Hay días que la tarea de educar se convierte en el mayor reto al que jamás te has enfrentado. Días en que educar se hace tan cuesta arriba que te quedas sin aliento, sin fuerzas e impotente viendo cómo tus esfuerzos son en vano, porque a medida que das un paso para subir la maldita cuesta, el horizonte parece más lejano. Educar un hijo es la misión más difícil que me he planteado, y también la más importante. Conducirles, formarles, acompañarles, inculcarles valores... todo para ayudarles a llegar a la edad adulta como personas decentes, con la cabeza sobre los hombros, personas íntegras, seguras de sí mismas, confiadas y en quienes se pueda confiar. Ese es para mí el objetivo de la educación, y más vale que no lo pierda de vista. Porque a medida que se sube la empinada cuesta, a veces uno se olvida de la cima que buscamos. Y no conviene.
Porque a veces, después de un día duro de trabajo, se me olvida lo importante, y tomo atajos, olvidando esa cima que queremos alcanzar. Esos días caigo en la tentanción de enchufarle a la tele con cualquier excusa "porque está insoportable". No me detengo a pensar en el por qué de determinadas actitudes. No busco comprenderle, sólo intento que me deje tranquila. Y es que nadie dijo que fuera fácil... y educar es un trabajo 24/7/365.
Educar es también empatizar... Averiguar si le ha pasado algo ese día en el cole, si está cansado, si los celos han hecho de las suyas, ¡son tantas cosas! estar atenta a sus necesidades, fijarme si necesita más mimos, o más espacio... Para que él sea sensible, más vale que lo seamos nosotros con él. Educar es enseñarle que cometer errores no es el problema, que lo seguirá haciendo toda la vida, lo malo es no darse cuenta y no rectificar.
La teoría más o menos me la sé, pero educar a Manuel está siendo complicado, muy complicado. Para ésto no hay normas universales, porque cada niño es un mundo, cada familia un universo entero. Hay días en que me subo por las paredes, me siento impotente, inútil, desastrosa, culpable. Lidiar con la culpa es la peor parte, porque las madres nos encargamos de que nos caiga sobre los hombros el peso del mundo. Siempre podríamos hacerlo mejor, siempre hay una madre perfecta a la que admirar, con hijos que saludan correctamente, dicen gracias y por favor.
Igual que Manuel, yo también estoy aprendiendo por el camino. Y cada vez más, veo que educar es sobre todo hacer las cosas bién, o al menos intentarlo, es ser un buen ejemplo, porque educa más lo que hacemos que lo que decimos, infinitamente más. Y en ello estamos.
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martes, 29 de enero de 2013
viernes, 5 de noviembre de 2010
¿Nuestro sistema educativo es una catástrofe?
Es lo que afirma Ken Robinson en esta conferencia absolutamente genial. Debemos seguir enseñando a nuestros hijos matemáticas y lengua como LAS materias fundamentales, o tal vez deberíamos capatizarles para otro tipo de actividades más creativas. A mí, después de escuchar lo que dice este señor de sorprendente locuacidad, me dan ganas de salir corriendo y apuntar a Manuel en el equipo olímpico de atletismo/ baloncesto/ fútbol o similar para minialevines. ¿Vosotros qué opináis?
El vídeo tiene subtítulos en español, pero hay que activarlos en la pestañita "view subtitles".
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sábado, 27 de febrero de 2010
Cantajuegos
No era fácil desbancar a Ely y Pocoyó, pero el Cantajuego lo ha conseguido. Está claro que a Manuel le vá la marcha, y Pocoyó está muy bién, es azul, es tierno, divertido y todo eso, pero donde esté "tallín".... que se quite lo demás. A mi niño le gusta la gente, especialmente si mide menos de un metro y medio, le gusta cantar y bailar, y todo eso y mucho más lo tiene con Cantajuegos. En casa ya nadie lo llama así, porque Manuel ha bautizado el DVD como "Tallín", por la primera canción, que aquí os dejo para vuestro deleite.
Seguro que ya lo conocéis, creo que se venden muchísimo, y no me extraña. Aunque me crispa un pelín lo pegadizas que son las canciones, me gusta ponérselo al lechón porque no es como enchufarle a la tele y ya está, sino que me parece que le dejo "en buenas manos", es una forma de estimularle en muchos sentidos. Lo vive como si estuviera dentro de la tele, baila, canta, imita todo lo que hacen los niños, dá grititos de júbilo... se lo pasa bomba. Hasta ha aprendido varias palabras a través de las canciones. Acabo de ver que van a actuar en Madrid a finales de marzo, así que habrá que llevar a mi niño a su primer espectáculo en directo.
Seguro que ya lo conocéis, creo que se venden muchísimo, y no me extraña. Aunque me crispa un pelín lo pegadizas que son las canciones, me gusta ponérselo al lechón porque no es como enchufarle a la tele y ya está, sino que me parece que le dejo "en buenas manos", es una forma de estimularle en muchos sentidos. Lo vive como si estuviera dentro de la tele, baila, canta, imita todo lo que hacen los niños, dá grititos de júbilo... se lo pasa bomba. Hasta ha aprendido varias palabras a través de las canciones. Acabo de ver que van a actuar en Madrid a finales de marzo, así que habrá que llevar a mi niño a su primer espectáculo en directo.
domingo, 22 de noviembre de 2009
Madres de manual
A mi madre le encanta decir que las madres de ahora somos "de manual". Parece ser que en su época las madres eran de otro estilo, no se leían todo lo que caía en sus manos sobre crianza, alimentación infantil, educación, etc, y así se convertían en madres digamos "autodidactas". Nosotras, en cambio, devoramos manuales, revistas, blogs... y, aunque alguna vez hagamos caso de la sabiduría popular, casi siempre nos centramos en la opinión experta de los libros (cuyas teorías educativas no pueden ser más contradictorias), el pediatra (con su consabida fórmula de mucha agua+paracetamol+paciencia), o las revistas, que son una mezcla de las dos cosas.
Yo reconozco que me encanta leer sobre el tema de la educación infantil. Claro que no solo de eso, porque soy una lectora empedernida, y, por ejemplo, cuando nos vamos de viaje, suelo comprarme la guía del lugar de destino meses antes, para así aprendérmela de memoria, y llegar allí "estudiada" y con conocimientos amplios sobre el lugar, su historia, costumbres, precios, horarios de apertura de museos, gastronomía, compras y demás. Pues bién, en lo que se refiere a "manuales para madres" soy igual de obsesiva, así que en los últimos meses no paro de leer este tipo de publicaciones que, todo sea dicho, son de calidad variable.
Me compré "El club de las malas madres", que me conquistó por el título y la contraportada, que no por la autora, que no es santo de mi devoción. Tras leerlo casi entero puedo decir que Lucía Etxebarría no es más que el gancho publicitario, y que el peso del libro lo lleva al 90 por ciento el "segundo" autor, Goyo Bustos. Es un profesor de primaria y de sus reflexiones se desprende un infinito amor por los niños y por la enseñanza, y también se nota que está bastante decepcionado con los padres y madres de nuestros días. Me gusta su aproximación hacia la educación, y las pautas que proporciona son sencillas y bastante de "perogrullo", aunque no está mal que a uno le recuerden de vez en cuando cosas tan simples como que criar a un niño requiere tiempo, dedicación, respeto y seguridad... Etxebarría habla sobre todo de su experiencia personal como madre, cuenta anédotas sobre su hija Allegra, y habla de la dificultad para conciliar trabajo y familia. También dedica un capítulo a denunciar el increíble sexismo que aún impera en juguetes, publicidad, libros infantiles, etc... y que me temo que sigue moldeando el cerebro de los más pequeños. Esta parte me ha parecido muy interesante. Me ha hecho fijarme en que, cuando en un cuento aparece, por ejemplo, un médico o un granjero, siempre es varón, mientras los roles femeninos son los de la mamá, la profesora o la princesa... No parece que el cuento haya cambiado tanto después de todo...
Y esto me lleva a otro libro que estoy leyendo y que es del año de la tos. Me lo ha prestado Paloma, la tía de David, que es profesora de infantil. Es un manual de los de la época de mi madre, lo que prueba que haberlos, los había, pero que no tenían tanta aceptación como ahora. Se trata de pequeños libritos dedicados a cada año del niño, y ahora estoy con "Su hijo de 1 año", escrito por una psicóloga inglesa llamada Dilys Daws. Como comprenderéis, en un libro publidado en 1969 el machismo es más que evidente, un reflejo de la sociedad de entonces. Aquí os dejo un párrafo que no tiene desperdicio:
"En la relación con su padre el bebé aprende que hay un mundo más allá de las paredes de su casa. También aprende a decir adiós, a recordar a su padre mientras permanece ausente durante el día y a anticipar su regreso a la hora de dormir. Es probable que llore cuando el padre se despide de él por la mañana, pero luego se tranquiliza y, junto a su madre, comienza a cumplir la rutina cotidiana, sabiendo que su padre va a volver."
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