-El chocolate: Manuel lo ha probado y le encanta! Igual que a su madre, aunque aún no le he dado del que a mí me gusta, que es el más puro, amargo y delicioso, con el 70% de cacao, como mucho, y con poco, muy poco azúcar. Ese es el chocolate que realmente vale la pena. Si tengo que ponerme un michelín de más, que sea con un buen trozo de chocolate amargo, y no con un bombón de chocolate con leche relleno de pralíné o cualquier porquería por el estilo. No, si tengo que pecar lo hago bién. Con chocolate del de verdad. Y por eso hasta hace poquito Manuel no había probado el chocolate. Porque el chocolate que tenía en casa tiene dos rombos, no es apto para bebés. Por fín hace un par de semanas le compré chocolate con leche en una tienda de productos ecológicos. Supongo que le recordó un poco a cuando estaba en el útero o algo así, porque durante el embarazo me puse ciega a chocolate... pero el caso es que desde el primer momento se volvió loquito. Se metió la onza entera en la boca, como hacemos los verdaderos amantes del chocolate, y dejó que se deshiciera poco a poco, para disfrutar plenamente de su sabor. Ahora le doy una onza pequeñita casi todos los días, o por la mañana o después de la merienda, si se lo ha comido todo. Me parece que le veo más feliz.
La primera vez que probó el chocolate
-Los padres y el parque: lo suponía pero aún así me ha sorprendido ver que el parque, en estos tiempos, es aún cosa de las mamás. Se pueden contar con los dedos de una mano los padres que veo llevar a sus hijos a los columpios. Y cuando lo hacen es porque están acompañando a la madre. Pero padres solos con sus hijos en el parque... creo que de vez en cuando veo uno. Está claro que por mucha igualdad de derechos, incorporación de la mujer al mercado laboral, medidas de conciliación, paternidad responsable... la cruda realidad es que las madres seguimos llevando el peso principal del cuidado y la educación de los hijos. Yo no me quejo porque David es un padre ejemplar, y no solo me acompaña al parque cuando puede, sino que muchas veces, cuando su horario de trabajo se lo permite, baja él solo con Manuel y así yo puedo aprovechar para hacer otras cosas... Lo que me sorprende, y me indigna bastante, es que hay niños a los que veo a diario en el parque con sus madres, y a los padres ni los conozco. Entiendo que pueden tener horarios de trabajo más largos que las madres pero, ¿también trabajan sábados y domingos? El domingo pasado hacía un día precioso y el parque estaba a tope. Habría aproximadamente 15 niños, 10 madres, y...¡sólo 2 padres!, uno de ellos era el de Manuel. Qué suerte tiene mi niño!
Se me quedan cosas por contar en el tintero, pero Manuel se está despertando...


