Ya había escrito sobre este tema pero creo que la anécdota de ayer merece ser contada. Os comentaba en este post que Manuel sufre lo que se llama “espasmo de sollozo”, o sea, que se priva, deja de respirar unos segundos, antes de romper a llorar. No es que lo haga siempre, pero sí cuando se ha dado un golpe fuerte, o está muy cansado, o le duele algo… El caso es que a todo se acostumbra una y yo lo tengo ya más que asumido, ni sufro ni me preocupa. Sé que no es grave, que no tiene consecuencias, y que no tengo que reaccionar de ninguna manera cuando lo haga para evitar reforzar esa conducta y que así, poco a poco, dejará de hacerlo. Porque, ah! se me olvidaba recalcar, que esa privación momentánea de aliento es un acto VO-LUN-TA-RIO del niño…
Pues a lo que iba. Ayer en el parque Manuel se pegó un trastazo de aquí te espero, pobrecito mío, y se dio un golpe en la frente de esos que hacen que te salte el corazón en el pecho. Corrí a por él, y conmigo varias mamás más, porque se había oído un sonoro “PLÁS”, al estrellarse su cabecita contra el bordillo. Como cualquier madre, le cogí en brazos, hice el “control de daños” (ver que tiene todos los dientes, que no le sangra el labio, que no tiene brecha en la cabeza…), mientras observaba como un enorme chichón crecía en la frente del peque… Centrada como estaba en asegurarme que no teníamos que ir a urgencias, no hice mucho caso a una mujer a la que no conocía y que no hacía más que gritarme, toda asustada ella, “sopla, sopla!”. Y yo pensando, qué chorrada, anda que se le va a ir el chichón al niño soplándole… pero me avergüenza decir que, en un instante de absurda obediencia, le soplé un poquito a mi pobre y magullada criatura. Fue entonces cuando por fín Manuel rompió a llorar y ya me dí cuenta… resulta que había estado sin respirar unos segundos… y que yo ni lo había notado! Estoy definitivamente inmunizada al espasmo de sollozo de mi niño. Y caí en la cuenta de que la desconocida me apremiaba para que con un mágico soplido hiciera respirar al niño, algo así como para “romper el embrujo” supongo… Y no sé como explicarle a todo el mundo que eso de soplar, zarandear, decirle que llore… no vale para nada!! Imagínate que tú tienes un berrinche de campeonato, o que te has dado un golpe fuerte, o que tienes miedo, y tu reacción natural es dejar de respirar unos segundos (vale, sé que es difícil imaginar esto) y tu madre, en lugar de abrazarte y decirte que no pasa nada, TE SOPLA EN LA CARA! Mola, no?
Lo gracioso del tema es que la señora se quedó tan contenta pensando que le había salvado la vida a un niño, porque casualmente después de soplarle, rompió a llorar… Claro, así se escribe la historia!
Por cierto, el chichón fué considerable, pero nada grave, gracias a otra mamá que me dió una barrita fantásitca que yo no conocía y que se llama "ARNIDOL" y sirve para paliar el dolor y la inflamación de los golpes. Lo venden en cualquier farmacia.
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martes, 23 de marzo de 2010
domingo, 21 de marzo de 2010
Mi primer Scalextric
Se lo dejaron los Reyes en casa de la madrina, pero hasta ayer no lo habíamos estrenado. Primero porque tenía tantos regalos que preferí guardar algunos para más adelante, después por pereza, y últimamente porque nunca me acordaba de comprar las "tropecientas" pilas que hacían falta para poner en marcha el juguetito. Fue todo un éxito, al final montarlo era más fácil de lo que yo pensaba, y Manuel disfrutó un montón, aunque sospecho que el papá ejemplar se lo pasó ¡aún mejor!
martes, 16 de marzo de 2010
Pintando y Bailando
Ultimamente me paso el día pintando. En cuanto Manuel me ve llegar del trabajo, lo primero que hace es ir al lugar de su cuarto donde guardamos los plastidecores y el cuaderno, mientras dice, "mami, pimpar". Y pone tanto interés que no hay quien se resista. Al final él pinta entre poco y nada, porque lo que le gusta es que yo vaya dibujando cosas mientras le cuento historias, o le pregunto lo que son para que las idenfique, o, lo que ya es la pera limonera, que pinte lo que él me pide. Así a lo tonto estoy aprendiendo a dibujar las cosas más insospechadas, desde helicópteros (toto) hasta tractores (tato) -lo que me sale podía ser un tractor o un mapa de Noruega... cualquier cosa, pero Manuel es muy agradecido. También pinto trenes, autobuses (cómo no), grúas (con más bién poco éxito), así como Pocoyo, Ely y toda sus tropa... Si por mi niño fuera, pintando podría pasar horas, y él pegadito a mí y tan feliz. Es agotador, pero lo bueno es que me sirve para enseñarle un montón de cosas, y pintando está aprendiendo las formas: ya identifica cuadrado, triangulo, círculo, corazón, flor, rombo... Los colores, se los sabe bastante bién, aunque el verde y el azul los confunde bastante, y su favorito parece ser el rosa de Ely. Intento también que aprenda a reconocer los números, y en ésto aún no he tenido suerte, pero de tanto oirlo ha aprendido a contar hasta seis, y cuando le preguntas ¿cuántos coches hay? empieza..."uno, tes, cato, tico, te". Me parto de la risa.
Incluso por la noche, cuando después de su cuento y sus rituales, le metemos en la cuna, se parte de risa mientras su padre y yo le abrochamos el saquito y le damos las buenas noches. Abraza la almohada, a su muñeca Ely, y se queda tan contento. Si entras a los cinco minutos está frito, y hasta el día siguiente. Es un niño muy feliz. Y yo también lo soy por tenerle a mi lado.
Y es que mi niño es la alegría de la huerta, el tesoro de la casa. Nos alegra los días con su entusiasmo contagioso, su sonrisa, sus fiestas para cualquier pequeña cosa que ocurre. Ahora le ha dado también por bailar, y nos señala el reproductor diciendo "a bilar", y enloquece de emoción cuando ponemos música marchosa y bailamos los tres en medio del salón. Quería poneros un vídeo demostrativo que grabamos este fin de semana, pero no sé por qué ahora no consigo subirlo...
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