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miércoles, 8 de abril de 2009

Días de risas y cariños

Estamos en Denia desde el sábado, en casa de los abuelos. Lo estamos pasando de maravilla, aunque el tiempo no acompañe mucho. Esta noche viene David porque él tenía que trabajar estos días, y está en la carretera mientras escribo. Manuel se está portando muy bién y no ha extrañado nada, ni la cuna, ni el sitio, ni nada. Es un sol. Yo diría que hasta se duerme mejor que en Madrid. Como estuvimos aquí cuando tenía solo un mes, quién sabe, puede que esta casa le traiga buenos recuerdos. Pero la verdad es que en nuestra última visita a Denia el pasado verano, Manuel no era ni parecido a cómo es ahora. Lloraba a menudo, se despertaba montones de veces por la noche, y me tenía medio esclavizada con la lactancia, porque solo quería mamar y mamar a todas horas.
Ahora es otra cosa. Gatea sin parar y ya dá palmitas y hace los cinco lobitos, aunque a veces cuando le pides los lobitos hace palmitas y viceversa, el pobre se hace un lío. Estoy intentando enseñarle a decir adiós con la manita, pero no se anima todavía.
Es curioso cómo nos gusta convertir a los niños en monitos de repetición: "haz ésto, haz lo otro..." y siempre las mismas cosas, desde que el mundo es mundo, ¿de quién sería la idea? Por que si el inventor de las palmitas y los cinco lobitos cobrase derechos de autor ganaría millones.
Aunque haga un día horroroso, Manuel nos alegra los días con su sonrisa constante. Se ríe mucho cuando le hacemos cucú tras, o simplemente mirando la piscina, a la que se tiraría de cabeza sin problemas si le dejáramos. o jugando con unos cubiletes que le regaló Rut y con los que se vuelve loco.
Lo que más feliz me hace estos días son los cariños. Manuel se deja achuchar y besuquear a todas horas, pero además, ahora corresponde apretando su carita contra la mía para hacerme un cariñito que mmmmmmmm, me sabe a gloria!

lunes, 16 de marzo de 2009

Gateando

Manuel gatea desde hace una semana, y está mejorando su técnica cada día. Al principio no pasaba de dar dos o tres pasitos, para después sentarse como diciendo, "yo ya he cumplido". No salía de la habitación porque parecía que para él la puerta, o el final de la alfombra, era un punto sin retorno, y prefería mantenerse en el "lado seguro". Ahora, no es que coja velocidad, que tampoco es eso, pero ya recorre el pasillo con rapidez si hay un aliciente importante para hacerlo... Como por ejemplo... ¡mami llega del trabajo! Hoy por poco me lo como a besos cuando ha gateado a mi encuentro al verme aparecer por la puerta.

Aún así, le sigue gustando más estar de pie, así que yo creo que no tardará demasiado en andar. Le gusta agarrarse a los muebles, especialmente al mueble de la tele, que le queda a la altura perfecta. Hemos tenido que colgar la tele de la pared porque temíamos encontrarle un día aplastado bajo 32 pulgadas de plasma (que pesan lo suyo, por muy pulgadas que sean). Ahora se entretiene abriendo y cerrando una puertecita que hay en el DVD, ¡qué fijación tiene! Él abre y cierra, abre y cierra, y nosotros, "NO, Manuel, eso no se toca, con eso no se juega...", ¿os recuerda a algo? El caso es que parece que el "no" lo va entendiendo y por ahora cuando se lo decimos obedece (más a su padre que a mí, todo sea dicho).
Desde que sabe gatear y ponerse de pie solito, cada vez es más difícil que duerma durante el día. El mundo es demasiado emocionante como para perderse algo, supongo. Ahora acabo de dormirle a base de quedarme un ratito cantándole. Es gracioso porque, no es que se duerma mientras le canto, él me mira fijamente, y a veces veo que me sonríe por debajo del chupete. Cuando me marcho de su habitación aún está despierto, pero se debe de relajar mucho escuchándome, porque se queda muy tranquilo haciendo ruiditos y al ratito se queda roque.

Este fin de semana hemos sustituido su hamaquita de baño, que se le había quedado pequeña, por una alfombra antideslizante, y ya simplemente le sentamos en nuestra bañera. Está encantado de la vida. Ahora tiene muchísima movilidad, y hace buen uso de ella, ya lo creo! Va de un lado a otro de la bañera gateando, y aunque a mí al principio me daba miedo, él no se asusta de nada. Tanto le gusta el agua que vamos a apuntarnos a natación para bebés. Hoy mismo tenemos una primera sesión de prueba y estoy muy ilusionada. Le he comprado un mini bañador de natación que es como de juguete, y yo también me he equipado al completo para la ocasión (no era cuestión de ir en bikini playero y me he comprado un bañador deportivo). Vamos a un sitio en Pozuelo que se llama "Baby Gim" en el que por lo visto son especialistas en el tema y admiten bebés desde los cuatro meses. Ya os contaré qué tal.

Me encanta cuando noto que mi niño me prefiere a los demás. Sí, ya sé que soy su madre y que es lo natural, pero como todavía no habla, muchas veces tengo dudas, y me atormenta la idea de que quiera más a Inés que a mí , porque al fin y al cabo, ella le cuida todo el día. Vale, sé que suena a celos. Y es posible que los tenga, no lo voy a negar. Pero es que, ¡damos tanto y recibimos tan poco!! Bueno, pues a lo que iba, que hoy ha hecho una cosa que me ha encantado. Le tenía yo en brazos y estaba protestón, medio lloroso porque tenía sueño. Ha venido Inés con intención de consolarle y le ha dicho, ¿vienes conmigo? ofreciéndole los brazos. A mí no me ha gustado ese detalle y he pensado, ¿y ésta a qué viene ahora? Pero he disimulado como si no me importara, dejando que fuera el niño quien decidiera qué hacer. Entonces Manuel, mi bebé adorado, mi gordo, mi tesoro, mi sol... ha rechazado su oferta y se ha vuelto hacia mí como diciendo, "estoy con mi mami, donde voy a estar mejor?"

Y yo, secretamente, la mamá más feliz del mundo.

domingo, 8 de febrero de 2009

Ocho meses y una duda razonable

Manuel ya tiene ocho meses, y parece que fue ayer… Está enorme y muy fuerte, pero creo que no tiene ninguna intención de empezar a gatear. Prefiere estar de pie, y "caminar" por toda la casa "colgado" de nuestros brazos le parece el colmo de la diversión. Esta semana le ha empezado a salir su tercer diente, uno de los paletos. Parece que por el momento la “crisis” de sueño ya ha pasado y vuelve a dormirse solito sin llorar casi todas las noches. Ya sea gracias al método Estevil o por mis desafinadas nanas, el caso es que es una gozada dejarle en la cuna a las nueve y que caiga redondo sin decir ni pío. Ayer, cuando estaba terminando de ponerle el pijama después del baño, escuchó el sonido de las llaves en la puerta e inmediatamente se puso a reír y a mover los bracitos entusiasmado: sabía que era su padre el que llegaba ¿No es increíble?

El miércoles nació Alba, la hija de Rut y Sergio, nuestros vecinos y amigos, y la hermana de Carolina. Es tan chiquitina y tan frágil que me parece mentira que Manuel fuera, hace no tanto tiempo, poco más grande que ella.
El jueves fuí a verles a la clínica, y me trajo muchos recuerdos, algunos buenos y otros no tanto, de cuando nació Manuel. La verdad es que nuestros primeros días no fueron nada fáciles, el pequeñajo se ganó a pulso el apodo de lechón, porque lloraba constantemente salvo que estuviera en el pecho. Lo mejor de empezar tan mal es que ya solo se puede ir a mejor…y lo cierto es que la cosa ha mejorado muchísimo. Ahora Manuel nos contagia su alegría. Es un niño feliz, tranquilo, simpatiquísimo y muy bueno. Cada día me recuerdo a mí misma lo afortunada que soy de tenerle, no sea que se me olvide.

Ver a Rut tan feliz con su segundo bebé me ha hecho pensar en cómo sería si me animara a tener otro hijo -esto le va a provocar al papá del lechón una urticaria por lo menos. Tranquilo, no es que me lo esté planteando ¡que no es así!!, pero me pregunto si al segundo hijo se le quiere igual que al primero. Francamente, yo no estoy segura de que sea posible querer a otro bebé tanto como a Manuel. Y no digo que al segundo no se le quiera, no es eso… pero no creo que sea lo mismo. Por algo desde la antigüedad el primogénito es el legítimo heredero de bienes y títulos nobiliarios. Creo que el primer hijo es especial, porque con él se descubre un sentimiento, el amor de madre -sí, "amordemadre", como en los tatoos de los moteros-, que nunca se había vivido. Yo creo que con los demás hijos se aplica ese sentimiento ya conocido, y por supuesto que se les quiere, pero que ya no se siente el flechazo de la primera vez. Y que conste que lo dice una que tiene un hermano mayor y, pese a todo, se siente inmensamente querida. En fin, tal vez si me animo a darle a Manuel un hermanito cambie totalmente de opinión. Sinceramente, ahora que no nos oyen…las que tenéis más de uno, ¿creéis que me he vuelto loca? ¿de verdad se les quiere igual?
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