En el parque no puedo ni intentar tener una conversación con las otras madres. Mientras ellas están de charlita tranquilamente viendo como sus pacíficas hijas (casi todas son niñas) juegan con la arena… yo corro detrás de Manuel intentando que no se parta la crisma. En cuanto me descuido un segundo la está liando. La nueva moda es intentar salir del parque para descubrir nuevos mundos… Eso me saca de quicio porque me asusta que un día se me escape y se meta debajo del autobús. Tiene 15 meses y ¡el parque se le queda pequeño! A este paso cuando cumpla dos años se va de casa, y su padre encantado, claro, ahora dice que tenemos que mandarle de Erasmus… y yo me lo estoy pensando. Me crispa especialmente cuando, en un arrebato porque no le dejo hacer lo que quiere, me pega un tortazo en la cara. Entonces me dan ganas de devolvérselo, y confieso que alguna vez lo he hecho (flojito, que nadie se escandalice). Sé que no es nada educativo, pero el que me conoce sabe que la paciencia no está entre mis virtudes, y que además tengo la mano bastante larga, así que me cuesta bastante contenerme.
En casa se comporta un poco mejor. Duerme bastante bién, aunque tiene sus noches, y normalmente prefiere madrugar el fin de semana (hoy, sábado, 7,15 para el bibe y después se ha dormido de nuevo hasta las 8,30). De lunes a viernes, cuando yo igualmente tengo que madrugar, se despierta entre 9h y 10h el muy sinvergüenza. Contenta me tiene.
Lo que más me duele es lo arisco que está estos días. No da abrazos ni besos, y en cuanto yo intento achucharle un poco me aparta todo ufano. Espero que sea solo una fase, porque estoy todo el día mendigando besos y no tiene ninguna gracia. Me siento como una enamorada no correspondida…
Lo que sí es gracioso es que ha aprendido a negar con la cabeza: lo hace todo el día a todas horas, y si tú le imitas se parte de risa. Estoy intentado que también diga sí, porque lo del NO por sistema dejará de tener gracia en dos telediarios, pero no ha habido suerte hasta ahora.
Esta semana tuvimos visita a la enfermera y la pediatra para vacunas y revisión: está altísimo, 82cm., pero de peso en la media, 10,700. Dice David que apenas lloró con los pinchazos, y parece que está sano como un roble. La pediatra solo dijo que tiene el prepucio todavía muy cerrado y me ha dado una pomada para que se lo vayamos abriendo poco a poco a base de tironcitos… me dá bastante grima, y a David ya ni os cuento… pero que todos los males sean esos. La verdad es que no nos podemos quejar, tenemos un niño sano y precioso, pero hay que ver la guerra que dá! Como buen géminis, es ciclotímico, y cuando está bién, es el más encantador y adorable del mundo, pero cuando tiene el día malo...