lunes, 16 de marzo de 2009

Gateando

Manuel gatea desde hace una semana, y está mejorando su técnica cada día. Al principio no pasaba de dar dos o tres pasitos, para después sentarse como diciendo, "yo ya he cumplido". No salía de la habitación porque parecía que para él la puerta, o el final de la alfombra, era un punto sin retorno, y prefería mantenerse en el "lado seguro". Ahora, no es que coja velocidad, que tampoco es eso, pero ya recorre el pasillo con rapidez si hay un aliciente importante para hacerlo... Como por ejemplo... ¡mami llega del trabajo! Hoy por poco me lo como a besos cuando ha gateado a mi encuentro al verme aparecer por la puerta.

Aún así, le sigue gustando más estar de pie, así que yo creo que no tardará demasiado en andar. Le gusta agarrarse a los muebles, especialmente al mueble de la tele, que le queda a la altura perfecta. Hemos tenido que colgar la tele de la pared porque temíamos encontrarle un día aplastado bajo 32 pulgadas de plasma (que pesan lo suyo, por muy pulgadas que sean). Ahora se entretiene abriendo y cerrando una puertecita que hay en el DVD, ¡qué fijación tiene! Él abre y cierra, abre y cierra, y nosotros, "NO, Manuel, eso no se toca, con eso no se juega...", ¿os recuerda a algo? El caso es que parece que el "no" lo va entendiendo y por ahora cuando se lo decimos obedece (más a su padre que a mí, todo sea dicho).
Desde que sabe gatear y ponerse de pie solito, cada vez es más difícil que duerma durante el día. El mundo es demasiado emocionante como para perderse algo, supongo. Ahora acabo de dormirle a base de quedarme un ratito cantándole. Es gracioso porque, no es que se duerma mientras le canto, él me mira fijamente, y a veces veo que me sonríe por debajo del chupete. Cuando me marcho de su habitación aún está despierto, pero se debe de relajar mucho escuchándome, porque se queda muy tranquilo haciendo ruiditos y al ratito se queda roque.

Este fin de semana hemos sustituido su hamaquita de baño, que se le había quedado pequeña, por una alfombra antideslizante, y ya simplemente le sentamos en nuestra bañera. Está encantado de la vida. Ahora tiene muchísima movilidad, y hace buen uso de ella, ya lo creo! Va de un lado a otro de la bañera gateando, y aunque a mí al principio me daba miedo, él no se asusta de nada. Tanto le gusta el agua que vamos a apuntarnos a natación para bebés. Hoy mismo tenemos una primera sesión de prueba y estoy muy ilusionada. Le he comprado un mini bañador de natación que es como de juguete, y yo también me he equipado al completo para la ocasión (no era cuestión de ir en bikini playero y me he comprado un bañador deportivo). Vamos a un sitio en Pozuelo que se llama "Baby Gim" en el que por lo visto son especialistas en el tema y admiten bebés desde los cuatro meses. Ya os contaré qué tal.

Me encanta cuando noto que mi niño me prefiere a los demás. Sí, ya sé que soy su madre y que es lo natural, pero como todavía no habla, muchas veces tengo dudas, y me atormenta la idea de que quiera más a Inés que a mí , porque al fin y al cabo, ella le cuida todo el día. Vale, sé que suena a celos. Y es posible que los tenga, no lo voy a negar. Pero es que, ¡damos tanto y recibimos tan poco!! Bueno, pues a lo que iba, que hoy ha hecho una cosa que me ha encantado. Le tenía yo en brazos y estaba protestón, medio lloroso porque tenía sueño. Ha venido Inés con intención de consolarle y le ha dicho, ¿vienes conmigo? ofreciéndole los brazos. A mí no me ha gustado ese detalle y he pensado, ¿y ésta a qué viene ahora? Pero he disimulado como si no me importara, dejando que fuera el niño quien decidiera qué hacer. Entonces Manuel, mi bebé adorado, mi gordo, mi tesoro, mi sol... ha rechazado su oferta y se ha vuelto hacia mí como diciendo, "estoy con mi mami, donde voy a estar mejor?"

Y yo, secretamente, la mamá más feliz del mundo.

martes, 3 de marzo de 2009

Crecer jugando

Últimamente no tengo tiempo para nada. Entre el trabajo, intentar organizar la casa (con la inestimable ayuda de Inés, que ya es insustituible), y pasar la tarde con Manuel, llegan las once de la noche y estoy rendida, tanto que últimamente parece que mi insomnio se ha esfumado y me quedo frita en tres minutos. La otra noche hasta me costó mantenerme despierta para ver terminar el capítulo de mi serie favorita, Mujeres Desesperadas. Y eso ya es preocupante...
Manuel me quita cada día más energía. No para un momento, y eso que aún no sabe gatear, menos mal! no sé qué va a ser de nosotros cuando se decida a hacerlo. Tal vez directamente empiece a andar. Tiene bastante claro que él es un individuo evolucionado... y bípedo, y no parece que lo de moverse a cuatro patas le acabe de entusiasmar. Aunque ha hecho sus progresos. Ya se mantiene cómodamente en posición de gateo...lo de avanzar ya es otro cantar. También pasa de tumbado a sentado con mucha facilidad, y se desplaza cada día mejor a golpe de culo. Ah! y ha aprendido a ponerse de pié solito con la ayuda de una mesa de actividades muy chula que nos ha prestado Rut.
Ya tiene nueve meses y está cada día más gracioso. Le ha salido el otro paleto, ya son cuatro dientes, y sigue metiéndose en la boca todo lo que pilla. Aunque tiene sus preferencias: el móvil y el mando a distancia son sus más preciados tesoros y, cuando consigue alcanzar uno de ellos lo mira con alborozo, como diciendo, "mira lo que he encontrado", me recuerda a Frodo en El señor de los anillos con aquello de "mi tesssooooro". Mi madre le trajo ayer un teléfono de juguete y desde entonces no se despega de él. También le gusta mucho una bola que canta (en la foto de abajo) que le regaló mi amiga Sonia cuando nació, y que por lo visto era también el juguete favorito de su hijo de dos años. Pasa largos ratos sacando sus juguetes de una cesta en la que los tengo metidos, supongo que se siente como un explorador. En realidad, para entretenerle vale casi cualquier cosa ¡La imaginación al poder! Cuando estoy haciendo la cena, le siento en la trona, y le doy dos cucharas. Le enseño cómo hacer ruido con ellas, la una contra la otra o golpeando la bandeja de la trona, y es el niño más feliz del mundo. Claro, que cada dos minutos se le caen y me tengo que agachar para recogerlas... lo cual por supuesto le resulta divertidíiiisimo. En estos últimos días habla muchísimo (a un volumen un pelín alto para mi gusto) en su idioma incomprensible. Me encanta ver lo alegre que es, y sobre todo lo contento que se pone cuando me ve llegar del trabajo, con grititos de júbilo y todo. Su rato favorito, y el mío, sigue siendo el baño, y el masaje de después. Aún le canto boleros mientras le doy crema, y yo creo que a él le encanta escucharme, será que todavía no sabe que desafino un poco...

domingo, 22 de febrero de 2009

Los dos solos

Es increíble lo largos que se hacen los fines de semana cuando un pequeño lechón toca diana a las ocho de la mañana. Normalmente David y yo nos turnamos, y cada día madruga uno, para que así el otro pueda descansar, pero esta vez, Manuel y yo hemos estado solitos porque David se ha marchado a esquiar con unos amigos, el muy golfo!
Esta mañana, y también ayer, hemos estado en el parque que hay al lado de casa, y como hacía un tiempo buenísimo, nos hemos sentado en la arena. La primera reacción de Manuel al tocar la tierra ha sido de susto, y parece que no le motiva nada la idea de jugar con ella. Todo se andará, supongo. Lo que más le gusta del parque es mirar a los otros niños y caminar cogido de las manitas, una postura que a mi pobre espalda le está pasando factura. También le encanta el columpio, y el tobogán, aunque todavía le bajo agarradito de las dos manos. El mundo del parque también es nuevo para mí... ¡Quién me ha visto y quién me ve! Yo que nunca he sido demasiado sociable con el mundo vecinal, de charla mañanera sobre papillas de frutas, gateos frustrados y demás avatares de la vida maternal... no somos nadie!
En este interminable domingo también he tenido tiempo de ver a una amiga que está embarazada de trillizos. ¡TRILLIZOS!! Van a ser dos niñas y un niño, imaginaos. Se me ponen los pelos de punta solo de pensarlo. Pero ella, inconsciente de lo que le espera, está muy ilusionada. Normal... Por suerte no les faltan medios económicos para tener ayuda en casa, aunque con tres bebés, nunca hay suficientes manos.
Hemos ido a comer a casa de mi madre y Manuel ha decidido que allí no duerme la siesta. Se está haciendo mayor, y se nota sobre todo en que ya no se duerme en cualquier parte como antes, y especialmente no le gusta nada la silla de paseo para la siesta, así que lo de salir a comer fuera se hace cada vez más pesado porque, al no querer dormir, se pone muy tonto, luego no quiere merendar, y arrastra la tontería toda la tarde.
Estaba tan agotado que se quedaba dormido mientras tomaba el bibe, y ha caído rendido, nada más dejarle en la cuna. Ahora duerme como un angelito. Y yo deseando que llegue su papá para tener una conversación adulta y terminar bien el fin de semana.

lunes, 16 de febrero de 2009

Baby Einstein


Una no puede ser siempre la mamá perfecta. Hay tardes en las que Manuel se pone insoportable. Como la de hoy. Se aburre de los juguetes a los dos minutos y solo quiere ir en brazos de un lado para otro de la casa o bien estar de pié y "caminar", con sus diez hermosos kilos atacando mis lumbares, que ya son una pura contractura. Pues bien, para esos ratos, en los que una ya no sabe ni qué hacer, unos señores muy listos y muy piadosos con las madres inventaron Baby Einstein. En estos momentos, mientras yo posteo felizmente, mi pequeño lechón está diciéndole cosas que sólo él entiende a unos muñequitos muy simpáticos que salen en la tele... No es maravilloso? Como madre responsable que soy, sé que no está bién tener a los niños enchufados a la caja tonta todo el día. Pero para un rato... ¡es una gozada! Aunque pase por delante de la tele, Manuel ni me mira, no pestañea, le encanta. Hasta ahora le ponía uno que se llama "Baby Mozart", que es para bebés de 0 a 3 años, y es una bendición, me asegura 40 minutos de absoluta tranquilidad en los que me da tiempo de ducharme, maquillarme si tengo que salir, hacer la cena o, como hoy, escribir un post. Hoy está viendo por primera vez "Baby Galileo", que va sobre el universo y las estrellas y se recomienda a partir de los nueve meses. Parece que por ahora no tiene ninguna queja.

En un ratito, baño y bibe.

domingo, 8 de febrero de 2009

Ocho meses y una duda razonable

Manuel ya tiene ocho meses, y parece que fue ayer… Está enorme y muy fuerte, pero creo que no tiene ninguna intención de empezar a gatear. Prefiere estar de pie, y "caminar" por toda la casa "colgado" de nuestros brazos le parece el colmo de la diversión. Esta semana le ha empezado a salir su tercer diente, uno de los paletos. Parece que por el momento la “crisis” de sueño ya ha pasado y vuelve a dormirse solito sin llorar casi todas las noches. Ya sea gracias al método Estevil o por mis desafinadas nanas, el caso es que es una gozada dejarle en la cuna a las nueve y que caiga redondo sin decir ni pío. Ayer, cuando estaba terminando de ponerle el pijama después del baño, escuchó el sonido de las llaves en la puerta e inmediatamente se puso a reír y a mover los bracitos entusiasmado: sabía que era su padre el que llegaba ¿No es increíble?

El miércoles nació Alba, la hija de Rut y Sergio, nuestros vecinos y amigos, y la hermana de Carolina. Es tan chiquitina y tan frágil que me parece mentira que Manuel fuera, hace no tanto tiempo, poco más grande que ella.
El jueves fuí a verles a la clínica, y me trajo muchos recuerdos, algunos buenos y otros no tanto, de cuando nació Manuel. La verdad es que nuestros primeros días no fueron nada fáciles, el pequeñajo se ganó a pulso el apodo de lechón, porque lloraba constantemente salvo que estuviera en el pecho. Lo mejor de empezar tan mal es que ya solo se puede ir a mejor…y lo cierto es que la cosa ha mejorado muchísimo. Ahora Manuel nos contagia su alegría. Es un niño feliz, tranquilo, simpatiquísimo y muy bueno. Cada día me recuerdo a mí misma lo afortunada que soy de tenerle, no sea que se me olvide.

Ver a Rut tan feliz con su segundo bebé me ha hecho pensar en cómo sería si me animara a tener otro hijo -esto le va a provocar al papá del lechón una urticaria por lo menos. Tranquilo, no es que me lo esté planteando ¡que no es así!!, pero me pregunto si al segundo hijo se le quiere igual que al primero. Francamente, yo no estoy segura de que sea posible querer a otro bebé tanto como a Manuel. Y no digo que al segundo no se le quiera, no es eso… pero no creo que sea lo mismo. Por algo desde la antigüedad el primogénito es el legítimo heredero de bienes y títulos nobiliarios. Creo que el primer hijo es especial, porque con él se descubre un sentimiento, el amor de madre -sí, "amordemadre", como en los tatoos de los moteros-, que nunca se había vivido. Yo creo que con los demás hijos se aplica ese sentimiento ya conocido, y por supuesto que se les quiere, pero que ya no se siente el flechazo de la primera vez. Y que conste que lo dice una que tiene un hermano mayor y, pese a todo, se siente inmensamente querida. En fin, tal vez si me animo a darle a Manuel un hermanito cambie totalmente de opinión. Sinceramente, ahora que no nos oyen…las que tenéis más de uno, ¿creéis que me he vuelto loca? ¿de verdad se les quiere igual?
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