De rutinas, ritos y rituales está hecha nuestra vida, y qué importantes son, sobre todo en la niñez. A mi lechón le dan confianza, seguridad y aplomo, le ponen en su sitio, en su momento concreto, y le ayudan a manejarse. No es niño que ande por ahí a lo loco, improvisando, y le gusta saber qué tiene que hacer, qué viene después, qué es lo que toca. En ocasiones me pregunta, cuando me vé ponerme el abrigo para ir a trabajar, ¿y yo qué voy a hacer?, o ¿con quién me quedo yo mami? y aunque la frase suene algo lastimera, no lo es en absoluto, solo es una búsqueda de información, de datos, interés por saber cuál es el plan que hemos previsto para él.
Desde que ha empezado este 2012 hemos hecho algunos cambios en sus rutinas, y hay que decir que ha sido mucho más fácil que en otras ocasiones, y Manuel ha demostrado mucha madurez para asumir los nuevos hábitos.
Por una parte hemos suprimido el biberón del desayuno. Oigo voces... Sí, supongo que alguna estará escandalizada por leer que un niño de tres años y medio siguiera hasta el mes pasado desayunando su bibe de cereales... y de hecho aún mantendremos el de después de cenar por algún tiempo. Aún a sabiendas de que es muy mayor para bibes, le gusta tanto, y se lo toma taaaan bién, que me ha dado pena deshacerme de algo que me facilita tanto la vida. Por fín desayuna leche con colacao y tostada o galletas con mantequilla... como un mayor, y se ha acostumbrado muy bién, pero todos los días hay que chantajearle un poco para que se termine el desayuno. Algo que no ocurre con las filloas (una que tiene sangre gallega) de los domingos, toda una celebración, que engulle de tres en tres mientras anuncia que "le están gustando mucho a mi tripita".
También hemos dicho adiós a la siesta en el cole, porque llegó un día que resultó obvio que no la necesitaba y se quedaba despierto por las noches hasta muy tarde. Es curioso ver cómo avanzan de un día para otro, sin que nos demos cuenta, y poco importa nuestra prisa para cambiar sus hábitos, ellos mismos tomarán la decisión de dar el siguiente paso cuando lo crean conveniente. Aún me sorprende que, con lo mucho que ha necesitado siempre su siesta sobreviva ahora sin ella tan feliz a diario. Le acuesto un poquito más temprano por la noche de lunes a viernes, y el fin de semana no renunciamos a practicar el sagrado deporte nacional toda la familia aunque eso suponga tener al peque en danza hasta casi las once.
A la hora de acostarse, hace ya algunos meses que se lava los dientes solito y se mete en la cama corriendo a la espera de que llegue mami con el cuento. Me gusta tenerle acurrucado a mi lado mientras intento leer, y digo intento porque apenas me deja con sus múltiples interrupciones y preguntas. Al terminar, me quedo cinco minutos a su lado con la luz apagada, y mientras nos hacemos mimos y arrumacos se oye la llave en la cerradura:
-¡Es papi! ¡Vamos a escondernos mami!, y nos metemos los dos debajo del edredón, muertos de risa anticipando lo que viene. Papi se acerca diciendo con voz grave "Donde está el lechón" y nosotros, a oscuras bajo las sábanas nos miramos diciendo ¡¡¡Ya viene!! Y entonces papi nos hace cosquillas alternativamente, primero a Manuel y luego a mí. Entre carcajadas él grita "noooo, ahora a mami, ahora a mamiiiii", y entonces voy yo, "papiiii a mi nooo a Manueeeeeel". Es sin duda el mejor momento del día. Risas y cariños para darnos las buenas noches.
Mostrando entradas con la etiqueta rutinas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta rutinas. Mostrar todas las entradas
martes, 24 de enero de 2012
lunes, 10 de enero de 2011
Cuentos para dormir
Inventar historias y contárselas a Manuel me parece una de las tareas más bonitas de la maternidad. Desde hace unos meses dejamos de lado los libros infantiles a la hora de ir a dormir, y le cuento historias improvisadas en las que los personajes casualmente hacen cosas muy parecidas a las que él ha experimentado ese día. Me gusta dejar fuera los libros y tumbarme con él hablándole con voz suave, y aprovecho esos minutos para disfrutar de los arrumacos y mimos que a otras horas rechaza.
Utilizo los cuentos a mi antojo para ponerle ejemplos de niños (o lagartijas, o leones, o lo que se me ocurra) que se portan mal y sufren las consecuencias, o que hacen las cosas de maravilla y después tienen la suerte de ir a un parque gigante o a una piscina con un millón de toboganes. Él me escucha muy concentrado, y a veces termina mis frases, o me corrige diciendo "mami se ha confundido", porque se sabe ya el cuento mejor que yo. Su favorito últimamente es el de "la lagartija que se perdía", y no encontraba a su mamá, pero al final un niño muy bueno le ayudaba a buscarla etc etc. También le fascina escuchar historias sobre niños (o ranas, patos o tortugas) que se portan muy mal, y sus papis les riñen pero después aprenden que portarse bién es mucho mejor y más divertido.
Hoy he encontrado una web que se llama Cuentos para dormir y me va a venir muy bién como fuente de inspiración. Al igual que no he seguido una receta al pie de la letra en toda mi vida, no creo que vaya a contar nunca un cuento tal como vienen en esta página, pero me ha gustado mucho el planteamiento. Los cuentos están organizados por valores: alegría, amistad, optimismo, paciencia, perdón... y también hay cuentos clásicos que no está mal recordar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)