martes, 5 de julio de 2011

Frases históricas III

A veces me gustaría tener a mano una grabadora para registrar algunas frases irrepetibles. 
Hace unos minutos me llama desde su cama:
-Mamiiiii, tengo cacaaaa!!!
Antes de ir, dejo pasar unos minutos no sea que se le olvide, pero no cuela, y grita de nuevo, así que voy. 
-Qué pasa Manuel?
-Que tengo un montón de caca mami. En el culo. Un montón de caca en el culo. 
- Bueno, pues vamos al baño
Intento ayudarle a subir al váter, pero me rechaza diciendo.
-Nooo, mami, yo quiero subir Manuel solo, es que soy muy mayor. 
-Vale, tu solo
-Ahora vayas mami, que te voy a manchar

Si alguien tiene demasiada imaginación para encontrar este post agradable de leer, mis disculpas. Tener hijos es "asín".

martes, 28 de junio de 2011

Vamos a casarnos

Hay días que me muero de amor. Como hoy, que me dice:
-Mami, eres muy guapa, muy guapa, muy guapa... eres una princesa
Yo, mientras le abrazo efusivamente sintiéndome, efectivamente, una belleza de concurso, le digo alguna cursilada estilo "tusiqueeresguapovidamialoquetequieremami....". Y él va y me contesta.
-Vamos a casarnos, mami. Vamos a casarnos porque eres muy guapa y una princesa.


Divino, aunque leyendo entre líneas me queda claro no se le puede pedir que valore mis horas de juego ni que celebre que por él haya aprendido a chutar un balón... pero la guapura ya es otra cosa. Así son. Todo porque una servidora se había mirado hoy algo más al espejo de lo habitual, y se había arreglado el pelo. Lo del pelo tiene sobre el lechón un efecto demoledor. Lo tiene claro, si llevo el pelo "largo", o sea, suelto, mami es guapa y una princesa. De lo contrario, no. Tan simple que dá hasta miedo.

Y hoy, mientras cenaba, me suelta que además, mami no está guapa ni es una princesa tampoco cuando está en la ducha. Ese es otro momento en el que mi pequeño Casanova tiene claro que no se casaría conmigo. Así de claro, ahora resulta que me tengo que peinar y maquillar también para mi hombrecito de 3 años. Bueno, pues es un buen motivo, y si me lo premia con besos... firmo!

lunes, 13 de junio de 2011

Tres años

Con sus amiguitos Eden y Lockie, el día de su fiesta de cumpleaños en Bali
 Con mucho retraso, y aún así no puedo dejar de escribir este post porque, entre aviones, mudanzas, casa nueva y cambio de vida, mi niño cumplió el 30 de mayo tres añitos. Un número que le encanta, por aquello de que todo se hace, "a la de tres", o que por el contrario no quiere ni escuchar cuando se trata de una cuenta atrás para el castigo... léase, "voy a contar hasta tres y si no me obedeces ya sabes las consecuencias".
Por suerte en estos días hemos tenido más de lo primero y muy poco de lo segundo. Mi lechón está madurando y se porta cada día mejor. Le ha sentado bien volver a Madrid, le ha sentado bien la normalidad y la rutina de aquí, los mimos de sus abuelas, los montones de juguetes que recibió por su cumple, y seguramente también perdernos un poco de vista a su padre y a mí, que tal vez estaba ya hasta el gorro de tanto vernos. Mis miedos han resultado infundados y se ha adaptado tan bien que nos tiene a todos alucinados.

De vez en cuando pregunta, ¿Cuándo vamos a Bali? o habla de sus amigos de allí, de Eden o de Owen. Me conmueve ver cómo extraña especialmente al primero, y finge hablar por teléfono agarrando el mando a distancia: "Hello Eden, how are you, are you ok? do you want to play? see you soon!!! Me lo comería a besos. Y últimamente casi hasta me deja achucharle y está mucho más cariñoso. 
Será la edad o será que mi vuelta al trabajo le ha hecho ver que mami no está ahí siempre, fija como los cuadros que aún no tenemos en las paredes. Es curioso que en Madrid le está costando un poquito más hacer amigos, y aún hablando el mismo idioma parece que no conecta con los niños españoles. No le gusta jugar solo, y persigue a los niños para prestarles sus juguetes con tal de que compartan sus juegos. Pero ellos salen corriendo con el coche o el dinosaurio de turno y le dejan con carita triste y las manos vacías. Aún así su genio, que parecía incontrolable, está mucho más moderado y apenas hemos sufrido rabietas desde que llegamos. Pide las cosas por favor, casi siempre please, dice gracias y thankyou, cuando se tropieza te sorprende con un "soooorrry" muy cantarín. Me hace reir con sus preguntas incesantes y me agota porque quiere ser el centro de atención constantemente, pero ahora lo pide casi siempre con una sonrisa y no a gritos como antes. Decía mi madre el otro día que "hace mucha compañía" y es verdad. Espero que la "Nana" piense lo mismo y siga tan loca de amor por su nieto al final de la semana, porque ayer le dejamos en la playa con ella y con el "abu" y le recogeremos el sábado. Así que esta semana aprovecharé para poner mi vida en orden, actualizar el blog que ya tocaba, hacer un montón de recados, y disfrutar del papá ejemplar y de Madrid en primavera.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Tiempo de cambios


En menos de dos semanas estaremos de vuelta en Madrid y me invaden sensaciones ambivalentes. El miedo a los cambios me ha acompañado desde niña, tal vez porque mis padres no fueron de los que amaban la estabilidad ni la rutina, e hicimos y deshicimos cajas y maletas más veces de las que me hubiera gustado. Recuerdo cada mudanza, cada cambio de colegio y cada nuevo escenario como un precipicio ante mis ojos. Recuerdo la sensación del suelo moviéndose bajo mis pies, la melancolía por lo que dejaba atrás, el rechazo a lo nuevo, el miedo y la angustia de decir adiós a un hogar para intentar crear algo parecido entre cuatro paredes que sentía ajenas. No estoy segura de cuánto duraba aquella inseguridad, si eran días o semanas, no sé si la melancolía era real o sobre actuada, que yo de niña fui muy dramática, pero sí tengo la certeza de que aquello no me gustaba ni pizca y de que más de una noche me dormí llorando y angustiada.

Y ahora la historia se repite y yo también pongo a mi niño en ese brete. No puedo evitar sentirme algo culpable. Primero tuvo que despedirse de su familia y de su pequeño mundo y ahora, que por fín se siente cómodo en Bali, que adora su "Playground", que chapurrea inglés, que está rodeado de amigos... toca hacer las maletas de nuevo. Ha cambiado mucho en los últimos dos meses, y se está haciendo mayor a cada rato. Se nota porque es consciente del tiempo y el espacio. Sabe dónde vivimos, conoce cada calle y cada esquina. Entiende cada vez más el transcurrir de los días, el paso de las horas, los cambios en la luz. Me aterra que al llegar a Madrid me diga, igual que el último fin de semana que salimos de viaje, "mami, yo quiero ir a casa". Por suerte o no, Bali es la única casa que conoce y recuerda. Ayer, mientras veíamos a través de Skype el que será nuestro nuevo piso de Madrid, Manuel exclamó con decisión y un gesto hosco: "me gusta más esta casa". Se me partió un poquito el corazón.  Yo también extrañaré las flores de loto en el estanque, la vegetación frondosa, el vivir permanentemente al aire libre... Sé que perdemos cosas pero ganamos otras más importantes. Abuelas, primos, tíos... amiguitos con los que hablar en español. Echaremos de menos ir a la playa a menudo, pero tendremos días de invierno soleados y paseos por el Madrid de los Austrias. Soñaremos con batidos de frutas naturales al borde del mar, pero se nos alegrará el corazón viendo los tulipanes florecer en la Castellana en primavera. Extrañaremos la belleza de los arrozales pero disfrutaremos de aperitivos gloriosos en las tascas de La Latina. Recordaremos a los amigos que dejamos aquí, pero tenemos a todo un ejército esperándonos en España con toneladas de ilusión. Hemos tenido la inmensa suerte de vivir esta experiencia y es hora de volver, y lo hacemos con muchas ganas porque, en la distancia, se aprecian mejor los detalles de lo que has dejado atrás.

Ha llegado el  momento de preparar a Manuel para el cambio, y espero hacerlo mejor esta vez, porque creo que cuando vinimos, hace nueve meses, estuvimos demasiado centrados en nosotros mismos y no calibramos bien las necesidades de un niño de poco más de dos añitos que se enfrentaba a todo un terremoto vital para el que no estaba entrenado. Hoy, con casi tres años, el lechón está madurando, física y emocionalmente, y tiene un carácter cada vez más parecido al de su madre: genio endiablado, impaciente, gruñón, sensible, dramático... ¡Ha heredado todos mis defectos! Sólo espero que no le aterren los cambios tanto como a mí, y que éstos le hagan más fuerte, más flexible y sociable, más abierto, mejor persona.

domingo, 1 de mayo de 2011

Ser Madre



“Por culpa del azar o de un desliz, cualquier mujer puede convertirse en madre. Dios la ha dotado a mansalva del “instinto maternal” con la finalidad de preservar la especie.
Si no fuera por eso, lo que ella haría al ver a esa criatura minúscula, arrugada y chillona, sería arrojarla a la basura.Pero gracias al “instinto maternal” la mira embobada, la encuentra preciosa y se dispone a cuidarla gratis hasta que cumpla por lo menos 21 años.
Ser madre es considerar que es mucho más noble sonar narices y lavar pañales,que terminar los estudios, triunfar en una carrera o mantenerse delgada.Es ejercer la vocación sin descanso, siempre con la cantaleta de que se laven los dientes, se acuesten temprano, saquen buenas notas, no fumen, tomen leche…
Es preocuparse de las vacunas, la limpieza de las orejas, los estudios, las palabrotas, los novios y las novias; sin ofenderse cuando la mandan a callar o le tiran la puerta en las narices, porque no están en nada... Es quedarse desvelada esperando que vuelva la hija de la fiesta y, cuando llega hacerse la dormida para no fastidiar. Es temblar cuando el hijo aprende a manejar, anda en moto, se afeita, se enamora, presenta exámenes o le sacan las amígdalas. Es llorar cuando ve a los niños contentos y apretar los dientes y sonreír cuando los ve sufriendo. Es servir de niñera, maestra, chofer, cocinera, lavandera, médico, policía, confesor y mecánico, sin cobrar sueldo alguno.
Es entregar su amor y su tiempo sin esperar que se lo agradezcan. Es decir que “son cosas de la edad” cuando la mandan al carrizo.
Madre es alguien que nos quiere y nos cuida todos los días de su vida y que llora de emoción porque uno se acuerda de ella una vez al año: el Día de la Madre. 
El peor defecto que tienen las madres es que se mueren antes de que uno alcance a retribuirles parte de lo que han hecho.
Lo dejan a uno desvalido, culpable e irremisiblemente huérfano.
Por suerte hay una sola. Porque nadie aguantaría el dolor de perderla dos veces.”

Me he emocionado leyendo este maravilloso texto de Isabel Allende. No tanto por verme reflejada yo en mi papel de madre, como por ver un retrato fiel de la mía. Qué suerte tener una de éstas madres que tan bien describe mi escritora favorita. Sólo espero saber serlo yo también, y que algún día mi niño lea ésto y se emocione también pensando en los desvelos de su madre. Felicidades mamá. Y feliz día a todas las madres.
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