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jueves, 12 de agosto de 2010

A comer (el método Estivill)

Sé muy bién que los métodos del doctor Estivill levantan ampollas entre aquellas madres y pediatras que siguen otras corrientes, o tienen una manera distinta de afrontar la crianza, y que prefieren regirse por la crianza natural, el colecho, etc... Yo creo que en esto de la maternidad no podemos ser "partidarios" o " forofos" de uno u otro médico, como si de fútbol se tratase, ni de unas "técnicas" determinadas o inamovibles. En mi condición de madre inexperta, yo lo que hago es ir probando y aplicando lo que mejor me vaya, a mí y a mi hijo, que por algo soy su madre, y se supone que quien mejor le conoce (espero que el papá ejemplar no se ofenda, pero es que una le ha parido...).

El caso es que a mí el método Estivill para dormir me fué muy bién, y desde que lo aplicamos (véase post al respecto) Manuel se duerme solo, y salvo algunas temporadas pasajeras, el tema del sueño nunca ha sido un problema en casa.


Así que después de unos días en que cada comida se había convertido en una pequeña batalla con el lechón, decidí que necesitaba un MÉTODO para conseguir que el monstruito comiera como es debido porque me estaba volviendo loca de atar. Fuí a la librería y estuve mirando la oferta al respecto. Estaba el consabido libro de Estivill y también el de Carlos González, Mi niño no me come. Estuve tentada de comprar ambos, y hacerme yo misma un max-mix... pero mi situación de mudanza-atacada-de los nervios, me impide leer tanto. Además, ojeando el libro de Carlos González, me pareció que más que darme unas pautas para conseguir que el crío coma bién, me iba a convencer de que no pasa nada, de que el niño ya comerá cuando tenga que comer y que ningún niño se muere de hambre. Pues vale. Supongo que no morirá de inanición, pero yo quiero que coma fruta y verdura sin que ello suponga un drama familiar.

A estas alturas os habréis dado cuenta de que compré el libro de Estivill. Es un manual chiquitín que tampoco es que te diga ninguna palabra mágica para que el niño coma, pero te da unas pequeñas claves que por el momento me han sido bastante útiles. Os cuento:

- Rutina, rutina, rutina: siempre el mismo lugar, el mismo plato y cuchara, sin tele ni distracciones. El acto de comer también se aprende, y la mejor manera para que los niños adquieran un hábito es repetirlo una y mil veces.

-Ante todo mucha calma: el niño no debe percibir nuestro malestar cuando rechace la comida. Si lo hace estamos perdidos.

-Si no quiere comer, debemos permanecer impasibles, darle un plazo determinado de 3/4/5 minutos, y quitarle el plato de delante como si no pasara absolutamente nada. Lo de los tiempos se parece un poco al método para enseñarles a dormir, y se trata de darles tres oportunidades para comer, alargando cada vez el tiempo que les dejamos delante del plato. Si no comen en cada intervalo, hay que quitarles el plato de delante, e ignorarles ampliamente durante los minutos posteriores, para después comenzar de nuevo el proceso. Si después de las tres veces el niño no come, se le deja sin comer, pero sin enfadarse ni reñirle. Eso sí, no se le puede dar ningún tentempie hasta la siguiente comida.

Yo aún no he aplicado el método, ni mucho menos. Por ahora lo único que he hecho es cambiar mi actitud hacia el tema de la comida, no enfadarme cuando no quiere comer, aparentar indiferencia, y tratar de reforzarle positivamente cuando sí lo hace. ¡Y funciona! Tampoco es que ahora el peque me persiga para comer su fruta, no nos engañemos, pero come un poquito mejor que antes y, con mucha paciencia, he conseguido que, en lugar de cerrarse en banda cada vez que ve una manzana, se coma la mitad, o  a veces más, si luego tiene como premio un huevo Kinder o un helado de chocolate. Vaaaale, ya sé que eso no es exactamente el método Estivill, pero ya os he dicho al principio que yo paso las técnicas de los libros por mi propio filtro.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Madres de manual

A mi madre le encanta decir que las madres de ahora somos "de manual". Parece ser que en su época las madres eran de otro estilo, no se leían todo lo que caía en sus manos sobre crianza, alimentación infantil, educación, etc, y así se convertían en madres digamos "autodidactas". Nosotras, en cambio, devoramos manuales, revistas, blogs... y, aunque alguna vez hagamos caso de la sabiduría popular, casi siempre nos centramos en la opinión experta de los libros (cuyas teorías educativas no pueden ser más contradictorias), el pediatra (con su consabida fórmula de mucha agua+paracetamol+paciencia), o las revistas, que son una mezcla de las dos cosas.

Yo reconozco que me encanta leer sobre el tema de la educación infantil. Claro que no solo de eso, porque soy una lectora empedernida, y, por ejemplo,  cuando nos vamos de viaje, suelo comprarme la guía del lugar de destino meses antes, para así aprendérmela de memoria, y llegar allí "estudiada" y con conocimientos amplios sobre el lugar, su historia, costumbres, precios, horarios de apertura de museos, gastronomía, compras y demás. Pues bién, en lo que se refiere a "manuales para madres" soy igual de obsesiva, así que en los últimos meses no paro de leer este tipo de publicaciones que, todo sea dicho, son de calidad variable.


Me compré "El club de las malas madres", que me conquistó por el título y la contraportada, que no por la autora, que  no es santo de mi devoción. Tras leerlo casi entero puedo decir que Lucía Etxebarría no es más que el gancho publicitario, y que el peso del libro lo lleva al 90 por ciento el "segundo" autor, Goyo Bustos. Es un profesor de primaria y de sus reflexiones se desprende un infinito amor por los niños y por la enseñanza, y también se nota que está bastante decepcionado con los padres y madres de nuestros días. Me gusta su aproximación hacia la educación, y las pautas que proporciona son sencillas y bastante de "perogrullo", aunque no está mal que a uno le recuerden de vez en cuando cosas tan simples como que criar a un niño requiere tiempo, dedicación, respeto y seguridad... Etxebarría habla sobre todo de su experiencia personal como madre, cuenta anédotas sobre su hija Allegra, y habla de la dificultad para conciliar trabajo y familia. También dedica un capítulo a denunciar el increíble sexismo que aún impera en juguetes, publicidad, libros infantiles, etc... y que me temo que sigue moldeando el cerebro de los más pequeños. Esta parte me ha parecido muy interesante. Me ha hecho fijarme en que, cuando en un cuento aparece, por ejemplo, un médico o un granjero, siempre es varón, mientras los roles femeninos son los de la mamá, la profesora o la princesa... No parece que el cuento haya cambiado tanto después de todo...

Y esto me lleva a otro libro que estoy leyendo y que es del año de la tos. Me lo ha prestado Paloma, la tía de David, que es profesora de infantil. Es un manual de los de la época de mi madre, lo que prueba que haberlos, los había, pero que no tenían tanta aceptación como ahora. Se trata de pequeños libritos dedicados a cada año del niño, y ahora estoy con "Su hijo de 1 año", escrito por una psicóloga inglesa llamada Dilys Daws. Como comprenderéis, en un libro publidado en 1969 el machismo es más que evidente, un reflejo de la sociedad de entonces. Aquí os dejo un párrafo que no tiene desperdicio:
"En la relación con su padre el bebé aprende que hay un mundo más allá de las paredes de su casa. También aprende a decir adiós, a recordar a su padre mientras permanece ausente durante el día y a anticipar su regreso a la hora de dormir. Es probable que llore cuando el padre se despide de él por la mañana, pero luego se tranquiliza y, junto a su madre, comienza a cumplir la rutina cotidiana, sabiendo que su padre va a volver."

miércoles, 28 de enero de 2009

Duermete niño


Estos últimos días, Manuel tarda mucho en dormirse y casi siempre lo hace después de llorar un buen rato. Hasta ahora dormía de maravilla, y tenía una rutina muy buena de sueño. Cada día seguíamos el mismo ritual de baño, masaje, bibe y cuento, y cuando sobre las nueve de la noche, le dejaba en la cuna, se quedaba tan tranquilo mirando su muñeco (un elefante muy blandito que le regaló mi amiga Mery y que le encanta) y con la música del gusiluz se dormía él solito.

Pero ya lleva unas dos semanas que ha decidido que no le gusta nada lo de quedarse solo en la cuna y en cuanto le dejo allí, empieza primero a prostestar bajito, después con un poco más de brío y al final agarra un berrinche de no te menees. Aprieta sus puñitos, se pone colorado como un tomate, y grita como si le estuvieran matando. Cuando vamos a tranquilizarle no sabemos muy bién qué hacer. Antes le poníamos el chupete, pero ahora ya sabe hacerlo él, así que corres en su auxilio y le encuentras berreando con su chupete puesto y claro, lo único que te queda es cogerle en brazos, justamente lo que él está buscando... pero es que si caes en ese juego ya no hay quien le vuelva a meter en la cuna... Lo sé porque no soy de piedra y los primeros días le cogía, le mecía, le cantaba canciones en bracitos, y él tan feliz... pero el momento de volver a ponerle en la cuna es atroz, entonces sí que los vecinos deben acordarse de toda nuestra familia... ¡No sabéis como se pone! y al final hasta las doce de la noche, que si ahora te cojo, ahora te canto, ahora te saco los mocos a ver si es que no respiras bien, ahora te doy agua... En fin, llamadme tirana, pero me niego a dormirle en brazos y todas sus variantes. Creo que tiene que dormirse él solito con su chupete y sus muñecos. Y aquí es donde entra el famoso libro que todo el mundo conoce del Dr. Estevil, que recomienda dejarles llorar en intervalos de dos minutos, cinco, siete, diez... etc. para que vean que no les hemos abandondado pero que tampoco vamos a ceder ante sus caprichos. Estoy segura de que, a largo plazo, es un método infalible para que duerman, pero una se siente un poco Cruela de Vil practicándolo. Tampoco lo llevo a rajatabla porque me resulta imposible. Me obligo a no cogerle en brazos por mucho que me apetezca, pero no hago exactamente lo que dice el libro. Algunos días me ha funcionado muy bién cantarle una canción mientras le doy caricias en la carita, pero sin sacarle de la cuna. Le canto "Hijo de la luna", de Mecano, que tiene una melodía como de nana y le tranquiliza mucho, pero tengo que pensar en inventarme una nueva letra para cuando tenga uso de razón, porque la real es algo macabra...

Lo bueno es que ahora, una vez que se ha dormido, no se despierta hasta la mañana siguiente a eso de las ocho y media o nueve. O tal vez sí lo haga, pero no nos enteramos, posiblemente porque ya sabe ponerse el chupete él solito.

Ha aprendido muchas cosas estas últimas semanas. Aún no se anima a gatear, pero le encanta estar de pie y está fortaleciendo mucho las piernas. Agarra muy bien las cosas con las dos manitas y se las pasa de una mano a otra, y ha empezado a desarrollar bastante la puntería, gracias a un juguete que le regalaron los tíos Carlos y Ángela que consiste en meter una bolita por una agujero y que baje por un tobogán. Ya lo hace él solito y le encanta.

Hablando de juguetes... ¡Nunca había comprado tantas pilas!! Y lo peor no es comprarlas, sino cambiarlas... Porque claro, los juguetes están hechos a prueba de niños, y a prueba de manazas... como una servidora, y para cambiar las pilas hay que tener maña, y mucha paciencia. Por lo general los juguetes para bebés vienen con unos tres o cuatro tornillos minúsculos que hay que quitar para lograr acceder al compartimento de las pilas. Así que no solo hay que tener las pilas de repuesto, sino también un destornillador de estrella pequeñito, algo de habilidad manual y muchas ganas... En resumen, que de los juguetes que tenían música esta Navidad, la mayoría se han quedado mudos...

miércoles, 14 de enero de 2009

Avances

Durante el embarazo, leía todo lo que caía en mis manos sobre la gestación. Sabía exactamente qué medidas debía tener el feto en cada una de las cuarenta semanas, en qué momento se formaba el corazón, cuándo empezaban a tener pelo o qué sintomatología acompañaba a cada uno de los trimestres. Tenía mucho tiempo, supongo. Ahora leo menos y procuro limitarme a novelas que me gusten y me trasladen a otros mundos, millones de revistas que forman parte de mi trabajo, y los blogs que me gustan. No es que no me guste el mundo de los bebés, es solo que he dejado de soñar con ellos porque ahora tengo uno, y eso ya es mucho como para además leer montones de páginas sobre crianza, desarrollo y demás. Así que no tengo la menor idea de si Manuel hace lo que tendría que hacer un bebé de siete meses y medio, si está más espabilado o menos de lo que se considera normal. Y lo cierto es que me importa muy poco. A mí me parece el bebé más bonito del mundo... y si es listo o no, ya lo iremos viendo, no?

Bueno, pues aquí una prueba de los avances de mi peque en psicomotricidad. Estos días nos ha dado por lo del vídeo, como habréis comprobado. Por cierto, dedico éste a la yayita, porque Manuel cada día se parece más a ella, y la camisa que lleva puesta es la que le dejaron los reyes en su casa. A ver cuando vienes por los madriles, que el frío esta vez sí que ha venido de golpe. Un beso gordo gordo.

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