Estos días el lechón muere por su papi. Cuando llego de trabajar y oye las llaves en la puerta, oigo como grita entusiasmado,
PAPIIIII!!! Y cuando ve que no, que soy yo, parece que se decepciona… y dice un mami como resignado, en plan,
¡ah! mami…
Me recuerda a cuando, hace un millón de años, en un tiempo en el que no había móviles, una esperaba ESA llamada, y el corazón te daba un vuelco al escuchar el teléfono y pensar que sí, que era ÉL. Las palpitaciones no te dejaban casi ni respirar pero aún así esperabas otros dos toques para contestar, porque no hay duda que no se puede descolgar un teléfono antes del tercer toque, y entonces, al otro lado de la línea, sonaba la voz de una amiga que te decía aquello de ¿qué haces? Y tú, con un tremendo chasco y cara de pocos amigos decías,
ah! eres tú…
Pues más o menos
ese es el tono de voz de recibimiento de mi hijo adorado cuando llego a casa por la tarde. Luego intento que me dé un beso o un abrazo, pero no hay manera. No niego que me duele un poquito, pero también he de reconocer que ya pasó una fase de mamitis hace poco y a mí lo de tenerle colgado de la pierna todo el día me enternece, no digo que no, pero me agobia también una barbaridad.
Ahora cuando papi está en casa yo paso a un segundo plano. Supongo que, como todas vosotras, soy multitarea, multifunción, hago dos millones de cosas a la vez, y ando por la casa a toda leche, siempre con algo en la mano, recogiendo aquí, poniendo esto al fuego allá, a veces hasta derrapo por el pasillo, y eso viviendo en un piso de 80 metros cuadrados…. Sin embargo, el papá ejemplar, va a su ritmo, él vive tranquilo, qué suerte, y claro, no se puede decir que no ayude, pero al final lo que yo hago en 15 minutos a él le lleva todo el día. Así que, en aras de tener una convivencia en paz, hemos llegado a un acuerdo tácito, y cuando papá está en casa, él se ocupa de casi todo lo del lechón (bañarle, darle el bibe, jugar, leerle el cuento) y yo de casi todo
LO DEMÁS. Y lo demás no es poco, os lo aseguro.
Aquí os dejo una conversación que retrata muy bién el momento papitis que vive Manuel:
YO (al papá ejemplar): oye, ¿tú te acuerdas de cómo se llaman los padres de Nico? (Nico es un amiguito de Manuel del parque)
PAPÁ EJEMPLAR (mirándome como si le hablase de los números primos) bbbbbrrrrrrrrr, pues no, casi no sé ni como me llamo yo…
MANUEL: (mirando a su padre con arrobo) PAPIIIIIIIIII