Pese a todo fantaseaba con publicar en este blog la ecografía de hoy, a la que habría añadido con "photoshop" un lacito rosa en la cabeza, a imagen y semejanza de mi amiga y blogger, Mamen Infante, que tuvo la suerte de dar con la niña a la segunda. Tenía el nombre elegido, y era divino. Me quedaban pocas esperanzas pero me hacía muchísima ilusión lo de la niña, y secretamente me visualizaba sentada a su lado el día de Reyes abriendo la tan soñada casa de muñecas que a mí nunca me regalaron... y que yo me encargaría personalmente de que sus majestades trajeran a mi adorada pequeña, y sería la casa más cursi, aparatosa y llena de detalles frívolos que fuera posible encontrar en Madrid. Pensaba en encontrarle uso a muchas de las cosas que aún conservo: traje de novia, colección de "Barbies", ropa pasada de moda pero que "seguroquevuelve"... Y pensaba sobre todo en mi relación con mi madre y en cómo yo tendría algo así con mi hija dentro de treinta y pico años.
Pero mi cabeza me decía que un niño era mucho más práctico, porque compartiría con el lechón juegos, aficiones, heredaría ropa, compartiría cuarto. Un chico es logísticamente más sencillo, y la razón me decía que era lo mejor para todos. Menos rivalidades, menos conflictos, más complicidad....
Pues nada, que el año que viene le pediré yo a los Reyes la casa de muñecas... porque de camino hay otro niño!
martes, 17 de enero de 2012
lunes, 2 de enero de 2012
Movimientos fetales
Según lo que he consultado a "San Google", y también a mis dos libros de cabecera sobre el embarazo: el clásico "Qué esperar mientras esperas" y "Nueve meses de espera" (una guía sobre gestación, parto y postparto, muy recomendable escrita por la ginecóloga Josefina Ruiz), los movimientos fetales no son percibidos por la madre hasta la semana 17 del embarazo. Sin embargo, yo que he sido siempre muy precoz, sentí ayer por primera vez cómo una pequeña culebrilla se movía en mi abdomen, muy por debajo del ombligo... así que ese movimiento no viene del intestino. Mi pequeño boquerón, que así le hemos bautizado por el momento (en la última eco medía 6 cm y pensamos que al tamaño le iba bién el mote), se ha vuelto a mover esta tarde y ya no tengo dudas.
Me encanta esta etapa del embarazo. Es cuando realmente empiezo a sentir que un ser humano está creciendo dentro de mí, y es algo único. Ya no me caigo de sueño a todas horas y, aunque algo cansada, he recobrado parte de mi energía habitual. El lechón ya es cada vez más consciente de que "mami va a tener un bebé", y pregunta cosas adorables como ¿cuántos años va a tener?, ¿qué va a comer? También quiso saber si va a ser un hermanito o una hermanita, a lo que yo le respondí a la gallega, ¿tú que crees? y me dijo, muy seguro, que va a ser una nena. Todos a mi alrededor diciéndolo, "seguro que será niña", o lo que es peor, "cuando nazca la niña..." Y no sé no sé, ojalá se cumplan los buenos deseos, pero yo tengo el pálpito de que es otro niño. O al menos no quiero hacerme muchas ilusiones... ¿será por eso que le hemos puesto boquerón y no sardina?
Por cierto, Feliz 2012 a tod@s!
Me encanta esta etapa del embarazo. Es cuando realmente empiezo a sentir que un ser humano está creciendo dentro de mí, y es algo único. Ya no me caigo de sueño a todas horas y, aunque algo cansada, he recobrado parte de mi energía habitual. El lechón ya es cada vez más consciente de que "mami va a tener un bebé", y pregunta cosas adorables como ¿cuántos años va a tener?, ¿qué va a comer? También quiso saber si va a ser un hermanito o una hermanita, a lo que yo le respondí a la gallega, ¿tú que crees? y me dijo, muy seguro, que va a ser una nena. Todos a mi alrededor diciéndolo, "seguro que será niña", o lo que es peor, "cuando nazca la niña..." Y no sé no sé, ojalá se cumplan los buenos deseos, pero yo tengo el pálpito de que es otro niño. O al menos no quiero hacerme muchas ilusiones... ¿será por eso que le hemos puesto boquerón y no sardina?
Por cierto, Feliz 2012 a tod@s!
martes, 27 de diciembre de 2011
Navidad
Sin duda la Navidad se vive de otra manera con un lechón de tres años en casa. Pero no tanto por la historia de Papá Noel, los Reyes Magos y los regalos, a los que presta más bién poca atención, sino más bién por lo mucho que él disfruta con tanto acontecimiento familiar, tanto tiempo pasado con mami (y un poquito con papi, aunque yo me estoy llevando la mayor parte...), y tanto ambiente festivo a su alrededor. El año pasado, aunque Manuel ya se enteraba de todo lo que ocurría, el nulo ambiente navideño en Bali no nos ayudaba a hacerle entender de qué va esto de la Navidad.
Este año no es que le estemos empapando del Nuevo Testamento, porque nosotros somos bastante poco creyentes aquí y en Sebastopol, pero sí que ha vivido de cerca ciertas tradiciones por primera vez. Le enloquecen los belenes, con sus pastorcitos, sus puentes, sus molinos y cómo no, el nacimiento con el "niño José", según dijo a voz en grito el otro día que estábamos viendo uno precioso en la Casa de Cultura. Ni que decir tiene que la espontánea exclamación de mi pobre pequeño de tres años (que aparenta mucha más edad por su estatura) me dejó en evidencia delante de una multitud de padres sin duda mucho más creyentes que una. También ha abierto una por una todas las ventanitas del calendario de Adviento, ¡con chocolatinas sorpresa!, ha ido al circo con sus abuelos, ha recibido un regalo del mismísimo Santa, y puso su granito de arena para ayudarnos con el árbol de Navidad.
Hoy ha sido el novamás de los momentos navideños porque hemos pasado la mañana en una pista de patinaje sobre hielo que ha instalado el Ayuntamiento. Lo cierto es que patinar no ha patinado mucho, porque tras un par de caídas se ha dado cuenta de que aquello resbalaba un montón y ha decidido quedarse clavado cual abeto navideño en medio de la pista sin andar ni para delante ni para atrás. El pobre daba penita, con una cara de concentración tremenda, pero cada vez que me acercaba a intentar ayudarle me gruñía enfurecido con un "YO SOLO" que no admitía discusión. Tras alrededor de 20 minutos ha logrado avanzar más o menos tres metros sin caerse. Entonces por fín ha sonreido y ha dicho: "mami, ya sé patinar". Perseverante y tozudo como su madre.
Aún así el pobre lechón anda algo decepcionado preguntando "¿y porqué todavía no ha venido la Navidad?". Y yo, "que sí que la Navidad fué el día que vino Papá Noel y comimos todos juntos..." Y él todo enfurruñado, "pero que noooo, que no ha venido la Navidad todavíaaaaa" Me costó lo mío pero ya he descubierto que la razón de la absurda pregunta es que él está preguntando "porqué no ha llegado la nieve", y que Navidad y Nieve son en su cabecita sinónimos por algún cortocircuito suyo. Tanta peli de Navidades blancas y tanto cuento navideño con muñecos de nieve le han llevado a pensar que sin nieve no hay Navidad y viceversa. Pues nada, como la canción: "dreaming of a white Christmas..."
domingo, 11 de diciembre de 2011
Doce semanas
Mañana cumpliré las 12 semanas de embarazo pero aún no acabo de creerme que lo que hace crecer mi tripa tan (sorprendentemente) rápido sea otro bebé. Cuando lo supe la alegría se mezcló con una nueva sensación de vértigo que no recuerdo haber sentido en el primer embarazo. Supongo que ahora sé de verdad lo que es ser madre, para bién y para mal... Estas semanas han pasado muy deprisa, y me he movido en una especie de burbuja de agotamiento y somnolencia que me ha llevado a poner el piloto automático para poder seguir con el ritmo habitual a duras penas: jornada intensiva-extensiva en el trabajo + la casa + el lechón + lo que surja... Ahora parece que empiezo a recobrar algo de energía, aunque tal vez sea sólo que estos días de macro puente me han venido muy bién para descansar y tomar fuerzas.
El lechón, haciendo de gala de su intuición, lo sabe sin que nadie se lo haya dicho oficialmente, y pregunta de cuando en cuando sobre el tema. Ayer me dejó muerta cuando, apoyando su cabecita sobre mi tripa preguntó "mami, ¿vas a tener ya al hermanito?". El papá ejemplar anda haciéndose a la idea como puede, aunque no se molesta en disimular que ganas de otro bebé no tiene ni pizca. A este paso voy a tener que quitarle el título, aunque le estaré eternamente agradecida por haber cedido a mi insistencia-coacción en un acto de Amor del que espero que no se arrepienta nunca.
El lechón, haciendo de gala de su intuición, lo sabe sin que nadie se lo haya dicho oficialmente, y pregunta de cuando en cuando sobre el tema. Ayer me dejó muerta cuando, apoyando su cabecita sobre mi tripa preguntó "mami, ¿vas a tener ya al hermanito?". El papá ejemplar anda haciéndose a la idea como puede, aunque no se molesta en disimular que ganas de otro bebé no tiene ni pizca. A este paso voy a tener que quitarle el título, aunque le estaré eternamente agradecida por haber cedido a mi insistencia-coacción en un acto de Amor del que espero que no se arrepienta nunca.
miércoles, 30 de noviembre de 2011
Parar el tiempo
Quiero parar el tiempo... y dejarle así, justo como ahora.
Con sus 16 kilitos tan manejables, y poco más de un metro de estatura.
Ahora que me pregunta a cada rato, "¿ya tengo cuatro años?"
Ahora que corre a recibirme cuando le recojo en el cole, y me dá un enorme abrazo que casi me tira al suelo.
Ahora que me pregunta "mami, tú sabes saltar así de alto?", y que se empeña en hacerme el zumo de naranja porque "Manuel es muy fuerte y mami no".
Así, igualito que ahora y poniendo esa carita de ilusión al preguntarme si cuando tenga 2131 años será más grande que papi.
Que siga preguntándome a voz en grito en el supermercado, "qué te parece si compramos fresas?", aunque tenga que explicarle que no las compramos porque en noviembre están carísimas.
Que no cambie, ni crezca, no corre prisa que aprenda que en lugar de "yo sabo" se dice "yo sé".
Que siga señalando la letra A, la D, la M, con el mismo entusiasmo cuando las vé en cualquier cartel por la calle, y grite "mira mami tu letra! o algo tan inconexo como, "mira hay una D de Papi!"
Como ahora, que hacemos carreras para llegar a la cama "a toda velocidad" y se acurruca a mi lado para que le cuente "un cuento muuuuuy laaaargo"
Y sí, supongo que cada edad tiene su encanto, y que con cuatro o cinco años habrá también momentos fantásticos... pero por mí pueden esperar. Ojalá pudiera parar un poquito el tiempo, tres o cuatro meses nada más, para disfrutar un poco más de este momento en que mi niño es lo más divertido y lo más tierno sobre la faz de la tierra.
Con sus 16 kilitos tan manejables, y poco más de un metro de estatura.
Ahora que me pregunta a cada rato, "¿ya tengo cuatro años?"
Ahora que corre a recibirme cuando le recojo en el cole, y me dá un enorme abrazo que casi me tira al suelo.
Ahora que me pregunta "mami, tú sabes saltar así de alto?", y que se empeña en hacerme el zumo de naranja porque "Manuel es muy fuerte y mami no".
Así, igualito que ahora y poniendo esa carita de ilusión al preguntarme si cuando tenga 2131 años será más grande que papi.
Que siga preguntándome a voz en grito en el supermercado, "qué te parece si compramos fresas?", aunque tenga que explicarle que no las compramos porque en noviembre están carísimas.
Que no cambie, ni crezca, no corre prisa que aprenda que en lugar de "yo sabo" se dice "yo sé".
Que siga señalando la letra A, la D, la M, con el mismo entusiasmo cuando las vé en cualquier cartel por la calle, y grite "mira mami tu letra! o algo tan inconexo como, "mira hay una D de Papi!"
Como ahora, que hacemos carreras para llegar a la cama "a toda velocidad" y se acurruca a mi lado para que le cuente "un cuento muuuuuy laaaargo"
Y sí, supongo que cada edad tiene su encanto, y que con cuatro o cinco años habrá también momentos fantásticos... pero por mí pueden esperar. Ojalá pudiera parar un poquito el tiempo, tres o cuatro meses nada más, para disfrutar un poco más de este momento en que mi niño es lo más divertido y lo más tierno sobre la faz de la tierra.
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