Hemos pasado unos días de la Semana Santa en Albarracín, un pequeño pueblo de la provincia de Teruel. Además de constatar lo mal comunicada que está la zona con Madrid y no tener dudas de porqué en su día necesitaron la famosa campaña "Teruel existe", hemos tenido la oportunidad de pasar juntos, los cuatro, largas e intensas horas de convivencia como desde el verano no recordaba.
Ya somos, definitivamente, una familia de cuatro miembros, y, lenta que es una, no lo voy a negar, abro los ojos en estos días de vacaciones para darme cuenta de lo mucho que ha cambiado este pequeño clan desde la llegada de Julio. El lechón anda cada día más celoso y con ganas de demostrar que es ya muy mayor, con una rebeldía constante, y al tiempo de volver con sus plumas al cascarón para evitarse regañinas y disfrutar de las carantoñas que parece que ahora están reservadas solo para Julio. Tiene momentos en los que le dejarías el día entero de cara a la pared, y otros en los que nos deja sin palabras con su madurez y su inteligencia.
Como anoche, mientras cenábamos en uno de esos restaurantes de pueblo de los de "ensalada de la casa y huevos fritos con longaniza". La conversación tuvo lugar como sigue:
Papá Ejemplar: Le podemos decir a mi madre que venga el sábado a quedarse con los niños y así salimos
Yo: Vale, buena idea
Lechón: ¡Claro! como la abuela no tiene novio jajaja, porque el abuelo Pepe ya se murió... pues puede venir a quedarse con nosotros
Papá ejemplar y yo nos quedamos sin palabras, y cruzamos una mirada horrorizada ante la nula empatía/sensibilidad del mayorcito
Yo: Manuel, no se habla así del abuelo Pepe, porque a papi le pone triste
Lechón: ¿y por qué?
P.E: porque era mi papá y yo le echo de menos...
Manuel no muestra interés por la argumentación de su padre, así que éste decide sacar la artillería
P.E: A ver Manuel, ¿tú no te pondrías triste si yo me muriera?
Lechón: tras un largo silencio, Paaaapiiii, pero es que todos nos tenemos que moriiirrr...
Yo: (intentando quitarle hierro al asunto porque la cara del P.E era un poema...) bueno, es que es un poco pequeño para entender lo de la muerte no?
P.E: (haciendo caso omiso de mi intervención y seguro al cien por cien de que su hijo carece de sentimientos) Si, pero a mí me gustaba hacer cosas con mi papi, como ahora, que estamos tomando los dos helado de vainilla, a él también le gustaba el helado de vainilla ¿sabes?
A continuación, sin previo aviso, el lechón pone ese gesto en la boca de estar a punto de romper a llorar, ese puchero inconfundible y suelta la siguiente frase: Papi, pero tienes mucha suerte porque tienes dos hijos.
Esta vez nos cruzamos una mirada perpleja, y sin palabras decidimos cambiar de tema de conversación porque parecía que estaba tomando un camino farragoso... Y así nos quedamos, despistados como dos canguros en una carretera camino a Teruel.
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viernes, 29 de marzo de 2013
jueves, 24 de enero de 2013
Santo Tomás de la Conciliación
El próximo lunes 28 de enero se celebra Santo Tomás de Aquino, y, según me informa el cole del lechón, se trata de un día "no lectivo". Me ha sorprendido el contrasentido de declarar un día no lectivo siendo al mismo tiempo tan laborable y tan lunes como cualquier otro, y ni os cuento lo poco conciliable que me resulta el día de marras con mi trabajo.
Supongo que habrá montones de familias en la misma circunstancia, algo que además ocurre en otras fechas señaladas del calendario en las que los niños no tienen cole y tú te encuentras en la coyuntura de "a ver dónde les coloco". Porque no sé a vosotras, pero a mí se me va al garete completamente la poca paz que pueda yo tener durante mis horas de trabajo cuando sé que el lechón no está en el cole. Si se queda en casa durante esas horas tengo la sensación de haberle dejado tirado, y me preocupa que vea demasiado rato la tele, que se porte fatal, que se aburra... En cambio, cuando está en el cole me invade la serenidad, la tranquilidad de saber que cada uno está en "su lugar", cumpliendo sus obligaciones, aprendiendo, jugando, etc.
Pues bién, mi serenidad a tomar viento el próximo lunes, en aras de celebrar la Onomástica de un buen señor, filósofo, teólogo, gran erudito y patrón de las universidades y escuelas católicas... del que yo no había oído hablar mucho, la verdad. Y digo yo, es patrón de las escuelas CATÓLICAS y mi hijo vá a un Colegio Público y que yo sepa es laico... pero en fin, que yo misma me respondo y sé que la Navidad es también una festividad religiosa y la celebramos... Así que habrá que merendarse el día no lectivo pero laborable. Y yo propongo, que habida cuenta de que al buén Santo Tomás de Aquino tampoco es que se le conozca tanto, que declaren el 28 de enero "Día de la Conciliación" y que para celebrarlo sea no laborable pero sí lectivo. Sería un buen plan, ¿no?
Supongo que habrá montones de familias en la misma circunstancia, algo que además ocurre en otras fechas señaladas del calendario en las que los niños no tienen cole y tú te encuentras en la coyuntura de "a ver dónde les coloco". Porque no sé a vosotras, pero a mí se me va al garete completamente la poca paz que pueda yo tener durante mis horas de trabajo cuando sé que el lechón no está en el cole. Si se queda en casa durante esas horas tengo la sensación de haberle dejado tirado, y me preocupa que vea demasiado rato la tele, que se porte fatal, que se aburra... En cambio, cuando está en el cole me invade la serenidad, la tranquilidad de saber que cada uno está en "su lugar", cumpliendo sus obligaciones, aprendiendo, jugando, etc.
Pues bién, mi serenidad a tomar viento el próximo lunes, en aras de celebrar la Onomástica de un buen señor, filósofo, teólogo, gran erudito y patrón de las universidades y escuelas católicas... del que yo no había oído hablar mucho, la verdad. Y digo yo, es patrón de las escuelas CATÓLICAS y mi hijo vá a un Colegio Público y que yo sepa es laico... pero en fin, que yo misma me respondo y sé que la Navidad es también una festividad religiosa y la celebramos... Así que habrá que merendarse el día no lectivo pero laborable. Y yo propongo, que habida cuenta de que al buén Santo Tomás de Aquino tampoco es que se le conozca tanto, que declaren el 28 de enero "Día de la Conciliación" y que para celebrarlo sea no laborable pero sí lectivo. Sería un buen plan, ¿no?
sábado, 12 de enero de 2013
Propósitos
Terminaron por fín las navidades, qué liberación. Es verdad que con niños pequeños en casa las fiestas son mucho más llevaderas, y ya no me dan ganas de emigrar a Australia en cuanto veo la primera lucecita encendida. Es cierto que ahora veo la Navidad con los ojos emocionados de mi lechón, y me ilusionan los Reyes, las campanadas o los fuegos artificiales... Sin embargo, la sobredosis de familia, los excesos en el comer y el beber, el consumismo desmadrado... a mí no me van, y espero con ansiedad que llegue el 8 de enero para volver a la bendita rutina. Y no digo el 7 de enero, que es cuando oficialmente se dan por terminadas las navidades, porque resulta que el día 7 es mi cumpleaños... otra fecha señalada que me gusta cada vez menos, entre otras cosas, porque implica alargar aún más el comer y beber de forma desmesurada.
Ahora toca hacer propósitos, claro está, y los míos son muy sencillitos y básicos, que ya hubo un tiempo en que me complicaba yo mucho la vida. A mis treintaytantos recién cumplidos, me conozco lo suficiente como para saber, con toda seguridad, que no voy a ir al gimnasio, es tontería que me apunte, que pague por ello y que me compre el equipamiento más mono y favorecedor. Iré durante dos semanas, un mes a lo sumo,sufriré agujetas, me dará muchísima pereza volver, espaciaré las visitas cada vez más... y luego si te he visto no me acuerdo.
Así que mis propósitos no van de eso. Van de cuidarme, a mí y a los míos, sobretodo al papá ejemplar y a los niños. Disfrutar mi tiempo con ellos, hacer muchas fotos (pero con una cámara como es debido, no con el móvil), protestar menos y enfadarme solo lo justo. Llevar al lechón a ver más museos y parques y menos centros comerciales. Ir al cine de vez en cuando a ver una peli que no sea de dibujos. Ir a Pilates un día a la semana, y al osteópata al menos cada mes y medio para no vivir enganchada al ibuprofeno. Aprender a bailar salsa. Reirme más. Escaparnos a esquiar algún fin de semana. Y sobretodo, si no hago nada de lo anterior, que es bastante posible... quiero valorar todos los días la suerte que tenemos, ese es mi propósito para el 2013. Darle gracias a la vida por estar juntos, sanos, tener trabajo y dos tesoros a los que cuidar con todo el amor del mundo.
Ahora toca hacer propósitos, claro está, y los míos son muy sencillitos y básicos, que ya hubo un tiempo en que me complicaba yo mucho la vida. A mis treintaytantos recién cumplidos, me conozco lo suficiente como para saber, con toda seguridad, que no voy a ir al gimnasio, es tontería que me apunte, que pague por ello y que me compre el equipamiento más mono y favorecedor. Iré durante dos semanas, un mes a lo sumo,sufriré agujetas, me dará muchísima pereza volver, espaciaré las visitas cada vez más... y luego si te he visto no me acuerdo.
Así que mis propósitos no van de eso. Van de cuidarme, a mí y a los míos, sobretodo al papá ejemplar y a los niños. Disfrutar mi tiempo con ellos, hacer muchas fotos (pero con una cámara como es debido, no con el móvil), protestar menos y enfadarme solo lo justo. Llevar al lechón a ver más museos y parques y menos centros comerciales. Ir al cine de vez en cuando a ver una peli que no sea de dibujos. Ir a Pilates un día a la semana, y al osteópata al menos cada mes y medio para no vivir enganchada al ibuprofeno. Aprender a bailar salsa. Reirme más. Escaparnos a esquiar algún fin de semana. Y sobretodo, si no hago nada de lo anterior, que es bastante posible... quiero valorar todos los días la suerte que tenemos, ese es mi propósito para el 2013. Darle gracias a la vida por estar juntos, sanos, tener trabajo y dos tesoros a los que cuidar con todo el amor del mundo.
martes, 6 de noviembre de 2012
Adicta a bebé
Será por sus manitas regordetas, de uñas perfectas y deliciosos pliegues, que eleva al cielo con movimientos rápidos, imprecisos, nuevos cada día.
Será porque tiene todo un catálogo de sonrisas: las de por la mañana después de una buena noche de sueño son las mejores, pero también seduce con las sonrisas tímidas, ésas en las que mete la cabeza entre los hombros un poco ladeada, o las risas divertidas cuando de pronto algo le hace mucha gracia sin que nadie sepa muy bién por qué. Y los hoyuelos... ¡ayyy esos hoyuelos!
Será por los pies, tan pequeños y perfectos, tan suaves que los besarías mil veces.
Será por su olor inigualable: olor a nuevo y recién hecho, a piel suave como la seda, a leche, a miel, a toda una vida por venir.
Será porque me encanta escuchar sus ruiditos adorables mientras se mira las manos en la cuna.
Será por esos ojos que me miran muy atentos, sonrientes, cuando le hablo, le mezo o le canto una canción.
Por todo ésto y mil razones más hoy me declaro completamente adicta. Estoy descubriendo lo adictivo que puede llegar a ser un bebé... y estoy sumida en esta fase y disfrutándola.
Lo malo es que me quedan 20 días de baja maternal y empiezo a tener ya mucho miedo al síndrome de abstinencia
jueves, 20 de septiembre de 2012
Ser mamá de dos
Ayer cumplió Julio tres meses, y, como dicen las señoras de cierta edad: "se me está criando muy bién". Me gusta esa frase y no sé muy bién porqué, nostálgica que es una. Es un bebé muy bueno, si por bueno entendemos que llora poco y duerme bastante bién por la noche -unas seis o siete horas seguidas de media, con alguna noche inspirada de ocho horas del tirón que me han dado la vida. Para resumir la situación os daré la opinión que he escuchado ayer y hoy de dos bocas distintas, mi madre y mi suegra: "le estás mimando más que a Manuel cuando era bebé"
La maternidad con el segundo, al menos para mí, es una maternidad más confiada, más segura, me siento ahora menos desbordada y en general más feliz de ser madre. Seguramente ya renuncié hace cuatro años a tener tiempo para mí: ya me empotré entonces con la realidad de lo que supone tener hijos: aparcar durante unos años a tu personita para dedicarte en cuerpo y alma a salvaguardar el bienestar de otra u otras que demandan mucho más de lo que al principio estamos preparados para dar. Y esa carga, que me pareció una losa pesadísima cuando nació Manuel, me resulta ahora ligera y fácil de llevar.
Será que sé por experiencia que esta etapa es sólo la primera de muchas, y que en todas ellas hay una parte buena buenísima, maravillosa diría yo, y otra horrorosa y que es la que te hace querer acelerar para llegar ya a la siguiente estación del tren. Ahora sé que hay que intentar vivir lo bueno con intensidad y sobrellevar lo malo, las pegas, lo mejor posible. Que ahora lo malo es la falta de sueño y el cansancio, pero más adelante lo malo serán las rabietas, que pegue a otros niños, los problemas en el cole, la lucha para que coma, la adolescencia... etc. etc. Sabiendo lo que viene después, que habrá un día que duerma del tirón doce horas, que me haga reír a carcajadas y me divierta con sus preguntas, su lógica aplastante, o simplemente hablando de peces o de dinosaurios. Segurante un día me dirá que me quiere hasta algo parecido a "el planeta donde viven las princesas de pelo largo", y tal vez tengamos un pequeño idilio a escondidas de su hermano... Ahora que he pisado algunas de las próximas estaciones, sé que ya habrá tiempo para educar y discutir, pero que esta parada es para dedicarme a la placentera y sencilla tarea de mimar a mi bebé .
Entran en la ecuación por supuesto otros parámetros, como tener ahora más ayuda con la casa, o vivir en un piso más grande y más cómodo. Pero sobre todo, me siento segura de lo que hago, me fió menos de libros, revistas y opiniones varias, y más de mi instinto y mi experiencia como madre. Además, me encanta ser mamá de dos cuando veo cómo el lechón babea de amor por su hermanito, le besa a todas horas, y le declara su amor a "el bebecín" -así le ha bautizado- una media de tres veces al día. ¡Qué bonitos son!
viernes, 27 de julio de 2012
Divagando sobre lactancia materna y alimentación infantil
Estos días en que me paso la vida alimentando a boquerón con una lactancia mixta que me trae algo loca, me pregunto por qué hay tanta información en Internet sobre la lactancia materna y tan poca, en cambio, para las que escogemos la lactancia mixta porque no podemos, o no queremos, alimentar a nuestro hijo exclusivamente al pecho.
Y también, mientras trato de leer sobre la alimentación "mitad y mitad" me sorprendo con una curiosa averiguación. La lactancia materna es un tema que hace correr ríos de tinta en blogs, publicaciones médicas y no médicas, foros, etc. En todas partes leo que es lo mejor para la mamá y el bebé, que refuerza el vínculo entre ambos, mejora las defensas del bebé frente a infecciones, es la alimentación más completa hasta los seis meses, ayuda a la madre a recuperarse mejor tras el parto y no sé cuántas cosas más. Y estoy segura de que es cierto, me lo creo a pies juntillas, no solo por lo que leo, sino porque además en la Sanidad Pública se encargan de reforzar este mensaje: matronas, enfermeras y pediatras, además de numerosos carteles en las maternidades y centros de salud, animan a las mamás a dar el pecho en exclusiva a los bebés hasta los seis meses. Y está muy bién que se vele por la salud de los pequeños, por su derecho a la alimentación más saludable, y que en aras de ella se nos insista en practicar la lactancia materna.
No obstante, a mí me llama la atención que tanta insistencia se limite casi solamente a esta etapa y no haya después una continuidad para lograr que los niños tengan la mejor alimentación, la más sana y equilibrada, durante TODA su infancia. No veo carteles, ni artículos, ni mensajes que hablen de la necesidad de que los niños coman fruta y verdura a diario, de limitar el consumo de bollería industrial, azúcares refinados, grasa animal... de educar a los niños para que en el futuro sepan comer. Más allá del año de edad, en las revisiones apenas se habla de alimentación, los pediatras y enfermeras no se preocupan de qué comen los niños, no hay "talleres" (como los de lactancia) para ayudar a los padres a dar a sus hijos una buena dieta, y en suma, no hay una campaña explícita a favor de una alimentación saludable en la infancia. O al menos yo, como madre de un niño de cuatro años, no la veo. Y teniendo en cuenta el preocupante aumento de la obesidad infantil en en España (el 19 por ciento de los niños la sufren, superando ya los índices de Estados Unidos), ya es hora de que la pongan en marcha con tanto ahínco como la que promueve la lactancia natural.
Tanto ahora como cuando nació el lechón, no puedo evitar sentirme un poco como una madre "de segunda" por no ser capaz de practicar la lactancia materna "con éxito". Es un término que se utiliza a menudo en muchas afirmaciones del tipo... "Para llevar a cabo una lactancia materna exitosa no hay que ofrecer al bebé chupetes ni biberones"... Parece que si no tienes "éxito" eres entonces un "fracaso" como madre. Dicen además que todas las leches maternas y todos los pechos son buenos y capaces de alimentar al bebé. Mi experiencia, y también las conversaciones como muchas otras madres, me dice que no siempre la teoría se cumple y que no todas somos capaces de alimentar a nuestros bebés solo al pecho, por mucho empeño y cariño que pongamos en el intento. Y eso no nos hace peores madres.
Otro día os explico las ventajas que he encontrado en la lactancia mixta (y también sus desventajas).
Y también, mientras trato de leer sobre la alimentación "mitad y mitad" me sorprendo con una curiosa averiguación. La lactancia materna es un tema que hace correr ríos de tinta en blogs, publicaciones médicas y no médicas, foros, etc. En todas partes leo que es lo mejor para la mamá y el bebé, que refuerza el vínculo entre ambos, mejora las defensas del bebé frente a infecciones, es la alimentación más completa hasta los seis meses, ayuda a la madre a recuperarse mejor tras el parto y no sé cuántas cosas más. Y estoy segura de que es cierto, me lo creo a pies juntillas, no solo por lo que leo, sino porque además en la Sanidad Pública se encargan de reforzar este mensaje: matronas, enfermeras y pediatras, además de numerosos carteles en las maternidades y centros de salud, animan a las mamás a dar el pecho en exclusiva a los bebés hasta los seis meses. Y está muy bién que se vele por la salud de los pequeños, por su derecho a la alimentación más saludable, y que en aras de ella se nos insista en practicar la lactancia materna.
No obstante, a mí me llama la atención que tanta insistencia se limite casi solamente a esta etapa y no haya después una continuidad para lograr que los niños tengan la mejor alimentación, la más sana y equilibrada, durante TODA su infancia. No veo carteles, ni artículos, ni mensajes que hablen de la necesidad de que los niños coman fruta y verdura a diario, de limitar el consumo de bollería industrial, azúcares refinados, grasa animal... de educar a los niños para que en el futuro sepan comer. Más allá del año de edad, en las revisiones apenas se habla de alimentación, los pediatras y enfermeras no se preocupan de qué comen los niños, no hay "talleres" (como los de lactancia) para ayudar a los padres a dar a sus hijos una buena dieta, y en suma, no hay una campaña explícita a favor de una alimentación saludable en la infancia. O al menos yo, como madre de un niño de cuatro años, no la veo. Y teniendo en cuenta el preocupante aumento de la obesidad infantil en en España (el 19 por ciento de los niños la sufren, superando ya los índices de Estados Unidos), ya es hora de que la pongan en marcha con tanto ahínco como la que promueve la lactancia natural.
Tanto ahora como cuando nació el lechón, no puedo evitar sentirme un poco como una madre "de segunda" por no ser capaz de practicar la lactancia materna "con éxito". Es un término que se utiliza a menudo en muchas afirmaciones del tipo... "Para llevar a cabo una lactancia materna exitosa no hay que ofrecer al bebé chupetes ni biberones"... Parece que si no tienes "éxito" eres entonces un "fracaso" como madre. Dicen además que todas las leches maternas y todos los pechos son buenos y capaces de alimentar al bebé. Mi experiencia, y también las conversaciones como muchas otras madres, me dice que no siempre la teoría se cumple y que no todas somos capaces de alimentar a nuestros bebés solo al pecho, por mucho empeño y cariño que pongamos en el intento. Y eso no nos hace peores madres.
Otro día os explico las ventajas que he encontrado en la lactancia mixta (y también sus desventajas).
lunes, 9 de julio de 2012
Hermanos
Estamos viviendo tantas cosas nuevas, tantas emociones, en estos primeros días de tener a Julio en casa, que no sé muy bién por donde empezar. Me gustaría ser capaz de plasmar aquí esas sensaciones, pero no es fácil. Ser mamá de dos es una aventura extraordinaria y agotadora, pero sobre todo emocionante. Hay veces que simplemente me dejo llevar por el trajín cotidiano y no me doy cuenta, pero esta vez, a diferencia de cuando nació Manuel, estoy intentando pararme de vez en cuando para darme cuenta, para disfrutar de los pequeños milagros que ocurren en esta familia que acaba de dar un vuelco. Trato de no pensar en el cansancio y en la falta de sueño para centrarme en lo hermoso y a la vez pasajero de esta nueva etapa que vivimos.
Los momentos más especiales, y que quiero atesorar para siempre en algún rinconcito de mi alma, son los que protagoniza Manuel como hermano mayor. Por ahora no hemos visto ni rastro de celos en su actitud, y sí en cambio un enternecedor afán protector de hermano mayor, mucho cariño y, sobre todo, muchos besos. Pese a que lo primero que dijo cuando vió a su hermanito recién nacido en el hospital fué: "huele muy mal", después de la llegada a casa de Julio, Manuel nos ha sorprendido a todos siendo el hermano más cariñoso que podáis imaginar. Se pasa el día dándole besos y caricias, se preocupa si llora, le pone el chupete, me llama a gritos diciéndome "mamiiii, que el hermanito quiere tetaaaaa". Ni siquiera protesta cuando le digo que no puedo jugar con él porque tengo que dar de comer al hermanito, o cuando tiene que esperar a que Julio termine de mamar para que le dé el desayuno. E incluso está mucho más besucón y cariñoso con el papá ejemplar y conmigo. Crucemos los dedos para que dure.
Ayer tuvimos uno de esos momentos "muero de amor". Manuel se estaba despidiendo de mí y de su hermano porque se marchaba a la playa con su abuela, tía Catia y prima Elena. De mí se despidió como si tal cosa, pero a su hermano le dió un beso muy sentido en la mejilla y le susurró al oído: "te voy a echar de menos, chiquitín"
Los momentos más especiales, y que quiero atesorar para siempre en algún rinconcito de mi alma, son los que protagoniza Manuel como hermano mayor. Por ahora no hemos visto ni rastro de celos en su actitud, y sí en cambio un enternecedor afán protector de hermano mayor, mucho cariño y, sobre todo, muchos besos. Pese a que lo primero que dijo cuando vió a su hermanito recién nacido en el hospital fué: "huele muy mal", después de la llegada a casa de Julio, Manuel nos ha sorprendido a todos siendo el hermano más cariñoso que podáis imaginar. Se pasa el día dándole besos y caricias, se preocupa si llora, le pone el chupete, me llama a gritos diciéndome "mamiiii, que el hermanito quiere tetaaaaa". Ni siquiera protesta cuando le digo que no puedo jugar con él porque tengo que dar de comer al hermanito, o cuando tiene que esperar a que Julio termine de mamar para que le dé el desayuno. E incluso está mucho más besucón y cariñoso con el papá ejemplar y conmigo. Crucemos los dedos para que dure.
Ayer tuvimos uno de esos momentos "muero de amor". Manuel se estaba despidiendo de mí y de su hermano porque se marchaba a la playa con su abuela, tía Catia y prima Elena. De mí se despidió como si tal cosa, pero a su hermano le dió un beso muy sentido en la mejilla y le susurró al oído: "te voy a echar de menos, chiquitín"
domingo, 15 de abril de 2012
Achaques y remordimientos
Treinta semanas de embarazo y me siento ya como un elefante lleno de achaques. No sólo por el peso de una voluminosa tripa que hace que me pregunten amenudo eso de "ya te queda poco no?", sino porque la ciática y los dolores musculares me tienen medio inválida y cada día me levanto con una nueva molestia. Me arrastro de agotamiento, y eso que no duermo del todo mal teniendo en cuenta las dos veces que me levanto a hacer pis y que el boquerón me despierta a patadas a las ocho menos cuarto cada mañana, domingos incluidos. Ojalá tanta regularidad sea síntoma de que va a ser algo más razonable en sus horarios que su hermano mayor. A los achaques propios del tercer trimestre hay que añadir que nos hemos mudado de casa (sí, de nuevo y por tercera vez en dos años), y que mi trabajo, como el de casi todas supongo, es cada vez más exigente y complicado en estos tiempos de crisis.
Y sé que la respuesta es tan fácil como pedir la baja por uno de mis mútiples achaques, olvidarme de todo y dedicarme a cuidarme, a vivir que son dos días, o al menos a disfrutar de algo de tranquilidad en estos dos meses que me quedan. Cuando le dije el otro día al ginecólogo que me duele la ciática me dijo que lo que tenía que hacer era nadar. Ja!¡Nadar1 Nada más, y nada menos... ¿Y eso cómo y cuándo lo hago? Por un lado, soy de secano y sé nadar lo justito para refrescarme en la piscina o en la playa entre vuelta y vuelta. Por otro, tengo el pelo largo, con lo que eso complica lo de la piscina y, por supuessto, ¡no tengo tiempo!
La verdad, me gustaría seguir el ejemplo de tantas otras, compañeras mías de trabajo y conocidas que a a los seis meses de embarazo se quedan en casa sin remordimientos. Que no digo yo que no haya casos justificados, que haberlos haylos, pero me consta que en muchas ocasiones es una simple mezcla de cansancio y una pizca de cuento lo que lleva a darse de baja a muchas embarazadas. Y lo entiendo, vaya si lo entiendo, lo entiendo tanto que me apetece horrores hacer lo mismo, pero no puedo. Tengo un sentido de la responsabilidad, un pepito grillo que me impide dar el paso aunque termine los días con ganas de llorar de puro agotamiento, con dolores, cojeando y echa una pena. Y no pretendo que nadie se compadezca de mí, porque lo que tengo es fruto de mi decisión, y nadie me está poniendo una pistola en el pecho para que siga saliendo a trabajar todos los día. Pero a veces me guataría estar hecha de otra pasta, porque la que me ha tocado es un verdadero incordio.
lunes, 17 de octubre de 2011
Escena en el AVE
Mamá en viaje de trabajo al teléfono: no sé si el iphone o la blackberry porque en un alarde de poderío tecnológico ella tiene los dos. Sujeta el teléfono con una mano mientras se muerde con ansiedad las uñas de la otra.
Al otro lado, su madre le dice, enfurruñada, "yo no digo nada" pero "yo ya estaría en urgencias". Pues eso, que "mejor no dices nada, y para tranquilizar no tienes precio".
De fondo los llantos de su hijo de tres años con 39 de fiebre, y ella casi alcanza a oler el humo que sale por las orejas del papá ejemplar que trata de lidiar con un pqueño malito y quejoso y, al tiempo, no se qué es peor, con una suegra a la que le cuesta horrores permanecer en segundo plano.
Entre la conversación con padre ejemplar agobiado perdido y otras entrecortadas con abuela protagonista al borde del ataque de nervios, mamá en viaje de trabajo contesta mails q le ayudan a evadirse, pero no puede evitar mirar con demasiada frecuencia la pantalla en el vagón del Ave q le recuerda q se esta alejando de su lechón a 274 km\h. Habla incluso con el niño, pero sólo unos segundos, y no puede evitar avergonzarse por su repentino tono ñoño ante el resto de viajeros, que dejan por un momento sus iphones y blackberrys para mirar asombrados a la mamá viajera.
El sentimiento de culpa le taladra y se fustiga recordando las palabras de su pequeño aquella misma mañana: mami no te vayaaaasss!
Qué más quisiera ella q quedarse: viajar llevando solo el cuerpo y dejando el corazon en casa es la mar de desagradable.
Al otro lado, su madre le dice, enfurruñada, "yo no digo nada" pero "yo ya estaría en urgencias". Pues eso, que "mejor no dices nada, y para tranquilizar no tienes precio".
De fondo los llantos de su hijo de tres años con 39 de fiebre, y ella casi alcanza a oler el humo que sale por las orejas del papá ejemplar que trata de lidiar con un pqueño malito y quejoso y, al tiempo, no se qué es peor, con una suegra a la que le cuesta horrores permanecer en segundo plano.
Entre la conversación con padre ejemplar agobiado perdido y otras entrecortadas con abuela protagonista al borde del ataque de nervios, mamá en viaje de trabajo contesta mails q le ayudan a evadirse, pero no puede evitar mirar con demasiada frecuencia la pantalla en el vagón del Ave q le recuerda q se esta alejando de su lechón a 274 km\h. Habla incluso con el niño, pero sólo unos segundos, y no puede evitar avergonzarse por su repentino tono ñoño ante el resto de viajeros, que dejan por un momento sus iphones y blackberrys para mirar asombrados a la mamá viajera.
El sentimiento de culpa le taladra y se fustiga recordando las palabras de su pequeño aquella misma mañana: mami no te vayaaaasss!
Qué más quisiera ella q quedarse: viajar llevando solo el cuerpo y dejando el corazon en casa es la mar de desagradable.
viernes, 5 de agosto de 2011
Reflexiones agostiles
-Hartita estoy de oir hablar de conceptos que no acierto a entender como "precio de la deuda", "primas de riesgo". Acabo de leer la siguiente frase en un diario y me he quedado ojoplática: "El riesgo país de la otra economía periférica atacada por los inversores camina en paralelo a la española: 417 puntos y un interés del 6,42%." ¿De verdad alguien entiende todo ésto? Yo no, y además, me deja fría y el único mensaje que me llega es "las cosas están fatal" y "de esta crisis no salimos en la vida ni con elecciones ni sin ellas".
- Mientras tanto, la emergencia alimentaria en el cuerno de África empieza a olvidarse porque parece que las grandes cifras de la economía mundial, los inversores y las fluctuaciones bursátiles son infinitamente más urgentes que algo tan sobrecogedor como que miles de niños pasen hambre y sufran enfermedades hacinados en campos de refugiados. Tengo que retirar la vista de la pantalla cuando aparecen las imágenes de estos pequeños desnutridos. Y he empezado a utilizar con el lechón aquellas sentencias de "cómetelo todo que hay niños en África que pasan mucha hambre..." Como si el hecho de que él se coma el brócoli fuera a aliviar en algo a los pobres somalíes. Me parece estar oyendo a mi madre hace 25 años... qué pena que las cosas hayan cambiado tan poco desde entonces. Me dan ganas de salir a la calle y sentarme en la Puerta del Sol: estas son las cosas que a mí me hacen estar INDIGNADA.
-Es agosto y por mucha crisis que haya, o tal vez por eso, media España está en la playa y la otra media durmiendo la siesta. La biblioteca municipal, oasis con montones de cuentos y aire acondicionado para tardes aburridas, está cerrada por inventario: YA! Y yo voy y me lo creo.
- La semana pasada llevamos al lechón al cine por primera vez y le encantó. Se tragó CARS 2 enterita y parecía estar pegado al asiento con "superglue". Nunca había estado quieto y despierto durante tanto tiempo. Me pregunto si la de los Pitufos será ya demasiado para él, pero me apetece verla y lo mismo este fin de semana lo intentamos.
- Estoy pensando en cambiarme a Wordpress porque con blogger no consigo comentar la mitad de las veces. Empezar de cero con un programa nuevo se me hace cuesta arriba, así que no acabo de animarme.
- El lechón empieza a preguntar qué es eso que tienen todos los niños en el parque menos él: "hermanos". Yo intento convencer a la papá ejemplar para ir a por otro, pero me dice que mejor me compre un perro... A mí me encantan los cachorros, casi más que los bebés, pero no consigo hacerme a la idea de renunciar a ser madre otra vez. Estoy por sentarme en la puerta del Sol también por ésto, a ver si así me hace caso.
- Mientras tanto, la emergencia alimentaria en el cuerno de África empieza a olvidarse porque parece que las grandes cifras de la economía mundial, los inversores y las fluctuaciones bursátiles son infinitamente más urgentes que algo tan sobrecogedor como que miles de niños pasen hambre y sufran enfermedades hacinados en campos de refugiados. Tengo que retirar la vista de la pantalla cuando aparecen las imágenes de estos pequeños desnutridos. Y he empezado a utilizar con el lechón aquellas sentencias de "cómetelo todo que hay niños en África que pasan mucha hambre..." Como si el hecho de que él se coma el brócoli fuera a aliviar en algo a los pobres somalíes. Me parece estar oyendo a mi madre hace 25 años... qué pena que las cosas hayan cambiado tan poco desde entonces. Me dan ganas de salir a la calle y sentarme en la Puerta del Sol: estas son las cosas que a mí me hacen estar INDIGNADA.
-Es agosto y por mucha crisis que haya, o tal vez por eso, media España está en la playa y la otra media durmiendo la siesta. La biblioteca municipal, oasis con montones de cuentos y aire acondicionado para tardes aburridas, está cerrada por inventario: YA! Y yo voy y me lo creo.
- La semana pasada llevamos al lechón al cine por primera vez y le encantó. Se tragó CARS 2 enterita y parecía estar pegado al asiento con "superglue". Nunca había estado quieto y despierto durante tanto tiempo. Me pregunto si la de los Pitufos será ya demasiado para él, pero me apetece verla y lo mismo este fin de semana lo intentamos.
- Estoy pensando en cambiarme a Wordpress porque con blogger no consigo comentar la mitad de las veces. Empezar de cero con un programa nuevo se me hace cuesta arriba, así que no acabo de animarme.
- El lechón empieza a preguntar qué es eso que tienen todos los niños en el parque menos él: "hermanos". Yo intento convencer a la papá ejemplar para ir a por otro, pero me dice que mejor me compre un perro... A mí me encantan los cachorros, casi más que los bebés, pero no consigo hacerme a la idea de renunciar a ser madre otra vez. Estoy por sentarme en la puerta del Sol también por ésto, a ver si así me hace caso.
miércoles, 11 de mayo de 2011
Tiempo de cambios
En menos de dos semanas estaremos de vuelta en Madrid y me invaden sensaciones ambivalentes. El miedo a los cambios me ha acompañado desde niña, tal vez porque mis padres no fueron de los que amaban la estabilidad ni la rutina, e hicimos y deshicimos cajas y maletas más veces de las que me hubiera gustado. Recuerdo cada mudanza, cada cambio de colegio y cada nuevo escenario como un precipicio ante mis ojos. Recuerdo la sensación del suelo moviéndose bajo mis pies, la melancolía por lo que dejaba atrás, el rechazo a lo nuevo, el miedo y la angustia de decir adiós a un hogar para intentar crear algo parecido entre cuatro paredes que sentía ajenas. No estoy segura de cuánto duraba aquella inseguridad, si eran días o semanas, no sé si la melancolía era real o sobre actuada, que yo de niña fui muy dramática, pero sí tengo la certeza de que aquello no me gustaba ni pizca y de que más de una noche me dormí llorando y angustiada.
Y ahora la historia se repite y yo también pongo a mi niño en ese brete. No puedo evitar sentirme algo culpable. Primero tuvo que despedirse de su familia y de su pequeño mundo y ahora, que por fín se siente cómodo en Bali, que adora su "Playground", que chapurrea inglés, que está rodeado de amigos... toca hacer las maletas de nuevo. Ha cambiado mucho en los últimos dos meses, y se está haciendo mayor a cada rato. Se nota porque es consciente del tiempo y el espacio. Sabe dónde vivimos, conoce cada calle y cada esquina. Entiende cada vez más el transcurrir de los días, el paso de las horas, los cambios en la luz. Me aterra que al llegar a Madrid me diga, igual que el último fin de semana que salimos de viaje, "mami, yo quiero ir a casa". Por suerte o no, Bali es la única casa que conoce y recuerda. Ayer, mientras veíamos a través de Skype el que será nuestro nuevo piso de Madrid, Manuel exclamó con decisión y un gesto hosco: "me gusta más esta casa". Se me partió un poquito el corazón. Yo también extrañaré las flores de loto en el estanque, la vegetación frondosa, el vivir permanentemente al aire libre... Sé que perdemos cosas pero ganamos otras más importantes. Abuelas, primos, tíos... amiguitos con los que hablar en español. Echaremos de menos ir a la playa a menudo, pero tendremos días de invierno soleados y paseos por el Madrid de los Austrias. Soñaremos con batidos de frutas naturales al borde del mar, pero se nos alegrará el corazón viendo los tulipanes florecer en la Castellana en primavera. Extrañaremos la belleza de los arrozales pero disfrutaremos de aperitivos gloriosos en las tascas de La Latina. Recordaremos a los amigos que dejamos aquí, pero tenemos a todo un ejército esperándonos en España con toneladas de ilusión. Hemos tenido la inmensa suerte de vivir esta experiencia y es hora de volver, y lo hacemos con muchas ganas porque, en la distancia, se aprecian mejor los detalles de lo que has dejado atrás.
Ha llegado el momento de preparar a Manuel para el cambio, y espero hacerlo mejor esta vez, porque creo que cuando vinimos, hace nueve meses, estuvimos demasiado centrados en nosotros mismos y no calibramos bien las necesidades de un niño de poco más de dos añitos que se enfrentaba a todo un terremoto vital para el que no estaba entrenado. Hoy, con casi tres años, el lechón está madurando, física y emocionalmente, y tiene un carácter cada vez más parecido al de su madre: genio endiablado, impaciente, gruñón, sensible, dramático... ¡Ha heredado todos mis defectos! Sólo espero que no le aterren los cambios tanto como a mí, y que éstos le hagan más fuerte, más flexible y sociable, más abierto, mejor persona.
viernes, 5 de noviembre de 2010
¿Nuestro sistema educativo es una catástrofe?
Es lo que afirma Ken Robinson en esta conferencia absolutamente genial. Debemos seguir enseñando a nuestros hijos matemáticas y lengua como LAS materias fundamentales, o tal vez deberíamos capatizarles para otro tipo de actividades más creativas. A mí, después de escuchar lo que dice este señor de sorprendente locuacidad, me dan ganas de salir corriendo y apuntar a Manuel en el equipo olímpico de atletismo/ baloncesto/ fútbol o similar para minialevines. ¿Vosotros qué opináis?
El vídeo tiene subtítulos en español, pero hay que activarlos en la pestañita "view subtitles".
El vídeo tiene subtítulos en español, pero hay que activarlos en la pestañita "view subtitles".
lunes, 20 de septiembre de 2010
Guerra y paz

Hoy hace un mes que salimos de España, y me parece que han pasado seis. No es que haya pasado despacio, no es eso ¡Es que han pasado tantas cosas! Tengo la sensación de que en Madrid la vida se nos pasa deprisa porque en realidad no nos pasa casi nada. Cada día es muy similar al anterior, y cuando miramos atrás, hacia nuestro último mes, en general tenemos dos o tres cosas que destacar entre nuestros recuerdos, mientras el resto de nuestras vivencias se pierden entre las neblinas de la monotonía. Cada día vemos las mismas caras, comemos las mismas cosas, llamamos a las mismas personas y sabemos lo que ocurrirá después.
De eso huíamos un poco cuando decidimos venirnos a vivir a Bali. Queríamos escapar del aburrimiento, de la monotonía y de hacer "lo que nos toca" desde ahora y hasta la jubilación. Cuando tomamos esta gran decisión seguramente no tuvimos en cuenta que a los niños lo que les dá seguridad y les hace sentir bién es precisamente saber qué es lo que viene después. Saber que después del baño viene la cena y después a dormir. Conocer el camino hasta el parque y pasar siempre por el mismo bar con el mismo perro en la puerta. Saludar a las vecinas, jugar con los "amiguitos" en el tobogán conociendo sus nombres... y entendiendo lo que dicen! Comer lo mismo cada día, ver los mismos capítulos de Pocoyo, dormir en su preciosa habitación de siempre... Si has leído hasta aquí supongo que ya entiendes por donde voy. Pues eso, que Manuel no está llevando nada bién todo esto de la mudanza y se porta fatal.
Todo con él es una batalla, cuando no una guerra declarada. Intentamos hacer las cosas con mucha mano izquierda, y antes de llegar al enfado y al castigo damos mil vueltas, os lo aseguro. Imaginación al poder. Papá ejemplar y yo nos hemos hecho fuertes en la adversidad y tenemos dos millones de recursos para cuando empieza a asomar el mal genio del lechón: hacerle reir con cosquillas, jugar a ser leones, delfines o robots, darle masajes, cantar como los siete enanitos de Blancanieves, contarle cuentos sobre niños que se portan muy bién y sus padres están orgullosísimos... Sin embargo, es muy difícil y está poniendo a prueba constantemente mi naturaleza impulsiva e impaciente, así que en casa hay más malas caras , amenazas y enfados de lo que me gustaría. Echo de menos a mi niño dulce y simpático, alegre y divertido, porque estos días casi nunca saca su mejor cara. Especialmente conmigo. Parece que en esta guerra que nos tiene declarada me ve como la capitana del escuadrón enemigo. A su padre le hace más caso y le reta menos que a mí. Y eso me duele. Intento acercarme a él, darle cariño, y me rechaza, buscando a cambio a su padre como para molestarme. Por otro lado es un alivio saber que si yo no puedo conseguir el objetivo, si nuestras conversaciones de paz se bloquean, puedo recurrir a mi aliado para que encuentre una nueva hoja de ruta.
Y en medio de toda esta guerra hay momentos en los que me hace reir, en que me llena de ternura y orgullo y me lo como a besos (aunque me aparta el desagradecido). Entonces vuelvo a sentirme tan enamorada de mi niño como siempre y sé que soy la peor madre del mundo, mientras me siento fatal por haber despotricado de él un minuto y medio antes. Ejemplos: Está haciendo grandísimos progresos y habla de maravilla. Construye frases sorprendentes y hasta termina las mías cuando le cuento alguna historia por la noche; En el "Playgroup" ya está completamente adaptado y desde la semana pasada ya no llora cuando le dejamos. Su profesora me dice que sigue muy bién el ritmo, que es muy listo y es bueno con los otros niños; Las calles de Bali están llenas de flores de frangipani, y cuando vamos caminando amenudo coje una del suelo y me la dá diciendo: "una flor de mami"; Cuando ve un caracol y me dice entusiasmado: "mira, mami, es un caracol-col-col..."
Supongo que no es solo la mudanza, que además es una "etapa" y que también pasará. Está reafirmando su personalidad, marcando sus límites y los nuestros, y está claro que no va a ser ningún pusilánime este niño mío. No sé de qué me quejo, nunca me ha gustado la gente que no tiene carácter. A quién habrá salido...
martes, 8 de junio de 2010
Terribles dos
Suelo derrochar amor en mis posts y la verdad es que soy de un empalagoso que doy asco. Pero hoy no. Hoy voy a confesaros que he tenido muy malos pensamientos este fin de semana. El enano se ha portado tan mal que me preguntaba en qué hora se me ocurrió que tener hijos podía ser buena idea, y por qué no me habría decidido yo por un perro, con lo mucho que me gustan. Como dice el papá ejemplar, los canes son más cariñosos, mucho más dóciles y uno les puede mandar al jardín cuando dan guerra.
En Madrid era puente y hemos estado cuatro días en Barcelona, en casa de mi comadre. Ella tiene tres hijos preciosos, que van rectos como velas y cuyo comportamiento bastante ejemplar. Eso tampoco ayuda. Por el contrario, Manuel ha sido una mezcla entre el niño del exorcista y el increíble Hulk. Despierto desde mucho antes de que sea legal, ¡¡¡¡¡¡6.30AM!!!!!, lloriqueante y muerto de sueño todo el día, desobediente, pegón, llorón (sí, ya lo he dicho, pero es que ha llorado mucho), hiperactivo, caprichoso, arisco…
Está claro que este niño mío no asume bién los cambios en su rutina, que está pasando por una fase digamos difícil, que los “terribles dos”, y tal cual… pero desde ya mismo lo digo: Yo así NO PUEDO.
En Madrid era puente y hemos estado cuatro días en Barcelona, en casa de mi comadre. Ella tiene tres hijos preciosos, que van rectos como velas y cuyo comportamiento bastante ejemplar. Eso tampoco ayuda. Por el contrario, Manuel ha sido una mezcla entre el niño del exorcista y el increíble Hulk. Despierto desde mucho antes de que sea legal, ¡¡¡¡¡¡6.30AM!!!!!, lloriqueante y muerto de sueño todo el día, desobediente, pegón, llorón (sí, ya lo he dicho, pero es que ha llorado mucho), hiperactivo, caprichoso, arisco…
Está claro que este niño mío no asume bién los cambios en su rutina, que está pasando por una fase digamos difícil, que los “terribles dos”, y tal cual… pero desde ya mismo lo digo: Yo así NO PUEDO.
jueves, 29 de abril de 2010
Cosas maravillosas
Navegando aquí y allí he encontrado un blog que bién merece una visita. Se llama “1000 Awesome things” (1000 cosas maravillosas) y su autor tratan de hacer una lista (en inglés) de esas pequeñas, inesperadas, anecdóticas, cotidianas alegrías que nos da la vida: una canción que suena en el momento justo, el olor a pan recién hecho, un rayo de sol sobre la espalda en invierno… Las ideas más insospechadas caben en esta web, y hay algunas con las que coincido plenamente.
#995 encontrar dinero que no recordabas haber perdido (en una chaqueta, el abrigo del año pasado, o en ese bolsito que solo uso para las bodas, un clásico!)
#977 el olor a gasolina (lo sé, estoy enferma, a mí también me encanta, y también el de pegamento de contacto, los rotuladores permanentes, y las cerillas)
#973 dormir en sábanas limpias (ahhh! adoro ese momento, esa sensación fresca, cuando aún huelen a suavizante… y si son blancas y de algodón muchísimo mejor)
#970 usar el baño del hall de un hotel cuando estás haciendo turismo (Adoro los baños de los hoteles. Cuanto más lujosos, mejor. Estuvimos en Nueva York cuando estaba embarazada, y hacía pis cada media hora, así que creo que conocimos los baños de todos y cada uno de los hoteles de Manhattan)
La primera vez que conduces, estornudar tres veces seguidas, pelar una naranja de una sola pieza, tu almohada, el olor a cebolla frita (y a ajo!), recibir correo escrito a mano, dormir la siesta acompañado, un día de nieve… ¡Hay tantas cosas maravillosas! ¿Cuáles son las vuestras?
De las que he leído, mis favoritas son:
#520 cuando un bebé se queda dormido sobre tu pecho (si ese bebé es tu hijo, la alegría se multiplica)
#570 el abrazo de un bebé antes de irte (que si es tu hijo te hace salir por la puerta con una sonrisa que dura al menos hasta llegar al coche)
#995 encontrar dinero que no recordabas haber perdido (en una chaqueta, el abrigo del año pasado, o en ese bolsito que solo uso para las bodas, un clásico!)
#977 el olor a gasolina (lo sé, estoy enferma, a mí también me encanta, y también el de pegamento de contacto, los rotuladores permanentes, y las cerillas)
#973 dormir en sábanas limpias (ahhh! adoro ese momento, esa sensación fresca, cuando aún huelen a suavizante… y si son blancas y de algodón muchísimo mejor)
#970 usar el baño del hall de un hotel cuando estás haciendo turismo (Adoro los baños de los hoteles. Cuanto más lujosos, mejor. Estuvimos en Nueva York cuando estaba embarazada, y hacía pis cada media hora, así que creo que conocimos los baños de todos y cada uno de los hoteles de Manhattan)
La primera vez que conduces, estornudar tres veces seguidas, pelar una naranja de una sola pieza, tu almohada, el olor a cebolla frita (y a ajo!), recibir correo escrito a mano, dormir la siesta acompañado, un día de nieve… ¡Hay tantas cosas maravillosas! ¿Cuáles son las vuestras?
De las que he leído, mis favoritas son:
#520 cuando un bebé se queda dormido sobre tu pecho (si ese bebé es tu hijo, la alegría se multiplica)
#570 el abrazo de un bebé antes de irte (que si es tu hijo te hace salir por la puerta con una sonrisa que dura al menos hasta llegar al coche)
martes, 16 de marzo de 2010
Pintando y Bailando
Ultimamente me paso el día pintando. En cuanto Manuel me ve llegar del trabajo, lo primero que hace es ir al lugar de su cuarto donde guardamos los plastidecores y el cuaderno, mientras dice, "mami, pimpar". Y pone tanto interés que no hay quien se resista. Al final él pinta entre poco y nada, porque lo que le gusta es que yo vaya dibujando cosas mientras le cuento historias, o le pregunto lo que son para que las idenfique, o, lo que ya es la pera limonera, que pinte lo que él me pide. Así a lo tonto estoy aprendiendo a dibujar las cosas más insospechadas, desde helicópteros (toto) hasta tractores (tato) -lo que me sale podía ser un tractor o un mapa de Noruega... cualquier cosa, pero Manuel es muy agradecido. También pinto trenes, autobuses (cómo no), grúas (con más bién poco éxito), así como Pocoyo, Ely y toda sus tropa... Si por mi niño fuera, pintando podría pasar horas, y él pegadito a mí y tan feliz. Es agotador, pero lo bueno es que me sirve para enseñarle un montón de cosas, y pintando está aprendiendo las formas: ya identifica cuadrado, triangulo, círculo, corazón, flor, rombo... Los colores, se los sabe bastante bién, aunque el verde y el azul los confunde bastante, y su favorito parece ser el rosa de Ely. Intento también que aprenda a reconocer los números, y en ésto aún no he tenido suerte, pero de tanto oirlo ha aprendido a contar hasta seis, y cuando le preguntas ¿cuántos coches hay? empieza..."uno, tes, cato, tico, te". Me parto de la risa.
Incluso por la noche, cuando después de su cuento y sus rituales, le metemos en la cuna, se parte de risa mientras su padre y yo le abrochamos el saquito y le damos las buenas noches. Abraza la almohada, a su muñeca Ely, y se queda tan contento. Si entras a los cinco minutos está frito, y hasta el día siguiente. Es un niño muy feliz. Y yo también lo soy por tenerle a mi lado.
Y es que mi niño es la alegría de la huerta, el tesoro de la casa. Nos alegra los días con su entusiasmo contagioso, su sonrisa, sus fiestas para cualquier pequeña cosa que ocurre. Ahora le ha dado también por bailar, y nos señala el reproductor diciendo "a bilar", y enloquece de emoción cuando ponemos música marchosa y bailamos los tres en medio del salón. Quería poneros un vídeo demostrativo que grabamos este fin de semana, pero no sé por qué ahora no consigo subirlo...
miércoles, 10 de marzo de 2010
24 horas de una madre trabajadora
Mi lunes empezó el domingo 7 de marzo:
17.00h: me despido del lechón y su papá ejemplar para emprender camino al aeropuerto. Me voy a Barcelona porque al día siguiente celebro un almuerzo para la prensa catalana, pero viajo el domingo para poder pasar unas horitas con mis sobrinos. Manuel se niega a darme un besito de despedida y prácticamente me empuja para que me vaya, sin piedad alguna, con tal de cerrar la puerta tras de mí, que es uno de sus juegos favoritos.
17.50: llego por fín a la T4 de Barajas, tras haberme perdido por emescincuentas, emescuarentas y fantasmagóricas autopistas de peaje... No es que no conozca la zona, he ido cientos de veces, es que busco una gasolinera porque voy en reserva (algo bastante habitual en mí). Al final no logro acceder a ninguna de las ocho gasolineras que vislumbro desde la autopista, sigo en reserva 30 kilómetros más tarde, y encima llego con el tiempo justo. Aparco en el parking D y al bajarme del ascensor me doy cuenta de que debería haber dejado el coche en la C, que está más cerca. Prometo no olvidarme la próxima vez.
18.30 Después de casi desnudarme en el control de seguridad, y de caminar al menos dos kilómetros, llego jadeante a la puerta embarque H16, más lejos no la había. Cuando veo además que el vuelo lleva media hora de retraso me prometo a mi misma ir en AVE la próxima vez. Escucho la conversación de cuatro chicas que sin duda vuelven de una despedida de soltera, están comentando las mejores jugadas de la noche anterior, ¡qué envidia!
21.15 llego a casa de Marta, mi comadre y disfruto un rato de sus niños. Viendo a Blanca, que ya tiene ocho años, y a los mellizos, de cinco, pienso en lo rápido que pasa el tiempo y en que tengo que aprovechar el mío con Manuel.
23.00 hablo por teléfono con el papá ejemplar, todo en orden en casa, Manuel duerme como un angelito
24.15 me acuesto junto a Blanca y al verla dormida, tan mona, pienso en cambiar ya al lechón de la cuna a la cama, aunque solo sea para poder tumbarme a su ladito.
Lunes 8 de marzo:
8.45 segundo café al volver de llevar al cole a los peques. Hace un día horrible y parece que está empezando a nevar.
12.00 reunión Telefónica con mis jefes. Cada vez nieva más y hace un frío que pela
12.30. Llego al lugar del almuerzo para prepararlo todo. Marta me acompaña. Como nos sobra media hora, y estamos algo majaretas, decidimos desafiar el temporal y salir a dar una vuelta por las tiendas.
14.00-16.00 almuerzo de trabajo con varias cancelaciones de última hora por culpa del temporal. Todas mujeres, hablamos poco de trabajo y mucho de niños, maridos, viajes, cotilleos, Shakira, los Oscars, y otros temas inconexos. Enseño orgullosa las fotos de Manuel en el móvil, todas dicen que es muy guapo. ¡Qué van a decir! Empieza a nevar en serio.
16.00 h. me pregunto si saldrán vuelos porque la nevada es impresionante. El mío es a las 17.45, así que pido un taxi en el restaurante pero pasado un rato me recomiendan pararlo en la calle porque tardan mucho en venir. Con la ayuda de algunas de mis invitadas encuentro uno bastante rápido, pero corro el riesgo de matarme porque la calle está llena de nieve y yo llevo unos tacones de vértigo, preciosos, pero nada apropiados para el día.
17.08 mostrador de Vueling, me dicen que mi vuelo está cerrado, que lo cierran 45 minutos antes de la salida. Me quiero morir. El siguiente es a las 19.00 y tengo que pagar un bonito recargo. Deprimida, me siento en un banco, me quito los tacones y me pongo las botas bajas. Llamo a mi madre para llorarle un poco y saber qué tal anda Manuel. Mi niño me manda un"mua" telefónico y hace que me sienta mejor.
1800 me compro una botella de agua en una máquina de vending
18.10 el simpático guardia del control seguridad me obliga a tirar la botella prácticamente entera para poder pasar a la zona de embarque. No entiendo nada de las normas de regulación aérea. Que alguien me explique las razones para que no se pueda volar con una inocente botella de agua, y en cambio sí se pueda llevar un mechero, unas cerillas, o sin ir más lejos un móvil, que hasta donde yo sé se usa como detonador de explosivos...
18.30 llego a la puerta de embarque, y en cuanto el vuelo aparece en la pantallita decido ponerme en la cola. Es algo que nunca hago, pero esta vez temo que el vuelo vaya lleno y me obliguen a facturar la maleta, porque es algo grande para ir en cabina. Si eso pasa y luego tengo que recogerla en las cintas de la T4 tardaría casi una hora más en llegar a casa, vamos, casi otro viaje.
19.30 aún en la cola del embarque. Nos acaban de anunciar que va con retraso, ¡no me digas! y que saldremos en 15 minutos. Pienso que si fuera verdad aún llegaría a casa sobre las 21.30h y que vería a Manuel despierto.
20.00 empezamos a embarcar. La azafata del control mira mi maleta y decide ponerle la etiqueta fatídica, la que sin duda supone su destierro a la bodega del avión y el fin de toda esperanza de ver a mi hijo despierto. Me dá un resguardo y me indica que deje la maleta a la entrada del avión. Ni de coña. En el finger arranco aquella lacra rápidamente, saltándome alguna norma de aviación internacional, seguro, y me subo al avión con cara de nunca haber roto un plato y dirigiéndole a la otra azafata una amplia sonrisa.
20.30 "Bienvenido al vuelo xxx de Vueling, gracias por habernos elegido, para agilizar el embarque, coloca tu maleta en los compartimentos superiores..., escucha con atención las siguientes medidas de seguridad... desconecta tu móvil..." Llamadme antigua, pero me choca que me tuteen, especialmente después de haberme negado el embarque a mi vuelo, de hacerme pagar casi otro billete, de soportar un retraso de hora y media... No sé, después de un día así prefiero que me traten de usted....me siento un poco agredida.
20:40 El avión despega y me doy cuenta de que ya es irremediable, Manuel estará dormido cuando llegue. Siento una punzada de pena en el corazón. No le veré hasta mañana... Me deseo a mí misma (y a vosotras también) feliz día de la mujer trabajadora
17.00h: me despido del lechón y su papá ejemplar para emprender camino al aeropuerto. Me voy a Barcelona porque al día siguiente celebro un almuerzo para la prensa catalana, pero viajo el domingo para poder pasar unas horitas con mis sobrinos. Manuel se niega a darme un besito de despedida y prácticamente me empuja para que me vaya, sin piedad alguna, con tal de cerrar la puerta tras de mí, que es uno de sus juegos favoritos.
17.50: llego por fín a la T4 de Barajas, tras haberme perdido por emescincuentas, emescuarentas y fantasmagóricas autopistas de peaje... No es que no conozca la zona, he ido cientos de veces, es que busco una gasolinera porque voy en reserva (algo bastante habitual en mí). Al final no logro acceder a ninguna de las ocho gasolineras que vislumbro desde la autopista, sigo en reserva 30 kilómetros más tarde, y encima llego con el tiempo justo. Aparco en el parking D y al bajarme del ascensor me doy cuenta de que debería haber dejado el coche en la C, que está más cerca. Prometo no olvidarme la próxima vez.
18.30 Después de casi desnudarme en el control de seguridad, y de caminar al menos dos kilómetros, llego jadeante a la puerta embarque H16, más lejos no la había. Cuando veo además que el vuelo lleva media hora de retraso me prometo a mi misma ir en AVE la próxima vez. Escucho la conversación de cuatro chicas que sin duda vuelven de una despedida de soltera, están comentando las mejores jugadas de la noche anterior, ¡qué envidia!
21.15 llego a casa de Marta, mi comadre y disfruto un rato de sus niños. Viendo a Blanca, que ya tiene ocho años, y a los mellizos, de cinco, pienso en lo rápido que pasa el tiempo y en que tengo que aprovechar el mío con Manuel.
23.00 hablo por teléfono con el papá ejemplar, todo en orden en casa, Manuel duerme como un angelito
24.15 me acuesto junto a Blanca y al verla dormida, tan mona, pienso en cambiar ya al lechón de la cuna a la cama, aunque solo sea para poder tumbarme a su ladito.
Lunes 8 de marzo:
8.45 segundo café al volver de llevar al cole a los peques. Hace un día horrible y parece que está empezando a nevar.
12.00 reunión Telefónica con mis jefes. Cada vez nieva más y hace un frío que pela
12.30. Llego al lugar del almuerzo para prepararlo todo. Marta me acompaña. Como nos sobra media hora, y estamos algo majaretas, decidimos desafiar el temporal y salir a dar una vuelta por las tiendas.
14.00-16.00 almuerzo de trabajo con varias cancelaciones de última hora por culpa del temporal. Todas mujeres, hablamos poco de trabajo y mucho de niños, maridos, viajes, cotilleos, Shakira, los Oscars, y otros temas inconexos. Enseño orgullosa las fotos de Manuel en el móvil, todas dicen que es muy guapo. ¡Qué van a decir! Empieza a nevar en serio.
16.00 h. me pregunto si saldrán vuelos porque la nevada es impresionante. El mío es a las 17.45, así que pido un taxi en el restaurante pero pasado un rato me recomiendan pararlo en la calle porque tardan mucho en venir. Con la ayuda de algunas de mis invitadas encuentro uno bastante rápido, pero corro el riesgo de matarme porque la calle está llena de nieve y yo llevo unos tacones de vértigo, preciosos, pero nada apropiados para el día.
17.08 mostrador de Vueling, me dicen que mi vuelo está cerrado, que lo cierran 45 minutos antes de la salida. Me quiero morir. El siguiente es a las 19.00 y tengo que pagar un bonito recargo. Deprimida, me siento en un banco, me quito los tacones y me pongo las botas bajas. Llamo a mi madre para llorarle un poco y saber qué tal anda Manuel. Mi niño me manda un"mua" telefónico y hace que me sienta mejor.
1800 me compro una botella de agua en una máquina de vending
18.10 el simpático guardia del control seguridad me obliga a tirar la botella prácticamente entera para poder pasar a la zona de embarque. No entiendo nada de las normas de regulación aérea. Que alguien me explique las razones para que no se pueda volar con una inocente botella de agua, y en cambio sí se pueda llevar un mechero, unas cerillas, o sin ir más lejos un móvil, que hasta donde yo sé se usa como detonador de explosivos...
18.30 llego a la puerta de embarque, y en cuanto el vuelo aparece en la pantallita decido ponerme en la cola. Es algo que nunca hago, pero esta vez temo que el vuelo vaya lleno y me obliguen a facturar la maleta, porque es algo grande para ir en cabina. Si eso pasa y luego tengo que recogerla en las cintas de la T4 tardaría casi una hora más en llegar a casa, vamos, casi otro viaje.
19.30 aún en la cola del embarque. Nos acaban de anunciar que va con retraso, ¡no me digas! y que saldremos en 15 minutos. Pienso que si fuera verdad aún llegaría a casa sobre las 21.30h y que vería a Manuel despierto.
20.00 empezamos a embarcar. La azafata del control mira mi maleta y decide ponerle la etiqueta fatídica, la que sin duda supone su destierro a la bodega del avión y el fin de toda esperanza de ver a mi hijo despierto. Me dá un resguardo y me indica que deje la maleta a la entrada del avión. Ni de coña. En el finger arranco aquella lacra rápidamente, saltándome alguna norma de aviación internacional, seguro, y me subo al avión con cara de nunca haber roto un plato y dirigiéndole a la otra azafata una amplia sonrisa.
20.30 "Bienvenido al vuelo xxx de Vueling, gracias por habernos elegido, para agilizar el embarque, coloca tu maleta en los compartimentos superiores..., escucha con atención las siguientes medidas de seguridad... desconecta tu móvil..." Llamadme antigua, pero me choca que me tuteen, especialmente después de haberme negado el embarque a mi vuelo, de hacerme pagar casi otro billete, de soportar un retraso de hora y media... No sé, después de un día así prefiero que me traten de usted....me siento un poco agredida.
20:40 El avión despega y me doy cuenta de que ya es irremediable, Manuel estará dormido cuando llegue. Siento una punzada de pena en el corazón. No le veré hasta mañana... Me deseo a mí misma (y a vosotras también) feliz día de la mujer trabajadora
viernes, 19 de febrero de 2010
Inés del alma mía
Le he robado/plagiado el título a Isabel Allende, pero es que me viene de perlas. Es una novela maravillosa, que leí hace unos meses, en torno al personaje histórico de Inés Suárez, heroína y conquistadora de Chile en el siglo XVI junto a su amado Pedro de Valdivia.
Y me viene al pelo para hablar de otra Inés, mi “heroína” particular, que es la persona que cuida de mi lechón mientras yo trabajo, hago la compra y, a veces, sólo cuando es ya imprescindible, voy a la peluquería. Algo debo de haber hecho bien en la vida para haberla encontrado, no os digo más. Y a la primera, esto sí que es una lotería. Por suerte no he tenido que ver desfilar a varias hasta dar con la adecuada como les ha pasado a muchas. Inés tiene alrededor de 50 años, viene de Santo Domingo, y allí dejó a sus dos hijos y dos nietos a los que adora y extraña muchísimo. También tiene un porrón de hermanas, cuatro o cinco, y mamá, como ella dice, que está mayor y delicada. Inés es trabajadora, no para en todo el día para tener la casa perfecta y además atender a Manuel, jugar con él , cocinar… Quiere muchísimo al lechón, y él también la adora.
Me conoce, sabe lo maniática e insoportable que puedo llegar a ser, y ha aprendido a hacer las cosas como a mí me gustan, su tortilla de patatas está de muerte y el caldito para la sopa de Manuel ya no digamos. Sabe de mis prontos, y que tal como vienen se me pasan, y espero que también sepa perdonármelos. Ella ha hecho que mi vida de madre trabajadora sea infinitamente más fácil de lo que hubiera imaginado. Aún así acabo el día rendida, después del estrés de la oficina y la tarde con mi terremoto particular… pero no quiero pensar cómo serían mis días si ella no estuviera!
Tiene que ser muy duro para Inés, y para tantas otras mujeres en su situación, vivir tan lejos de su familia, y cuidar de los niños de otros sabiendo que se pierden ver crecer a los suyos. Seguro que se sentirá sola muchas veces, y me consta que llora de vez en cuando… de morriña, de impotencia por que le falta el abrazo de su nietecita de cinco años, que es su mayor tesoro. Se sentirá helada por este clima tan frío de Madrid, que también se refleja en nuestros modales bruscos, tan distintos de la sutileza, de la calidez con la que se expresan los caribeños. Yo también estoy aprendiendo a corresponder con cariño y reconocimiento a sus detalles, y a sus desvelos. Aprendiendo a ser más dulce, que a veces soy un cardo, a preocuparme por sus cosas, y a escucharla, de verdad, cuando necesita consuelo.
Y me viene al pelo para hablar de otra Inés, mi “heroína” particular, que es la persona que cuida de mi lechón mientras yo trabajo, hago la compra y, a veces, sólo cuando es ya imprescindible, voy a la peluquería. Algo debo de haber hecho bien en la vida para haberla encontrado, no os digo más. Y a la primera, esto sí que es una lotería. Por suerte no he tenido que ver desfilar a varias hasta dar con la adecuada como les ha pasado a muchas. Inés tiene alrededor de 50 años, viene de Santo Domingo, y allí dejó a sus dos hijos y dos nietos a los que adora y extraña muchísimo. También tiene un porrón de hermanas, cuatro o cinco, y mamá, como ella dice, que está mayor y delicada. Inés es trabajadora, no para en todo el día para tener la casa perfecta y además atender a Manuel, jugar con él , cocinar… Quiere muchísimo al lechón, y él también la adora.
Me conoce, sabe lo maniática e insoportable que puedo llegar a ser, y ha aprendido a hacer las cosas como a mí me gustan, su tortilla de patatas está de muerte y el caldito para la sopa de Manuel ya no digamos. Sabe de mis prontos, y que tal como vienen se me pasan, y espero que también sepa perdonármelos. Ella ha hecho que mi vida de madre trabajadora sea infinitamente más fácil de lo que hubiera imaginado. Aún así acabo el día rendida, después del estrés de la oficina y la tarde con mi terremoto particular… pero no quiero pensar cómo serían mis días si ella no estuviera!
Tiene que ser muy duro para Inés, y para tantas otras mujeres en su situación, vivir tan lejos de su familia, y cuidar de los niños de otros sabiendo que se pierden ver crecer a los suyos. Seguro que se sentirá sola muchas veces, y me consta que llora de vez en cuando… de morriña, de impotencia por que le falta el abrazo de su nietecita de cinco años, que es su mayor tesoro. Se sentirá helada por este clima tan frío de Madrid, que también se refleja en nuestros modales bruscos, tan distintos de la sutileza, de la calidez con la que se expresan los caribeños. Yo también estoy aprendiendo a corresponder con cariño y reconocimiento a sus detalles, y a sus desvelos. Aprendiendo a ser más dulce, que a veces soy un cardo, a preocuparme por sus cosas, y a escucharla, de verdad, cuando necesita consuelo.
martes, 26 de enero de 2010
Madrid fría y hostil
Estos días estoy algo enfadada con el mundo, y particularmente con Madrid. Me cuesta imaginar una ciudad más hostil que ésta para los niños. Supongo que Nueva York, Paris o Londres serán por el estilo, pero al menos, si vives en una de esas grandes capitales te encuentras con tus actores favoritos en el supermercado, paseas por la rivera del Sena de vez en cuando, o ves los estrenos de cine antes que nadie. Mientras tanto, en Madrid me da la sensación de que tenemos todas las desventajas de vivir en una capital, pero realmente la parte buena apenas la catamos. Y con un lechón de 19 meses, ya ni os cuento.
Este invierno se nos está haciendo eterno, y eso que ha empezado tarde. Me encanta llevar a Manuel al parque (bueno, en realidad me aburre muchíiiiimo, pero me encanta porque él se lo pasa pipa, y además se queda agotado, con lo que después duerme de maravilla). Pero con este frío hay días que sacarle a la calle no es una opción, y entonces las alternativas se reducen a:
1.quedarte en casa procurando llenar las eternas horas sacando los juguetes uno a uno o inventando juegos sobre la marcha o dejándole al pobre en manos de la tele, que por suerte le encanta;
2. Visitar a algún amigo (mejor uno con hijos, si quiero que siga siéndolo después de la visita) o familiar para amenizarle la tarde;
y 3. Ir al centro comercial, que parece ser el único sitio donde la temperatura es superior a 0 grados y admiten niños menores de tres años, que aún no están en edad de piscina de bolas, ni de cine, ni de talleres,ni de nada que no sea dar golpes a todo lo que pillan y volver locos a sus padres. Antes de ser madre ya no me gustaban los centros comerciales, pero es que ahora los aborrezco. Están siempre atestados de gente, hay que hacer interminables colas para el parking, para ir al baño, para pagar, para sentarte en la cafetería….Claro, si es que todos hacemos lo mismo, no hay opciones.
Cuando el lechón eramás mueble más bebé, iba tan contento en la sillita mirándolo todo y sonriendo a las viejecitas que le hacían monerías. Ahora en cambio, a las viejecitas les grita “NO” en cuanto se acercan. Le sienta fatal estar en el cochecito, y la verdad es que lo entiendo, pero a ver quién se atreve a llevarle de la mano entre la multitud y, a la mínima de cambio, que salga corriendo y se pierda. Además, al rato de paseo se sobreestimula y se empieza a poner nervioso e irascible. Últimamente ha descubierto las atracciones llenas de vivos colores que hay por doquier: me refiero a las motos, coches, caballos, rinocerontes, trenes, elefantes…. Que por el módico precio de 1€, a veces más, se mueven adelante y atrás durante como mucho 1 minuto y medio al compás de una música imposible. Ya que por desgracia no los prohíbe la ley, este tipo de artilugios deberían estar escondidos tras cortinas negras, para evitar las descomunales pataletas que provocan. Y a mí también me gustaría tener una pataleta cuando, como este último domingo, paso dos veces por delante del escaparate de ZARA EN REBAJAS, ¡¡SEGUNDAS REBAJAS!!, y no puedo ni plantearme entrar, ¡qué crueldad! Así que al final terminamos los dos, o los tres si vamos en familia, cabreados como monos, yo por no poder satisfacer mis ansias consumistas y por el estrés de que el lechón gruñón se tire al suelo en cada esquina, y él porque quiere hacer mil una cosas y a todas le digo que no, y pobre, al final va con los deditos amoratados de tan fuerte que le agarro de la mano, y por que en general la situación supera con creces su tolerancia a la frustración, ya de por sí escasa.
Este invierno se nos está haciendo eterno, y eso que ha empezado tarde. Me encanta llevar a Manuel al parque (bueno, en realidad me aburre muchíiiiimo, pero me encanta porque él se lo pasa pipa, y además se queda agotado, con lo que después duerme de maravilla). Pero con este frío hay días que sacarle a la calle no es una opción, y entonces las alternativas se reducen a:
1.quedarte en casa procurando llenar las eternas horas sacando los juguetes uno a uno o inventando juegos sobre la marcha o dejándole al pobre en manos de la tele, que por suerte le encanta;
2. Visitar a algún amigo (mejor uno con hijos, si quiero que siga siéndolo después de la visita) o familiar para amenizarle la tarde;
y 3. Ir al centro comercial, que parece ser el único sitio donde la temperatura es superior a 0 grados y admiten niños menores de tres años, que aún no están en edad de piscina de bolas, ni de cine, ni de talleres,
Cuando el lechón era
Y las demás, ¿qué hacéis con los niños en pleno invierno cuando la casa se os cae encima?
martes, 12 de enero de 2010
Las revistas, la Preysler y yo
Una, que tiene inquietudes culturales, lee el Hola siempre que cae en sus manos. Y eso es todas las semanas, porque una de las cosas buenas de mi trabajo es que me llegan todas las revistas. Recibo las de moda, también llamadas "femeninas", tipo Vogue, Elle, Woman, Telva, que me gustan pero me deprimen un poco porque me enseñan cosas, y cuerpos, que nunca voy a a tener. También algunas de viajes, ciencia y demás, que ojalá tuviera tiempo de leer... Tengo en el despacho el Vanity Fair, que me parece una revista alucinante, pero la traigo a casa sabiendo que no podré leerme los reportajes de 15 páginas supersesudos que publican. También tengo casi todas las masculinas, o sea, las de tías en bolas, "DT", "GQ", "FHM" (¿porqué tantas siglas?), pero éstas las censuro convenientemente para que el papá ejemplar no flipe creyendo que realmente esas mujeres existen. Y luego están las revistas del corazón, de las cuales recibo Hola, Diez Minutos y Cuore, y devoro la primera y la última en cuanto encuentro un rato. La primera me gusta porque tienen el mejor papel y la mejor calidad fotográfica, enseñan casas maravillosas y muestran personajes a los que, aunque pueda aborrecer, casi siempre conozco y cuyas vidas me pueden resultar interesantes, atractivas, envidiables... a veces. Me gusta que se nieguen a sacar a los "famosillos" de tres al cuarto salidos de OT y similares, aunque sea porque son unos elitistas de aúpa...Por su parte el Cuore, cuyas fotos dejan bastante que desear, es una revista divertida a más no poder, y me encanta porque no utilizan Fotoshop y su lectura produce sobre mi estado de ánimo el efecto contrario que el Vogue o el Elle:; me encanta descubrir la celulitis que nunca nadie le había visto a Victoria Beckam, el pellejo del brazo colgante de Demi Moore o las venas terroríficas de las manos de la, por otro lado pluscuamperfecta, Angelina Jolie. Y encima, sacan ropita, bolsos, y demás, que SÍ me puedo permitir.
Y diréis, bonita, te estás desviando, y estoy no va de niños ni nada que se le parezca... Pero estáis equivocadas. Hoy he tenido uno de esos escasos ratos de tranquilidad acompañada del lechón, y mientras yo hojeaba el Hola en el sofá, él veía un Baby Einstein. Y cuando estaba yo leyendo con interés sobre la nueva y pijísima pareja formada por Tamara Falcó y Luis Medina, va mi enano y me señala a la Preysler y me dice tan contento: "Mami". Yo, entre incrédula y halagada, le pregunto ¿dónde está mami mi amor? y vuelve a señalarme, sin ninguna duda, a la Preysler, no a su hija Chábeli ni a su otra hija Tamara, sino a la Preysler, tan convencido de que ésa era su mamá. O sea, que a ojos de Manuel me parezco a una señora que tiene la edad de mi madre pero aparenta ser más jóven que sus propias hijas. No me importa, la verdad es que está guapísima. Y, si la que será pareja favorita del Hola llega a buen puerto, habrá que ver a Isabel en la boda de su hija teniendo como consuegra a Naty... Vaya par! Ese Hola sí que no me lo pierdo.
Y diréis, bonita, te estás desviando, y estoy no va de niños ni nada que se le parezca... Pero estáis equivocadas. Hoy he tenido uno de esos escasos ratos de tranquilidad acompañada del lechón, y mientras yo hojeaba el Hola en el sofá, él veía un Baby Einstein. Y cuando estaba yo leyendo con interés sobre la nueva y pijísima pareja formada por Tamara Falcó y Luis Medina, va mi enano y me señala a la Preysler y me dice tan contento: "Mami". Yo, entre incrédula y halagada, le pregunto ¿dónde está mami mi amor? y vuelve a señalarme, sin ninguna duda, a la Preysler, no a su hija Chábeli ni a su otra hija Tamara, sino a la Preysler, tan convencido de que ésa era su mamá. O sea, que a ojos de Manuel me parezco a una señora que tiene la edad de mi madre pero aparenta ser más jóven que sus propias hijas. No me importa, la verdad es que está guapísima. Y, si la que será pareja favorita del Hola llega a buen puerto, habrá que ver a Isabel en la boda de su hija teniendo como consuegra a Naty... Vaya par! Ese Hola sí que no me lo pierdo.
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