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domingo, 17 de marzo de 2013

¡Dice mamá!

Diréis que son imaginaciones mías, que la maternidad doble me ha nublado la razón. Pero os equivocáis. Julio dice Mamá, y lo hace con conocimiento de causa. Os lo juro. No puede ser más adorable. Lo dice cuando necesita ayuda para agarrar el chupete, cuando quiere bracitos, cuando no es capaz de darse la vuelta en la alfombra del salón, cuando su hermano le aplasta con uno de esos abrazos suyos tan delicados...

Cualquier excusa es buena para que me alegre el oído con esas dos sílabas maravillosas: MA MÁ. Pronuncia una M perfecta y acentúa la segunda A para que no haya ninguna duda. Con Manuel tuve que esperar 14 largos meses para oírselo decir, pero ya se sabe, el segundo hace la media.
Por lo demás está mi bebé de lo más espabilado, aunque de gatear nada de nada. Se pirra por el teléfono móvil, el mando de la tele y cualquier aparato con botones múltiples. Se lo pasa bomba dando grititos y el colmo de la diversión es bañarse con su hermano, a quien adora. Tiene ya los dos dientes de abajo y los de arriba aún no le han salido pero están a puntito, dicho sea de  paso que nos están dando bastante guerra. Sin embargo, últimamente duerme mucho  mejor por la noche. Se come el puré de verdura y el de fruta a velocidad de vértigo, y el bibe de cereales ya no digamos. Nadie tiene ni idea de a quién se parece. Es un bebé tranquilo y tragón de los que te hacen decir eso de "habría que tener siempre un bebé en casa". Y si dice MAMÁ con menos de nueve meses... aún más!

P.D: disculpad este mes y medio de silencio bloguero. Ha sido una locura laboral y personal. Estoy en pleno propósito de enmienda

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Malas noches

No es que sea una excusa para tener el blog en estado de abandono... pero llevamos un mes sin levantar cabeza. El lechón va ya por el tercer catarro este otoño, y tal como los pilla se los contagia sin piedad al hermanito. Lo que en el mayor suelen ser unos mocos sin importancia se convierte para Julio, y de rebote para toda la familia, en una colección de síntomas: mocos, irritabilidad, falta de apetito, vómitos, gases... que no nos dejan vivir y, sobretodo, dormir.

Vivo como un zombie y las ojeras me llegan a la barbilla. Julio se despierta llorando una media de cinco veces por noche, y la única manera de calmarle es pasearle un buén rato por toda la casa, darle masajes en la tripita para aliviar los gases, sacarle los mocos con el sorprendente artilugio diseñado para tal fín para, al final, dejarle en su cuna con mucho cuidado, lenta y suavemente como si fuera una bomba de relojería, rezando bajito para que tarde en despertarse de nuevo. Y ésto suele ocurrir, al menos las tres últimas noches, entre media hora y dos horas después. Seguramente los torturadores nazis se inspiraron en estas noches para crear sus métodos. Tengo verdadero miedo de que en una de éstas, si seguimos así, me quede dormida de pié con Julio en brazos, o le tumbe sin querer en la bañera en lugar de en su cuna, tal es mi estado lamentable cada vez que tengo que levantarme. De hecho ya me dí un golpe en el dedo del pié al tropezarme en la oscuridad hace dos semanas y estuve coja un par de días. Sólo espero que ésto pase pronto porque el papá ejemplar y yo estamos al borde del colapso. Está claro por qué los bebés son tan adorables, suaves, dulces y huelen tan bién. La naturaleza es sabia y se asegura de que los padres no sean capaces de abandorles a su suerte cuando las fuerzas les flaquean.

martes, 18 de septiembre de 2012

Tranquilo y trabajador

El lechón empezó en su nuevo y no muy flamante cole el pasado lunes. Estamos muy contentos porque, en el último momento y después de mucho insistir, conseguimos plaza en el cole público que queríamos, que está muy cerca de casa, es bilingüe, y tiene fama de ser el mejor de nuestra zona. Manuel ha ido muy contento desde el principio, y me enorgulleció muchísimo ver como afrontaba su posición de "el nuevo" con un aplomo impresionante el primer día, entrando en la clase sin mirar atrás, seguro de sí mismo y sin un sólo puchero. Tenía ante él a veinticinco niños que ya se conocían, un nuevo espacio y una nueva profesora. Pero por suerte, eso no le provocó miedo ni vergüenza sino más bién impaciencia y excitación. ¡Bién por él!

Un par de días más tarde fuimos a hablar con su profesora para que nos explicara algunos pormenores del colegio. Nos quedamos de piedra cuando la maestra nos dijo que Manuel se estaba adaptando  muy bién, y que era un niño muy tranquilo y trabajador... Yo intenté disimular mi sorpresa y sonreí como si llevara toda la vida escuchando cosas así sobre mi angelito... y el papá ejemplar reprimió las ganas de gritar "tomaaaaa". Espero que la profe tarde mucho en descubrir la otra cara del lechón.  ¡Disfrutemos mientras tanto del momento!

jueves, 2 de febrero de 2012

Mami, ¿tú qué quieres ser de mayor?

Tener hijos te transforma en muchos aspectos, en parte porque te hace recordar tu propia infancia, tener presentes detalles que habías arrinconado en el más oscuro rincón de tu memoria. Y también porque te obliga a ver de nuevo el mundo desde sus ojos entusiasmados y curiosos. Te invita a tener una nueva perspectiva de la vida, más nueva y refrescante. Con un niño como compañero de viaje nos transformamos en pequeños exploradores, que se sorprenden con las maravillas que encuentran a su paso, y así debería ser siempre.
También te obligan a contestar preguntas algo surrealistas que hace mucho tiempo que nadie te hacía: ¿a tí qué color te gusta?  ¿te gustan más las mariposas o las motos mami? y así hasta el infinito.
Esta mañana ha visto algo en la tele acerca de las profesiones y acto seguido me pregunta: "mami, tú qué quieres ser de mayor?" Primero le contesto en modo adulto aburridísimo, "yo ya soy mayor", pero ante su insistencia le digo que mi futuro soñado es "exploradora en la jungla y cuidadora de cachorritos de los leones". Parece que le gusta más. Él dice quiere ser astronauta, pero esta tarde ha cambiado de idea y quiere ser motorista.
Lo que quiera, menos político, lo que él quiera.

viernes, 15 de octubre de 2010

Lagartijas

Como ya comenté en un post en mi otro blog, nuestra nueva casa balinesa está construida en medio de un jardín tropical y sobre un lago, lo que la convierte en un lugar de lo más acogedor para toda clase de bichos. Convivimos sin inmutarnos con varias especies de insectos, y, para deshacernos de ellos, tenemos unos cuantos aliados. Por un lado insecticidas a "tutiplén", en todos los tipos y formatos, y por otro lado, el remedio más natural: las lagartijas. Están por todas partes y claro, Manuel encantado. Cada vez que ve una de ellas, da un grito de alegría diciendo, "Mira, mami, gartija!!" Y tengo que acudir de inmediato como si fuera un gran acontecimiento. No importa que esté hablando por "Skype" o que tenga la cena al fuego. Lo importante es lo importante. Hay que ver a la lagartija, aunque sea la decimoctava que pasa por detrás de la tele en una hora. Lo más gracioso es que, en su vasto conocimiento de la especie en cuestión (también llamados gekos sin no me equivoco), mi lechón las categoriza en distintos tipos: están las "lagartijas papá", que son las más grandes, las "lagartijas bebé", que son las chiquititas, y por último una subespecie algo indefinida que es la "lagartija mamá". Realmente ésta no muestra a simple vista  una diferencia apreciable con la lagartija papá, pero Manuel tiene clarísimo quién es quién en los roles familiares. Algunas veces intenta sin ningún éxito cazarlas, y otras veces su papá ejemplar consigue coger alguna para que pueda verla de cerca. Entonces se pone contentísimo, le da alguna caricia-manotazo, y con ese don de gentes tan suyo, y sacando va relucir su incipiente inglés la saluda diciendo "Hello Gartija, what's your name?"
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