miércoles, 14 de noviembre de 2012

Castigándome

Sé que no está de moda, nisiquiera está bién visto, ni es moderno. Seguramente muchos psicólogos se escandalicen y consideren mi conducta reprobable e impropia de una buena madre. Pero yo hay días en que se me acaban los recursos, y tengo ganas de hacer huelga de maternidad. Así, como suena.

Hoy es uno de esos días, porque a la huelga general se une que a mi lechón se le ha puesto entre ceja y ceja que hoy no come. Tiene días así, y a mí me parece que lo hace para sacarme de mis casillas, porque si no es que no le encuentro explicación. No os creáis que el menú de hoy era difícil, ¡qué va! Cualquiera pensaría que a su madre se le ha ocurrido ponerle delante un plato de acelgas, o un filete de hígado, o de caballa... pero no...

El tema tiene delito, porque el conflictivo menú que hoy nos trae de cabeza son unos inocentes y apetitosos macarrones con salchichas que harían las delicias de cualquier menor de diez años en su sano juicio. Si me apuras, harían las delicias también de una servidora, que lleva dos meses a dieta y muere por un plato de pasta, aunque sea con salchichas. Sin embargo, mi lechón ha decidido que hoy no come y me ha declarado la guerra. Y como para chula yo, y resulta que hoy tengo tiempo y no tengo nada mejor que hacer, pues he decidido que, por mis narices, se come los macarrones. Y así estamos: "si no los quieres para comer te los comes para merendar". Por ahora las dos  primeras batallas las ha ganado él, y se ha comido dos macarrones. Dos. Contados. Ahí está, castigado en su habitación, sin dibujos ni juguetes. Tan testarudo como su madre, pero bastante menos hambriento.

Ni que decir tiene, y si eres madre seguro que me entiendes, que está castigado él pero yo también, y que estoy ahora mismo en un sinvivir, no sólo porque lleva todo el día sin comer, sino porque la culpabilidad me tiene con el corazón en un puño. Y lo peor es que me siento tan mal que estoy dudando si ofrecerle los macarrones también para cenar en plan "a ver quién puede más" o si prepararle un plato de acelgas y comérmelos yo después de recalentarlos por octava vez. ¿Alguna sugerencia?

martes, 6 de noviembre de 2012

Adicta a bebé


Será por sus manitas regordetas, de uñas perfectas y deliciosos pliegues, que eleva al cielo con movimientos rápidos, imprecisos, nuevos cada día.
Será porque tiene todo un catálogo de sonrisas: las de por la mañana después de una buena noche de sueño son las mejores, pero también seduce con las sonrisas tímidas, ésas en las que mete la cabeza entre los hombros un poco ladeada, o las risas divertidas cuando de pronto algo le hace mucha gracia sin que nadie sepa muy bién por qué. Y los hoyuelos... ¡ayyy esos hoyuelos!
Será por los pies, tan pequeños y perfectos, tan suaves que los besarías mil veces.
Será por su olor inigualable: olor a nuevo y recién hecho, a piel suave como la seda, a leche, a miel, a toda una vida por venir.
Será porque me encanta escuchar sus ruiditos adorables mientras se mira las manos en la cuna.
Será por esos ojos que me miran muy atentos, sonrientes, cuando le hablo, le mezo o le canto una canción.

Por todo ésto y mil razones más hoy me declaro completamente adicta. Estoy descubriendo lo adictivo que puede llegar a ser un bebé... y estoy sumida en esta fase y disfrutándola.
Lo malo es que me quedan 20 días de baja maternal y empiezo a tener ya mucho miedo al síndrome de abstinencia

martes, 30 de octubre de 2012

Bebé resfriado por amor

No recuerdo ver a Manuel resfriado cuando era bebé. Creo que cuando por primera vez se puso malito tenía más de un año, así que tener a Julio resfriado ya, por segunda vez, a sus cuatro mesecitos de nada se me hace muy cuesta arriba. Aunque ahora sea una mamá con experiencia, ésto no lo había vivido, así que me pongo de nuevo en la fila de las novatas.

¿Y por qué se resfría el pobre Julio? Pues  ni más ni menos que por amor. Su hermano, que le adora, se abalanza sobre al llegar del cole, se lo come a besos pese a mi horrorizado: "noooo, primero lávate las manos al menooossss", y sin duda le regala todo un menú de bacterias para merendar al pobre. Mientras lo hace, a mí me parece estar viendo a las bacterias y los virus saltar del mayor al bebé con cara de malos bichos, haciéndome burla tipo "chincha rabia que ahora voy y pongo al bebé malito" Y sólo me queda reñir al lechón por su ternura y su adoración por su hermano... Pero no lo hago, ni le castigo ni nada, aunque me desobedezca de manera manifiesta tooodos los días.


Me siento incapaz de enfadarme con él por eso, aunque el resultado sea que llevamos ya dos resfriados en solo un mes. Supongo que entonces me tendría que enfadar también cuando le dice, al oído, para que los mayores no nos enteremos: "te quiero peque peque", o cuando espera, con una paciencia tan inusual en él, a que termine de calmar a Julio durante diez minutos para después ir a leerle su cuento de antes de dormir. No le riño y lo que pasa es que ahora me siento fatal porque Julio lleva dos días moqueando a mares, con los ojos llorosos, con una bracitis aguda que me tiene la espalda hecha puré, y pasando unas noches que ni falta que nos hace la de Halloween de mañana. Pero cuando me asomo a su cuna y sonríe con esta carita se me olvidan todos los males.

lunes, 15 de octubre de 2012

Curiosidad

Si por algo destaca el carácter del lechón es por su inmensa curiosidad. No es que sea el más listo, ni el más rápido ni el que mejor dibuja, pero seguramente sí es de los más curiosos. Todo lo quiere saber, todo lo pregunta, y además no se conforma con respuestas vagas e imprecisas. Él quiere aprender en serio, y pide datos que avalen cada respuesta. Ésto a veces a los adultos nos deja literalmente con el culo al aire. Como cuando pregunta si China es más grande que Rusia y a una servidora le entran sudores tratando de hacer memoria. Pronto empezamos, miedo me dá cuando empiece en el cole a aprender las capitales, o los ríos -¿se siguen estudiando los ríos y afluentes?- y se las sepa mejor que yo. Por que ahora, con cuatro años, le puedo contestar algo digamos... inexacto... sin que llegue la sangre al río, pero cuando esté en Primaria me temo que voy a tener que darle un repaso a mi Geografía de EGB, que la tengo bastante olvidada.

En su sed de aprender, hemos ido creando en casa una Biblioteca con cuentos sobre los Dinosaurios, el Cuerpo Humano, la vida en el mar, etc... Algunas veces, cansada de releer mil veces los que tenemos de casa, vamos a la biblioteca pública y nos traemos los más gordos y cargados de información que encontramos. Más que cuentos son enciclopedias, porque a él lo que le gusta es saber cosas del tipo:

- ¿Cuánto mide un tiburón blanco? ¿y qué come?
-  ¿Hay ballenas en Madrid? ¿y en España?
- ¿Quién enciende las farolas de la calle? ¿Y qué es el Ayuntamiento?
- ¿Y el cerebelo para qué sirve?
- ¿Porqué el corazón tiene vintrícuolos?
-  El Tiranosaurio se puede comer al Anquilosaurio?
- .... y muchos curiosos etcéteras

Me gusta que mi niño me ponga a prueba con sus preguntas, aprender con él y para él... aunque me agote, y me conmueve verle con tantas ganas de aprender. Dicen que somos jóvenes siempre que sigamos aprendiendo, y yo a su lado lo hago todos los días ¡Ojalá le dure mucho!

miércoles, 10 de octubre de 2012

Mi bebé cumplió 100 días


Sus primeros 100 días han pasado y ha dejado de ser un pequeño y frágil recién nacido para convertirse en un bebé precioso, regordete y feliz. Sigue siendo muy tranquilo, y ahora además se prodiga en sonrisas ante cualquier tipo de público, lo que le convierte en un bebé adorable. Sus ojos ya no son azules, ¡lo sabía! pero por ahora tampoco son marrones, así que me queda un hilito de esperanza de que se le queden de un marrón verdoso. Está muy espabilado y despierto, y le encanta que le hagan monerías, que le hablen, le mezan y le canten canciones. Yo disfruto cantando para él boleros y canciones de Sabina. Siempre me ha gustado esto de cantar y ahora tengo quien me escucha atento, sin críticas a mi escaso oído musical.

Está muy grande, casi no cabe ya en el cuco, pero me resisto aún a sacarle de nuestra habitación para pasarle a la cuna grande. Saber que ya no tendré más bebés me hace aferrarme más a cada etapa, perder las ganas de dejarla atrás. Me gusta oír su respiración por la noche, saber que le tengo cerca y que con uno solo de sus ruiditos estoy ahí para alcanzarle el chupete o para darle un mimo.
Yo creía que al segundo no se le quiere tanto como al primero, que es imposible amar más... pensaba que, de algún modo, el cupo de amor estaba cubierto, pero me equivocaba. No era un tópico eso de que el amor de una madre es milagroso y se expande y se multiplica a medida que hay seres que lo necesitan. Así que me siento muy afortunada. Es una suerte tener a mi lado de nuevo un bebé pequeñito, un ser indefenso y necesitado, adorable y tierno, que me recuerda cada minuto hasta dónde llega mi capacidad de amar.
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