Hemos pasado unos días de la Semana Santa en Albarracín, un pequeño pueblo de la provincia de Teruel. Además de constatar lo mal comunicada que está la zona con Madrid y no tener dudas de porqué en su día necesitaron la famosa campaña "Teruel existe", hemos tenido la oportunidad de pasar juntos, los cuatro, largas e intensas horas de convivencia como desde el verano no recordaba.
Ya somos, definitivamente, una familia de cuatro miembros, y, lenta que es una, no lo voy a negar, abro los ojos en estos días de vacaciones para darme cuenta de lo mucho que ha cambiado este pequeño clan desde la llegada de Julio. El lechón anda cada día más celoso y con ganas de demostrar que es ya muy mayor, con una rebeldía constante, y al tiempo de volver con sus plumas al cascarón para evitarse regañinas y disfrutar de las carantoñas que parece que ahora están reservadas solo para Julio. Tiene momentos en los que le dejarías el día entero de cara a la pared, y otros en los que nos deja sin palabras con su madurez y su inteligencia.
Como anoche, mientras cenábamos en uno de esos restaurantes de pueblo de los de "ensalada de la casa y huevos fritos con longaniza". La conversación tuvo lugar como sigue:
Papá Ejemplar: Le podemos decir a mi madre que venga el sábado a quedarse con los niños y así salimos
Yo: Vale, buena idea
Lechón: ¡Claro! como la abuela no tiene novio jajaja, porque el abuelo Pepe ya se murió... pues puede venir a quedarse con nosotros
Papá ejemplar y yo nos quedamos sin palabras, y cruzamos una mirada horrorizada ante la nula empatía/sensibilidad del mayorcito
Yo: Manuel, no se habla así del abuelo Pepe, porque a papi le pone triste
Lechón: ¿y por qué?
P.E: porque era mi papá y yo le echo de menos...
Manuel no muestra interés por la argumentación de su padre, así que éste decide sacar la artillería
P.E: A ver Manuel, ¿tú no te pondrías triste si yo me muriera?
Lechón: tras un largo silencio, Paaaapiiii, pero es que todos nos tenemos que moriiirrr...
Yo: (intentando quitarle hierro al asunto porque la cara del P.E era un poema...) bueno, es que es un poco pequeño para entender lo de la muerte no?
P.E: (haciendo caso omiso de mi intervención y seguro al cien por cien de que su hijo carece de sentimientos) Si, pero a mí me gustaba hacer cosas con mi papi, como ahora, que estamos tomando los dos helado de vainilla, a él también le gustaba el helado de vainilla ¿sabes?
A continuación, sin previo aviso, el lechón pone ese gesto en la boca de estar a punto de romper a llorar, ese puchero inconfundible y suelta la siguiente frase: Papi, pero tienes mucha suerte porque tienes dos hijos.
Esta vez nos cruzamos una mirada perpleja, y sin palabras decidimos cambiar de tema de conversación porque parecía que estaba tomando un camino farragoso... Y así nos quedamos, despistados como dos canguros en una carretera camino a Teruel.
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viernes, 29 de marzo de 2013
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Castigándome
Sé que no está de moda, nisiquiera está bién visto, ni es moderno. Seguramente muchos psicólogos se escandalicen y consideren mi conducta reprobable e impropia de una buena madre. Pero yo hay días en que se me acaban los recursos, y tengo ganas de hacer huelga de maternidad. Así, como suena.
Hoy es uno de esos días, porque a la huelga general se une que a mi lechón se le ha puesto entre ceja y ceja que hoy no come. Tiene días así, y a mí me parece que lo hace para sacarme de mis casillas, porque si no es que no le encuentro explicación. No os creáis que el menú de hoy era difícil, ¡qué va! Cualquiera pensaría que a su madre se le ha ocurrido ponerle delante un plato de acelgas, o un filete de hígado, o de caballa... pero no...
El tema tiene delito, porque el conflictivo menú que hoy nos trae de cabeza son unos inocentes y apetitosos macarrones con salchichas que harían las delicias de cualquier menor de diez años en su sano juicio. Si me apuras, harían las delicias también de una servidora, que lleva dos meses a dieta y muere por un plato de pasta, aunque sea con salchichas. Sin embargo, mi lechón ha decidido que hoy no come y me ha declarado la guerra. Y como para chula yo, y resulta que hoy tengo tiempo y no tengo nada mejor que hacer, pues he decidido que, por mis narices, se come los macarrones. Y así estamos: "si no los quieres para comer te los comes para merendar". Por ahora las dos primeras batallas las ha ganado él, y se ha comido dos macarrones. Dos. Contados. Ahí está, castigado en su habitación, sin dibujos ni juguetes. Tan testarudo como su madre, pero bastante menos hambriento.
Ni que decir tiene, y si eres madre seguro que me entiendes, que está castigado él pero yo también, y que estoy ahora mismo en un sinvivir, no sólo porque lleva todo el día sin comer, sino porque la culpabilidad me tiene con el corazón en un puño. Y lo peor es que me siento tan mal que estoy dudando si ofrecerle los macarrones también para cenar en plan "a ver quién puede más" o si prepararle un plato de acelgas y comérmelos yo después de recalentarlos por octava vez. ¿Alguna sugerencia?
Hoy es uno de esos días, porque a la huelga general se une que a mi lechón se le ha puesto entre ceja y ceja que hoy no come. Tiene días así, y a mí me parece que lo hace para sacarme de mis casillas, porque si no es que no le encuentro explicación. No os creáis que el menú de hoy era difícil, ¡qué va! Cualquiera pensaría que a su madre se le ha ocurrido ponerle delante un plato de acelgas, o un filete de hígado, o de caballa... pero no...
El tema tiene delito, porque el conflictivo menú que hoy nos trae de cabeza son unos inocentes y apetitosos macarrones con salchichas que harían las delicias de cualquier menor de diez años en su sano juicio. Si me apuras, harían las delicias también de una servidora, que lleva dos meses a dieta y muere por un plato de pasta, aunque sea con salchichas. Sin embargo, mi lechón ha decidido que hoy no come y me ha declarado la guerra. Y como para chula yo, y resulta que hoy tengo tiempo y no tengo nada mejor que hacer, pues he decidido que, por mis narices, se come los macarrones. Y así estamos: "si no los quieres para comer te los comes para merendar". Por ahora las dos primeras batallas las ha ganado él, y se ha comido dos macarrones. Dos. Contados. Ahí está, castigado en su habitación, sin dibujos ni juguetes. Tan testarudo como su madre, pero bastante menos hambriento.
Ni que decir tiene, y si eres madre seguro que me entiendes, que está castigado él pero yo también, y que estoy ahora mismo en un sinvivir, no sólo porque lleva todo el día sin comer, sino porque la culpabilidad me tiene con el corazón en un puño. Y lo peor es que me siento tan mal que estoy dudando si ofrecerle los macarrones también para cenar en plan "a ver quién puede más" o si prepararle un plato de acelgas y comérmelos yo después de recalentarlos por octava vez. ¿Alguna sugerencia?
miércoles, 6 de junio de 2012
Mi niño de cuatro años
Mi niño de cuatro años se pirra por los dinosaurios, y está (mos) aprendiendo muchísimo a cerca de las distintas especies, la época en la que vivieron, el lugar donde se encontraron sus restos, lo que comían o su tamaño. Le encanta que le lea sus libros de dinosaurios, y también que veamos en el ipad de papá esta fantástica página, Dinoguía, con fichas muy detalladas sobre cientos de especies diferentes. Estamos los dos para vernos, metidos en la cama con el ipad en la mano... pero mi niño pertenece sin duda a la generación digital.
Mi niño de cuatro años es bastante trasto en el cole y su profesora se queja de que no logra captar su atención. Quiere jugar constantemente, no hace caso a lo que le preguntan y rompe el ritmo de la clase, dice tonterías para hacer reír a sus amigos. Desde luego, parece que le funciona porque es muy popular en su clase. Celebramos su cumple el pasado sábado y vinieron más de la mitad de los niños de su clase, incluidos dos de los más mayores, que tienen ya cinco años. No me hace ninguna gracia que se porte tan mal y estoy tratando de encontrar alguna estrategia para corregirle, ¿alguna idea?
Mi niño de cuatro años por fín come fruta y verdura, y ésto no creía yo que podría decirlo hace un añito nada más. Le encanta el brócoli, las judías verdes, el puré de espinacas, el tomate y las zanahorias crudas. También le gusta la sandía, las fresas, y de vez en cuando algún plátano y manzana, aunque con la fruta es más selectivo. Después de pasar sus tres primeros años sin apenas probar la fruta y tomando la verdura exclusivamente en puré, me siento orgullosa de haberle hecho pasar por el aro por fin, con mucha insistencia y paciencia, porque enseñar a comer a un niño es regalarle salud para toda su vida.
Mi niño de cuatro años quiere casarse con su mami, con Blum (una de las hadas de las Winx) y con Rapunzel (el orden es aleatorio según el día). A esta lista de amores se puede añadir alguna niña de su clase de vez en cuando. Me dice que me quiere casi todos los días, me dá abrazos y besos sin que tenga que suplicárselo como antes, y en general está pasando por un momento absolutamente adorable en lo que a mami respecta. Aunque sigue estando loco por su padre también, lejos quedan aquellos oscuros días de "papi mejor" que tan mal me lo hicieron pasar. Cuando se porta mal y me enfado con él, llora amargamente y me pide que le abrace... el muy zalamero, y claro, me deshago de amor.
Mi niño de cuatro años quiere ser "paleontogolo", aunque como siga siendo tan buen estudiante para mí que no va a llegar ni a aprendiz. Está tan entusiasmado con los dinosaurios que desde que ha descubierto que hay una profesión basada en encontrar fósiles de sus animales favoritos, lo de aspirante a superhéroe pasó a la historia.
Pero como los preparativos de la fiesta llevaron su tiempo, mi niño de cuatro años tuvo el sábado una fiesta de cumpleaños de superhéroes, porque la organización del evento había empezado antes de que decidiera hacerse "paleontogolo". La fiesta fue un éxito: muchos niños, muchos gusanitos, muchas chuches, piñata, tarta, y sobre todo muchos más regalos de los que necesita.
Mi niño de cuatro años va a ser todo un hermano mayor en menos que canta un gallo. Su mami va a dejar de ser para él en exclusiva y me temo que será muy pronto.
sábado, 17 de septiembre de 2011
Al cole
El curso empezó en Madrid el pasado lunes 12 de septiembre, pero en el cole de mi niño, que van por libre, hubo que esperar hasta el jueves, contando los días que faltaban para comenzar el "cole de mayores". Y yo creí que tanta ilusión no era más que un juego, y que a la hora de la verdad mi lechón lloraría amargamente abrazado a mi pierna para que no le dejara. Pero una vez más estaba equivocada, y mi valiente pequeño de tres años se despidió de mí con su ritual habitual, que consiste en varios pasos efectuados siempre de la misma manera y en el mismo orden, a saber: 1º un besito, 2º un abrazo (la parte que a mami más le gusta) y 3º un besito volador (de esos que se soplan). A continuación me pregunta: ¿te ha llegado? Y yo le digo, al corazón, y le tiro a su vez un besito volador preguntándole lo mismo, y él me contesta: al corazón. Después me dice: "Goodbye, Goodbye and See you soon". Si, lo sé, el final es un pelín surrealista, pero el ritual comenzó en Bali y en esa época de nuestra vida mezclábamos mucho el inglés y el español en casa. El ritual es imprescindible para despedirnos TODAS las mañanas y TODAS las noches (por la noche se cambia el "Goodbye" por "Goodnight") y antes de cualquier separación.
| Así de contento llegaba su primer día de cole |
Esta despedida tuvo lugar el jueves en la puerta de su clase, y a continuación añadió: "Mami, pásalo bien en el trabajo. Papi, pásalo bien en el trabajo". Se dió la vuelta y se quedó tan contento. Y exactamente igual el viernes. Me dicen en el cole que se lo pasa muy bién, que se lo come todo, que participa muchísimo en clase, hasta el punto de agotar a la profesora con su curiosidad incesante. Es un cole bilingüe y la profesora inglesa está sorprendida de que hable se dirija a ella en inglés desde el primer día. Más adelante os contaré el sistema de enseñanza de esta escuela infantil que reúne en una misma clase a niños de 3, 4 y 5 años. Me hace gracia que me digan lo divertido que es mi hijo, frases como que es "un personaje" y que se lo pasan de maravilla con los razonamientos que tiene. Siempre había pensado que era un niño especial y muy carismático, pero si me lo confirman en el cole ya puedo decirlo oficialmente y con total objetividad: tengo un hijo maravilloso.
martes, 28 de junio de 2011
Vamos a casarnos
Hay días que me muero de amor. Como hoy, que me dice:
-Mami, eres muy guapa, muy guapa, muy guapa... eres una princesa
Yo, mientras le abrazo efusivamente sintiéndome, efectivamente, una belleza de concurso, le digo alguna cursilada estilo "tusiqueeresguapovidamialoquetequieremami....". Y él va y me contesta.
-Vamos a casarnos, mami. Vamos a casarnos porque eres muy guapa y una princesa.
Divino, aunque leyendo entre líneas me queda claro no se le puede pedir que valore mis horas de juego ni que celebre que por él haya aprendido a chutar un balón... pero la guapura ya es otra cosa. Así son. Todo porque una servidora se había mirado hoy algo más al espejo de lo habitual, y se había arreglado el pelo. Lo del pelo tiene sobre el lechón un efecto demoledor. Lo tiene claro, si llevo el pelo "largo", o sea, suelto, mami es guapa y una princesa. De lo contrario, no. Tan simple que dá hasta miedo.
Y hoy, mientras cenaba, me suelta que además, mami no está guapa ni es una princesa tampoco cuando está en la ducha. Ese es otro momento en el que mi pequeño Casanova tiene claro que no se casaría conmigo. Así de claro, ahora resulta que me tengo que peinar y maquillar también para mi hombrecito de 3 años. Bueno, pues es un buen motivo, y si me lo premia con besos... firmo!
-Mami, eres muy guapa, muy guapa, muy guapa... eres una princesa
Yo, mientras le abrazo efusivamente sintiéndome, efectivamente, una belleza de concurso, le digo alguna cursilada estilo "tusiqueeresguapovidamialoquetequieremami....". Y él va y me contesta.
-Vamos a casarnos, mami. Vamos a casarnos porque eres muy guapa y una princesa.
Divino, aunque leyendo entre líneas me queda claro no se le puede pedir que valore mis horas de juego ni que celebre que por él haya aprendido a chutar un balón... pero la guapura ya es otra cosa. Así son. Todo porque una servidora se había mirado hoy algo más al espejo de lo habitual, y se había arreglado el pelo. Lo del pelo tiene sobre el lechón un efecto demoledor. Lo tiene claro, si llevo el pelo "largo", o sea, suelto, mami es guapa y una princesa. De lo contrario, no. Tan simple que dá hasta miedo.
Y hoy, mientras cenaba, me suelta que además, mami no está guapa ni es una princesa tampoco cuando está en la ducha. Ese es otro momento en el que mi pequeño Casanova tiene claro que no se casaría conmigo. Así de claro, ahora resulta que me tengo que peinar y maquillar también para mi hombrecito de 3 años. Bueno, pues es un buen motivo, y si me lo premia con besos... firmo!
viernes, 1 de abril de 2011
Quiero amor
Mi hijo, al que parí con dolor, se limpia las mejillas con cara de asco cuando le doy un beso inesperado.
Mi hijo, al que parí con dolor, contesta con un rotundo NO cuando le pregunto si me quiere. Y digo yo que, quién me mandará hacer la dichosa preguntita sólo comparable en su idiotez con la de ¿en qué estás pensando?
Mi hijo, al que parí con dolor, me ha despertado esta noche no menos de cinco veces y esta mañana lleva levantado y dando guerra desde las 6:49.
Mi hijo, al que parí con dolor, cuando se cae y se hace daño grita desesperadamente "Paaaaapi, dónde estás?" mientras yo trato sin éxito de consolarle.
Mi hijo, al que parí con dolor, me dice lindezas del estilo de "vayas mami" después de llamarme a gritos en mitad de la noche sin ningún motivo.
Digamos que a estas alturas de la película he asumido ya que mi hijo, al que parí con dolor, no es precisamente un niño dócil y cariñoso. Pero anoche, en uno de sus despertares, me dejó de piedra.
- Dime, cariño, qué quieres? -le pregunté con voz somnolienta.
Silencio
- Manuel, ¿quieres agua?
Silencio
- ¿Pipi?
Silencio
- ¿Qué quieres? - algo impaciente ya.
- Quiero amor
- ¿Amor? - Repito convencida de que le he entendido mal
- Quiero amor -repite
Y yo me abalanzo sobre él a darle besos encadenados no sin un poco de miedo a que me suelte una patada en uno de sus repentinos cambios de opinión. Hay que aprovechar estos momentos, aunque sean a las cinco de la madrugada, porque mi pequeño puerco espín suele tener las púas muy afiladas el resto del día.
miércoles, 9 de marzo de 2011
Preguntando
Cuando yo tenía unos ocho años mi padre me regaló un libro que se llamaba "Una pregunta para cada día". Me encantaba, porque respondía a cosas tan peregrinas como "¿por qué hay nubes en el cielo?" o "¿por qué se dice que los elefantes tienen mucha memoria?". Como supondréis, el regalo venía con segundas, y está claro que era un intento de mis padres por responder de una sola vez a mi interminable retahíla de preguntas. No sé si lo consiguieron, porque yo he sido de mucho preguntar. Ahora parece que la historia se repite y soy yo quien tiene que responder a la incesante curiosidad del lechón, que ha descubierto que cuando pregunta "¿porqué?" se abre un gigantesco mundo de posibilidades y mami le cuenta "historias" asombrosas a las que él puede seguir contestando "¿porqué?" hasta el infinito.
Otra pregunta que le entusiasma es "¿para qué sirve?", y en general ésta suele ser más facilita de contestar. No hay problema cuando pregunta para qué sirven cosas con una clara función, como una maleta o un destornillador. Lo complicado viene cuando quiere saber para qué sirve la pegatina con la marca de la nevera, las flores del estanque, las mariposas y cosas así. A menudo encadena unas preguntas con otras, de manera que empieza con el porqué, y sigue con para qué sirve, para volver después al porqué inicial.... agotador!
Y olvídate de contestarse en plan autómata y sin prestarle atención. Se da perfecta cuenta y se enfada muchísimo, obligándome a mirarle y a poner todos mis sentidos en nuestra interesantísima charla. Vamos, que lo que a él le gusta es hablar y que le hagan caso, ¿y a quién no?
Otra pregunta que le entusiasma es "¿para qué sirve?", y en general ésta suele ser más facilita de contestar. No hay problema cuando pregunta para qué sirven cosas con una clara función, como una maleta o un destornillador. Lo complicado viene cuando quiere saber para qué sirve la pegatina con la marca de la nevera, las flores del estanque, las mariposas y cosas así. A menudo encadena unas preguntas con otras, de manera que empieza con el porqué, y sigue con para qué sirve, para volver después al porqué inicial.... agotador!
Y olvídate de contestarse en plan autómata y sin prestarle atención. Se da perfecta cuenta y se enfada muchísimo, obligándome a mirarle y a poner todos mis sentidos en nuestra interesantísima charla. Vamos, que lo que a él le gusta es hablar y que le hagan caso, ¿y a quién no?
lunes, 20 de septiembre de 2010
Guerra y paz

Hoy hace un mes que salimos de España, y me parece que han pasado seis. No es que haya pasado despacio, no es eso ¡Es que han pasado tantas cosas! Tengo la sensación de que en Madrid la vida se nos pasa deprisa porque en realidad no nos pasa casi nada. Cada día es muy similar al anterior, y cuando miramos atrás, hacia nuestro último mes, en general tenemos dos o tres cosas que destacar entre nuestros recuerdos, mientras el resto de nuestras vivencias se pierden entre las neblinas de la monotonía. Cada día vemos las mismas caras, comemos las mismas cosas, llamamos a las mismas personas y sabemos lo que ocurrirá después.
De eso huíamos un poco cuando decidimos venirnos a vivir a Bali. Queríamos escapar del aburrimiento, de la monotonía y de hacer "lo que nos toca" desde ahora y hasta la jubilación. Cuando tomamos esta gran decisión seguramente no tuvimos en cuenta que a los niños lo que les dá seguridad y les hace sentir bién es precisamente saber qué es lo que viene después. Saber que después del baño viene la cena y después a dormir. Conocer el camino hasta el parque y pasar siempre por el mismo bar con el mismo perro en la puerta. Saludar a las vecinas, jugar con los "amiguitos" en el tobogán conociendo sus nombres... y entendiendo lo que dicen! Comer lo mismo cada día, ver los mismos capítulos de Pocoyo, dormir en su preciosa habitación de siempre... Si has leído hasta aquí supongo que ya entiendes por donde voy. Pues eso, que Manuel no está llevando nada bién todo esto de la mudanza y se porta fatal.
Todo con él es una batalla, cuando no una guerra declarada. Intentamos hacer las cosas con mucha mano izquierda, y antes de llegar al enfado y al castigo damos mil vueltas, os lo aseguro. Imaginación al poder. Papá ejemplar y yo nos hemos hecho fuertes en la adversidad y tenemos dos millones de recursos para cuando empieza a asomar el mal genio del lechón: hacerle reir con cosquillas, jugar a ser leones, delfines o robots, darle masajes, cantar como los siete enanitos de Blancanieves, contarle cuentos sobre niños que se portan muy bién y sus padres están orgullosísimos... Sin embargo, es muy difícil y está poniendo a prueba constantemente mi naturaleza impulsiva e impaciente, así que en casa hay más malas caras , amenazas y enfados de lo que me gustaría. Echo de menos a mi niño dulce y simpático, alegre y divertido, porque estos días casi nunca saca su mejor cara. Especialmente conmigo. Parece que en esta guerra que nos tiene declarada me ve como la capitana del escuadrón enemigo. A su padre le hace más caso y le reta menos que a mí. Y eso me duele. Intento acercarme a él, darle cariño, y me rechaza, buscando a cambio a su padre como para molestarme. Por otro lado es un alivio saber que si yo no puedo conseguir el objetivo, si nuestras conversaciones de paz se bloquean, puedo recurrir a mi aliado para que encuentre una nueva hoja de ruta.
Y en medio de toda esta guerra hay momentos en los que me hace reir, en que me llena de ternura y orgullo y me lo como a besos (aunque me aparta el desagradecido). Entonces vuelvo a sentirme tan enamorada de mi niño como siempre y sé que soy la peor madre del mundo, mientras me siento fatal por haber despotricado de él un minuto y medio antes. Ejemplos: Está haciendo grandísimos progresos y habla de maravilla. Construye frases sorprendentes y hasta termina las mías cuando le cuento alguna historia por la noche; En el "Playgroup" ya está completamente adaptado y desde la semana pasada ya no llora cuando le dejamos. Su profesora me dice que sigue muy bién el ritmo, que es muy listo y es bueno con los otros niños; Las calles de Bali están llenas de flores de frangipani, y cuando vamos caminando amenudo coje una del suelo y me la dá diciendo: "una flor de mami"; Cuando ve un caracol y me dice entusiasmado: "mira, mami, es un caracol-col-col..."
Supongo que no es solo la mudanza, que además es una "etapa" y que también pasará. Está reafirmando su personalidad, marcando sus límites y los nuestros, y está claro que no va a ser ningún pusilánime este niño mío. No sé de qué me quejo, nunca me ha gustado la gente que no tiene carácter. A quién habrá salido...
sábado, 24 de abril de 2010
Días primaverales
Tiene cierto imán para las niñas mayores, y aunque alguna se le resiste, como Carolina, la mayoría le persiguen y tratan de "cuidarle" quiera él o no. Pero con ellas es más delicado que conmigo y no se enfada ni las pega cuando le agobian.
En general tiene muy buen carácter, y salvo algunos días, en los que está para regalarle, es bastante bueno y fácil de llevar. Me encanta que sea sociable y que no tenga problemas a la hora de prestar sus juguetes. Tiene bastante empatía con los otros niños, y cuando alguno llora, él le presta enseguida su pala, o se acerca para darle un abrazo, y a mí me dan ganas de comérmelo a besos, y me siento orgullosísima. Con los más pequeñitos es cuidadoso y espera a que se quiten para tirarse por el tobogán y no atropellarles. Casi siempre es un niño adorable, que está creciendo muy deprisa. El mes que viene cumplirá dos añitos, ¡los terribles dos se acercan!
miércoles, 7 de abril de 2010
Papitis
Estos días el lechón muere por su papi. Cuando llego de trabajar y oye las llaves en la puerta, oigo como grita entusiasmado, PAPIIIII!!! Y cuando ve que no, que soy yo, parece que se decepciona… y dice un mami como resignado, en plan, ¡ah! mami…
Me recuerda a cuando, hace un millón de años, en un tiempo en el que no había móviles, una esperaba ESA llamada, y el corazón te daba un vuelco al escuchar el teléfono y pensar que sí, que era ÉL. Las palpitaciones no te dejaban casi ni respirar pero aún así esperabas otros dos toques para contestar, porque no hay duda que no se puede descolgar un teléfono antes del tercer toque, y entonces, al otro lado de la línea, sonaba la voz de una amiga que te decía aquello de ¿qué haces? Y tú, con un tremendo chasco y cara de pocos amigos decías, ah! eres tú…
Pues más o menos ese es el tono de voz de recibimiento de mi hijo adorado cuando llego a casa por la tarde. Luego intento que me dé un beso o un abrazo, pero no hay manera. No niego que me duele un poquito, pero también he de reconocer que ya pasó una fase de mamitis hace poco y a mí lo de tenerle colgado de la pierna todo el día me enternece, no digo que no, pero me agobia también una barbaridad.
Ahora cuando papi está en casa yo paso a un segundo plano. Supongo que, como todas vosotras, soy multitarea, multifunción, hago dos millones de cosas a la vez, y ando por la casa a toda leche, siempre con algo en la mano, recogiendo aquí, poniendo esto al fuego allá, a veces hasta derrapo por el pasillo, y eso viviendo en un piso de 80 metros cuadrados…. Sin embargo, el papá ejemplar, va a su ritmo, él vive tranquilo, qué suerte, y claro, no se puede decir que no ayude, pero al final lo que yo hago en 15 minutos a él le lleva todo el día. Así que, en aras de tener una convivencia en paz, hemos llegado a un acuerdo tácito, y cuando papá está en casa, él se ocupa de casi todo lo del lechón (bañarle, darle el bibe, jugar, leerle el cuento) y yo de casi todo LO DEMÁS. Y lo demás no es poco, os lo aseguro.
Aquí os dejo una conversación que retrata muy bién el momento papitis que vive Manuel:
Me recuerda a cuando, hace un millón de años, en un tiempo en el que no había móviles, una esperaba ESA llamada, y el corazón te daba un vuelco al escuchar el teléfono y pensar que sí, que era ÉL. Las palpitaciones no te dejaban casi ni respirar pero aún así esperabas otros dos toques para contestar, porque no hay duda que no se puede descolgar un teléfono antes del tercer toque, y entonces, al otro lado de la línea, sonaba la voz de una amiga que te decía aquello de ¿qué haces? Y tú, con un tremendo chasco y cara de pocos amigos decías, ah! eres tú…
Pues más o menos ese es el tono de voz de recibimiento de mi hijo adorado cuando llego a casa por la tarde. Luego intento que me dé un beso o un abrazo, pero no hay manera. No niego que me duele un poquito, pero también he de reconocer que ya pasó una fase de mamitis hace poco y a mí lo de tenerle colgado de la pierna todo el día me enternece, no digo que no, pero me agobia también una barbaridad.
Ahora cuando papi está en casa yo paso a un segundo plano. Supongo que, como todas vosotras, soy multitarea, multifunción, hago dos millones de cosas a la vez, y ando por la casa a toda leche, siempre con algo en la mano, recogiendo aquí, poniendo esto al fuego allá, a veces hasta derrapo por el pasillo, y eso viviendo en un piso de 80 metros cuadrados…. Sin embargo, el papá ejemplar, va a su ritmo, él vive tranquilo, qué suerte, y claro, no se puede decir que no ayude, pero al final lo que yo hago en 15 minutos a él le lleva todo el día. Así que, en aras de tener una convivencia en paz, hemos llegado a un acuerdo tácito, y cuando papá está en casa, él se ocupa de casi todo lo del lechón (bañarle, darle el bibe, jugar, leerle el cuento) y yo de casi todo LO DEMÁS. Y lo demás no es poco, os lo aseguro.
Aquí os dejo una conversación que retrata muy bién el momento papitis que vive Manuel:
YO (al papá ejemplar): oye, ¿tú te acuerdas de cómo se llaman los padres de Nico? (Nico es un amiguito de Manuel del parque)
PAPÁ EJEMPLAR (mirándome como si le hablase de los números primos) bbbbbrrrrrrrrr, pues no, casi no sé ni como me llamo yo…
MANUEL: (mirando a su padre con arrobo) PAPIIIIIIIIII
martes, 9 de febrero de 2010
Carismático
Seguramente estoy totalmente cegada por el amor de madre. Seguramente. Sin embargo, tengo que deciros, desde ya mismo, que Manuel va a ser todo un líder natural. Mi hijo tiene carisma, sí señor. Como lo siento lo digo. No sé si será el más guapo o el más listo, pero estoy segura de que cuando sea mayor su teléfono no dejará de sonar, tendrá montones de amigos en facebook, tuenti, twitter, o lo que se estile allá por los años 20, y no le faltarán planes ni ligues.
Me encanta, y me llena de orgullo maternal, que tenga ese talento innato para ganarse a su público. En estas últimas semanas ha descubierto que los otros niños pueden ser muy divertidos, especialmente los mayores, y hace todo lo que puede para llamar su atención y que le dediquen unos minutos de juego. Se lo pasa de miedo con sus primos Elena y Álvaro, pero su magnetismo no se limita a la familia, nada de eso, él se gana a quien se le ponga por delante, y si en el parque, o en plena calle, vé a algún niño de entre tres y 10 años, se dirige a él en su jerga incomprensible como diciendo, jugamos? Generalmente lo consigue y entonces parece que el resto del mundo desaparece y él es el niño más feliz del mundo. Una vez que tiene a su presa, no la deja escapar fácilmente, y no tiene problemas en perseguirla, o llamarla a voces si osa marcharse de su campo de su campo de visión: "nenaaaaaaa", "neneeeeeeee", grita mi lechón a todo lo que le dan los pulmones. De vez en cuando premia a sus víctimas con algún mua para que vean que él no solo pide, que también dá.... Y las niñas (que son casi siempre niñas, qué le vamos a hacer) se quedan algo perplejas por esos repentinos ataques de cariño, pero en general no se quejan, debe de ser que les gusta.
La única que se le resiste es Carolina, la vecinita de arriba, que tiene 9 meses más que Manuel y es una niña preciosa y muy lista. Crecen juntos y, tal vez por eso, ella no duda en ignorarle ampliamente, rechazar sus intentos de acercamiento, y hasta pegarle algún guantazo de vez en cuando. Y es que ella sabe de sus miserias, le ha visto en momentos digamos "comprometidos", estilo vomitonas, cambios de pañal etc, y parece que su encanto personal con ella no funciona. Os dejo una foto de hace algunos meses, bañándose juntitos en amor y compañía, antes de que Carolina le declarara persona non grata. Ya se sabe, amores reñidos...
Me encanta, y me llena de orgullo maternal, que tenga ese talento innato para ganarse a su público. En estas últimas semanas ha descubierto que los otros niños pueden ser muy divertidos, especialmente los mayores, y hace todo lo que puede para llamar su atención y que le dediquen unos minutos de juego. Se lo pasa de miedo con sus primos Elena y Álvaro, pero su magnetismo no se limita a la familia, nada de eso, él se gana a quien se le ponga por delante, y si en el parque, o en plena calle, vé a algún niño de entre tres y 10 años, se dirige a él en su jerga incomprensible como diciendo, jugamos? Generalmente lo consigue y entonces parece que el resto del mundo desaparece y él es el niño más feliz del mundo. Una vez que tiene a su presa, no la deja escapar fácilmente, y no tiene problemas en perseguirla, o llamarla a voces si osa marcharse de su campo de su campo de visión: "nenaaaaaaa", "neneeeeeeee", grita mi lechón a todo lo que le dan los pulmones. De vez en cuando premia a sus víctimas con algún mua para que vean que él no solo pide, que también dá.... Y las niñas (que son casi siempre niñas, qué le vamos a hacer) se quedan algo perplejas por esos repentinos ataques de cariño, pero en general no se quejan, debe de ser que les gusta.
El muy zalamero, ha aprendido a hacer que le perdonemos sus travesuras a base de caricias y sonoros muás en cuanto nos ve enfadados. Sabe como utiilizar la sonrisa y la carcajada, , dosifica como nadie los besos y los cariños, que siempre están a punto para ganarse a tíos, primos y abuelos, pero que a nosotros, los "de casa", nos los "vende" más caros.... todo un conquistador está hecho mi lechón, ¿se hará político? ¡Quién sabe!
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