Aquí va un post un poco loco, pero es que la historia me ha cautivado. Se trata de un pequeño juego que inicialmente propuso Ana, del blog "De ratones y mujeres" . La idea es construir una historia entre todos, siguiendo el hilo de lo iniciado por Ana. Aquí os dejo los últimos párrafos, incluyendo el mío, pero para leer la historia completa tendréis que “trabajar” un poquito visitando el blog de Ana y desde allí ir a los blogs de los que han ido participando.
¿quién se anima a continuar el relato?
Las reglas son muy simples, hay que continuar la historia agregando aproximadamente unas 6 líneas, que guarden coherencia con lo anterior. El blogger número 20 finaliza el relato, y éste es el párrafo 13, ¡ya falta poco!
De repente "algo", quizás un pañuelo, tal vez un saco, le cubrió la cabeza y, antes de que pudiera gritar del susto, unos brazos ligeros pero fuertes le agarraron y le sacaron de allí. Sin embargo, aunque el terror se apoderó de él, no soltó, sino que agarró con mucha más fuerza, su preciado objeto. A los pocos segundos le dejaron caer sobre la hierba del parque y pudo ver frente a él, al hombre de gafas. Gafas que, al haberse resbalado parcialmente, mostraban una horrible cicatriz en el ojo derecho... Sr.Zepa
Le dolía la espalda, se había dado un buen golpe. El hombre le miraba y Nico apretó con más fuerza el objeto en su mano. Tenía que escapar de allí como fuese, ese tipo no parecía tener buenas intenciones. Justo cuando el hombre se avalanzaba sobre él Nico dio un respingo y se escurrió entre sus piernas. Corrió en dirección al colegio con intención de esconderse en el laboratorio.Llegó, la puerta de las cocinas estaba aún abierta y entró. Miró hacia atrás durante un seguno y reconoció al hombre corriendo en aquella dirrección. La canción seguía sonando. ¿Por qué no dejaba de hacer ruido? Cerró la puerta como pudo y echó a correr hasta encerrarse en el laboratorio. MAMARECIENTE
Y aquí va mi aportación:
El laboratorio estaba oscuro y frío. Se acurrucó en un rincón, deseando que el objeto se callase durante un rato. Y de pronto… ¡SILENCIO! Un silencio mortal, casi molesto, y a Nico le parecía que su respiración sonaba como un concierto. Seguramente el hombre no le había visto entrar en el laboratorio, seguramente…. Pero en la penumbra, hambriento y tembloroso, no podía evitar arrepentirse de la aventura que había emprendido aquella mañana. Pensó en su madre, y se le puso un nudo en la garganta. A esas horas ya habría puesto el grito en el cielo ¿estaría enfadada? ¿preocupada? Le esperaba un buen castigo cuando volviera… si es que volvía.
Quien se anime a continuar la historia debe dejar un comentario aquí para que quien quiera seguir leyendo el relato sepa donde encontrarlo.
jueves, 8 de abril de 2010
miércoles, 7 de abril de 2010
Papitis
Estos días el lechón muere por su papi. Cuando llego de trabajar y oye las llaves en la puerta, oigo como grita entusiasmado, PAPIIIII!!! Y cuando ve que no, que soy yo, parece que se decepciona… y dice un mami como resignado, en plan, ¡ah! mami…
Me recuerda a cuando, hace un millón de años, en un tiempo en el que no había móviles, una esperaba ESA llamada, y el corazón te daba un vuelco al escuchar el teléfono y pensar que sí, que era ÉL. Las palpitaciones no te dejaban casi ni respirar pero aún así esperabas otros dos toques para contestar, porque no hay duda que no se puede descolgar un teléfono antes del tercer toque, y entonces, al otro lado de la línea, sonaba la voz de una amiga que te decía aquello de ¿qué haces? Y tú, con un tremendo chasco y cara de pocos amigos decías, ah! eres tú…
Pues más o menos ese es el tono de voz de recibimiento de mi hijo adorado cuando llego a casa por la tarde. Luego intento que me dé un beso o un abrazo, pero no hay manera. No niego que me duele un poquito, pero también he de reconocer que ya pasó una fase de mamitis hace poco y a mí lo de tenerle colgado de la pierna todo el día me enternece, no digo que no, pero me agobia también una barbaridad.
Ahora cuando papi está en casa yo paso a un segundo plano. Supongo que, como todas vosotras, soy multitarea, multifunción, hago dos millones de cosas a la vez, y ando por la casa a toda leche, siempre con algo en la mano, recogiendo aquí, poniendo esto al fuego allá, a veces hasta derrapo por el pasillo, y eso viviendo en un piso de 80 metros cuadrados…. Sin embargo, el papá ejemplar, va a su ritmo, él vive tranquilo, qué suerte, y claro, no se puede decir que no ayude, pero al final lo que yo hago en 15 minutos a él le lleva todo el día. Así que, en aras de tener una convivencia en paz, hemos llegado a un acuerdo tácito, y cuando papá está en casa, él se ocupa de casi todo lo del lechón (bañarle, darle el bibe, jugar, leerle el cuento) y yo de casi todo LO DEMÁS. Y lo demás no es poco, os lo aseguro.
Aquí os dejo una conversación que retrata muy bién el momento papitis que vive Manuel:
Me recuerda a cuando, hace un millón de años, en un tiempo en el que no había móviles, una esperaba ESA llamada, y el corazón te daba un vuelco al escuchar el teléfono y pensar que sí, que era ÉL. Las palpitaciones no te dejaban casi ni respirar pero aún así esperabas otros dos toques para contestar, porque no hay duda que no se puede descolgar un teléfono antes del tercer toque, y entonces, al otro lado de la línea, sonaba la voz de una amiga que te decía aquello de ¿qué haces? Y tú, con un tremendo chasco y cara de pocos amigos decías, ah! eres tú…
Pues más o menos ese es el tono de voz de recibimiento de mi hijo adorado cuando llego a casa por la tarde. Luego intento que me dé un beso o un abrazo, pero no hay manera. No niego que me duele un poquito, pero también he de reconocer que ya pasó una fase de mamitis hace poco y a mí lo de tenerle colgado de la pierna todo el día me enternece, no digo que no, pero me agobia también una barbaridad.
Ahora cuando papi está en casa yo paso a un segundo plano. Supongo que, como todas vosotras, soy multitarea, multifunción, hago dos millones de cosas a la vez, y ando por la casa a toda leche, siempre con algo en la mano, recogiendo aquí, poniendo esto al fuego allá, a veces hasta derrapo por el pasillo, y eso viviendo en un piso de 80 metros cuadrados…. Sin embargo, el papá ejemplar, va a su ritmo, él vive tranquilo, qué suerte, y claro, no se puede decir que no ayude, pero al final lo que yo hago en 15 minutos a él le lleva todo el día. Así que, en aras de tener una convivencia en paz, hemos llegado a un acuerdo tácito, y cuando papá está en casa, él se ocupa de casi todo lo del lechón (bañarle, darle el bibe, jugar, leerle el cuento) y yo de casi todo LO DEMÁS. Y lo demás no es poco, os lo aseguro.
Aquí os dejo una conversación que retrata muy bién el momento papitis que vive Manuel:
YO (al papá ejemplar): oye, ¿tú te acuerdas de cómo se llaman los padres de Nico? (Nico es un amiguito de Manuel del parque)
PAPÁ EJEMPLAR (mirándome como si le hablase de los números primos) bbbbbrrrrrrrrr, pues no, casi no sé ni como me llamo yo…
MANUEL: (mirando a su padre con arrobo) PAPIIIIIIIIII
martes, 23 de marzo de 2010
¡SOPLA, SOPLA! El espasmo de sollozo (II)
Ya había escrito sobre este tema pero creo que la anécdota de ayer merece ser contada. Os comentaba en este post que Manuel sufre lo que se llama “espasmo de sollozo”, o sea, que se priva, deja de respirar unos segundos, antes de romper a llorar. No es que lo haga siempre, pero sí cuando se ha dado un golpe fuerte, o está muy cansado, o le duele algo… El caso es que a todo se acostumbra una y yo lo tengo ya más que asumido, ni sufro ni me preocupa. Sé que no es grave, que no tiene consecuencias, y que no tengo que reaccionar de ninguna manera cuando lo haga para evitar reforzar esa conducta y que así, poco a poco, dejará de hacerlo. Porque, ah! se me olvidaba recalcar, que esa privación momentánea de aliento es un acto VO-LUN-TA-RIO del niño…
Pues a lo que iba. Ayer en el parque Manuel se pegó un trastazo de aquí te espero, pobrecito mío, y se dio un golpe en la frente de esos que hacen que te salte el corazón en el pecho. Corrí a por él, y conmigo varias mamás más, porque se había oído un sonoro “PLÁS”, al estrellarse su cabecita contra el bordillo. Como cualquier madre, le cogí en brazos, hice el “control de daños” (ver que tiene todos los dientes, que no le sangra el labio, que no tiene brecha en la cabeza…), mientras observaba como un enorme chichón crecía en la frente del peque… Centrada como estaba en asegurarme que no teníamos que ir a urgencias, no hice mucho caso a una mujer a la que no conocía y que no hacía más que gritarme, toda asustada ella, “sopla, sopla!”. Y yo pensando, qué chorrada, anda que se le va a ir el chichón al niño soplándole… pero me avergüenza decir que, en un instante de absurda obediencia, le soplé un poquito a mi pobre y magullada criatura. Fue entonces cuando por fín Manuel rompió a llorar y ya me dí cuenta… resulta que había estado sin respirar unos segundos… y que yo ni lo había notado! Estoy definitivamente inmunizada al espasmo de sollozo de mi niño. Y caí en la cuenta de que la desconocida me apremiaba para que con un mágico soplido hiciera respirar al niño, algo así como para “romper el embrujo” supongo… Y no sé como explicarle a todo el mundo que eso de soplar, zarandear, decirle que llore… no vale para nada!! Imagínate que tú tienes un berrinche de campeonato, o que te has dado un golpe fuerte, o que tienes miedo, y tu reacción natural es dejar de respirar unos segundos (vale, sé que es difícil imaginar esto) y tu madre, en lugar de abrazarte y decirte que no pasa nada, TE SOPLA EN LA CARA! Mola, no?
Lo gracioso del tema es que la señora se quedó tan contenta pensando que le había salvado la vida a un niño, porque casualmente después de soplarle, rompió a llorar… Claro, así se escribe la historia!
Por cierto, el chichón fué considerable, pero nada grave, gracias a otra mamá que me dió una barrita fantásitca que yo no conocía y que se llama "ARNIDOL" y sirve para paliar el dolor y la inflamación de los golpes. Lo venden en cualquier farmacia.
Pues a lo que iba. Ayer en el parque Manuel se pegó un trastazo de aquí te espero, pobrecito mío, y se dio un golpe en la frente de esos que hacen que te salte el corazón en el pecho. Corrí a por él, y conmigo varias mamás más, porque se había oído un sonoro “PLÁS”, al estrellarse su cabecita contra el bordillo. Como cualquier madre, le cogí en brazos, hice el “control de daños” (ver que tiene todos los dientes, que no le sangra el labio, que no tiene brecha en la cabeza…), mientras observaba como un enorme chichón crecía en la frente del peque… Centrada como estaba en asegurarme que no teníamos que ir a urgencias, no hice mucho caso a una mujer a la que no conocía y que no hacía más que gritarme, toda asustada ella, “sopla, sopla!”. Y yo pensando, qué chorrada, anda que se le va a ir el chichón al niño soplándole… pero me avergüenza decir que, en un instante de absurda obediencia, le soplé un poquito a mi pobre y magullada criatura. Fue entonces cuando por fín Manuel rompió a llorar y ya me dí cuenta… resulta que había estado sin respirar unos segundos… y que yo ni lo había notado! Estoy definitivamente inmunizada al espasmo de sollozo de mi niño. Y caí en la cuenta de que la desconocida me apremiaba para que con un mágico soplido hiciera respirar al niño, algo así como para “romper el embrujo” supongo… Y no sé como explicarle a todo el mundo que eso de soplar, zarandear, decirle que llore… no vale para nada!! Imagínate que tú tienes un berrinche de campeonato, o que te has dado un golpe fuerte, o que tienes miedo, y tu reacción natural es dejar de respirar unos segundos (vale, sé que es difícil imaginar esto) y tu madre, en lugar de abrazarte y decirte que no pasa nada, TE SOPLA EN LA CARA! Mola, no?
Lo gracioso del tema es que la señora se quedó tan contenta pensando que le había salvado la vida a un niño, porque casualmente después de soplarle, rompió a llorar… Claro, así se escribe la historia!
Por cierto, el chichón fué considerable, pero nada grave, gracias a otra mamá que me dió una barrita fantásitca que yo no conocía y que se llama "ARNIDOL" y sirve para paliar el dolor y la inflamación de los golpes. Lo venden en cualquier farmacia.
domingo, 21 de marzo de 2010
Mi primer Scalextric
Se lo dejaron los Reyes en casa de la madrina, pero hasta ayer no lo habíamos estrenado. Primero porque tenía tantos regalos que preferí guardar algunos para más adelante, después por pereza, y últimamente porque nunca me acordaba de comprar las "tropecientas" pilas que hacían falta para poner en marcha el juguetito. Fue todo un éxito, al final montarlo era más fácil de lo que yo pensaba, y Manuel disfrutó un montón, aunque sospecho que el papá ejemplar se lo pasó ¡aún mejor!
martes, 16 de marzo de 2010
Pintando y Bailando
Ultimamente me paso el día pintando. En cuanto Manuel me ve llegar del trabajo, lo primero que hace es ir al lugar de su cuarto donde guardamos los plastidecores y el cuaderno, mientras dice, "mami, pimpar". Y pone tanto interés que no hay quien se resista. Al final él pinta entre poco y nada, porque lo que le gusta es que yo vaya dibujando cosas mientras le cuento historias, o le pregunto lo que son para que las idenfique, o, lo que ya es la pera limonera, que pinte lo que él me pide. Así a lo tonto estoy aprendiendo a dibujar las cosas más insospechadas, desde helicópteros (toto) hasta tractores (tato) -lo que me sale podía ser un tractor o un mapa de Noruega... cualquier cosa, pero Manuel es muy agradecido. También pinto trenes, autobuses (cómo no), grúas (con más bién poco éxito), así como Pocoyo, Ely y toda sus tropa... Si por mi niño fuera, pintando podría pasar horas, y él pegadito a mí y tan feliz. Es agotador, pero lo bueno es que me sirve para enseñarle un montón de cosas, y pintando está aprendiendo las formas: ya identifica cuadrado, triangulo, círculo, corazón, flor, rombo... Los colores, se los sabe bastante bién, aunque el verde y el azul los confunde bastante, y su favorito parece ser el rosa de Ely. Intento también que aprenda a reconocer los números, y en ésto aún no he tenido suerte, pero de tanto oirlo ha aprendido a contar hasta seis, y cuando le preguntas ¿cuántos coches hay? empieza..."uno, tes, cato, tico, te". Me parto de la risa.
Incluso por la noche, cuando después de su cuento y sus rituales, le metemos en la cuna, se parte de risa mientras su padre y yo le abrochamos el saquito y le damos las buenas noches. Abraza la almohada, a su muñeca Ely, y se queda tan contento. Si entras a los cinco minutos está frito, y hasta el día siguiente. Es un niño muy feliz. Y yo también lo soy por tenerle a mi lado.
Y es que mi niño es la alegría de la huerta, el tesoro de la casa. Nos alegra los días con su entusiasmo contagioso, su sonrisa, sus fiestas para cualquier pequeña cosa que ocurre. Ahora le ha dado también por bailar, y nos señala el reproductor diciendo "a bilar", y enloquece de emoción cuando ponemos música marchosa y bailamos los tres en medio del salón. Quería poneros un vídeo demostrativo que grabamos este fin de semana, pero no sé por qué ahora no consigo subirlo...
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