Lo que me pasa es que soy un pelín especial para los colores, y desde que Manuel tiene un año y utiliza la talla 18 meses, cada vez se complica más la cosa. Me explico: a mí me gusta llevar a Manuel vestido en colores suaves, pastel: celeste, beige, blanco, piedra, marrón... en esa gama, que no es ni más ni menos que la que yo misma utilizo para vestirme acompañada del imprescindible negro. En los primeros meses no había problema. Podía vestir a Manuel en los colores que me gustan sin caer en la cursilería ni ponerle pololos ni volantes, que me espantan... y le llevaba tan mono. Vale, hasta ahí todo bién.
Pero Manuel crece. Yo diría que desmesuradamente, y ahora es un bebé muy grande, pero al fin y al cabo un bebé, y no quiero vestirle como si fuera un adolescente problemático, sino como lo que es, un dulce y adorable BEBÉ, que no merece utilizar determinados colores y estampados que considero horteras y estresantes (vale, sí, soy un poco radical)... Como mucho le puedo poner algo rojo, porque me encanta cómo le sienta y combina muy bién con el beige y su gama, pero hay ciertos colores, como el naranja, en todas sus tonalidades, el amarillo y el verde chillón... digamos que no entran en mis planes. Y aquí es donde me encuentro con el problema. En la mayoría de comercios, la ropa de bebé a partir de 12 meses es estridente y chillona. De pronto, se acabaron los ositos azules sobre fondo blanco y sólo encuentro ranas, dinosaurios y muñecos Disney por todas partes sobre fondos amarillos y, lo que es peor... NARANJAS!!!
Planta de niños de El Corte Inglés. Numerosos percheros de los que cuelgan prendas infantiles monísimas en tonos pastel. Encuentro el pijamita que busco, blanco con un motivo azul en la pechera. Estará muy guapo, decido llevármelo. Le pregunto a la señorita si lo tienen en talla 18 meses, "no, este perchero es solo hasta 12 meses, a partir de 18 tienes que mirar allí", dice tan contenta mientras señala otro burro repleto de prendas espantosas entre las que, cómo no, predomina el naranja... Aquí la prueba.

Me voy sin pijama.
Menos mal que Manuel tiene dos abuelas.