Por el título os habréis hecho una idea de la temática del post. Pues eso, que hoy os voy a hablar de prepucio, glande, retracción, fimosis... palabras que los hombres les provocan un instantáneo encogimiento que me hace mucha gracia. Hay que ver lo delicaditos que son ellos con sus partes... me gustaría verles sentados en el potro del ginecólogo, y ya no digo en la sala de partos... El otro día, en "El Homiguero", hicieron una demostración muy graciosa de lo que tenmos que padecer las mujeres sobre ese potro de torturas. Por cierto, ahora que me acuerdo de los momentos pasados en el potro, digo yo, que como es posible que a estas alturas no se haya inventado un sistema mejor de colocación de las piernas, porque el frío y duro metal para reposar los talones no creo yo que sea propio de este siglo... Desde aquí hago un llamamiento a los fabricantes de instrumental médico, para que se lo curren y modernicen las camillas ginecológicas, que lo que tiene mi médico parece más bién que lo ha heredado de su vecino el veterinario.
Pero a lo que iba... Que mi niño tiene "pupa pito", así lo dice él, con cara llorosa y agarrándose sus partes nobles cada vez que hace pis. Ayer le llevó mi madre a la peditara porque está resfriado, y aprovechando la visita, le dieron un buen tirón para bajarle el prepucio. Por lo visto lo tiene demasiado adherido al glande, y eso puede generar infecciones y problemas en el futuro. Es ya la segunda vez que le hacen ésto y el pobre lo pasa fatal. Menos mal que esta vez me he librado de pasar por el trance, porque yo no llevo nada bién lo de sujetar a mi nene mientras la pediatra le "tortura". Una pediatra nada cariñosa por otra parte.
Ahora tengo que seguir yo "retrayendo" el prepucio a diario, en la bañera, y aplicándole una cremita, porque aún no se separa completamente. Esto ya me lo dijeron en la revisión de los 18 meses, pero no he sido muy constante con el tema, en parte porque Manuel se escaquea, y en parte porque me dá pena hacerle daño. Pero casi va a ser mejor hacerlo yo que dejar que le den otro tirón en la próxima visita.
Es la primera vez, por otra parte, que Manuel es capaz de verbalizar qué es lo que le duele. Qué gran paso! Ya podía haber venido con esto de serie...