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martes, 6 de noviembre de 2012
Adicta a bebé
Será por sus manitas regordetas, de uñas perfectas y deliciosos pliegues, que eleva al cielo con movimientos rápidos, imprecisos, nuevos cada día.
Será porque tiene todo un catálogo de sonrisas: las de por la mañana después de una buena noche de sueño son las mejores, pero también seduce con las sonrisas tímidas, ésas en las que mete la cabeza entre los hombros un poco ladeada, o las risas divertidas cuando de pronto algo le hace mucha gracia sin que nadie sepa muy bién por qué. Y los hoyuelos... ¡ayyy esos hoyuelos!
Será por los pies, tan pequeños y perfectos, tan suaves que los besarías mil veces.
Será por su olor inigualable: olor a nuevo y recién hecho, a piel suave como la seda, a leche, a miel, a toda una vida por venir.
Será porque me encanta escuchar sus ruiditos adorables mientras se mira las manos en la cuna.
Será por esos ojos que me miran muy atentos, sonrientes, cuando le hablo, le mezo o le canto una canción.
Por todo ésto y mil razones más hoy me declaro completamente adicta. Estoy descubriendo lo adictivo que puede llegar a ser un bebé... y estoy sumida en esta fase y disfrutándola.
Lo malo es que me quedan 20 días de baja maternal y empiezo a tener ya mucho miedo al síndrome de abstinencia
martes, 30 de octubre de 2012
Bebé resfriado por amor
No recuerdo ver a Manuel resfriado cuando era bebé. Creo que cuando por primera vez se puso malito tenía más de un año, así que tener a Julio resfriado ya, por segunda vez, a sus cuatro mesecitos de nada se me hace muy cuesta arriba. Aunque ahora sea una mamá con experiencia, ésto no lo había vivido, así que me pongo de nuevo en la fila de las novatas.
¿Y por qué se resfría el pobre Julio? Pues ni más ni menos que por amor. Su hermano, que le adora, se abalanza sobre al llegar del cole, se lo come a besos pese a mi horrorizado: "noooo, primero lávate las manos al menooossss", y sin duda le regala todo un menú de bacterias para merendar al pobre. Mientras lo hace, a mí me parece estar viendo a las bacterias y los virus saltar del mayor al bebé con cara de malos bichos, haciéndome burla tipo "chincha rabia que ahora voy y pongo al bebé malito" Y sólo me queda reñir al lechón por su ternura y su adoración por su hermano... Pero no lo hago, ni le castigo ni nada, aunque me desobedezca de manera manifiesta tooodos los días.
Me siento incapaz de enfadarme con él por eso, aunque el resultado sea que llevamos ya dos resfriados en solo un mes. Supongo que entonces me tendría que enfadar también cuando le dice, al oído, para que los mayores no nos enteremos: "te quiero peque peque", o cuando espera, con una paciencia tan inusual en él, a que termine de calmar a Julio durante diez minutos para después ir a leerle su cuento de antes de dormir. No le riño y lo que pasa es que ahora me siento fatal porque Julio lleva dos días moqueando a mares, con los ojos llorosos, con una bracitis aguda que me tiene la espalda hecha puré, y pasando unas noches que ni falta que nos hace la de Halloween de mañana. Pero cuando me asomo a su cuna y sonríe con esta carita se me olvidan todos los males.
¿Y por qué se resfría el pobre Julio? Pues ni más ni menos que por amor. Su hermano, que le adora, se abalanza sobre al llegar del cole, se lo come a besos pese a mi horrorizado: "noooo, primero lávate las manos al menooossss", y sin duda le regala todo un menú de bacterias para merendar al pobre. Mientras lo hace, a mí me parece estar viendo a las bacterias y los virus saltar del mayor al bebé con cara de malos bichos, haciéndome burla tipo "chincha rabia que ahora voy y pongo al bebé malito" Y sólo me queda reñir al lechón por su ternura y su adoración por su hermano... Pero no lo hago, ni le castigo ni nada, aunque me desobedezca de manera manifiesta tooodos los días.
Me siento incapaz de enfadarme con él por eso, aunque el resultado sea que llevamos ya dos resfriados en solo un mes. Supongo que entonces me tendría que enfadar también cuando le dice, al oído, para que los mayores no nos enteremos: "te quiero peque peque", o cuando espera, con una paciencia tan inusual en él, a que termine de calmar a Julio durante diez minutos para después ir a leerle su cuento de antes de dormir. No le riño y lo que pasa es que ahora me siento fatal porque Julio lleva dos días moqueando a mares, con los ojos llorosos, con una bracitis aguda que me tiene la espalda hecha puré, y pasando unas noches que ni falta que nos hace la de Halloween de mañana. Pero cuando me asomo a su cuna y sonríe con esta carita se me olvidan todos los males.
miércoles, 10 de octubre de 2012
Mi bebé cumplió 100 días
Sus primeros 100 días han pasado y ha dejado de ser un pequeño y frágil recién nacido para convertirse en un bebé precioso, regordete y feliz. Sigue siendo muy tranquilo, y ahora además se prodiga en sonrisas ante cualquier tipo de público, lo que le convierte en un bebé adorable. Sus ojos ya no son azules, ¡lo sabía! pero por ahora tampoco son marrones, así que me queda un hilito de esperanza de que se le queden de un marrón verdoso. Está muy espabilado y despierto, y le encanta que le hagan monerías, que le hablen, le mezan y le canten canciones. Yo disfruto cantando para él boleros y canciones de Sabina. Siempre me ha gustado esto de cantar y ahora tengo quien me escucha atento, sin críticas a mi escaso oído musical.
Está muy grande, casi no cabe ya en el cuco, pero me resisto aún a sacarle de nuestra habitación para pasarle a la cuna grande. Saber que ya no tendré más bebés me hace aferrarme más a cada etapa, perder las ganas de dejarla atrás. Me gusta oír su respiración por la noche, saber que le tengo cerca y que con uno solo de sus ruiditos estoy ahí para alcanzarle el chupete o para darle un mimo.
Yo creía que al segundo no se le quiere tanto como al primero, que es imposible amar más... pensaba que, de algún modo, el cupo de amor estaba cubierto, pero me equivocaba. No era un tópico eso de que el amor de una madre es milagroso y se expande y se multiplica a medida que hay seres que lo necesitan. Así que me siento muy afortunada. Es una suerte tener a mi lado de nuevo un bebé pequeñito, un ser indefenso y necesitado, adorable y tierno, que me recuerda cada minuto hasta dónde llega mi capacidad de amar.
jueves, 20 de septiembre de 2012
Ser mamá de dos
Ayer cumplió Julio tres meses, y, como dicen las señoras de cierta edad: "se me está criando muy bién". Me gusta esa frase y no sé muy bién porqué, nostálgica que es una. Es un bebé muy bueno, si por bueno entendemos que llora poco y duerme bastante bién por la noche -unas seis o siete horas seguidas de media, con alguna noche inspirada de ocho horas del tirón que me han dado la vida. Para resumir la situación os daré la opinión que he escuchado ayer y hoy de dos bocas distintas, mi madre y mi suegra: "le estás mimando más que a Manuel cuando era bebé"
La maternidad con el segundo, al menos para mí, es una maternidad más confiada, más segura, me siento ahora menos desbordada y en general más feliz de ser madre. Seguramente ya renuncié hace cuatro años a tener tiempo para mí: ya me empotré entonces con la realidad de lo que supone tener hijos: aparcar durante unos años a tu personita para dedicarte en cuerpo y alma a salvaguardar el bienestar de otra u otras que demandan mucho más de lo que al principio estamos preparados para dar. Y esa carga, que me pareció una losa pesadísima cuando nació Manuel, me resulta ahora ligera y fácil de llevar.
Será que sé por experiencia que esta etapa es sólo la primera de muchas, y que en todas ellas hay una parte buena buenísima, maravillosa diría yo, y otra horrorosa y que es la que te hace querer acelerar para llegar ya a la siguiente estación del tren. Ahora sé que hay que intentar vivir lo bueno con intensidad y sobrellevar lo malo, las pegas, lo mejor posible. Que ahora lo malo es la falta de sueño y el cansancio, pero más adelante lo malo serán las rabietas, que pegue a otros niños, los problemas en el cole, la lucha para que coma, la adolescencia... etc. etc. Sabiendo lo que viene después, que habrá un día que duerma del tirón doce horas, que me haga reír a carcajadas y me divierta con sus preguntas, su lógica aplastante, o simplemente hablando de peces o de dinosaurios. Segurante un día me dirá que me quiere hasta algo parecido a "el planeta donde viven las princesas de pelo largo", y tal vez tengamos un pequeño idilio a escondidas de su hermano... Ahora que he pisado algunas de las próximas estaciones, sé que ya habrá tiempo para educar y discutir, pero que esta parada es para dedicarme a la placentera y sencilla tarea de mimar a mi bebé .
Entran en la ecuación por supuesto otros parámetros, como tener ahora más ayuda con la casa, o vivir en un piso más grande y más cómodo. Pero sobre todo, me siento segura de lo que hago, me fió menos de libros, revistas y opiniones varias, y más de mi instinto y mi experiencia como madre. Además, me encanta ser mamá de dos cuando veo cómo el lechón babea de amor por su hermanito, le besa a todas horas, y le declara su amor a "el bebecín" -así le ha bautizado- una media de tres veces al día. ¡Qué bonitos son!
sábado, 1 de septiembre de 2012
Braquicefalia y Plagiocefalia
En la revisión de los dos meses, además de pinchar al pobre Julio tres veces y hacerle llorar una barbaridad, la enfermera confirmó mis sospechas de que al boquerón se le estaba deformando un poco la cabecita, quedando aplastada por la parte de atrás. Aunque me dijo que no debía preocuparme, sí me recomendó unos ejercicios para movilizar el cuello del pequeño y así asegurarnos de que este aplastamiento no fuera debido a una tortícolis congénita, y también para ir corrigiéndole poco a poco la postura. Ella identificó el trastorno como "Plagiocefalia", que es la malformación del craneo debida a la continua presión sobre uno de los lados de la cabeza. Esto sucede porque el bebé tiene preferencia, por ejemplo, por mirar hacia la izquierda, y al apoyar la cabeza siempre sobre ese lado, acaba creciendo de forma anómala y, dicho vulgarmente, torcida. La enfermera me dijo también que le pusiera boca abajo un ratito todos los días, aunque no le guste, para que vaya fortaleciendo un poco esa musculatura. Me indicó que volvería a valorarlo en la revisión de los cuatro meses, y de no haber mejorado, me enviarían al neurólogo para ver si era necesario ponerle un casco. El pediatra, por su parte, que no era la de siempre sino un sustituto veraniego, no le dió mayor importancia al asunto y nisiquiera me comentó nada al respecto. Sin embargo, a mí el tema me tenía mosqueada porque lo del casco me pone los pelos de punta.
Yo ya me había fijado un par de semanas atrás en ese aplanamiento de la cabecita por detrás y sabía que no era así su forma natural cuando nació, sino que el aplastamiento se había producido con el paso de los días, al pasar muchas horas tumbado boca arriba.
Me puse manos a la obra a hacer los ejercicios tres o cuatro veces al día, así como a intentar corregir su postura obligándole a girar la cabeza también hacia el lado derecho, cambiándole la orientación en la cuna, poniéndome siempre a su derecha, y con mil una artimañas para conseguir que su cabecita fuera perdiendo esa forma tan fea que había cogido. Y lo cierto es que pasaron varios días y no veía yo mejoría, así que, en mi infinita impaciencia, me puse a consultar a "San google" para ver si había algo más que se pudiera hacer. Así fué como descubrí una página web con información muy completa sobre las deformidades craneales de los bebés, sus causas, como prevenirlas, etc... Se llama www.infocefalia.com, y leyéndola he descubierto que lo que tiene Julio es más bién "Braquicefalia", ya que el aplastamiento se produce en la parte posterior del cráneo sin percibirse mucha diferencia en los laterales. Y también en esta web descubrí que existen cojines con los que se puede prevenir y corregir el trastorno en los primeros meses de vida e incluso, según dicen, hasta el primer año. Me leí toda la información sobre el cojín Mimos, y también busqué información en otros foros sobre el artículo en cuestión. Me convenció lo que decían las mamás que lo habían usado, así que lo compré y al cabo de un par de días lo teníamos en casa. Lo cierto es que al abrir el paquete me pareció algo decepcionante el cojincito. Parece muy poca cosa para los 44 eurazos que cuesta... Desde que llegó lo estamos usando y se supone que redistribuye el peso de la cabeza del bebé para que la presión sea uniforme y así el cráneo no se deforme o, en casos como el de boquerón, se vaya redondeando.
Han pasado solo cinco días, así que es pronto para valorarlo, pero la verdad es que a Julio se le ve muy cómodo durmiendo sobre su nueva almohada.
Yo ya me había fijado un par de semanas atrás en ese aplanamiento de la cabecita por detrás y sabía que no era así su forma natural cuando nació, sino que el aplastamiento se había producido con el paso de los días, al pasar muchas horas tumbado boca arriba.
Me puse manos a la obra a hacer los ejercicios tres o cuatro veces al día, así como a intentar corregir su postura obligándole a girar la cabeza también hacia el lado derecho, cambiándole la orientación en la cuna, poniéndome siempre a su derecha, y con mil una artimañas para conseguir que su cabecita fuera perdiendo esa forma tan fea que había cogido. Y lo cierto es que pasaron varios días y no veía yo mejoría, así que, en mi infinita impaciencia, me puse a consultar a "San google" para ver si había algo más que se pudiera hacer. Así fué como descubrí una página web con información muy completa sobre las deformidades craneales de los bebés, sus causas, como prevenirlas, etc... Se llama www.infocefalia.com, y leyéndola he descubierto que lo que tiene Julio es más bién "Braquicefalia", ya que el aplastamiento se produce en la parte posterior del cráneo sin percibirse mucha diferencia en los laterales. Y también en esta web descubrí que existen cojines con los que se puede prevenir y corregir el trastorno en los primeros meses de vida e incluso, según dicen, hasta el primer año. Me leí toda la información sobre el cojín Mimos, y también busqué información en otros foros sobre el artículo en cuestión. Me convenció lo que decían las mamás que lo habían usado, así que lo compré y al cabo de un par de días lo teníamos en casa. Lo cierto es que al abrir el paquete me pareció algo decepcionante el cojincito. Parece muy poca cosa para los 44 eurazos que cuesta... Desde que llegó lo estamos usando y se supone que redistribuye el peso de la cabeza del bebé para que la presión sea uniforme y así el cráneo no se deforme o, en casos como el de boquerón, se vaya redondeando.
Han pasado solo cinco días, así que es pronto para valorarlo, pero la verdad es que a Julio se le ve muy cómodo durmiendo sobre su nueva almohada.
jueves, 9 de agosto de 2012
Lactancia mixta: Ventajas y Desventajas
Como os comentaba, estoy alimentando a boquerón con un híbrido entre lactancia materna y artificial que recibe el nombre de lactancia mixta. Este tipo de lactancia se puede llevar a cabo de distintas maneras: bien alternando tomas de leche materna y tomas de leche de fórmula, o bien ofreciendo en cada toma primero el pecho y después el biberón. En mi opinión la segunda forma es la mejor, ya que ofrece al bebé en cada toma los beneficios de la lactancia materna, y además no compromete tanto la producción de leche de la madre. Desde que empecé con los bibes, éste ha sido mi caballo de batalla y he tratado de ser muy disciplinada y ofrecer al bebé, siempre siempre, el pecho primero, y asegurarme de que lo vacíe completamente antes de darle el bibe (o, de lo contrario, sacar el sobrante con un sacaleches). Además, para paliar en algo el riesgo de que el bebé renuncie al pecho, compré biberones especiales para la lactancia mixta, con una forma más parecida a la de la mama que los bibes normales, y que le obligan a succionar de forma muy parecida a como lo haría con el pecho. Los hay de varias marcas, los que yo tengo son de Tommee Tippee y me están gustando mucho. Por ahora boquerón acepta pecho y bibe con el mismo entusiasmo, aunque se enfada cuando lleva más o menos quince minutos en el pecho y vé que la leche empieza ya a escasear.
Pese a estos riesgos, en los casos en los que la producción de leche es justita, la lactancia mixta ofrece para la madre (no tanto para el niño admitámoslo) algunas ventajas:
- Permite "compartir" la lactancia y que el padre colabore de una forma más activa en la crianza del bebé, de forma que se forme un vínculo con el papá desde bién pequeñito.
- La leche de fórmula tarda más en digerirse y provoca en el bebé una mayor sensación de saciedad, así que ofrecer un biberón después de la teta, aumenta el tiempo entre tomas lo que supone un pequeño descanso. En mi caso, mientras las tomas eran cada hora y media con lactancia materna, se han espaciado a tres horas o más al incorporar el bibe. Y por la noche ha pasado de estar la noche entera sin soltar la teta a dormir unas cuatro horas del tirón.
-Permite tener dos opciones a la hora de calmar al bebé cuando llora: pecho o bibe. Hay veces que, si tiene sed, calor o solo mimos, se queda muy feliz con el pecho y casi no necesito darle después el bibe. Sin embargo, si han pasado más de tres horas desde la última toma y tiene mucha hambre, el bibe le deja mucho más satisfecho.
Pero no hay que obviar las numerosas desventajas de la lactancia mixta, que superan con mucho a las primeras:
-El precio y los costes "logísticos": biberones, leche de fórmula, esterilización, preparación... sin duda esta opción es mucho más engorrosa y cara que la lactancia materna.
- Las tomas son eternas, ya que a la media hora o más de pecho hay que sumarle el bibe, con su preparación e ingesta, y nos ponemos en una hora o a veces más.
- La leche de fórmula se digiere peor, provoca más estreñimiento, regurgitaciones, gases, cólicos, etc. Nosotros ya hemos sufrido unas cosas y otras, y el pobre boquerón lo pasa fatal con los gases, le cuesta mucho hacer caca y regurgita bastante después de las tomas.
Sin duda, y como os decía en el anterior post, la mejor opción es la lactancia materna exclusiva, y me encantaría tener la capacidad de alimentar a mi hijo exclusivamente con ella. Pero cuando no se puede, la lactancia mixta es una opción que, bién llevada, puede permitir a la madre y al bebé descansar un poco más mientras no renuncian del todo a los beneficios de la lactancia materna.
sábado, 12 de septiembre de 2009
Ser padre SÍ es difícil (II)
Llevamos unos días algo difíciles. Manuel está de mal genio permanentemente, y yo lo achaco a que le están saliendo dos colmillos y dos muelas al mismo tiempo y supongo que le molesta. O eso, o simplemente le ha dado por ahí, que también puede ser. No es la primera vez que pasa, tuvimos un episodio parecido en agosto, pero parecía que había pasado y Manuel volvía a ser el niño risueño de siempre… Pero lleva una semana que protesta por todo, se enfada constantemente, se tira al suelo cada vez que no le dejamos hacer algo… En fin, lo que se dice un angelito. 
En el parque no puedo ni intentar tener una conversación con las otras madres. Mientras ellas están de charlita tranquilamente viendo como sus pacíficas hijas (casi todas son niñas) juegan con la arena… yo corro detrás de Manuel intentando que no se parta la crisma. En cuanto me descuido un segundo la está liando. La nueva moda es intentar salir del parque para descubrir nuevos mundos… Eso me saca de quicio porque me asusta que un día se me escape y se meta debajo del autobús. Tiene 15 meses y ¡el parque se le queda pequeño! A este paso cuando cumpla dos años se va de casa, y su padre encantado, claro, ahora dice que tenemos que mandarle de Erasmus… y yo me lo estoy pensando. Me crispa especialmente cuando, en un arrebato porque no le dejo hacer lo que quiere, me pega un tortazo en la cara. Entonces me dan ganas de devolvérselo, y confieso que alguna vez lo he hecho (flojito, que nadie se escandalice). Sé que no es nada educativo, pero el que me conoce sabe que la paciencia no está entre mis virtudes, y que además tengo la mano bastante larga, así que me cuesta bastante contenerme.

En casa se comporta un poco mejor. Duerme bastante bién, aunque tiene sus noches, y normalmente prefiere madrugar el fin de semana (hoy, sábado, 7,15 para el bibe y después se ha dormido de nuevo hasta las 8,30). De lunes a viernes, cuando yo igualmente tengo que madrugar, se despierta entre 9h y 10h el muy sinvergüenza. Contenta me tiene.
Lo que más me duele es lo arisco que está estos días. No da abrazos ni besos, y en cuanto yo intento achucharle un poco me aparta todo ufano. Espero que sea solo una fase, porque estoy todo el día mendigando besos y no tiene ninguna gracia. Me siento como una enamorada no correspondida…
Lo que sí es gracioso es que ha aprendido a negar con la cabeza: lo hace todo el día a todas horas, y si tú le imitas se parte de risa. Estoy intentado que también diga sí, porque lo del NO por sistema dejará de tener gracia en dos telediarios, pero no ha habido suerte hasta ahora.
Esta semana tuvimos visita a la enfermera y la pediatra para vacunas y revisión: está altísimo, 82cm., pero de peso en la media, 10,700. Dice David que apenas lloró con los pinchazos, y parece que está sano como un roble. La pediatra solo dijo que tiene el prepucio todavía muy cerrado y me ha dado una pomada para que se lo vayamos abriendo poco a poco a base de tironcitos… me dá bastante grima, y a David ya ni os cuento… pero que todos los males sean esos. La verdad es que no nos podemos quejar, tenemos un niño sano y precioso, pero hay que ver la guerra que dá! Como buen géminis, es ciclotímico, y cuando está bién, es el más encantador y adorable del mundo, pero cuando tiene el día malo...
En el parque no puedo ni intentar tener una conversación con las otras madres. Mientras ellas están de charlita tranquilamente viendo como sus pacíficas hijas (casi todas son niñas) juegan con la arena… yo corro detrás de Manuel intentando que no se parta la crisma. En cuanto me descuido un segundo la está liando. La nueva moda es intentar salir del parque para descubrir nuevos mundos… Eso me saca de quicio porque me asusta que un día se me escape y se meta debajo del autobús. Tiene 15 meses y ¡el parque se le queda pequeño! A este paso cuando cumpla dos años se va de casa, y su padre encantado, claro, ahora dice que tenemos que mandarle de Erasmus… y yo me lo estoy pensando. Me crispa especialmente cuando, en un arrebato porque no le dejo hacer lo que quiere, me pega un tortazo en la cara. Entonces me dan ganas de devolvérselo, y confieso que alguna vez lo he hecho (flojito, que nadie se escandalice). Sé que no es nada educativo, pero el que me conoce sabe que la paciencia no está entre mis virtudes, y que además tengo la mano bastante larga, así que me cuesta bastante contenerme.
En casa se comporta un poco mejor. Duerme bastante bién, aunque tiene sus noches, y normalmente prefiere madrugar el fin de semana (hoy, sábado, 7,15 para el bibe y después se ha dormido de nuevo hasta las 8,30). De lunes a viernes, cuando yo igualmente tengo que madrugar, se despierta entre 9h y 10h el muy sinvergüenza. Contenta me tiene.
Lo que más me duele es lo arisco que está estos días. No da abrazos ni besos, y en cuanto yo intento achucharle un poco me aparta todo ufano. Espero que sea solo una fase, porque estoy todo el día mendigando besos y no tiene ninguna gracia. Me siento como una enamorada no correspondida…
Lo que sí es gracioso es que ha aprendido a negar con la cabeza: lo hace todo el día a todas horas, y si tú le imitas se parte de risa. Estoy intentado que también diga sí, porque lo del NO por sistema dejará de tener gracia en dos telediarios, pero no ha habido suerte hasta ahora.
Esta semana tuvimos visita a la enfermera y la pediatra para vacunas y revisión: está altísimo, 82cm., pero de peso en la media, 10,700. Dice David que apenas lloró con los pinchazos, y parece que está sano como un roble. La pediatra solo dijo que tiene el prepucio todavía muy cerrado y me ha dado una pomada para que se lo vayamos abriendo poco a poco a base de tironcitos… me dá bastante grima, y a David ya ni os cuento… pero que todos los males sean esos. La verdad es que no nos podemos quejar, tenemos un niño sano y precioso, pero hay que ver la guerra que dá! Como buen géminis, es ciclotímico, y cuando está bién, es el más encantador y adorable del mundo, pero cuando tiene el día malo...
jueves, 30 de julio de 2009
Hipersensible
Desde que nació Manuel me he vuelto hipersensible ante el sufrimiento de los niños. No es porque antes me diera igual, pero ahora, en mi posición de mamá, todos los niños son de algún modo el mío, y esta identificación me hace pasarlo fatal con determinadas informaciones que afectan a bebés (malos tratos, enfermedades, desnutrición...). Las noticias sobre niños que mueren de un golpe de calor, porque habían sido olvidados por sus padres en el coche, me hacen llorar y me asustan una barbaridad. Con la vida que llevamos en las grandes ciudades no me parece tan descabellado que a unos padres estresados y con falta de sueño, igual que yo, les pueda ocurrir algo así.
Y aunque sé que no son cosas comparables, también me hace sufrir el egoísmo de algunos padres que con eso de que son vacaciones, se empeñan en salir a cenar con su niño de dos o tres añitos, pretendiendo además que el pequeñajo no diga ni pío y se duerma en el carro sin rechistar... Anoche me dieron la cena. Nosotros tuvimos la suerte de poder "colocar" a Manuel, pero supongo que los de la mesa de al lado no tenían esa posibilidad, así que llegaron al restaurante con su bebé de unos dos añitos en el cochecito "MacLaren" (el mismo que yo tengo, que me consta que no es nada cómodo ni para dormir la siesta). Como es natural, el niño no se quería quedar en el carro, y protestó hasta que le sacaron, para después dar toda la guerra del mundo porque lo que quería a toda costa era corretear por el restaurante. Y su madre diciéndole que se callara, que se estaba portando fatal, y que como siguiera así se iba de nuevo al carro... ¡muy educativo! O sea, que como nosotros queremos ir a cenar fuera tú, bebé, renuncias a la comodidad de tu cuna y de tu habitación de siempre y tienes que dormir en una silla incómoda que nisiquiera se tumba del todo, a plena luz, rodeado de ruidos y humo de tabaco, y encima no vayas a quejarte porque te castigo... ¿No os parece terriblemente egoísta? Yo estaba horrorizada, y para aumentar aún más mi indignación, al ir al baño me encuentro con otra mamá y su niña de unos tres años que casi se quedaba dormida de pié... Era ya medianoche. Os parecerá que exagero, pero con padres así de irresponsables, creo que debería estar tipificado en alguna ley que los niños entre seis meses y seis años no puedan entrar en restaurantes después de las diez de la noche. He dicho.
Y aunque sé que no son cosas comparables, también me hace sufrir el egoísmo de algunos padres que con eso de que son vacaciones, se empeñan en salir a cenar con su niño de dos o tres añitos, pretendiendo además que el pequeñajo no diga ni pío y se duerma en el carro sin rechistar... Anoche me dieron la cena. Nosotros tuvimos la suerte de poder "colocar" a Manuel, pero supongo que los de la mesa de al lado no tenían esa posibilidad, así que llegaron al restaurante con su bebé de unos dos añitos en el cochecito "MacLaren" (el mismo que yo tengo, que me consta que no es nada cómodo ni para dormir la siesta). Como es natural, el niño no se quería quedar en el carro, y protestó hasta que le sacaron, para después dar toda la guerra del mundo porque lo que quería a toda costa era corretear por el restaurante. Y su madre diciéndole que se callara, que se estaba portando fatal, y que como siguiera así se iba de nuevo al carro... ¡muy educativo! O sea, que como nosotros queremos ir a cenar fuera tú, bebé, renuncias a la comodidad de tu cuna y de tu habitación de siempre y tienes que dormir en una silla incómoda que nisiquiera se tumba del todo, a plena luz, rodeado de ruidos y humo de tabaco, y encima no vayas a quejarte porque te castigo... ¿No os parece terriblemente egoísta? Yo estaba horrorizada, y para aumentar aún más mi indignación, al ir al baño me encuentro con otra mamá y su niña de unos tres años que casi se quedaba dormida de pié... Era ya medianoche. Os parecerá que exagero, pero con padres así de irresponsables, creo que debería estar tipificado en alguna ley que los niños entre seis meses y seis años no puedan entrar en restaurantes después de las diez de la noche. He dicho.
miércoles, 8 de abril de 2009
Días de risas y cariños
Estamos en Denia desde el sábado, en casa de los abuelos. Lo estamos pasando de maravilla, aunque el tiempo no acompañe mucho. Esta noche viene David porque él tenía que trabajar estos días, y está en la carretera mientras escribo. Manuel se está portando muy bién y no ha extrañado nada, ni la cuna, ni el sitio, ni nada. Es un sol. Yo diría que hasta se duerme mejor que en Madrid. Como estuvimos aquí cuando tenía solo un mes, quién sabe, puede que esta casa le traiga buenos recuerdos. Pero la verdad es que en nuestra última visita a Denia el pasado verano, Manuel no era ni parecido a cómo es ahora. Lloraba a menudo, se despertaba montones de veces por la noche, y me tenía medio esclavizada con la lactancia, porque solo quería mamar y mamar a todas horas.
Ahora es otra cosa. Gatea sin parar y ya dá palmitas y hace los cinco lobitos, aunque a veces cuando le pides los lobitos hace palmitas y viceversa, el pobre se hace un lío. Estoy intentando enseñarle a decir adiós con la manita, pero no se anima todavía.
Es curioso cómo nos gusta convertir a los niños en monitos de repetición: "haz ésto, haz lo otro..." y siempre las mismas cosas, desde que el mundo es mundo, ¿de quién sería la idea? Por que si el inventor de las palmitas y los cinco lobitos cobrase derechos de autor ganaría millones.
Aunque haga un día horroroso, Manuel nos alegra los días con su sonrisa constante. Se ríe mucho cuando le hacemos cucú tras, o simplemente mirando la piscina, a la que se tiraría de cabeza sin problemas si le dejáramos. o jugando con unos cubiletes que le regaló Rut y con los que se vuelve loco.
Lo que más feliz me hace estos días son los cariños. Manuel se deja achuchar y besuquear a todas horas, pero además, ahora corresponde apretando su carita contra la mía para hacerme un cariñito que mmmmmmmm, me sabe a gloria!
Ahora es otra cosa. Gatea sin parar y ya dá palmitas y hace los cinco lobitos, aunque a veces cuando le pides los lobitos hace palmitas y viceversa, el pobre se hace un lío. Estoy intentando enseñarle a decir adiós con la manita, pero no se anima todavía.
Es curioso cómo nos gusta convertir a los niños en monitos de repetición: "haz ésto, haz lo otro..." y siempre las mismas cosas, desde que el mundo es mundo, ¿de quién sería la idea? Por que si el inventor de las palmitas y los cinco lobitos cobrase derechos de autor ganaría millones.
Aunque haga un día horroroso, Manuel nos alegra los días con su sonrisa constante. Se ríe mucho cuando le hacemos cucú tras, o simplemente mirando la piscina, a la que se tiraría de cabeza sin problemas si le dejáramos. o jugando con unos cubiletes que le regaló Rut y con los que se vuelve loco.
Lo que más feliz me hace estos días son los cariños. Manuel se deja achuchar y besuquear a todas horas, pero además, ahora corresponde apretando su carita contra la mía para hacerme un cariñito que mmmmmmmm, me sabe a gloria!
martes, 31 de marzo de 2009
Diez meses
¡Qué vértigo! Madre mía, ayer Manuel cumplió diez meses. Faltan sólo dos para su primer añito. Y digo vértigo, porque estoy horrorizada al ver como está volando el tiempo desde que nació. ¿Sabe alguien cómo hacer para pararlo? No quiero que pase tan rápido. Me encantaría poder darle a alguna tecla que deje a mi bebé exactamente como está ahora durante, al menos, un añito más, ¿es tanto pedir? Además, me falta tiempo para darme cuenta de una pequeña proeza.... y ya empieza con la siguiente! 
Desde que empezó a gatear ha sido un no parar.
Ya se pone de pié agarrándose a casi cualquier cosa, y trata de desplazarse cambiando el punto de apoyo, con una pericia a toda prueba: de la butaca al mueble de la tele/ del mueble de la tele a la silla/ de la silla al puf/ del puf a la mesa de centro/ de la mesa de centro al sofá... etc, etc... Y sabe lo que se hace, no corre riesgos... Podría pasar horas observándole en esos momentos. Antes de cada uno de los movimientos se le ve concentrado, con la cara agarrotada por la incertidumbre. Pensará, “¿llego o no llego? No me gustaría darme otro porrazo...” Calcula sus posibilidades, la distancia y el riesgo... toma impulso... y... alehop! “Lo logré, ya estoy sano y salvo al otro lado del precipicio”, y vuelta a empezar, “¿a dónde me agarro ahora?”
Ya hemos ido varios días a natación para bebés. Le encanta, en el agua es el niño más feliz del mundo. La profesora ya le llama pececillo. Empieza a reírse según entramos en la zona de la piscina desde el vestuario, y no para hasta media hora después. Chapotea como un loco, persigue a los otros bebés, les quita sus patitos de goma... Me lo paso bomba solo viendo lo mucho que disfruta, aunque para mí es algo sacrificado. No sólo por el desplazamiento, está a 15 minutos en coche, sino por toda la planificación y tiempo que tengo que dedicarle: no os podéis hacer una idea del maletón! Hay que llevar toalla, bañador, neceser, para él y para mí, pañales, un juguete para que se entretenga mientras yo me cambio, su pijama para ponérselo después de la clase... Preparar la bolsa a diario (¿cómo puede ser que cada día se me olvide algo?), llegar hasta allí, bañarle después, secarme yo de mala manera y salir a medio vestir y sin mirarme al espejo... Entre pitos y flautas, se me va toda la tarde, y son tres días a la semana!!! He ahí la razón que me ha tenido alejada de este blog estos últimos días. Pero merece la pena. Al estar en contacto con otros niños de edades parecidas me he dado aún más cuenta de lo grande y espabilado que está Manuel. Eso sí, como buen géminis, no anda muy sobrado de capacidad de atención ni de paciencia. Veo con envidia como los otros bebés, de entre seis y 15 meses, cumplen más o menos con lo que les dicen sus papás durante la clase, como por ejemplo “Uno, Dos y TREEEESSSS, y al agua!!”, mientras Manuel va a su aire, él lleva su propio ritmo y se lanza al agua antes de que a mí me dé tiempo de decir Uno... Nos ha salido Speedy González.
El capítulo de lenguaje también ha mejorado, ya dice PAPÁ!! Bueno, algo parecido, es más o menos “bpa, bpa, pba, pa, pba...” lo que está claro es que a MAMÁ no suena ni por el forro. El otro día Inés me dijo que en su país, o sea, República Dominicana, todos y cada uno de los niños que al mundo vienen nombran primero a su mamá, mientras las niñas, también todas, toditas, todas, aprenden primero a decir papá. Y sorprendida, asegura, muy en serio, que aquí en España, todo es diferente... Me parto. Va a ser que hay que vivir en el Caribe para que mi niño pronuncie la M como es debido... Porque, de eso no hay duda, él lo que quiere decir es MAMÁ, ¡pero no le sale!
Desde que empezó a gatear ha sido un no parar.
Ya se pone de pié agarrándose a casi cualquier cosa, y trata de desplazarse cambiando el punto de apoyo, con una pericia a toda prueba: de la butaca al mueble de la tele/ del mueble de la tele a la silla/ de la silla al puf/ del puf a la mesa de centro/ de la mesa de centro al sofá... etc, etc... Y sabe lo que se hace, no corre riesgos... Podría pasar horas observándole en esos momentos. Antes de cada uno de los movimientos se le ve concentrado, con la cara agarrotada por la incertidumbre. Pensará, “¿llego o no llego? No me gustaría darme otro porrazo...” Calcula sus posibilidades, la distancia y el riesgo... toma impulso... y... alehop! “Lo logré, ya estoy sano y salvo al otro lado del precipicio”, y vuelta a empezar, “¿a dónde me agarro ahora?”
Ya hemos ido varios días a natación para bebés. Le encanta, en el agua es el niño más feliz del mundo. La profesora ya le llama pececillo. Empieza a reírse según entramos en la zona de la piscina desde el vestuario, y no para hasta media hora después. Chapotea como un loco, persigue a los otros bebés, les quita sus patitos de goma... Me lo paso bomba solo viendo lo mucho que disfruta, aunque para mí es algo sacrificado. No sólo por el desplazamiento, está a 15 minutos en coche, sino por toda la planificación y tiempo que tengo que dedicarle: no os podéis hacer una idea del maletón! Hay que llevar toalla, bañador, neceser, para él y para mí, pañales, un juguete para que se entretenga mientras yo me cambio, su pijama para ponérselo después de la clase... Preparar la bolsa a diario (¿cómo puede ser que cada día se me olvide algo?), llegar hasta allí, bañarle después, secarme yo de mala manera y salir a medio vestir y sin mirarme al espejo... Entre pitos y flautas, se me va toda la tarde, y son tres días a la semana!!! He ahí la razón que me ha tenido alejada de este blog estos últimos días. Pero merece la pena. Al estar en contacto con otros niños de edades parecidas me he dado aún más cuenta de lo grande y espabilado que está Manuel. Eso sí, como buen géminis, no anda muy sobrado de capacidad de atención ni de paciencia. Veo con envidia como los otros bebés, de entre seis y 15 meses, cumplen más o menos con lo que les dicen sus papás durante la clase, como por ejemplo “Uno, Dos y TREEEESSSS, y al agua!!”, mientras Manuel va a su aire, él lleva su propio ritmo y se lanza al agua antes de que a mí me dé tiempo de decir Uno... Nos ha salido Speedy González.
El capítulo de lenguaje también ha mejorado, ya dice PAPÁ!! Bueno, algo parecido, es más o menos “bpa, bpa, pba, pa, pba...” lo que está claro es que a MAMÁ no suena ni por el forro. El otro día Inés me dijo que en su país, o sea, República Dominicana, todos y cada uno de los niños que al mundo vienen nombran primero a su mamá, mientras las niñas, también todas, toditas, todas, aprenden primero a decir papá. Y sorprendida, asegura, muy en serio, que aquí en España, todo es diferente... Me parto. Va a ser que hay que vivir en el Caribe para que mi niño pronuncie la M como es debido... Porque, de eso no hay duda, él lo que quiere decir es MAMÁ, ¡pero no le sale!
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