Llevo meses resistiéndome, y aún no lo tengo del todo claro. Ayer decidimos decirle adiós a la siesta del lechón. Es una pena porque no solía dar problemas para dormirse... pero me estaba volviendo algo paranoica con los horarios y he decidido cortar por lo sano. Os explico mi psico-horario a ver si me entendéis:
14h. Salida del "playground". Manuel sale contento, cansado pero aún con ganas de jugar.
14.30h. Llegamos a casa, hay que acostarle a dormir la siesta lo antes posible que si no se hace tarde.
15.15h. Dos cuentos y un par de masajes más tarde. Ufff, por fín parece que se ha dormido.
17.15h. Toca despertarle, que si no duerme más de la cuenta y no habrá manera de acostarle por la noche.
El caso es que despertarle cuesta un mundo porque él dormiría hasta las siete si le dejara, y eso supone todas las tardes una pelea. Muchos mimos, mucha "normiguita", mucho remoloneo...
18h. Por fín despierto pero aún muy somnoliento. No quiere jugar ni ir a la piscina. Aquí anochece a las seis y media, así que para cuando se activa ya no se puede hacer nada y es casi la hora de cenar. Sólo queda la tele.
20.30h. Hora de ir a dormir y Manuel con ganas de jugar.
21.30-22.00h. Por fin parece que se ha dormido.
06.30-07.00h. Mamiiiiiiiii
Algo estamos haciendo mal. Seguro. Tengo la sensación de estar constantemente forzándole para que haga lo contrario de lo que le apetece: ahora hay que acostarse (y él quiere ver la tele), ahora toca levantarse (y él quiere seguir durmiendo), ahora toca jugar (y él está zombie porque aún no se ha despertado del todo), ahora toca acostarse otra vez (y él ha dormido dos horas de siesta y no tiene sueño).
Creo que si suprimimos la siesta disfrutará más del día y al recogerle en el playground podré llevármelo a dar un paseo, a tomar un helado o a la playa, sin las prisas de hay que irse a casa a dormir la siesta. Y claro, también aspiro ilusionada a que duerma doce horas del tirón, a acostarle más temprano y que nos deje dormir hasta las ocho.
Esas son mis aspiraciones y mi nuevo horario "soñado". Pero la última palabra la tiene Manuel y esto es lo que hizo ayer a eso de las cinco de la tarde.
miércoles, 9 de febrero de 2011
sábado, 5 de febrero de 2011
lunes, 31 de enero de 2011
Cosas que me gustan de ser madre
- Me gusta llevar a Manuel al "playground", aunque el día que me toca estoy muerta de sueño, y escuchar en el coche su parloteo incansable: ahora me pregunta si vamos a ir por el "atajo", que es una palabra recién aprendida, ahora pasamos por la excavadora "blue" y se pone muy contento, ahora me pregunta "¿y hay muchos baches?". Le encanta hacerme las mismas preguntas al pasar por los mismos sitios, y su memoria es de una precisión sorprendente. Si hoy le señalo a un niño que pasa con su bici delante de una tienda, mañana me preguntará por el niño exactamente en el mismo lugar. Alucino.
- Me gusta que me pida que le lleve de la manita y que se agarre a mi dedo índice como cuando era un bebé.
- Me gusta ver en él rasgos de mi carácter, aunque a veces veo reflejadas cosas que me aterran. Se me cae la baba cuando veo que es perfeccionista, rápido y concentrado, aunque no me gusta ver en él mi mal genio y mi impaciencia.
- Me gusta que se ponga mimoso y me pida que le haga la "normiguita" (o sea, que le dé caricias por la espalda mientras él remolonea). A veces se pasa de perezoso y le tengo que dar un toque, que se nos está haciendo un vago de mucho cuidado... Al menos esto sí sé que no lo ha heredado de mí... el gen del papá ejemplar tiene, seguro, mucho que ver en ello.
- Me gusta que en la playa me grite, "cuidado mami viene una ola"
- Me gusta que me "explique" los juegos que él inventa, y me diga "mira mami, te voy a explicar... ves?"
- Me gusta que corra a darme un abrazo muy fuerte cuando le recojo del "playground", aunque esto últimamente está dejando de hacerlo.
- Me gusta que cuando encuentra un palito, una piedra, o cualquier tesoro por el estilo, siempre busque otro igual "para mami".
- Me gusta que cuando me suelto el pelo me mire sonriente y me diga: "mami es una princesa?"
No sé si me ha quedado muy empalagoso este post. Por si acaso, otro día escribo la lista de las cosas que no me gustan (que hay unas cuantas) para compensar tanta ñoñería.
martes, 25 de enero de 2011
Faster Faster: pedaleando
Os parecerá una tontería, pero creo que una de las razones por las que Manuel se porta muchísimo mejor últimamente es la llegada a nuestras vidas de "LA MOTO". No sé si será casualidad, pero desde que "Papá Noel" le trajo tan preciado vehículo el lechón está mucho más contento. No en vano es hombre, y hay que decir que a ellos les pones ruedas y motor y son mucho más felices, no es cierto? En alguna parte leí una frase fantástica que decía algo así como "No importa lo acabado, hundido o deprimido que un hombre se encuentre. Siempre será capaz de conducir su coche". Y yo añado, y además conducirlo le hará feliz. La velocidad les entusiasma, qué le vamos a hacer. Supongo que es el equivalente masculino a nuestro salir de compras, aunque personalmente, mi panacea sería darme un masaje o tumbarme al sol a leer un buen libro.
La verdad es que hacía mucho tiempo que el lechón no prestaba atención a los juguetes y que no jugaba solo casi nunca. Pero ahora que la moto ha entrado en nuestras vidas, Manuel da vueltas incansable alrededor de la mesa del salón, aparca bajo la escalera, nos pide que le pongamos gasolina, se baja de la moto y llega a "su casa", que es el hueco que queda debajo de la trona... Y en fin, que de repente juega mucho más él solo y es una gozada. Ha aprendido a pedalear, aunque aún se da impulso con los pies casi siempre. A veces salimos a dar una vuelta por el paseo marítimo, y Manuel conduce a toda velocidad al grito de "faster faster" mientras el papá ejemplar y yo podemos tener una conversación algo menos entrecortada de lo habitual.
La verdad es que hacía mucho tiempo que el lechón no prestaba atención a los juguetes y que no jugaba solo casi nunca. Pero ahora que la moto ha entrado en nuestras vidas, Manuel da vueltas incansable alrededor de la mesa del salón, aparca bajo la escalera, nos pide que le pongamos gasolina, se baja de la moto y llega a "su casa", que es el hueco que queda debajo de la trona... Y en fin, que de repente juega mucho más él solo y es una gozada. Ha aprendido a pedalear, aunque aún se da impulso con los pies casi siempre. A veces salimos a dar una vuelta por el paseo marítimo, y Manuel conduce a toda velocidad al grito de "faster faster" mientras el papá ejemplar y yo podemos tener una conversación algo menos entrecortada de lo habitual.
lunes, 17 de enero de 2011
¿Pasó lo peor?
Miedo me dá escribir este post. Parece que existe una maldición o algo así y en cuanto plasmo en el blog lo que me ocurre "la noticia" se desvanece como por arte de magia. Tal vez estaría más guapa calladita y sin cantar victoria, no?
Ya me ha pasado otras veces. Escribo que POR FIN Manuel come fruta y al día siguiente, como por quitarme la razón, decide el condenado que no quiere probar ni el plátano... o me maravillo de lo bien que duerme para que a la mañana siguiente amanezca de nuevo a las seis de la mañana. En fin, correré el riesgo, pero que quede constancia de que haberlo, haylo.
Y voy a decir, con la boca superpequeña que... me parece, intuyo, tengo la sensación... de que ya hemos superado lo peor de los "Terribles dos" y que hemos dado paso a una fase mucho más llevadera, feliz, divertida y enriquecedora como padres del lechón. Ayyyy, qué miedo, qué miedo, pero ya está escrito. Ahí queda dicho.
Estas últimas dos semanas me parece que mi pequeño hombrecito se ha hecho mayor. Repentinamente, tiene ganas de agradarnos, de hacernos felices, y está más relajado y menos agresivo, e infinitamente más cariñoso. Es más paciente y ha mejorado mucho su relación con otros niños, ya no pega ni muerde. De pronto entiende mucho mejor las consecuencias de sus actos. Sabe que cuando obra mal le castigamos, o que cuando se porta bién le hacemos más caso, estamos más contentos y lo pasamos mejor. Puede que esto tenga algo que ver con su mejor dominio del lenguaje, que resumiré diciendo que "no calla ni debajo del agua", o tal vez con las interminables vacaciones del "playground" que han supuesto una dedicación de mami y papi a jornada completa: ahora vamos a la playa, ahora al centro comercial, ahora a la piscina, ahora yanoséquehacercontigo... Está claro que algo tiene que ver que está comiendo mucho mejor y hasta se le ve más gordito. No sé la explicación, y seguramente son todas y ninguna. Tal vez es sólo que tenía que ser así, por madurez o por que POR FÍN se ha adaptado a vivir en Bali...
El caso es que estoy feliz porque ahora en esta casa se respira paz, armonía y buen humor. Voy a poner una ofrenda a los dioses balineses para dar las gracias, no sea que se me enfaden y se me acabe el chollo.
Ya me ha pasado otras veces. Escribo que POR FIN Manuel come fruta y al día siguiente, como por quitarme la razón, decide el condenado que no quiere probar ni el plátano... o me maravillo de lo bien que duerme para que a la mañana siguiente amanezca de nuevo a las seis de la mañana. En fin, correré el riesgo, pero que quede constancia de que haberlo, haylo.
Y voy a decir, con la boca superpequeña que... me parece, intuyo, tengo la sensación... de que ya hemos superado lo peor de los "Terribles dos" y que hemos dado paso a una fase mucho más llevadera, feliz, divertida y enriquecedora como padres del lechón. Ayyyy, qué miedo, qué miedo, pero ya está escrito. Ahí queda dicho.
Estas últimas dos semanas me parece que mi pequeño hombrecito se ha hecho mayor. Repentinamente, tiene ganas de agradarnos, de hacernos felices, y está más relajado y menos agresivo, e infinitamente más cariñoso. Es más paciente y ha mejorado mucho su relación con otros niños, ya no pega ni muerde. De pronto entiende mucho mejor las consecuencias de sus actos. Sabe que cuando obra mal le castigamos, o que cuando se porta bién le hacemos más caso, estamos más contentos y lo pasamos mejor. Puede que esto tenga algo que ver con su mejor dominio del lenguaje, que resumiré diciendo que "no calla ni debajo del agua", o tal vez con las interminables vacaciones del "playground" que han supuesto una dedicación de mami y papi a jornada completa: ahora vamos a la playa, ahora al centro comercial, ahora a la piscina, ahora yanoséquehacercontigo... Está claro que algo tiene que ver que está comiendo mucho mejor y hasta se le ve más gordito. No sé la explicación, y seguramente son todas y ninguna. Tal vez es sólo que tenía que ser así, por madurez o por que POR FÍN se ha adaptado a vivir en Bali...
El caso es que estoy feliz porque ahora en esta casa se respira paz, armonía y buen humor. Voy a poner una ofrenda a los dioses balineses para dar las gracias, no sea que se me enfaden y se me acabe el chollo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
