Mañana cumpliré las 12 semanas de embarazo pero aún no acabo de creerme que lo que hace crecer mi tripa tan (sorprendentemente) rápido sea otro bebé. Cuando lo supe la alegría se mezcló con una nueva sensación de vértigo que no recuerdo haber sentido en el primer embarazo. Supongo que ahora sé de verdad lo que es ser madre, para bién y para mal... Estas semanas han pasado muy deprisa, y me he movido en una especie de burbuja de agotamiento y somnolencia que me ha llevado a poner el piloto automático para poder seguir con el ritmo habitual a duras penas: jornada intensiva-extensiva en el trabajo + la casa + el lechón + lo que surja... Ahora parece que empiezo a recobrar algo de energía, aunque tal vez sea sólo que estos días de macro puente me han venido muy bién para descansar y tomar fuerzas.
El lechón, haciendo de gala de su intuición, lo sabe sin que nadie se lo haya dicho oficialmente, y pregunta de cuando en cuando sobre el tema. Ayer me dejó muerta cuando, apoyando su cabecita sobre mi tripa preguntó "mami, ¿vas a tener ya al hermanito?". El papá ejemplar anda haciéndose a la idea como puede, aunque no se molesta en disimular que ganas de otro bebé no tiene ni pizca. A este paso voy a tener que quitarle el título, aunque le estaré eternamente agradecida por haber cedido a mi insistencia-coacción en un acto de Amor del que espero que no se arrepienta nunca.
