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jueves, 13 de octubre de 2011
El karma y los ronquidos
A veces pienso que el karma me persigue. Toda la vida quise tener una niña, o unas cuantas, y a cambio tengo el niño más intrépido del parque, y por consiguiente el más sucio y desaliñado. Odio el fútbol y tengo un pequeño que chuta el balón de maravilla casi desde que empezó a andar. Se vuelve loco por los coches o cualquier vehículo a motor y ya empieza a distinguir sin problemas algunas marcas. Vamos, que es un chico con gustos bastante masculinos, excepto una pequeña desviación hacia los cosméticos que quedó bién explicada en este post. ¡Y ahora resulta que también ronca! Sí, mi lechón de tres añitos, tan suave y delicado, que aún se acurruca en mi pecho cuando se hace daño, que me pregunta por las noches si nos casamos y me dice que soy una princesa... Ese pequeñajo que me ha robado el corazón... resulta que RONCA COMO UN CAMIONERO!
Ironías de la vida. Una que se ha llenado la boca diciendo "yo nunca me casaría con un hombre que ronque", o "desde luego lo que hay que oir, pues que se opere, yo desde luego me divorcio", y también "si ronca tanto seguro que lo hace a posta"... Lindezas como ésta han salido de mi boquita... Y parece que alguna deidad traviesa, y seguramente roncadora también, se ha ofendido y se está divirtiendo a mi costa. Se debe reír de lo lindo esas noches en las que mi lechón se despierta asustado y dice aquello de "quiero ir a la cama de papi y mami" y yo me echo a temblar. Mientras él tarda cinco minutos en volver a dormirse a pierna suelta, y a pleno pulmón.... yo he de conformarme con abrazarle con ternura, olerle y sentir su pequeño cuerpecito a mi lado. Porque dormir, lo que es dormir, ya no hay quien duerma con semejante concierto.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Viendo amanecer
Desde que llegamos a Bali Manuel se despierta cada vez más temprano. Al principio pedía bibe sobre las siete y media, que es más pronto que su hora habitual en Madrid, pero aún puede ser una hora decente. Después pasó a levantarse a las siete, a las seis y media, a las seis... y lo de hoy ya no tiene nombre, se ha despertado a las cinco y media de la mañana, cuando aún no había amanecido. Ni que decir tiene que el papá ejemplar y yo nos arrastramos de sueño, que maldecimos en arameo y que no sabemos qué hacer con el niño desde tan temprano. Pero es que además de nuestros planteamientos egoístas, realmente pienso que Manuel no está descansando todo lo que necesita, y eso me preocupa. Sin ir más lejos esta noche ha dormido ocho horas y media, y eso no es suficiente para un niño de dos años y medio con todo el desgaste que tiene a lo largo del día. Hemos intentado hacer sus siestas más cortas para conseguir que duerma más de noche, pero no sólo es dificilísimo despertarle, sino que además no sirve para nada porque por la mañana se levanta a la misma hora. Como aquí no hay persianas, hemos instalado en su cuarto unas cortinas improvisadas a base de pareos para que no entre demasiada luz, pero lo de hoy (repito, noche cerrada) me confirma que ese no es el problema. Es cierto que aquí los sonidos de la naturaleza comienzan muy temprano: perros landrando, gallos, pájaros... y la última incorporación a nuestra fauna, un pato que apareció en el lago y quesialguienmeprestaunaescopeta... Hemos intentado decirle que aún es de noche, que tiene que volver a dormir, pero no hay forma. Grita, llora y patalea hasta que consigue lo que quiere. La última es que me llama diciendo, mami, por favor, el bibe... y ante tanta educación dá penita resistirse. Y el problema es que la cosa va de mal en peor y a este paso cualquier día me despierta a las 4 de la mañana diciendo, mami, por favor, el bibe... Ayuda, por favor, ¿alguien con el mismo problema?
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