El post que publico a continuación lo escribí el martes pero no he podido colgarlo hasta ahora porque no teníamos internet estos días. Las obras de la fachada de mi edificio impide que podamos coger la señal wifi cortesía de nuestros vecinos y amigos, Rut y Sergio (de quienes hablaré en otro post que tengo en la cabeza)
Martes, 18 de noviembre:
Hoy le he dado a Manuel su primera papilla. Bueno, en realidad lo he intentado, porque se ha tomado aproximadamente tres cucharadas y media. El resto se ha quedado en el babero, en su cara y, claro está, en su nuevo y flamante recipiente con dibujos de muñequitos. Según el papelito que me dio la pediatra, la papilla de frutas se incorpora a los cinco meses y medio, y se empieza por el zumo de una naranja y medio plátano, para después ir incorporando otras frutas a razón de una por semana (primero la manzana, después la pera… etc). Pues bien, la primera papilla no le ha gustado nada y después de media hora de infructuosos intentos con la cuchara le he preparado un biberón que se ha zampado en tres minutos. Mañana probaremos de nuevo.
Mi madre opina que estas modernidades de hoy en día son una bobada. Dice que, "de toda la vida", la papilla de frutas se ha preparado, desde el primer día, con plátano, naranja, manzana y galleta María, y que así a los niños les encanta. Además, me ha confesado que a Manuel le gustan mucho las galletas de María porque las ha probado este fin de semana en su casa. Mírala, dándole galletas al niño sin mi consentimiento!! ¡Cómo se atreve! Lo cierto es que probablemente tenga razón y ahora nos pasamos de estrictos con lo de la alimentación, pero cualquiera se atreve a llevarle la contraria al pediatra. Desde luego, no será esta mamá novata la primera en hacerlo.

Hablando de mi madre, creo que merece que le dedique este post, y seguramente muchos otros. Desde que nació Manuel cada día siento lo mucho que la necesito, y hasta qué punto está siempre ahí para mí y, ahora, para nosotros. Cuando valoro y cuando menosprecio sus favores, cuando le pido ayuda y cuando intento, testaruda como una mula, arreglármelas sola… La palabra SIEMPRE cobra un sentido distinto si se refiere a mi madre. Ella es capaz de adivinar lo que yo aún no sé que necesitaré mañana, va diez pasos por delante, puede hacer mil recados, cambiar cien citas, resolver cincuenta cosas a la vez para hacerme la vida fácil. Es una SUPERMUJER, que se ocupa de hacer feliz a los que le rodean y que además sabe poner una nota de belleza a su alrededor. Si estás invitado a casa de mi madre a comer, eres un privilegiado. Y no sólo porque cocine, como buena gallega, de maravilla, sino porque todo lo que rodea a ese almuerzo está cuidado y pensado al mínimo detalle. La mesa estará puesta como para una foto de la mejor revista de decoración. La vajilla, la cristalería, las servilletas y los manteles, el centro de mesa…. todo seleccionado y conjuntado con un gusto exquisito. Además, se habrá acordado, por ejemplo, de que prefieres las fresas con zumo de naranja en lugar de con nata, y preparará una jarrita aparte para que todo esté a tu gusto, o hará tres tipos de salsa diferente para agradar a todos... Es la perfecta anfitriona. Pero lo más increible es que ella hace que parezca sencillo, natural, nada forzado.
Con Manuel es una abuela divertida y entregada. A él se le ilumina la cara cuando la ve, y creo que serán buenos amigos. Espero que Manuel aprenda de su abuela Concha tantas cosas… a pensar siempre en los demás, a ser detallista, a mirar más allá de lo que se ve o de lo que se dice, a no conformarse con salir del paso, a buscar la perfección, y, muchas veces, a conseguirla.
P.D: quiero aclarar que este post no tiene nada que ver con que Manuel se haya quedado en casa de su abuela Concha este fin de semana para que nosotros pudiéramos disfrutar de un idílico fin de semana en Praga. Gracias mamá, pero no es por peloteo. Que conste.

Hoy:
Releyendo el post, me parece que da la impresión de que mi madre solo es buena en lo de recibir en casa. Pero no, es buena en muchas más cosas. Acabo de pasar por su casa para que me prestara un chaquetón, un bolso y unos zapatos para la fiesta de Marie Claire a la que voy esta noche. Su armario es una mina, tiene de todo, mucho mejor que ir de compras, y ella me lo presta con una sonrisa y no se enfada si se lo devuelvo de cualquier manera. Lo dicho, una supermujer y una supermadre. Como dice mi querida "tía" mexicana Alda, "soy una suertuda".