La hora del baño ha sido siempre para Manuel uno de sus momentos preferidos del día. Le encanta jugar en la bañera, chapotear, hacer pompas, y últimamente llenar cualquier clase de recipiente y echarse el agua sobre la cabeza le hace muchísima gracia. A mí no me hace tanta cuando se le ocurre la feliz idea de vaciar el agua de su cubo fuera de la bañera empapando el suelo y mis zapatillas. Lo hace para llamar mi atención, porque lo de ser una mujer multitarea tiene muchas vertientes. Una de ellas es que mientras Manuel chapotea una aprovecha para desmaquillarse y ponerse sus cremitas, depilarse las cejas, y hasta en ocasiones aplicarse alguna mascarilla... Las cosas de la cosmética, que a veces me despistan un poco, momentos que el lechón aprovecha para pensar maldades. Los días que le baña su papá no ocurren estas cosas, porque él se sienta tranquilamente en la banqueta y comparte con Manuel los chapoteos. Pero yo soy una mujer ocupada y aprovecho como puedo los pocos minutos que tengo para mí.
Además de dejar el baño como el Aquopolis, ahora la nueva moda es no querer salir de la bañera ni a tiros. Ya tuvimos una fase parecida hace unos meses, que se solucionó y creía yo que estaba olvidada. Pero ha vuelto con más fuerza. Cuando le digo a Manuel que quite el tapón de la bañera, me lo dá todo obediente él. Pero al ratito, en cuanto ve que queda poca agua, el muy sinvergüenza, se sienta sobre el sumidero con una sonrsisa pícara, me mira y me dice: "otro papón (tapón)" y ahí se queda tan contento. Sí, qué mono y tal, muy divertido, no? yo también me reí la primera vez, pero os aseguro que cuando esto es a diario pierde toda la gracia. Después de insistir mucho rato, por las buenas o por las malas, y con la bañera ya vacía, al final le tengo que sacar casi siempre a la fuerza, con pataleta incluida. Un día probé a marcharme y dejarle solo en el baño, con la bañera vacía. Yo le veía desde el pasillo a través del espejo y el tío estaba tan campante. Pasaron cinco minutos en los que yo me atormentaba pensando en qué sería peor, si el resfriado que indudablemente iba a agarrar, o la factura del gas natural por poner la calefacción a 30 grados. Obviamente fue un fracaso, me vió el farol sin duda, porque no me llamó ni una sola vez y aún así le tuve que sacar a rastras de la bañera.
Ayer vino la madrina de Barcelona, mi prima Marta, y tuvo una gran idea para acabar con la batallita del baño. Algo tan simple como apagar la luz!! Cómo no se me había ocurrido antes. Cuando empezó a escabullirse como siempre, le dije, Manuel, se acabó el baño, mira la luz se apaga y hay que salir. Tardó menos de un segundo en ponerse de pie y salir de la bañera. No sé cuánto me durará el truco, pero ufff, creo que al menos tengo por delante unos días de paz a la hora del baño.
viernes, 16 de abril de 2010
jueves, 8 de abril de 2010
Juego del relato
Aquí va un post un poco loco, pero es que la historia me ha cautivado. Se trata de un pequeño juego que inicialmente propuso Ana, del blog "De ratones y mujeres" . La idea es construir una historia entre todos, siguiendo el hilo de lo iniciado por Ana. Aquí os dejo los últimos párrafos, incluyendo el mío, pero para leer la historia completa tendréis que “trabajar” un poquito visitando el blog de Ana y desde allí ir a los blogs de los que han ido participando.
¿quién se anima a continuar el relato?
Las reglas son muy simples, hay que continuar la historia agregando aproximadamente unas 6 líneas, que guarden coherencia con lo anterior. El blogger número 20 finaliza el relato, y éste es el párrafo 13, ¡ya falta poco!
De repente "algo", quizás un pañuelo, tal vez un saco, le cubrió la cabeza y, antes de que pudiera gritar del susto, unos brazos ligeros pero fuertes le agarraron y le sacaron de allí. Sin embargo, aunque el terror se apoderó de él, no soltó, sino que agarró con mucha más fuerza, su preciado objeto. A los pocos segundos le dejaron caer sobre la hierba del parque y pudo ver frente a él, al hombre de gafas. Gafas que, al haberse resbalado parcialmente, mostraban una horrible cicatriz en el ojo derecho... Sr.Zepa
Le dolía la espalda, se había dado un buen golpe. El hombre le miraba y Nico apretó con más fuerza el objeto en su mano. Tenía que escapar de allí como fuese, ese tipo no parecía tener buenas intenciones. Justo cuando el hombre se avalanzaba sobre él Nico dio un respingo y se escurrió entre sus piernas. Corrió en dirección al colegio con intención de esconderse en el laboratorio.Llegó, la puerta de las cocinas estaba aún abierta y entró. Miró hacia atrás durante un seguno y reconoció al hombre corriendo en aquella dirrección. La canción seguía sonando. ¿Por qué no dejaba de hacer ruido? Cerró la puerta como pudo y echó a correr hasta encerrarse en el laboratorio. MAMARECIENTE
Y aquí va mi aportación:
El laboratorio estaba oscuro y frío. Se acurrucó en un rincón, deseando que el objeto se callase durante un rato. Y de pronto… ¡SILENCIO! Un silencio mortal, casi molesto, y a Nico le parecía que su respiración sonaba como un concierto. Seguramente el hombre no le había visto entrar en el laboratorio, seguramente…. Pero en la penumbra, hambriento y tembloroso, no podía evitar arrepentirse de la aventura que había emprendido aquella mañana. Pensó en su madre, y se le puso un nudo en la garganta. A esas horas ya habría puesto el grito en el cielo ¿estaría enfadada? ¿preocupada? Le esperaba un buen castigo cuando volviera… si es que volvía.
Quien se anime a continuar la historia debe dejar un comentario aquí para que quien quiera seguir leyendo el relato sepa donde encontrarlo.
¿quién se anima a continuar el relato?
Las reglas son muy simples, hay que continuar la historia agregando aproximadamente unas 6 líneas, que guarden coherencia con lo anterior. El blogger número 20 finaliza el relato, y éste es el párrafo 13, ¡ya falta poco!
De repente "algo", quizás un pañuelo, tal vez un saco, le cubrió la cabeza y, antes de que pudiera gritar del susto, unos brazos ligeros pero fuertes le agarraron y le sacaron de allí. Sin embargo, aunque el terror se apoderó de él, no soltó, sino que agarró con mucha más fuerza, su preciado objeto. A los pocos segundos le dejaron caer sobre la hierba del parque y pudo ver frente a él, al hombre de gafas. Gafas que, al haberse resbalado parcialmente, mostraban una horrible cicatriz en el ojo derecho... Sr.Zepa
Le dolía la espalda, se había dado un buen golpe. El hombre le miraba y Nico apretó con más fuerza el objeto en su mano. Tenía que escapar de allí como fuese, ese tipo no parecía tener buenas intenciones. Justo cuando el hombre se avalanzaba sobre él Nico dio un respingo y se escurrió entre sus piernas. Corrió en dirección al colegio con intención de esconderse en el laboratorio.Llegó, la puerta de las cocinas estaba aún abierta y entró. Miró hacia atrás durante un seguno y reconoció al hombre corriendo en aquella dirrección. La canción seguía sonando. ¿Por qué no dejaba de hacer ruido? Cerró la puerta como pudo y echó a correr hasta encerrarse en el laboratorio. MAMARECIENTE
Y aquí va mi aportación:
El laboratorio estaba oscuro y frío. Se acurrucó en un rincón, deseando que el objeto se callase durante un rato. Y de pronto… ¡SILENCIO! Un silencio mortal, casi molesto, y a Nico le parecía que su respiración sonaba como un concierto. Seguramente el hombre no le había visto entrar en el laboratorio, seguramente…. Pero en la penumbra, hambriento y tembloroso, no podía evitar arrepentirse de la aventura que había emprendido aquella mañana. Pensó en su madre, y se le puso un nudo en la garganta. A esas horas ya habría puesto el grito en el cielo ¿estaría enfadada? ¿preocupada? Le esperaba un buen castigo cuando volviera… si es que volvía.
Quien se anime a continuar la historia debe dejar un comentario aquí para que quien quiera seguir leyendo el relato sepa donde encontrarlo.
miércoles, 7 de abril de 2010
Papitis
Estos días el lechón muere por su papi. Cuando llego de trabajar y oye las llaves en la puerta, oigo como grita entusiasmado, PAPIIIII!!! Y cuando ve que no, que soy yo, parece que se decepciona… y dice un mami como resignado, en plan, ¡ah! mami…
Me recuerda a cuando, hace un millón de años, en un tiempo en el que no había móviles, una esperaba ESA llamada, y el corazón te daba un vuelco al escuchar el teléfono y pensar que sí, que era ÉL. Las palpitaciones no te dejaban casi ni respirar pero aún así esperabas otros dos toques para contestar, porque no hay duda que no se puede descolgar un teléfono antes del tercer toque, y entonces, al otro lado de la línea, sonaba la voz de una amiga que te decía aquello de ¿qué haces? Y tú, con un tremendo chasco y cara de pocos amigos decías, ah! eres tú…
Pues más o menos ese es el tono de voz de recibimiento de mi hijo adorado cuando llego a casa por la tarde. Luego intento que me dé un beso o un abrazo, pero no hay manera. No niego que me duele un poquito, pero también he de reconocer que ya pasó una fase de mamitis hace poco y a mí lo de tenerle colgado de la pierna todo el día me enternece, no digo que no, pero me agobia también una barbaridad.
Ahora cuando papi está en casa yo paso a un segundo plano. Supongo que, como todas vosotras, soy multitarea, multifunción, hago dos millones de cosas a la vez, y ando por la casa a toda leche, siempre con algo en la mano, recogiendo aquí, poniendo esto al fuego allá, a veces hasta derrapo por el pasillo, y eso viviendo en un piso de 80 metros cuadrados…. Sin embargo, el papá ejemplar, va a su ritmo, él vive tranquilo, qué suerte, y claro, no se puede decir que no ayude, pero al final lo que yo hago en 15 minutos a él le lleva todo el día. Así que, en aras de tener una convivencia en paz, hemos llegado a un acuerdo tácito, y cuando papá está en casa, él se ocupa de casi todo lo del lechón (bañarle, darle el bibe, jugar, leerle el cuento) y yo de casi todo LO DEMÁS. Y lo demás no es poco, os lo aseguro.
Aquí os dejo una conversación que retrata muy bién el momento papitis que vive Manuel:
Me recuerda a cuando, hace un millón de años, en un tiempo en el que no había móviles, una esperaba ESA llamada, y el corazón te daba un vuelco al escuchar el teléfono y pensar que sí, que era ÉL. Las palpitaciones no te dejaban casi ni respirar pero aún así esperabas otros dos toques para contestar, porque no hay duda que no se puede descolgar un teléfono antes del tercer toque, y entonces, al otro lado de la línea, sonaba la voz de una amiga que te decía aquello de ¿qué haces? Y tú, con un tremendo chasco y cara de pocos amigos decías, ah! eres tú…
Pues más o menos ese es el tono de voz de recibimiento de mi hijo adorado cuando llego a casa por la tarde. Luego intento que me dé un beso o un abrazo, pero no hay manera. No niego que me duele un poquito, pero también he de reconocer que ya pasó una fase de mamitis hace poco y a mí lo de tenerle colgado de la pierna todo el día me enternece, no digo que no, pero me agobia también una barbaridad.
Ahora cuando papi está en casa yo paso a un segundo plano. Supongo que, como todas vosotras, soy multitarea, multifunción, hago dos millones de cosas a la vez, y ando por la casa a toda leche, siempre con algo en la mano, recogiendo aquí, poniendo esto al fuego allá, a veces hasta derrapo por el pasillo, y eso viviendo en un piso de 80 metros cuadrados…. Sin embargo, el papá ejemplar, va a su ritmo, él vive tranquilo, qué suerte, y claro, no se puede decir que no ayude, pero al final lo que yo hago en 15 minutos a él le lleva todo el día. Así que, en aras de tener una convivencia en paz, hemos llegado a un acuerdo tácito, y cuando papá está en casa, él se ocupa de casi todo lo del lechón (bañarle, darle el bibe, jugar, leerle el cuento) y yo de casi todo LO DEMÁS. Y lo demás no es poco, os lo aseguro.
Aquí os dejo una conversación que retrata muy bién el momento papitis que vive Manuel:
YO (al papá ejemplar): oye, ¿tú te acuerdas de cómo se llaman los padres de Nico? (Nico es un amiguito de Manuel del parque)
PAPÁ EJEMPLAR (mirándome como si le hablase de los números primos) bbbbbrrrrrrrrr, pues no, casi no sé ni como me llamo yo…
MANUEL: (mirando a su padre con arrobo) PAPIIIIIIIIII
martes, 23 de marzo de 2010
¡SOPLA, SOPLA! El espasmo de sollozo (II)
Ya había escrito sobre este tema pero creo que la anécdota de ayer merece ser contada. Os comentaba en este post que Manuel sufre lo que se llama “espasmo de sollozo”, o sea, que se priva, deja de respirar unos segundos, antes de romper a llorar. No es que lo haga siempre, pero sí cuando se ha dado un golpe fuerte, o está muy cansado, o le duele algo… El caso es que a todo se acostumbra una y yo lo tengo ya más que asumido, ni sufro ni me preocupa. Sé que no es grave, que no tiene consecuencias, y que no tengo que reaccionar de ninguna manera cuando lo haga para evitar reforzar esa conducta y que así, poco a poco, dejará de hacerlo. Porque, ah! se me olvidaba recalcar, que esa privación momentánea de aliento es un acto VO-LUN-TA-RIO del niño…
Pues a lo que iba. Ayer en el parque Manuel se pegó un trastazo de aquí te espero, pobrecito mío, y se dio un golpe en la frente de esos que hacen que te salte el corazón en el pecho. Corrí a por él, y conmigo varias mamás más, porque se había oído un sonoro “PLÁS”, al estrellarse su cabecita contra el bordillo. Como cualquier madre, le cogí en brazos, hice el “control de daños” (ver que tiene todos los dientes, que no le sangra el labio, que no tiene brecha en la cabeza…), mientras observaba como un enorme chichón crecía en la frente del peque… Centrada como estaba en asegurarme que no teníamos que ir a urgencias, no hice mucho caso a una mujer a la que no conocía y que no hacía más que gritarme, toda asustada ella, “sopla, sopla!”. Y yo pensando, qué chorrada, anda que se le va a ir el chichón al niño soplándole… pero me avergüenza decir que, en un instante de absurda obediencia, le soplé un poquito a mi pobre y magullada criatura. Fue entonces cuando por fín Manuel rompió a llorar y ya me dí cuenta… resulta que había estado sin respirar unos segundos… y que yo ni lo había notado! Estoy definitivamente inmunizada al espasmo de sollozo de mi niño. Y caí en la cuenta de que la desconocida me apremiaba para que con un mágico soplido hiciera respirar al niño, algo así como para “romper el embrujo” supongo… Y no sé como explicarle a todo el mundo que eso de soplar, zarandear, decirle que llore… no vale para nada!! Imagínate que tú tienes un berrinche de campeonato, o que te has dado un golpe fuerte, o que tienes miedo, y tu reacción natural es dejar de respirar unos segundos (vale, sé que es difícil imaginar esto) y tu madre, en lugar de abrazarte y decirte que no pasa nada, TE SOPLA EN LA CARA! Mola, no?
Lo gracioso del tema es que la señora se quedó tan contenta pensando que le había salvado la vida a un niño, porque casualmente después de soplarle, rompió a llorar… Claro, así se escribe la historia!
Por cierto, el chichón fué considerable, pero nada grave, gracias a otra mamá que me dió una barrita fantásitca que yo no conocía y que se llama "ARNIDOL" y sirve para paliar el dolor y la inflamación de los golpes. Lo venden en cualquier farmacia.
Pues a lo que iba. Ayer en el parque Manuel se pegó un trastazo de aquí te espero, pobrecito mío, y se dio un golpe en la frente de esos que hacen que te salte el corazón en el pecho. Corrí a por él, y conmigo varias mamás más, porque se había oído un sonoro “PLÁS”, al estrellarse su cabecita contra el bordillo. Como cualquier madre, le cogí en brazos, hice el “control de daños” (ver que tiene todos los dientes, que no le sangra el labio, que no tiene brecha en la cabeza…), mientras observaba como un enorme chichón crecía en la frente del peque… Centrada como estaba en asegurarme que no teníamos que ir a urgencias, no hice mucho caso a una mujer a la que no conocía y que no hacía más que gritarme, toda asustada ella, “sopla, sopla!”. Y yo pensando, qué chorrada, anda que se le va a ir el chichón al niño soplándole… pero me avergüenza decir que, en un instante de absurda obediencia, le soplé un poquito a mi pobre y magullada criatura. Fue entonces cuando por fín Manuel rompió a llorar y ya me dí cuenta… resulta que había estado sin respirar unos segundos… y que yo ni lo había notado! Estoy definitivamente inmunizada al espasmo de sollozo de mi niño. Y caí en la cuenta de que la desconocida me apremiaba para que con un mágico soplido hiciera respirar al niño, algo así como para “romper el embrujo” supongo… Y no sé como explicarle a todo el mundo que eso de soplar, zarandear, decirle que llore… no vale para nada!! Imagínate que tú tienes un berrinche de campeonato, o que te has dado un golpe fuerte, o que tienes miedo, y tu reacción natural es dejar de respirar unos segundos (vale, sé que es difícil imaginar esto) y tu madre, en lugar de abrazarte y decirte que no pasa nada, TE SOPLA EN LA CARA! Mola, no?
Lo gracioso del tema es que la señora se quedó tan contenta pensando que le había salvado la vida a un niño, porque casualmente después de soplarle, rompió a llorar… Claro, así se escribe la historia!
Por cierto, el chichón fué considerable, pero nada grave, gracias a otra mamá que me dió una barrita fantásitca que yo no conocía y que se llama "ARNIDOL" y sirve para paliar el dolor y la inflamación de los golpes. Lo venden en cualquier farmacia.
domingo, 21 de marzo de 2010
Mi primer Scalextric
Se lo dejaron los Reyes en casa de la madrina, pero hasta ayer no lo habíamos estrenado. Primero porque tenía tantos regalos que preferí guardar algunos para más adelante, después por pereza, y últimamente porque nunca me acordaba de comprar las "tropecientas" pilas que hacían falta para poner en marcha el juguetito. Fue todo un éxito, al final montarlo era más fácil de lo que yo pensaba, y Manuel disfrutó un montón, aunque sospecho que el papá ejemplar se lo pasó ¡aún mejor!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
