miércoles, 10 de marzo de 2010

24 horas de una madre trabajadora

Mi lunes empezó el domingo 7 de marzo:

17.00h: me despido del lechón y su papá ejemplar para emprender camino al aeropuerto. Me voy a Barcelona porque al día siguiente celebro un almuerzo para la prensa catalana, pero viajo el domingo para poder pasar unas horitas con mis sobrinos. Manuel se niega a darme un besito de despedida y prácticamente me empuja para que me vaya, sin piedad alguna, con tal de cerrar la puerta tras de mí, que es uno de sus juegos favoritos.

17.50: llego por fín a la T4 de Barajas, tras haberme perdido por emescincuentas, emescuarentas y fantasmagóricas autopistas de peaje... No es que no conozca la zona, he ido cientos de veces, es que busco una gasolinera porque voy en reserva (algo bastante habitual en mí). Al final no logro acceder a ninguna de las ocho gasolineras que vislumbro desde la autopista, sigo en reserva 30 kilómetros más tarde, y encima llego con el tiempo justo. Aparco en el parking D y al bajarme del ascensor me doy cuenta de que debería haber dejado el coche en la C, que está más cerca. Prometo no olvidarme la próxima vez.

18.30 Después de casi desnudarme en el control de seguridad, y de caminar al menos dos kilómetros, llego jadeante a la puerta embarque H16, más lejos no la había. Cuando veo además que el vuelo lleva media hora de retraso me prometo a mi misma ir en AVE la próxima vez.  Escucho la conversación de cuatro chicas que sin duda vuelven de una despedida de soltera, están comentando las mejores jugadas de la noche anterior, ¡qué envidia!

21.15 llego a casa de Marta, mi comadre y disfruto un rato de sus niños. Viendo a Blanca, que ya tiene ocho años, y a los mellizos, de cinco, pienso en lo rápido que pasa el tiempo y en que tengo que aprovechar el mío con Manuel.

23.00 hablo por teléfono con el papá ejemplar, todo en orden en casa, Manuel duerme como un angelito

24.15 me acuesto junto a Blanca y al verla dormida, tan mona, pienso en cambiar ya al lechón de la cuna a la cama, aunque solo sea para poder tumbarme a su ladito.

Lunes 8 de marzo:

8.45 segundo café al volver de llevar al cole a los peques. Hace un día horrible y parece que está empezando a nevar.

12.00 reunión Telefónica con mis jefes. Cada vez nieva más y hace un frío que pela

12.30. Llego al lugar del almuerzo para prepararlo todo. Marta me acompaña. Como nos sobra media hora, y estamos algo majaretas, decidimos desafiar el temporal y salir a dar una vuelta por las tiendas.

14.00-16.00 almuerzo de trabajo con varias cancelaciones de última hora por culpa del temporal. Todas mujeres, hablamos poco de trabajo y mucho de niños, maridos, viajes, cotilleos, Shakira, los Oscars, y otros temas inconexos. Enseño orgullosa las fotos de Manuel en el móvil, todas dicen que es muy guapo. ¡Qué van a decir! Empieza a nevar en serio.

16.00 h. me pregunto si saldrán vuelos porque la nevada es impresionante. El mío es a las 17.45, así que pido un taxi en el restaurante pero pasado un rato me recomiendan pararlo en la calle porque tardan mucho en venir. Con la ayuda de algunas de mis invitadas encuentro uno bastante rápido, pero corro el riesgo de matarme porque la calle está llena de nieve y yo llevo unos tacones de vértigo, preciosos, pero nada apropiados para el día.

17.08 mostrador de Vueling, me dicen que mi vuelo está cerrado, que lo cierran 45 minutos antes de la salida. Me quiero morir. El siguiente es a las 19.00 y tengo que pagar un bonito recargo. Deprimida, me siento en un banco, me quito los tacones y me pongo las botas bajas. Llamo a mi madre para llorarle un poco y saber qué tal anda Manuel. Mi niño me manda un"mua" telefónico y hace que me sienta mejor.

1800 me compro una botella de agua en una máquina de vending

18.10 el simpático guardia del control seguridad me obliga a tirar la botella prácticamente entera para poder pasar a la zona de embarque. No entiendo nada de las normas de regulación aérea. Que alguien me explique las razones para que no se pueda  volar con una inocente botella de agua, y en cambio sí se pueda llevar un mechero, unas cerillas, o sin ir más lejos un móvil, que hasta donde yo sé se usa como detonador de explosivos...

18.30 llego a la puerta de embarque, y en cuanto el vuelo aparece en la pantallita decido ponerme en la cola. Es algo que nunca hago, pero esta vez temo que el vuelo vaya lleno y me obliguen a facturar la maleta, porque es algo grande para ir en cabina. Si eso pasa y luego tengo que recogerla en las cintas de la T4 tardaría casi una hora más en llegar a casa, vamos, casi otro viaje.

19.30 aún en la cola del embarque. Nos acaban de anunciar que va con retraso, ¡no me digas! y que saldremos en 15 minutos. Pienso que si fuera verdad aún llegaría a casa sobre las 21.30h y que vería a Manuel despierto.
20.00 empezamos a embarcar. La azafata del control mira mi maleta y decide ponerle la etiqueta fatídica, la que sin duda supone su destierro a la bodega del avión y el fin de toda esperanza de ver a mi hijo despierto. Me dá un resguardo y me indica que deje la maleta a la entrada del avión. Ni de coña. En el finger arranco aquella lacra rápidamente, saltándome alguna norma de aviación internacional, seguro, y me subo al avión con cara de nunca haber roto un plato y dirigiéndole a la otra azafata una amplia sonrisa.

20.30 "Bienvenido al vuelo xxx de Vueling, gracias por habernos elegido, para agilizar el embarque, coloca tu maleta en los compartimentos superiores..., escucha con atención las siguientes medidas de seguridad... desconecta tu móvil..." Llamadme antigua, pero me choca que me tuteen, especialmente después de haberme negado el embarque a mi vuelo, de hacerme pagar casi otro billete, de soportar un retraso de hora y media... No sé, después de un día así prefiero que me traten de usted....me siento un poco agredida.

20:40 El avión despega y me doy cuenta de que ya es irremediable, Manuel estará dormido cuando llegue. Siento una punzada de pena en el corazón. No le veré hasta mañana... Me deseo a mí misma (y a vosotras también)  feliz día de la mujer trabajadora

10 comentarios:

mari carmen dijo...

madre mia vaya dia de la mujer trabajadora....
de que trabajas?
vaya tela con los de vueling,no? cerrandote el vuelo, y tener que piyar otro billete.
ya estas con manuel...ahora toca disfrutarlo...
darle los besitos qeu no le has dado el domingo y el lunes,no?jajja
un beso guapa

Karina Ibarra dijo...

Yo también tuve mas o menos lo mismo... sólo que con los trenes. De hecho todavía seguimos incomunicados en Girona... tele con la nevada.. no sólo fue Vueling, todos los transportes están (todavía algunos) así!!

En fin, que si, feliz día de la mujer trabajadora!

Carmen dijo...

Me ha encantado tu día, al menos leerlo.. Supongo que a tí no tanto. Yo creo que tengo una vida bastante estresada, pero cuando he leido tu entrada... Bueno, dicen que mal de muchos...
Besos y felicidades

Patry dijo...

joder vaya diita,yo nunca he subido en avion pero me veo alli sola y con todo eso por delante y bufffffffffffffff.

Elena dijo...

Dios de mi alma vaya día que pasastes, pero bueno puediste coger el avión que era de lo que se trataba.
Un saludín y besitos a los dos.

Anónimo dijo...

Yo te recomiendo muy muchooo q la proxima vez cogas el ave, mil veces mejor, ni te cierran el embarque ni te facturan las maletas y mas tranquila..ya veras pruebalo!!!
Marga.

La Abuela dijo...

Has escrito un relato de los hechos y vivencias "sufridas" sencillamente GENIAL.Se percibe la tensión en cada párrafo y el ritmo es trepidante como en una película de acción. Eres la mejor!!!!!!!!! y te lo dice nada menos que tu madre. Besitos

tengounamuñeca... dijo...

Puff, vaya viaje! Me has recordado a mi hace algunos añitos...aunque sin niña a la querer ver despierta.

Otra vez más me ha encantado tu relato, y....

¡¡Feliz día de la mujer trabajadora!!

Laura dijo...

¡Menudo día de la mujer trabajadora!

Desde luego no lo olvidaras facilmente :-)

Espero que el proximo lo puedas pasar tranquilamente en casa disfrutando de Manuel (ji,ji,ji)

María José dijo...

Uf,menudo día!
Por suerte no te quedaste colgada en Barcelona, aunque claro, no llegaras con hora de ver al peque...
Me ha hecho gracias lo de los taconazos. El glamour por encima de todo, eh?

Un abrazo!

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