es que me lo esté planteando ¡que no es así!!, pero me pregunto si al segundo hijo se le quiere igual que al primero. Francamente, yo no estoy segura de que sea posible querer a otro bebé tanto como a Manuel. Y no digo que al segundo no se le quiera, no es eso… pero no creo que sea lo mismo. Por algo desde la antigüedad el primogénito es el legítimo heredero de bienes y títulos nobiliarios. Creo que el primer hijo es especial, porque con él se descubre un sentimiento, el amor de madre -sí, "amordemadre", como en los tatoos de los moteros-, que nunca se había vivido. Yo creo que con los demás hijos se aplica ese sentimiento ya conocido, y por supuesto que se les quiere, pero que ya no se siente el flechazo de la primera vez. Y que conste que lo dice una que tiene un hermano mayor y, pese a todo, se siente inmensamente querida. En fin, tal vez si me animo a darle a Manuel un hermanito cambie totalmente de opinión. Sinceramente, ahora que no nos oyen…las que tenéis más de uno, ¿creéis que me he vuelto loca? ¿de verdad se les quiere igual?
miércoles, 22 de octubre de 2008
Mamá trabajadora
En el trabajo todo el mundo me pregunta por Manuel. Y yo, qué voy a decir, pues que es precioso, que se porta muy bién, que está muy grande... Pero es que es la verdad! Cuando llego del trabajo no me hace tanta fiesta como a mí me gustaría. Será que aún es muy pequeño, y yo creo que casi no se dá ni cuenta de que no estoy en toda la mañana. Lo cierto es que está muy bien atendido. Se queda con una chica que hemos contratado que se llama Inés y parece que está a gusto con ella porque le ríe un montón. Además, la abuela Mari vino el lunes y ha venido hoy, así que no le faltan atenciones y cuando yo llego no parece que me haya echado de menos. Yo sí le extraño, aunque no tengo demasiado tiempo de pensar en él porque para conseguir cumplir mi nueva jornada intensiva me paso el día sin levantar la cabeza, y por ir deprisa casi no voy ni al servicio.
La semana pasada durmió varias noches de un tirón, y yo tan contenta creyendo que ya habíamos abolido el bibe de la madrugada. Sin embargo, parece que sabe que vuelvo a madrugar... y esta semana el muy tragón ha decidido volver a pedirlo. Es aún más duro levantarse a darle el bibe cuando el despertador no perdona. Al menos tengo la suerte de que David se levanta algunas noches y así yo puedo dormir, si el insomnio me deja, claro... A ver si hay suerte y cuando empiece a darle cereales duerme más seguido. ¿Es verdad que aguantan más con los cereales o es sólo un mito?
domingo, 21 de septiembre de 2008
El primer regalo de papá
Esta ha sido la primera noche que Manuel ha pasado en casa de su abuela Mari, y David ha ido a recogerle mientras yo me quedaba en casa disfrutando de una tranquila mañana de domingo, ¡SOLA! La maternidad es una experiencia preciosa, y todo eso que se dice… Pero hay que ver qué bién sienta una noche de libertad de vez en cuando, para recordar que además de madre, una puede ser mujer, joven, sexy, divertida… en fin, muchas más cosas. Gracias suegra por permitirlo. Eso sí, ahora estoy deseando que lleguen para darle un achuchón a mi niño.
Cada día está más grande y más simpático. Ahora está pasando por una fase un poco molesta porque le ha dado por gritar a todas horas. Se lo pasa bomba escuchando su propia voz y los diferentes sonidos que puede hacer, y la verdad es que nos vuelve un poco locos, especialmente a la hora de la cena, cuando yo ya estoy algo saturada y deseando que se duerma. Por lo demás, duerme ya muchas horas seguidas, su record está en 9 horas y media, aunque por lo general aguanta desde las once de la noche hasta las seis de la mañana. Lo bueno es que después de darle el bibe se vuelve a dormir hasta las nueve o nueve y media. Después, a eso de las once de la mañana duerme casi una hora y por la tarde suele echarse un par de siestas. Sobre las nueve de la noche siempre se pone algo nervioso y es más difícil conseguir que se duerma, así que la mayor parte de los días está dando guerra hasta las once, que es cuando le damos la última toma y cae rendido. Parece que ha salido un poco noctámbulo, como sus padres. Mi objetivo ahora es conseguir que se duerma sobre las nueve y media y adquiera una rutina de sueño. A ver si lo logro antes de volver a trabajar, ¡sólo me queda un mes!!
martes, 16 de septiembre de 2008
Flash Back: El Parto (1)
Como ya he dicho, este blog debería servir para no olvidar ninguna de esas pequeñas cosas que nos están ocurriendo desde que nació Manuel. Así que hoy inauguro esta sección, en la que iré contando las cosas que ocurrieron antes de convertirme en cibermamá:
Jueves, 29 de mayo de 2008, 17.30h.
Estoy en casa, ya de baja pero aún trabajando delante del ordenador. Empiezo a notar contracciones fuertes, bastante más que las de los últimos días, pero no le doy importancia porque el martes ya habíamos ido a urgencias por lo mismo y me habían "devuelto" diciendo que eran "pródomos de parto". El caso es que durante toda la tarde las contracciones continúan y son cada vez más dolorosas. Empiezo a anotar la frecuencia, y son bastante seguidas, cada cinco minutos más o menos. Sobre las ocho hablo con David por teléfono y le digo que vamos a esperar a que las contracciones sean regulares porque temo que me pase otra vez lo mismo. Cuando David llega de trabajar, sobre las nueve y media, las contracciones son ya cada tres o cuatro minutos, y el dolor ya me deja sin respiración, así que decidimos "probar" de nuevo e ir al hospital. Esta vez estoy casi segura de que estoy de parto, llevo cinco horas con contracciones. Antes de salir cenamos algo rápido porque sabemos que la noche será larga. Espárragos con mayonesa y algo más que no recuerdo. Yo estoy inexplicablemente tranquila, aunque cada contracción es más intensa que la anterior. En la tele ponen Cuéntame. Dejamos el episodio a medias y salimos de casa con las maletas a eso de las diez y media. En el coche nos miramos y nos entra la risa floja, vamos a ser padres en unas horas y parece irreal, como una película. En la radio suena el tema del verano, "Mercy", de Daffy...
Continuará
