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sábado, 12 de mayo de 2012

Pensando en el parto

Nunca acabé de relatar aquí mi primer parto, seguramente porque no me sentí con fuerzas ni con ganas de hacerlo. Lo cierto es que después de contar con detalle la primera parte, no quise entrar a relatar un expulsivo bastante duro, doloroso y frustrante, que no fue ni mucho menos lo que yo esperaba. Me hubiera gustado sentirme en el parto más acompañada y más respetada. No dejaron que el papá ejemplar entrara en el paritorio hasta casi el final, y yo le necesitaba conmigo más que nunca. Me pusieron la epidural demasiado tarde, a causa de la mala atención por parte de las matronas, lo que me dejó sin fuerzas para los pujos y, como consecuencia, el ginecólogo se vió obligado a usar los forceps y yo tuve un desgarro y una episotomía como una plaza de toros. En resumen, el Hospital Montepríncipe de Madrid deja mucho que desear en lo que se refiere a maternidad y no se lo recomiendo a nadie.


Este embarazo parece que está durando infinitamente menos que el primero. Estoy mucho más atareada y sin tiempo para pensar en la criaturita que crece dentro de mí, más consciente de lo que me espera, y tal vez por ello, mucho menos impaciente por que llegue su nacimiento. Ahora que estoy en la recta final, me queda un solo un mes, empiezo a pensar en cómo me gustaría que fuera el parto. Me dijeron hace cuatro años que había tenido un parto precipitado y que era muy probable que se repitiera en el segundo. De ahí que dilatara completamente en poco más de dos horas y que a las matronas "se les pasara" explorarme antes de ponerme la epidural... Me enfrento al segundo parto con más información y sabiendo más lo que quiero. Y eso es bueno y malo, porque cuando te pones a buscar información sobre hospitales y partos cada uno cuenta la historia según le fué, e igual que yo tuve una pésima experiencia en el Montepríncipe, tal vez a otra chica le salió a pedir de boca y lo recomienda con los ojos cerrados... Pero ésto no es elegir un hotel para las vacaciones, que te puedes fiar de las opiniones en tripadvisor y luego si metes la pata tampoco es tan grave...

En enlaces cómo éste, me he informado sobre los derechos que tiene una mujer en el momento de su parto, y me doy cuenta de hasta qué punto se los saltaron conmigo. Veo también que hay ciertos centros donde se aplican protocolos de parto respetado, también llamado parto humanizado (y digo yo, que menuda redundancia, pocas cosas hay más humanas que un parto), en los que los deseos de la madre son lo primero, te permiten dilatar en la postura que prefieras, no se utiliza medicación sin el consentimiento informado de la madre, y se procura seguir los ritmos que marca la naturaleza con las menores interferencias posibles, no oxitocina, no episotomía por rutina, no rotura de la bolsa, no monitorización interna... Y luego hay opciones como la del parto en el agua en la clínica Acuario, que tiene una pinta fantástica pero cuesta un ojo de la cara, o bién otras más estrambóticas como lo del parto en casa, que a mi juicio es una irresponsabilidad, hoy por hoy, correr riesgos innecesarios.

El parto es una experiencia que se recuerda siempre, y es curioso cómo cada vez que saco este tema frente a otras madres, no importa de qué generación sean ni cuántas veces hayan parido, aquello se convierte en un gallinero y nos ponemos todas a hablar de nuestros partos respectivos con la misma pasión con que ellos cuentan las historietas de la mili. Estoy dándole vueltas e informándome y tengo la cabeza como una batidora... así que espero elegir bién esta vez, tomar la decisión correcta para tener un parto lo menos intervenido posible, espero no volver a sentir cómo se me va de las manos, y encontrarme apoyada y segura en un lugar donde nos den, a mí y al boquerón, la mejor atención posible sin tratarme como a una menor de edad o una enferma, sino como a una mujer adulta, dueña de su cuerpo, y capaz de elegir cómo quiere que nazca su hijo.

domingo, 15 de abril de 2012

Achaques y remordimientos

Treinta semanas de embarazo y me siento ya como un elefante lleno de achaques. No sólo por el peso de una voluminosa tripa que hace que me pregunten amenudo eso de "ya te queda poco no?", sino porque la ciática y los dolores musculares me tienen medio inválida y cada día me levanto con una nueva molestia. Me arrastro de agotamiento, y eso que no duermo del todo mal teniendo en cuenta las dos veces que me levanto a hacer pis y que el boquerón me despierta a patadas a las ocho menos cuarto cada mañana, domingos incluidos. Ojalá tanta regularidad sea síntoma de que va a ser algo más razonable en sus horarios que su hermano mayor. A los achaques propios del tercer trimestre hay que añadir que nos hemos mudado de casa (sí, de nuevo y por tercera vez en dos años), y que mi trabajo, como el de casi todas supongo, es cada vez más exigente y complicado en estos tiempos de crisis. Y sé que la respuesta es tan fácil como pedir la baja por uno de mis mútiples achaques, olvidarme de todo y dedicarme a cuidarme, a vivir que son dos días, o al menos a disfrutar de algo de tranquilidad en estos dos meses que me quedan. Cuando le dije el otro día al ginecólogo que me duele la ciática me dijo que lo que tenía que hacer era nadar. Ja!¡Nadar1 Nada más, y nada menos... ¿Y eso cómo y cuándo lo hago? Por un lado, soy de secano y sé nadar lo justito para refrescarme en la piscina o en la playa entre vuelta y vuelta. Por otro, tengo el pelo largo, con lo que eso complica lo de la piscina y, por supuessto, ¡no tengo tiempo! La verdad, me gustaría seguir el ejemplo de tantas otras, compañeras mías de trabajo y conocidas que a a los seis meses de embarazo se quedan en casa sin remordimientos. Que no digo yo que no haya casos justificados, que haberlos haylos, pero me consta que en muchas ocasiones es una simple mezcla de cansancio y una pizca de cuento lo que lleva a darse de baja a muchas embarazadas. Y lo entiendo, vaya si lo entiendo, lo entiendo tanto que me apetece horrores hacer lo mismo, pero no puedo. Tengo un sentido de la responsabilidad, un pepito grillo que me impide dar el paso aunque termine los días con ganas de llorar de puro agotamiento, con dolores, cojeando y echa una pena. Y no pretendo que nadie se compadezca de mí, porque lo que tengo es fruto de mi decisión, y nadie me está poniendo una pistola en el pecho para que siga saliendo a trabajar todos los día. Pero a veces me guataría estar hecha de otra pasta, porque la que me ha tocado es un verdadero incordio.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Elegir nombre

Ya estoy de 22 semanas y aún sin nombre para el boquerón. Y el pobre ya va teniendo tamaño de lenguado... Qué diferente este embarazo del primero. Con Manuel supimos enseguida el nombre que nos gustaba, estuve pendiente del embarazo, de los síntomas, de la preparación del cuarto del bebé, leí muchísimo sobre gestación y crianza... Se me hizo larguísimo, porque pensaba constantemente en las semanas que faltaban para verle la carita. Lo viví como una cuenta atrás hacia el parto.
Qué distinto ahora, cuatro años más tarde, que se me olvida de cuántas semanas estoy, e incluso olvido a ratos que llevo dentro un bebé, y parece que él lo sabe y quiere hacerse notar dando unas volteretas que me sobresaltan. Ahora que no tengo tiempo para preparativos y que me va a pillar el toro con toda seguridad. Ahora que mi boquerón no tiene nombre siquiera... El papá ejemplar y yo no nos ponemos de acuerdo. A mí me gustan un sinfín de nombres... que a él no le convencen, y él se ha agarrado a uno que a mí me espanta... y no se baja del burro. Lo  malo es que llegamos a un acuerdo antes de saber el sexo, y decidimos que él elegiría el nombre si era varón y yo si era niña... ¡Cómo se me ocurrió semejante tontería! ¿Alguna idea?

martes, 17 de enero de 2012

Fantasías

Pese a todo fantaseaba con publicar en este blog la ecografía de hoy, a la que habría añadido con "photoshop" un lacito rosa en la cabeza, a imagen y semejanza de mi amiga y blogger, Mamen Infante, que tuvo la suerte de dar con la niña a la segunda. Tenía el nombre elegido, y era divino. Me quedaban pocas esperanzas pero me hacía muchísima ilusión lo de la niña, y secretamente me visualizaba sentada a su lado el día de Reyes abriendo la tan soñada casa de muñecas que a mí nunca me regalaron... y que yo me encargaría personalmente de que sus majestades trajeran a mi adorada pequeña, y sería la casa más cursi, aparatosa y llena de detalles frívolos que fuera posible encontrar en Madrid. Pensaba en encontrarle uso a muchas de las cosas que aún conservo: traje de novia, colección de "Barbies", ropa pasada de moda pero que "seguroquevuelve"... Y pensaba sobre todo en  mi relación con mi madre y en cómo yo tendría algo así con mi hija dentro de treinta y pico años.

Pero mi cabeza me decía que un niño era mucho más práctico, porque compartiría con el lechón juegos, aficiones, heredaría ropa, compartiría cuarto. Un chico es logísticamente más sencillo, y la razón me decía que era lo mejor para todos. Menos rivalidades,  menos conflictos, más complicidad....

Pues nada, que el año que viene le pediré yo a los Reyes la casa de muñecas... porque de camino hay otro niño!

lunes, 2 de enero de 2012

Movimientos fetales

Según lo que he consultado a "San Google", y también a mis dos libros de cabecera sobre el embarazo: el clásico "Qué esperar mientras esperas" y "Nueve meses de espera" (una guía sobre gestación, parto y postparto, muy recomendable escrita por la ginecóloga Josefina Ruiz), los movimientos fetales no son percibidos por la madre hasta la semana 17 del embarazo. Sin embargo, yo que he sido siempre muy precoz, sentí ayer por primera vez cómo una pequeña culebrilla se movía en mi abdomen, muy por debajo del ombligo... así que ese movimiento no viene del intestino. Mi pequeño boquerón, que así le hemos bautizado por el momento (en la última eco medía 6 cm y pensamos que al tamaño le iba bién el mote), se ha vuelto a mover esta tarde y ya no tengo dudas.

Me encanta esta etapa del embarazo. Es cuando realmente empiezo a sentir que un ser humano está creciendo dentro de mí, y es algo único. Ya no me caigo de sueño a todas horas y, aunque algo cansada, he recobrado parte de mi energía habitual. El lechón ya es cada vez más consciente de que "mami va a tener un bebé", y pregunta cosas adorables como ¿cuántos años va a tener?, ¿qué va  a comer? También quiso saber si va  a ser un hermanito o una hermanita, a lo que yo le respondí a la gallega, ¿tú que crees? y me dijo, muy seguro, que va a ser una nena. Todos a mi alrededor diciéndolo, "seguro que será niña", o lo que es peor, "cuando nazca la niña..." Y no sé no sé, ojalá se cumplan los buenos deseos, pero yo tengo el pálpito de que es otro niño. O al menos no quiero hacerme muchas ilusiones... ¿será por eso que le hemos puesto boquerón y no sardina?

Por cierto, Feliz 2012 a tod@s!

domingo, 11 de diciembre de 2011

Doce semanas

Mañana cumpliré las 12 semanas de embarazo pero aún no acabo de creerme que lo que hace crecer mi tripa tan (sorprendentemente) rápido sea otro bebé. Cuando lo supe la alegría se mezcló con una nueva sensación de vértigo que no recuerdo haber sentido en el primer embarazo. Supongo que ahora sé de verdad lo que es ser madre, para bién y para mal... Estas semanas han pasado muy deprisa, y me he movido en una especie de burbuja de agotamiento y somnolencia que me ha llevado a poner el piloto automático para poder seguir con el ritmo habitual a duras penas: jornada intensiva-extensiva en el trabajo + la casa + el lechón + lo que surja... Ahora parece que empiezo a recobrar algo de energía, aunque tal vez sea sólo que estos días de macro puente me han venido muy bién para descansar y tomar fuerzas.


El lechón, haciendo de gala de su intuición, lo sabe sin que nadie se lo haya dicho oficialmente, y pregunta de cuando en cuando sobre el tema. Ayer me dejó muerta cuando, apoyando su cabecita sobre mi tripa preguntó "mami, ¿vas a tener ya al hermanito?". El papá ejemplar anda haciéndose a la idea como puede, aunque no se molesta en disimular que ganas de otro bebé no tiene ni pizca. A este paso voy a tener que quitarle el título, aunque le estaré eternamente agradecida por haber cedido a mi insistencia-coacción en un acto de Amor del que espero que no se arrepienta nunca.

martes, 27 de octubre de 2009

Neuronas y maletas

¿Es posible tener buena memoria y aún así ser tremendamente despistada? A mí me pasa.
Durante mi embarazo leí un libro que decía que las mujeres embarazadas perdíamos neuronas por nosequéhistoria de las hormonas (prueba de que es verídico: no recuerdo la explicación). Por lo visto durante la gestación todo nuestro cuerpo, cada una de nuestras células, incluidas las responsables del raciocinio, la lógica y el intelecto, están concentradas en la más alta tarea, la de dar vida. Y por eso en el camino perdemos algunas facultades que no son tan esenciales. A mi me pasó. Me sentía un poco torpe, física y mentalmente, pero lo cierto es que me importaba más bien poco porque vivía en una estado-burbuja de feliz idiotez, despistada y somnolienta. Pues bién, hay días en los que sospecho que aún no he salido de esa burbuja. Esos días, si no fuera porque sé que es imposible, pensaría que estoy otra vez embarazada.

Lo acuso especialmente cuando vamos a salir unos días de viaje. Ahora me dispongo a hacer las maletas para el fín de semana. Y diréis, ¡pero si es martes!! Pues sí, a golpe de martes tengo que empezar a pensar en lo que me voy a llevar, porque claro, no se trata de mi maleta, NO, se trata de SU maleta, la del lechón, y eso son palabras mayores. A él no puede faltarle de nada: ni cuentos, ni juguetes, ni un modelito para cada ocasión-temperatura, multiplicado por tres por los "porsis", ni un botiquín de emergencia propio de una CSI, ni el kit de entretenimiento para el coche, ni pañales, toallitas, una cremita para cada parte del cuerpo... Estoy barajando también la posibilidad de llevar la trona de viaje, la cuna de viaje (que aún no sé si tendrán en el hotel). SOSSS, ¿alguien tiene un remolque? Tampoco puede faltar una bolsa con el capítulo alimentación, en la que incluir leche, cereales, bibes, calientabiberones, termo, potitos de frutas... ¿Sigo? porque aún me faltan un montón de cosas, pero creo que lo váis pillando. El caso es que en ésto no tengo la ayuda inestimable del papá ejemplar. Lo diré en sus palabras para que no herir susceptibilidades (léase con voz grave): "aún no he aprendido a hacer mi propia maleta, como para hacer la del lechón". Pues eso, que me parece que Manuel se preparará él solito el equipaje (prometo enseñarle) antes de que su padre se decida a intentarlo... Y a mí, que nunca me ha gustado hacer maletas, nadie me libra. Y esto con las neuronas mermadas por el embarazo, la maternidad, la falta de sueño y, además esta semana, el cambio de hora, que me tiene bastante difusa...

Lo peor de todo es que estoy casi segura de que no olvidaré ni un chupete, ni un calcetín de Manuel... pero en lo que se refiere a mi propio equipaje... a ver qué se me olvida esta vez!... La última me dejé el cinturón y me pasé el viaje subiéndome los pantalones y enseñando el tanga en plan mamá-choni cada vez que me ponía en cuclillas, y las que sois madres de un bebé sabéis que pasamos la mitad del día en esta postura tan cómoda... Lo bueno es que, al llegar al destino descubres, como en Supervivientes, que puedes sobrevivir sin tantas cosas materiales. Eso sí, siempre que al peque no le falten cosas tan esenciales como su peluche para la cuna, su Cd de canciones infantiles o su luz azul para las noches...

P.D: Nos vamos de escapada rural a un pueblo de León. Os lo cuento a la vuelta...

miércoles, 14 de enero de 2009

Avances

Durante el embarazo, leía todo lo que caía en mis manos sobre la gestación. Sabía exactamente qué medidas debía tener el feto en cada una de las cuarenta semanas, en qué momento se formaba el corazón, cuándo empezaban a tener pelo o qué sintomatología acompañaba a cada uno de los trimestres. Tenía mucho tiempo, supongo. Ahora leo menos y procuro limitarme a novelas que me gusten y me trasladen a otros mundos, millones de revistas que forman parte de mi trabajo, y los blogs que me gustan. No es que no me guste el mundo de los bebés, es solo que he dejado de soñar con ellos porque ahora tengo uno, y eso ya es mucho como para además leer montones de páginas sobre crianza, desarrollo y demás. Así que no tengo la menor idea de si Manuel hace lo que tendría que hacer un bebé de siete meses y medio, si está más espabilado o menos de lo que se considera normal. Y lo cierto es que me importa muy poco. A mí me parece el bebé más bonito del mundo... y si es listo o no, ya lo iremos viendo, no?

Bueno, pues aquí una prueba de los avances de mi peque en psicomotricidad. Estos días nos ha dado por lo del vídeo, como habréis comprobado. Por cierto, dedico éste a la yayita, porque Manuel cada día se parece más a ella, y la camisa que lleva puesta es la que le dejaron los reyes en su casa. A ver cuando vienes por los madriles, que el frío esta vez sí que ha venido de golpe. Un beso gordo gordo.

viernes, 10 de octubre de 2008

Flash Back: El Parto (2)

Siguiendo con la noche en la que nació Manuel. Llegamos a la clínica Montepríncipe sobre las diez y media de la noche del 29 de mayo. Mis contracciones eran ya muy seguidas y me dolían muchísimo, cada vez más. Al ver la sala de espera de urgencias se me cayó el alma a los pies porque estaba llena hasta la bandera y, lo que es peor, había otras tres embarazadas que habían llegado antes que yo, por lo que tenía que esperar mi turno para ginecología.
Cuando le dije que esta vez iba en serio y que me atendieran pronto porque iba a parir allí mismo, el chico que había en el control me miró con cara de haber visto millones de veces casos como el mío y que a la mayoría nos enviaban a casa por falsa alarma. Estuvimos más de una hora esperando. Al principio intentábamos hacer un crucigrama entre los dos, pero al cabo de un rato los dolores ya no me dejaban pensar, y no sabía si sentarme, levantarme o pasearme a gritos por la sala de espera. Recuerdo que miraba con odio a las otras embarazadas segura de que a ellas no les podía doler tanto como a mí y rabiando porque por su culpa tendría que esperar aún más. A esas alturas ya estaba segurísima de que el parto estaba en marcha y mi preocupación era llegar a tiempo para dar a luz en un quirófano "como Dios manda".
Por fin un enfermero dice mi nombre y me pasan a la sala de reconocimiento. Ésta vez me atiende una ginecóloga que no se muestra muy amable y desde luego nada comprensiva con mis dolores. Me pongo en el potro para que me explore (es curioso como, en esos momentos, te invade la falta de pudor más absoluta y el hecho de que te metan un dedo enguantado de latex en tus partes íntimas te parece lo más normal del mundo) y, cual no sería mi sorpresa, indignación y congoja cuando me dice, tan tranquila, que aún no estoy de parto, que no tengo nada de dilatación y que mis contracciones no son "efectivas". Me quería morir solo de pensar en volverme por donde había venido. Además, estaba segura de que aquella médico no tenía la menor idea de lo que estaba haciendo. Se me debió ver en la cara, porque me aseguró que aún así me van a monitorizar para estudiar la secuencia de las contracciones. Me llevan a un box y me atan a las correas. Una camisa de fuerza tampoco me hubiera ido mal, claro que probablemente no hubieran encontrado mi talla. Enseguida se oye el fuerte latido del corazón de Manuel. De pronto, no se si fueron los nervios o qué, las contracciones parecían menos dolorosas, como atenuadas, así que empecé a resignarme a la idea de la falsa alarma. En la camilla de al lado había una chica embarazada de gemelos y también le iban a dar el alta. Sin embargo, diez minutos después apareció un médico con un fuerte acento cubano, muy gracioso, que miró el papel que registraba las contracciones y me dedicó un gesto de compasión, como diciendo, "pues va a ser que sí, que te duele"... Me dijo que, aunque mis contracciones no tenían ritmo y por eso no eran efectivas, me iban a dejar ingresada porque no me podían enviar así a casa. Me pincharon un calmante que, según dijeron, no provocaría ni detendría el proceso de parto, sino solo atenuaría el dolor, que tratara de descansar y que al día siguiente mi médico decidiría, "qué hacer conmigo".

Una vez en la habitación miré a mi alrededor y supe que sería allí donde viviría las primeras horas con mi niño y pensé "parece que por fin ha llegado el momento, va a ser así". No obstante, todo seguía pareciendo algo irreal. David estaba increíblemente tranquilo. Bajó las maletas, que habíamos dejado en el coche por si acaso, y yo recuerdo que saqué de una de ellas un Sudoku que tenía a medio terminar y mi portaminas... ¡qué ilusa! En la habitación me sentí más tranquila y más cómoda. La enfermera, muy amable, me trajo un camisón. Poco después vino la matrona a explorarme. También me dijo que no estaba de parto, que solo tenía el útero permeable a un dedo, pero que podría ponerme en cualquier momento o al día siguiente, que me diera una ducha bien caliente y que hiciera los ejercicios de relajación que había aprendido en las clases de preparación al parto, que si en una hora seguía con las contracciones le avisara. Esta es la pinta que tenía...
Ayudada por David me fui a la ducha y estuve allí un buen rato con el chorro de agua caliente sobre mis riñones. Después de la ducha yo quería poner la tele para distraerme pero David me dijo que eran las dos de la mañana y que despertaríamos a los vecinos. Los dolores continuaban, y yo intentaba relajarme, respirar... David me decía, tranquila, respira, relájate... Pero aquello era imposible, me dolía muchísimo. Pasado algo más de una hora de infierno me dí cuenta de que las contracciones eran ya cada minuto o minuto y medio, y aquello no había ya quien lo aguantara. Decidí llamar a la enfermera y me dijo que iban a pasarme a epidural.
Lo que sigue fue todo muy rápido. Vinieron a ponerme un enema, ¡muy desagradable! y a rasurarme y recuerdo que ya entonces estaba retorciendome de dolor. Me bajaron en la cama al quirófano donde me pondrían la epidural que iba a acabar por fin con mi suplicio. A David le dijeron que tardarían una media hora, así que él iba a aprovechar para ir a tomar algo. El anestesista era muy amable, pero no hacía más que decirme que me estuviera quieta, y a mí me parecía imposible. Después de pincharme me dejaron tumbada en la cama en un pasillo supongo que para asegurarse de que reaccionaba bien. Esos fueron los peores momentos porque recuerdo que llevaba un cateter en alguna parte y me decían que no me moviera, pero yo no podía estarme quieta por el dolor. Cuando vieron que yo seguía en un grito llamaron a la matrona. Al verla me sentí más tranquila. Me exploró y dijo "uy pero qué bién has dilatado cariño, estás de ocho a completa, vas a tener a tu hijo muy pronto", y después "llamen al doctor para que venga con urgencia, vamos directamente a quirófano". Le pedí que avisaran a David, que tardó poquísimo en llegar, pero a mí se me hizo una eternidad. Yo seguía con dolores horrorosos, pero al menos esperanzada de que terminarían pronto. La matrona se quedó conmigo intentando tranquilizarme y me decía que lo mío se llama "parto precipitado" y que no es muy habitual dilatar tanto en tan poco tiempo. Cuando llegó el médico, unos diez minutos más tarde, me pasaron a la sala de partos y a David le mandaron esperar fuera. Manuel estaba a punto de nacer.

martes, 26 de agosto de 2008

Otro viajecito

Desde bien chiquitín, e incluso antes, cuando estaba dentro de mi tripa, Manuel ha sido un niño muy viajero. Antes incluso de saber que estaba embarazada pasamos en Paris un fin de semana. Cuando estaba de tres meses fuimos a Nueva York una semana, y después a Paris un par de veces más por trabajo, a Barcelona para una presentación y en Semana Santa a Gran Canaria.


Ahora estamos en Barcelona, hemos venido a pasar unos días con la madrina Marta y los primitos Blanca, Lucía y Mateo, en su maravillosa casa de Llavaneras. David se ha quedado en Madrid, debe de estar en la gloria disfrutando de estos días de independencia. Llegamos ayer por la tarde, en el AVE, y Manuel se portó muy bién durante el viaje. Ahora que definitivamente estamos dejando el pecho, disfrutamos los dos de la comodidad del biberón. El trayecto lo pasó en mis brazos, a ratos dormitando y a ratos haciendo gorgoritos que tenían encantados (espero, y sino, cuanto lo siento) al resto de viajeros.


Hoy hace un día plomizo y oscuro y Manuel está un poco como el tiempo, pesadito. Quiere estar en bracitos todo el rato y está protestón. Creo que acusa un poco el cambio de entorno y supongo que estará así hasta que se adapte. Claro que mejor que no se acostumbre demasiado porque solo nos quedamos hasta el viernes. Luego de vuelta a Madrid y el lunes nos vamos de nuevo, los tres, una semana de vacaciones.


El destete gradual está llendo bastante bién. A mí me sigue dando mucha pena, pero es lo que hay, Manuel ya no quiere esforzarse para sacar la leche, y no me queda más remedio que pasar página y disfrutar de las muchas ventajas del biberón. Ahora solo toma pecho en la toma de la madrugada, que como está medio dormido no se entera, y como cada vez duerme más horas esa toma se junta casi con la del desayuno, en la que tambien por ahora toma pecho. El resto del día toma bibe y se le ve tan contento como siempre, parece que no echa de menos el pecho. Lo que no sé es cuando dejaré de producir leche, porque por el momento sigo "ordeñandome" un par de veces al día y es una actividad de lo más reconfortante...
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