sábado, 12 de mayo de 2012

Pensando en el parto

Nunca acabé de relatar aquí mi primer parto, seguramente porque no me sentí con fuerzas ni con ganas de hacerlo. Lo cierto es que después de contar con detalle la primera parte, no quise entrar a relatar un expulsivo bastante duro, doloroso y frustrante, que no fue ni mucho menos lo que yo esperaba. Me hubiera gustado sentirme en el parto más acompañada y más respetada. No dejaron que el papá ejemplar entrara en el paritorio hasta casi el final, y yo le necesitaba conmigo más que nunca. Me pusieron la epidural demasiado tarde, a causa de la mala atención por parte de las matronas, lo que me dejó sin fuerzas para los pujos y, como consecuencia, el ginecólogo se vió obligado a usar los forceps y yo tuve un desgarro y una episotomía como una plaza de toros. En resumen, el Hospital Montepríncipe de Madrid deja mucho que desear en lo que se refiere a maternidad y no se lo recomiendo a nadie.


Este embarazo parece que está durando infinitamente menos que el primero. Estoy mucho más atareada y sin tiempo para pensar en la criaturita que crece dentro de mí, más consciente de lo que me espera, y tal vez por ello, mucho menos impaciente por que llegue su nacimiento. Ahora que estoy en la recta final, me queda un solo un mes, empiezo a pensar en cómo me gustaría que fuera el parto. Me dijeron hace cuatro años que había tenido un parto precipitado y que era muy probable que se repitiera en el segundo. De ahí que dilatara completamente en poco más de dos horas y que a las matronas "se les pasara" explorarme antes de ponerme la epidural... Me enfrento al segundo parto con más información y sabiendo más lo que quiero. Y eso es bueno y malo, porque cuando te pones a buscar información sobre hospitales y partos cada uno cuenta la historia según le fué, e igual que yo tuve una pésima experiencia en el Montepríncipe, tal vez a otra chica le salió a pedir de boca y lo recomienda con los ojos cerrados... Pero ésto no es elegir un hotel para las vacaciones, que te puedes fiar de las opiniones en tripadvisor y luego si metes la pata tampoco es tan grave...

En enlaces cómo éste, me he informado sobre los derechos que tiene una mujer en el momento de su parto, y me doy cuenta de hasta qué punto se los saltaron conmigo. Veo también que hay ciertos centros donde se aplican protocolos de parto respetado, también llamado parto humanizado (y digo yo, que menuda redundancia, pocas cosas hay más humanas que un parto), en los que los deseos de la madre son lo primero, te permiten dilatar en la postura que prefieras, no se utiliza medicación sin el consentimiento informado de la madre, y se procura seguir los ritmos que marca la naturaleza con las menores interferencias posibles, no oxitocina, no episotomía por rutina, no rotura de la bolsa, no monitorización interna... Y luego hay opciones como la del parto en el agua en la clínica Acuario, que tiene una pinta fantástica pero cuesta un ojo de la cara, o bién otras más estrambóticas como lo del parto en casa, que a mi juicio es una irresponsabilidad, hoy por hoy, correr riesgos innecesarios.

El parto es una experiencia que se recuerda siempre, y es curioso cómo cada vez que saco este tema frente a otras madres, no importa de qué generación sean ni cuántas veces hayan parido, aquello se convierte en un gallinero y nos ponemos todas a hablar de nuestros partos respectivos con la misma pasión con que ellos cuentan las historietas de la mili. Estoy dándole vueltas e informándome y tengo la cabeza como una batidora... así que espero elegir bién esta vez, tomar la decisión correcta para tener un parto lo menos intervenido posible, espero no volver a sentir cómo se me va de las manos, y encontrarme apoyada y segura en un lugar donde nos den, a mí y al boquerón, la mejor atención posible sin tratarme como a una menor de edad o una enferma, sino como a una mujer adulta, dueña de su cuerpo, y capaz de elegir cómo quiere que nazca su hijo.

domingo, 15 de abril de 2012

Achaques y remordimientos

Treinta semanas de embarazo y me siento ya como un elefante lleno de achaques. No sólo por el peso de una voluminosa tripa que hace que me pregunten amenudo eso de "ya te queda poco no?", sino porque la ciática y los dolores musculares me tienen medio inválida y cada día me levanto con una nueva molestia. Me arrastro de agotamiento, y eso que no duermo del todo mal teniendo en cuenta las dos veces que me levanto a hacer pis y que el boquerón me despierta a patadas a las ocho menos cuarto cada mañana, domingos incluidos. Ojalá tanta regularidad sea síntoma de que va a ser algo más razonable en sus horarios que su hermano mayor. A los achaques propios del tercer trimestre hay que añadir que nos hemos mudado de casa (sí, de nuevo y por tercera vez en dos años), y que mi trabajo, como el de casi todas supongo, es cada vez más exigente y complicado en estos tiempos de crisis. Y sé que la respuesta es tan fácil como pedir la baja por uno de mis mútiples achaques, olvidarme de todo y dedicarme a cuidarme, a vivir que son dos días, o al menos a disfrutar de algo de tranquilidad en estos dos meses que me quedan. Cuando le dije el otro día al ginecólogo que me duele la ciática me dijo que lo que tenía que hacer era nadar. Ja!¡Nadar1 Nada más, y nada menos... ¿Y eso cómo y cuándo lo hago? Por un lado, soy de secano y sé nadar lo justito para refrescarme en la piscina o en la playa entre vuelta y vuelta. Por otro, tengo el pelo largo, con lo que eso complica lo de la piscina y, por supuessto, ¡no tengo tiempo! La verdad, me gustaría seguir el ejemplo de tantas otras, compañeras mías de trabajo y conocidas que a a los seis meses de embarazo se quedan en casa sin remordimientos. Que no digo yo que no haya casos justificados, que haberlos haylos, pero me consta que en muchas ocasiones es una simple mezcla de cansancio y una pizca de cuento lo que lleva a darse de baja a muchas embarazadas. Y lo entiendo, vaya si lo entiendo, lo entiendo tanto que me apetece horrores hacer lo mismo, pero no puedo. Tengo un sentido de la responsabilidad, un pepito grillo que me impide dar el paso aunque termine los días con ganas de llorar de puro agotamiento, con dolores, cojeando y echa una pena. Y no pretendo que nadie se compadezca de mí, porque lo que tengo es fruto de mi decisión, y nadie me está poniendo una pistola en el pecho para que siga saliendo a trabajar todos los día. Pero a veces me guataría estar hecha de otra pasta, porque la que me ha tocado es un verdadero incordio.

viernes, 16 de marzo de 2012

¿Porqué solo hay dos cosas?

Estábamos en la cama, en esos escasos cinco minutos en los que, con la luz apagada, nos hacemos arrumacos antes de despedirnos. Hay noches que tiene pocas ganas de cariños y que solo quiere jugar y otras, como ésta, en la que el amor se le sale a mi lechón por todos los poros. Y después de darme un enorme abrazo, acurrucarse a mi lado, darme besos y un sentido "te quiero mami", va y me dice.
- "Mami, ¿porqué solo hay dos cosas?"
- ¿dos cosas para qué?
- "Dos cosas de hacer. Solo hay besos y abrazos."
Yo, muerta de amor y de ternura: "bueno, se pueden hacer también cosquillas, caricias... "
- No, pero yo digo de mimitos, que solo hay dos cosas.
Y entonces le tuve que explicar que hay muchos tipos de besos, los besos de mariposa, los de esquimal... Pero entendí perfectamente lo que sentía, que hay veces que el amor es tan, tan grande, que parece que los besos y los abrazos sean muy poca cosa.

miércoles, 14 de marzo de 2012

El payaso de la clase

Reunión de fin de trimestre en la Escuela infantil. Las profesoras del lechón me dicen, sin miramientos, que Manuel es un payaso absoluto, que no se centra ni se esfuerza, que se dedica a intentar llamar la atención y hacer reír a sus compañeros. Intentan encauzarle: retirada de atención cuando se pone a hacer el ganso y refuerzo positivo cuando hace bién las cosas, pero me dicen que él lo que busca es el refuerzo en las risas de sus compañeros, y que eso sí lo suele conseguir, porque resulta que les hace gracia.

Creo que si me hubieran dicho que es tonto no me lo hubiera tomado peor. Siempre me ha sacado de quicio el ganso, payaso, bufón, graciosillo de la clase. Seguramente me horroriza tanto porque mi rol, mi personaje, mi papel en la infancia y adolescencia era el de la empollona, responsable, madura, seria, aburrida y muy sensata delegada de curso, y normalmente era el blanco de las burlas de ese otro personaje que ahora resulta que mi hijo de tres años están opositando a ser.

Y lo mismo me paso, que solo tiene tres años y no vamos a encasillarle todavía... pero ya como admito en la cabecera de este blog, soy doña angustias.

Tiene tela lo del Karma.

domingo, 11 de marzo de 2012

Escarlatina!

El lechón ha tenido escarlatina esta semana. ¿Qué os parece? A que suena como el tifus, la malaria o algo peor... pero por suerte no es tan grave. Lo primero que me vino a la mente cuando la pediatra me dijo lo que era fué el libro de "Mujercitas", que tantas veces he leído, en el que una de las hermanas la sufre y de hecho se muere si no me equivoco. Pero en fín, gracias a los maravillosos antibióticos, resulta que en este primer mundo del 2012, la escarlatina es una infección bacteriana de lo más corriente y moliente, y con el tratamiento adecuado se cura fácilmente en pocos días.

Los síntomas son los mismos que unas anginas, pero aderezados con una buena porción de ronchas rojas tipo prurito por el cuerpo y, sobre todo, en la cara. Manuel tuvo solo unas décimas de fiebre, sin llegar siquiera a 38º, y lo que me alarmó fue el repentino color rojo de su piel, que además le picaba un montón. El tratamiento con antibiótico dura la friolera de 10 días, así que, aunque ya está más que recuperado, aún nos queda un bote entero de amoxicilina. Ha estado tres días sin ir al cole, y una servidora ha tenido que hacer malabarismos y hasta faltar al trabajo para cuidarle. Es verdad que en 2012 hay toda clase de avances sanitarios para curar las enfermedades infantiles, menos mal!. Solo falta que alguien invente mamás y papás con el don de la ubicuidad o, más fácil, empresas en las que se fomente, de verdad, la conciliación familiar.

Atizar árboles con un palo es una actividad de lo más reconfortante,
y muestra de la total recuperación del lechón

Related Posts with Thumbnails