Mientras el pequeño pasa por su quinto o sexto episodio catarral de lo que va de invierno (y lo que nos queda), esta humilde mamá se enfrenta a días de trabajo intenso tras noches interrumpidas por llantos desconsolados. Doble jornada, laboral y maternal, para terminar los días exhausta en el sofá, haciendo equilibrios entre la crianza del pequeño y la educación del mayor, mientras intento tener de vez en cuando vida en pareja, mirar a la cara al contrario y hacerle algún arrumaco, pintarme el ojo y ponerme un tacón para que se acuerde de por qué se casó con una, etc, etc... Yo creía que ya de por sí mi día a día era difícil, pero mira por dónde que puede haber un más difícil todavía, y eso viene cuando en el cole te ponen deberes.
Resulta que en aras de celebrar el Carnaval, el colegio nos pide ayuda a "los padres" (el genérico en este caso es un eufemismo doloroso, porque todos sabemos que del asunto disfraz nos vamos a encargar nosotras). Y nuestra misión consiste, nada más y nada menos, que en diseñar, cortar y coser para el lechón un disfraz de nota musical. Para tal fin, y siempre según las directrices del cole, hay que comprar tela de fieltro blanco (misión nada fácil y que, por suerte, he podido delegar en la Nana), cortar y coser una casaca que llegará por encima de la rodilla, sobre la cual se pegará la corchea negra, previamente recortada en fieltro negro, de manera más o menos centrada a la altura del pecho del infante.
A ello se dispone una servidora, y tengo temblores solo de pensarlo. Lo que para otras mamás seguro que será una actividad divertida para pasar una tarde con sus hijos, a mí se me hace un mundo. Y es que me vienen a la memoria recuerdos del cole, de la clase de labor, en la que una monja muy gruñona nos enseñaba a hacer vainica y mis manos torpes y chapuceras llenaban aquel pañito de lino de errores y de mugre. Lo de la costura es para mí un mundo desconocido, y las manualidades en general no son mi fuerte, ¡y eso que soy nieta de tapicera! Cuando me enfrento a retos como éste pienso en lo mucho que hemos evolucionado las mujeres para que, al fin y a la postre, la maternidad nos coloque de nuevo frente a nuestras ancestrales misiones... ¡a coser!
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martes, 5 de febrero de 2013
martes, 29 de enero de 2013
Educar
Hay días que la tarea de educar se convierte en el mayor reto al que jamás te has enfrentado. Días en que educar se hace tan cuesta arriba que te quedas sin aliento, sin fuerzas e impotente viendo cómo tus esfuerzos son en vano, porque a medida que das un paso para subir la maldita cuesta, el horizonte parece más lejano. Educar un hijo es la misión más difícil que me he planteado, y también la más importante. Conducirles, formarles, acompañarles, inculcarles valores... todo para ayudarles a llegar a la edad adulta como personas decentes, con la cabeza sobre los hombros, personas íntegras, seguras de sí mismas, confiadas y en quienes se pueda confiar. Ese es para mí el objetivo de la educación, y más vale que no lo pierda de vista. Porque a medida que se sube la empinada cuesta, a veces uno se olvida de la cima que buscamos. Y no conviene.
Porque a veces, después de un día duro de trabajo, se me olvida lo importante, y tomo atajos, olvidando esa cima que queremos alcanzar. Esos días caigo en la tentanción de enchufarle a la tele con cualquier excusa "porque está insoportable". No me detengo a pensar en el por qué de determinadas actitudes. No busco comprenderle, sólo intento que me deje tranquila. Y es que nadie dijo que fuera fácil... y educar es un trabajo 24/7/365.
Educar es también empatizar... Averiguar si le ha pasado algo ese día en el cole, si está cansado, si los celos han hecho de las suyas, ¡son tantas cosas! estar atenta a sus necesidades, fijarme si necesita más mimos, o más espacio... Para que él sea sensible, más vale que lo seamos nosotros con él. Educar es enseñarle que cometer errores no es el problema, que lo seguirá haciendo toda la vida, lo malo es no darse cuenta y no rectificar.
La teoría más o menos me la sé, pero educar a Manuel está siendo complicado, muy complicado. Para ésto no hay normas universales, porque cada niño es un mundo, cada familia un universo entero. Hay días en que me subo por las paredes, me siento impotente, inútil, desastrosa, culpable. Lidiar con la culpa es la peor parte, porque las madres nos encargamos de que nos caiga sobre los hombros el peso del mundo. Siempre podríamos hacerlo mejor, siempre hay una madre perfecta a la que admirar, con hijos que saludan correctamente, dicen gracias y por favor.
Igual que Manuel, yo también estoy aprendiendo por el camino. Y cada vez más, veo que educar es sobre todo hacer las cosas bién, o al menos intentarlo, es ser un buen ejemplo, porque educa más lo que hacemos que lo que decimos, infinitamente más. Y en ello estamos.
Porque a veces, después de un día duro de trabajo, se me olvida lo importante, y tomo atajos, olvidando esa cima que queremos alcanzar. Esos días caigo en la tentanción de enchufarle a la tele con cualquier excusa "porque está insoportable". No me detengo a pensar en el por qué de determinadas actitudes. No busco comprenderle, sólo intento que me deje tranquila. Y es que nadie dijo que fuera fácil... y educar es un trabajo 24/7/365.
Educar es también empatizar... Averiguar si le ha pasado algo ese día en el cole, si está cansado, si los celos han hecho de las suyas, ¡son tantas cosas! estar atenta a sus necesidades, fijarme si necesita más mimos, o más espacio... Para que él sea sensible, más vale que lo seamos nosotros con él. Educar es enseñarle que cometer errores no es el problema, que lo seguirá haciendo toda la vida, lo malo es no darse cuenta y no rectificar.
La teoría más o menos me la sé, pero educar a Manuel está siendo complicado, muy complicado. Para ésto no hay normas universales, porque cada niño es un mundo, cada familia un universo entero. Hay días en que me subo por las paredes, me siento impotente, inútil, desastrosa, culpable. Lidiar con la culpa es la peor parte, porque las madres nos encargamos de que nos caiga sobre los hombros el peso del mundo. Siempre podríamos hacerlo mejor, siempre hay una madre perfecta a la que admirar, con hijos que saludan correctamente, dicen gracias y por favor.
Igual que Manuel, yo también estoy aprendiendo por el camino. Y cada vez más, veo que educar es sobre todo hacer las cosas bién, o al menos intentarlo, es ser un buen ejemplo, porque educa más lo que hacemos que lo que decimos, infinitamente más. Y en ello estamos.
lunes, 3 de diciembre de 2012
Los celos eran ésto
Estaba yo más que avisada, y hasta cansada de oír la consabida pregunta, "¿qué tal lo lleva el mayor?". Le decía a todo el mundo que muy bién, que está encantado con su hermanito, que le adora y le colma de mimos y atenciones. Orgullosa contaba yo lo mucho que nos ha sorprendido lo bién que ha asumido su nuevo papel, lo cariñoso que es con su hermano. Y ha sido eso lo que me ha despistado durante estos (ya!) cinco primeros meses del pequeño. No sé porqué yo pensaba que los celos se manifiestan en una animadvesión manifiesta hacia el rival, y me los imaginaba como algo mucho más evidente, que vería claramente, como un alumbrado de luces de neón. Pero resulta que me ha estallado en las narices porque se ha ido fraguando lenta y sutilmente sin yo darme ni cuenta. Mis alarmas saltaron cuando el lechón perdió el apetito de forma muy llamativa, y, en mi lucha diaria para que comiera, me dí cuenta de que su negativa a comer era como un grito de auxilio diciendo "mami, hazme caso!". Lo malo, o lo bueno, es que conseguía esa tan necesaria atención por mi parte pero no para bién, sino para enfadarme y reñirle por no comer, o para enviarle a la cama sin su ratito de dibujos o su premio. Creo que las madres nos sentimos fracasadas si nuestros cachorros no comen, debe de ser algo atávico, es como si nuestra misión más importante, nuestro trabajo, lo estuviéramos haciendo mal, como si no lo supiéramos completar. Así me sentía yo y por eso le echaba unas charlas monumentales para que comiera, que a él por un oído le entraban y le salían por el otro. Un día me caí del guindo y me dí cuenta de que los celos eran ésto... y me llevé un buen disgusto, sobre todo porque me sentí tan culpable como solo una madre puede hacerlo. Vi entonces en sus ojos la decepción, el enfado, la tristeza... pero la culpable era yo, no su hermano... Por suerte o no, eso lo tiene muy claro, por ahora.
El papá ejemplar, que es en estas crisis cuando se gana de verdad el apodo, tuvo el temple para diseñar una estrategia hacia el tema de la comida que parece que va funcionando. Quitarle importancia, dejar de reñirle y de castigarle, y darle la oportunidad de decidir por sí mismo cuándo quiere volver a comer, porque según dicen ningún niño se mata de hambre. Para los hijos es tan importante nuestra atención, nuestra mirada, nuestro tiempo en su compañía, que prefieren vernos enfadados, ganarse una bronca, quedarse sin premios, lo que sea pero siendo ellos los protagonistas... y si es robándole el papel a su hermanito pequeño, mejor que mejor. Desde que ha visto que dejar de comer no le da minutos extra de atención por mi parte parece que vuelve a tener apetito. Además, yo he enterrado el hacha de guerra y procuro enfadarme menos con él para que no tenga la impresión de que él solo se lleva regañinas y el bebé recibe todos los mimos. Y por supuesto la mejor terapia para los celos: atención y mimos, que él no pide pero necesita muchísimo. Volver a tratarle un poco como un bebé hace que le rían los ojos, buscarle para darle un mordisco, perseguirle para comérmelo a besos... cosas que, mea culpa, llevaba mucho tiempo sin hacer. Porque mi niño mayor está muy alto y a veces se me olvida lo pequeñito que es todavía.
El papá ejemplar, que es en estas crisis cuando se gana de verdad el apodo, tuvo el temple para diseñar una estrategia hacia el tema de la comida que parece que va funcionando. Quitarle importancia, dejar de reñirle y de castigarle, y darle la oportunidad de decidir por sí mismo cuándo quiere volver a comer, porque según dicen ningún niño se mata de hambre. Para los hijos es tan importante nuestra atención, nuestra mirada, nuestro tiempo en su compañía, que prefieren vernos enfadados, ganarse una bronca, quedarse sin premios, lo que sea pero siendo ellos los protagonistas... y si es robándole el papel a su hermanito pequeño, mejor que mejor. Desde que ha visto que dejar de comer no le da minutos extra de atención por mi parte parece que vuelve a tener apetito. Además, yo he enterrado el hacha de guerra y procuro enfadarme menos con él para que no tenga la impresión de que él solo se lleva regañinas y el bebé recibe todos los mimos. Y por supuesto la mejor terapia para los celos: atención y mimos, que él no pide pero necesita muchísimo. Volver a tratarle un poco como un bebé hace que le rían los ojos, buscarle para darle un mordisco, perseguirle para comérmelo a besos... cosas que, mea culpa, llevaba mucho tiempo sin hacer. Porque mi niño mayor está muy alto y a veces se me olvida lo pequeñito que es todavía.
lunes, 15 de octubre de 2012
Curiosidad
Si por algo destaca el carácter del lechón es por su inmensa curiosidad. No es que sea el más listo, ni el más rápido ni el que mejor dibuja, pero seguramente sí es de los más curiosos. Todo lo quiere saber, todo lo pregunta, y además no se conforma con respuestas vagas e imprecisas. Él quiere aprender en serio, y pide datos que avalen cada respuesta. Ésto a veces a los adultos nos deja literalmente con el culo al aire. Como cuando pregunta si China es más grande que Rusia y a una servidora le entran sudores tratando de hacer memoria. Pronto empezamos, miedo me dá cuando empiece en el cole a aprender las capitales, o los ríos -¿se siguen estudiando los ríos y afluentes?- y se las sepa mejor que yo. Por que ahora, con cuatro años, le puedo contestar algo digamos... inexacto... sin que llegue la sangre al río, pero cuando esté en Primaria me temo que voy a tener que darle un repaso a mi Geografía de EGB, que la tengo bastante olvidada.
En su sed de aprender, hemos ido creando en casa una Biblioteca con cuentos sobre los Dinosaurios, el Cuerpo Humano, la vida en el mar, etc... Algunas veces, cansada de releer mil veces los que tenemos de casa, vamos a la biblioteca pública y nos traemos los más gordos y cargados de información que encontramos. Más que cuentos son enciclopedias, porque a él lo que le gusta es saber cosas del tipo:
- ¿Cuánto mide un tiburón blanco? ¿y qué come?
- ¿Hay ballenas en Madrid? ¿y en España?
- ¿Quién enciende las farolas de la calle? ¿Y qué es el Ayuntamiento?
- ¿Y el cerebelo para qué sirve?
- ¿Porqué el corazón tiene vintrícuolos?
- El Tiranosaurio se puede comer al Anquilosaurio?
- .... y muchos curiosos etcéteras
Me gusta que mi niño me ponga a prueba con sus preguntas, aprender con él y para él... aunque me agote, y me conmueve verle con tantas ganas de aprender. Dicen que somos jóvenes siempre que sigamos aprendiendo, y yo a su lado lo hago todos los días ¡Ojalá le dure mucho!
En su sed de aprender, hemos ido creando en casa una Biblioteca con cuentos sobre los Dinosaurios, el Cuerpo Humano, la vida en el mar, etc... Algunas veces, cansada de releer mil veces los que tenemos de casa, vamos a la biblioteca pública y nos traemos los más gordos y cargados de información que encontramos. Más que cuentos son enciclopedias, porque a él lo que le gusta es saber cosas del tipo:
- ¿Cuánto mide un tiburón blanco? ¿y qué come?
- ¿Hay ballenas en Madrid? ¿y en España?
- ¿Quién enciende las farolas de la calle? ¿Y qué es el Ayuntamiento?
- ¿Y el cerebelo para qué sirve?
- ¿Porqué el corazón tiene vintrícuolos?
- El Tiranosaurio se puede comer al Anquilosaurio?
- .... y muchos curiosos etcéteras
Me gusta que mi niño me ponga a prueba con sus preguntas, aprender con él y para él... aunque me agote, y me conmueve verle con tantas ganas de aprender. Dicen que somos jóvenes siempre que sigamos aprendiendo, y yo a su lado lo hago todos los días ¡Ojalá le dure mucho!
miércoles, 3 de octubre de 2012
Reunión de padres
Mañana hay reunión de padres en el cole del lechón. Y la ansiedad me devora cual si de una entrevista de trabajo se tratara. Tengo mis sospechas, fundadas, de que Manuel ha mostrado ya en el cole su cara verdadera, y la verdad, tengo miedito de lo que me va a decir su maestra. Me imagino algo crudo, del tipo: "Tu hijo es algo indisciplinado, ¿tiene problemas en casa?" Lo que viene siendo la manera educada de decir: "cómo es posible que semejante terrorista haya terminado en mi clase, y porqué sus padres no se lo llevan lo más lejos posible... ¡YA!". Mis sospechas vienen a raíz de la siguiente conversación mantenida hoy en la cocina.
-Manuel, y qué habéis hecho hoy en clase?
-Nada
-Algo habréis hecho, ¿no? Porque vaya rollo estar ahí todo el día sin hacer nada.
-No, nada
(grrr
rrrrrrrrrrrr interior, pero yo sin perder la compostura, con una falsa sonrisa en la cara) Ante mi absoluta falta de información sobre su comportamiento en el cole, porque se niega a contarme nada y se cierra en banda en cuanto hago preguntas sobre qué hacen o dejan de hacer en clase, hoy me he lanzado a preguntar de manera algo más inquisitiva de lo habitual
-Bueno, pues mañana voy a hablar con Elena (su profe) a ver qué me cuenta, porque tú no me cuentas nada.
-Bueno, entonces te va a contar... bueno.... mmmm.... te va a contar.... que no....mmmm.... bueno.... nada...nada...
-¿Me va a contar que te portas muy bién?
-Mmmmm bueno, es que está prohibido hablar cuando hay que hacer trabajos... y yo... bueno.... yo juego con los que tengo al lado... un poco... Y entonces Elena me chilla...
-Pero bueno Manuel, eso no está bién, tienes que hacer caso a tu profesora, porque si no no vas a aprender... (os ahorro el resto del sermón que ya os lo imagináis)
-Sí, y en el comedor también jugamos a guerras de pies, porque los otros niños quieren jugar todo el rato a guerras de pies, y claro, pues yo también juego.
Mi cara de circunstancias ha sido un poema y la ansiedad me tiene en un sinvivir desde entonces. Me siento como un niño pillado en falta. Es lo que tiene no haber cortado aún del todo el cordón umbilical. Por suerte, y en un momento "refuerzo positivo" muy a lo Supernanny, le he preguntado un rato más tarde.
- Ahora cuéntame si haces algo muy bién en el cole, esa vez que te dice la profe ¡muy bién! Mola un montón eso no? ¿Te lo dice la profe alguna vez? (rezos interiores pero cara de estonotienemayorimportancia)
-Sí, cuando dibujo -dice él con cierto orgullo
-Ah! sí, qué bién mi vida, y ¿qué dibujas?
-Personas
-¿Personas? ¿dibujas a mami y a papi? ¿Me enseñas como lo haces?
Y aquí está el resultado ¿He salido favorecida? Deseadme suerte con el examen de mañana.
-Manuel, y qué habéis hecho hoy en clase?
-Nada
-Algo habréis hecho, ¿no? Porque vaya rollo estar ahí todo el día sin hacer nada.
-No, nada
(grrr
rrrrrrrrrrrr interior, pero yo sin perder la compostura, con una falsa sonrisa en la cara) Ante mi absoluta falta de información sobre su comportamiento en el cole, porque se niega a contarme nada y se cierra en banda en cuanto hago preguntas sobre qué hacen o dejan de hacer en clase, hoy me he lanzado a preguntar de manera algo más inquisitiva de lo habitual
-Bueno, pues mañana voy a hablar con Elena (su profe) a ver qué me cuenta, porque tú no me cuentas nada.
-Bueno, entonces te va a contar... bueno.... mmmm.... te va a contar.... que no....mmmm.... bueno.... nada...nada...
-¿Me va a contar que te portas muy bién?
-Mmmmm bueno, es que está prohibido hablar cuando hay que hacer trabajos... y yo... bueno.... yo juego con los que tengo al lado... un poco... Y entonces Elena me chilla...
-Pero bueno Manuel, eso no está bién, tienes que hacer caso a tu profesora, porque si no no vas a aprender... (os ahorro el resto del sermón que ya os lo imagináis)
-Sí, y en el comedor también jugamos a guerras de pies, porque los otros niños quieren jugar todo el rato a guerras de pies, y claro, pues yo también juego.
Mi cara de circunstancias ha sido un poema y la ansiedad me tiene en un sinvivir desde entonces. Me siento como un niño pillado en falta. Es lo que tiene no haber cortado aún del todo el cordón umbilical. Por suerte, y en un momento "refuerzo positivo" muy a lo Supernanny, le he preguntado un rato más tarde.
- Ahora cuéntame si haces algo muy bién en el cole, esa vez que te dice la profe ¡muy bién! Mola un montón eso no? ¿Te lo dice la profe alguna vez? (rezos interiores pero cara de estonotienemayorimportancia)
-Sí, cuando dibujo -dice él con cierto orgullo
-Ah! sí, qué bién mi vida, y ¿qué dibujas?
-Personas
-¿Personas? ¿dibujas a mami y a papi? ¿Me enseñas como lo haces?
Y aquí está el resultado ¿He salido favorecida? Deseadme suerte con el examen de mañana.
miércoles, 6 de junio de 2012
Mi niño de cuatro años
Mi niño de cuatro años se pirra por los dinosaurios, y está (mos) aprendiendo muchísimo a cerca de las distintas especies, la época en la que vivieron, el lugar donde se encontraron sus restos, lo que comían o su tamaño. Le encanta que le lea sus libros de dinosaurios, y también que veamos en el ipad de papá esta fantástica página, Dinoguía, con fichas muy detalladas sobre cientos de especies diferentes. Estamos los dos para vernos, metidos en la cama con el ipad en la mano... pero mi niño pertenece sin duda a la generación digital.
Mi niño de cuatro años es bastante trasto en el cole y su profesora se queja de que no logra captar su atención. Quiere jugar constantemente, no hace caso a lo que le preguntan y rompe el ritmo de la clase, dice tonterías para hacer reír a sus amigos. Desde luego, parece que le funciona porque es muy popular en su clase. Celebramos su cumple el pasado sábado y vinieron más de la mitad de los niños de su clase, incluidos dos de los más mayores, que tienen ya cinco años. No me hace ninguna gracia que se porte tan mal y estoy tratando de encontrar alguna estrategia para corregirle, ¿alguna idea?
Mi niño de cuatro años por fín come fruta y verdura, y ésto no creía yo que podría decirlo hace un añito nada más. Le encanta el brócoli, las judías verdes, el puré de espinacas, el tomate y las zanahorias crudas. También le gusta la sandía, las fresas, y de vez en cuando algún plátano y manzana, aunque con la fruta es más selectivo. Después de pasar sus tres primeros años sin apenas probar la fruta y tomando la verdura exclusivamente en puré, me siento orgullosa de haberle hecho pasar por el aro por fin, con mucha insistencia y paciencia, porque enseñar a comer a un niño es regalarle salud para toda su vida.
Mi niño de cuatro años quiere casarse con su mami, con Blum (una de las hadas de las Winx) y con Rapunzel (el orden es aleatorio según el día). A esta lista de amores se puede añadir alguna niña de su clase de vez en cuando. Me dice que me quiere casi todos los días, me dá abrazos y besos sin que tenga que suplicárselo como antes, y en general está pasando por un momento absolutamente adorable en lo que a mami respecta. Aunque sigue estando loco por su padre también, lejos quedan aquellos oscuros días de "papi mejor" que tan mal me lo hicieron pasar. Cuando se porta mal y me enfado con él, llora amargamente y me pide que le abrace... el muy zalamero, y claro, me deshago de amor.
Mi niño de cuatro años quiere ser "paleontogolo", aunque como siga siendo tan buen estudiante para mí que no va a llegar ni a aprendiz. Está tan entusiasmado con los dinosaurios que desde que ha descubierto que hay una profesión basada en encontrar fósiles de sus animales favoritos, lo de aspirante a superhéroe pasó a la historia.
Pero como los preparativos de la fiesta llevaron su tiempo, mi niño de cuatro años tuvo el sábado una fiesta de cumpleaños de superhéroes, porque la organización del evento había empezado antes de que decidiera hacerse "paleontogolo". La fiesta fue un éxito: muchos niños, muchos gusanitos, muchas chuches, piñata, tarta, y sobre todo muchos más regalos de los que necesita.
Mi niño de cuatro años va a ser todo un hermano mayor en menos que canta un gallo. Su mami va a dejar de ser para él en exclusiva y me temo que será muy pronto.
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